lunes, 10 de mayo de 2021

El problema de las entrevistas al papa Francisco (1)

Los "libros-entrevista" al papa Francisco se han ido multiplicando. Años atrás hizo mucho ruido "Francisco. El nombre de Dios es misericordia. Una conversación con Andrea Tornielli", y este mismo año se ha publicado una breve entrevista con el periodista Nelson Castro, insertada en su libro "La salud de los Papas". También ya son casi incontables todas las entrevistas publicas que ha concedido el actual Romano Pontífice. Las entrevistas a los Papas y, en particular, a este Papa, constituyen un problema. Trataré de explicarme.

Las entrevistas periodísticas no constituyen magisterio
   
----------Es evidente y comprensible que a un Papa, cuando trata de modo simplemente improvisado, sobre todo con particulares y no con autoridades eclesiásticas o coram populo Dei, de temas que afectan a la fe o a la moral, le sea lícito hablar libremente, expresando sus opiniones privadas, o sus sentimientos del momento, o sus particulares influencias culturales escuchadas aquí y alla y, por lo tanto, no gozando del munus doctrinal petrino, es decir, de esa infalibilidad de la cual el Papa hace uso cuando, como Sucesor de Pedro, pretende, en su magisterio ordinario, enseñar públicamente a la Iglesia universal la doctrina de la fe.
----------Por lo tanto, quien registra y difunde las palabras del Papa expresadas libres e improvisadamente en tales ocasiones, aunque ese interlocutor del Papa lo haga con el consentimiento del Romano Pontífice, lo hace sin embargo solo como persona privada. En otros términos, aunque tal persona pueda ser un famoso periodista acreditado en el Vaticano, hace su tarea de entrevistador del Papa como persona privada y, por consiguiente sin mandato pontificio o autoridad apostólica, como podría tenerla un Obispo o un Cardenal, representante oficial del Papa, sobre todo si es de la Santa Sede. Lo repito para que quede claro: los periodistas entrevistadores del Papa, evidentemente cumplen su tarea sin autoridad apostólica, sino sólo como persona privada, por mucho que el periodista se esfuerce por informar fielmente lo que ha dicho el Papa. En definitiva: la firma de lo que dice es sólo suya, no la del Papa o de un representante o encargado oficial.
----------Supuesto lo dicho, por lo tanto, las entrevistas periodísticas al Papa son, en primer lugar (y para decir lo menos), engañosas, particularmente para el caso de los creyentes poco instruidos que no alcanzan a hacer las distinciones indicadas líneas arriba, vale decir, creyentes que no alcanzan a distinguir cuando el Papa pretende enseñar públicamente a la Iglesia universal la doctrina de la fe, y cuando sólo está expresando una simple opinión privada y falible. Ni qué decir, por supuesto, que son engañosas para los no creyentes.
----------Por consiguiente, también el nombre "Francisco", que el periodista Andrea Tornielli ha puesto en primer lugar en la portada de su libro, como si el Papa fuera el autor del libro, es evidentemente engañoso, induce a error. Y este hecho, es de suponer, también ha sido evidente al autor y a la editorial que ha publicado el libro; por lo cual es obvio el hecho de que ese libro-entrevista al titularse "Francisco", como si el Papa fuera su autor, es intencionalmente engañoso. El autor no es el Papa; el autor es Tornelli. Por lo tanto, queridos lectores, no hubiera sido engañoso si en lugar de "Francisco", encontráramos el nombre "Andrea Tornielli" arriba, en la portada del libro, y ¡no nos arriesgaríamos a poner al libro de Tornielli entre los documentos pontificios!
----------Es cierto que abajo, en letra más pequeña, dice: "una conversación con Andrea Tornielli". Pero esta aclaración, que a simple vista no se lee, debería aparecer en grande, como título del libro y, si los responsables de la edición hubieran querido ser claros, el libro habría debido titularse así: "El Papa habla con Andrea Tornielli", o bien: "El Papa según Tornielli". Si hubiera sido así, el día que compré ese libro en uno de los puestos de venta de libros de segunda mano en la esquina de Córdoba y San Martín, el vendedor no me lo hubiera ofrecido con las siguientes palabras: "Padre, ¿conoce este último libro escrito por el Papa?".
----------No es que temamos que, por ejemplo, los periodistas Andrea Tornielli o Nelson Castro no sean fieles en el informar las exactas palabras del Romano Pontífice (de las dudas que podrían existir al respecto no trato aquí ni eso constituye para mí ningún problema, porque sé bien que Tornielli o Castro no son Scalfari); sólo quiero decir que Tornielli o Castro, como ya he dicho líneas arriba, no son los órganos oficiales de las enseñanzas del Papa. Desde este punto de vista, por ejemplo, cualquier funcionario de la Secretaría de Estado representa más la autoridad doctrinal pontificia que Andrea Tornielli o Nelson Castro.
----------Por esta razón, ningún teólogo serio, que quiera en el futuro escribir, ya sea en un libro de dogmática o moral o en un ensayo a publicar en alguna revista de teología, la doctrina oficial del Romano Pontífice sobre el tema de la divina misericordia, por ejemplo, citará la entrevista realizada por Andrea Tornielli, si no eventualmente a título de curiosidad, o solo en cuanto posee un interesante valor anecdótico, pero no ciertamente por su inexistente autoridad doctrinal. Citar cualquier palabra que brota de la boca de un Papa como si fuera enseñanza doctrinal sólo lo pueden hacer o bien los ingenuos papólatras que sin culpa no llegan a distinguir lo que arriba hemos distinguido, o bien los astutos modernistas que quieren usar las opiniones privadas del Papa para citarlas en apoyo a las herejías modernistas que ellos propalan, o bien los no menos astutos lefebvrianos, que toman todo lo que dicen los Papas del postconcilio como expresión de modernismo.
----------Esta costumbre de los Romanos Pontífices, de expresar sus opiniones personales y privadas a interlocutores particulares, por ende opiniones no dirigidas a la Iglesia en cuanto tal, sino simplemente a periodistas, con la intención de darlas a conocer al público en general, incluso al público no creyente, tratando también de materia de fe, pero sin autoridad apostólica o intención magisterial petrina, es una costumbre relativamente reciente. La inauguró el papa san Pablo VI [1963-1978] con sus famosos "coloquios" con Jean Guitton [1901-1999], famoso e ilustre escritor e intelectual católico francés. Las ediciones de este libro y versiones a otros idiomas han sido muchísimas: Jean Guitton, Diálogos con Pablo VI (1967).
----------El papa san Juan Pablo II concedió también numerosas entrevistas, de las cuales es famosa la que le hizo el periodista Vittorio Messori [n.1941] y titulada "Cruzando el Umbral de la Esperanza" (1994). Pero hay otro dato importante para el tema que estamos reflexionando: el papa san Juan Pablo II tenía dotes de escritor y poeta, y había sido docente de moral antes de ser elegido Papa. Pues bien, durante su pontificado permitió que fueran publicadas o hizo publicar sus obras literarias, como "El taller del orfebre" y sus obras de teología moral, de alto nivel teorético, pero del todo desprovistas de autoridad magisterial.
----------Por otra parte, para todos nosotros es muy conocida la preciosa trilogía cristológica del papa Benedicto XVI: que es verdaderamente obra maestra de sabiduría teológica y de exégesis bíblica del doctísimo teólogo Joseph Ratzinger. Sin embargo, en el prefacio de su obra, el entonces Romano Pontífice advierte claramente al lector que no se trata de magisterio pontificio; tanto es así que invita formalmente al lector a la discusión, como podría hacer cualquier docente de cristología con sus alumnos o con sus colegas cristólogos.
----------Ahora bien, debemos siempre recordar que cuando un Papa enseña a la Iglesia universal, como maestro de la fe, aunque sea en una audiencia general o en la homilía de una Misa, sabe bien que no está presentando simples y discutibles ideas suyas, sino la doctrina tradicional, objetiva, perenne e inmutable del Magisterio de la Iglesia, y más en particular del magisterio pontificio precedente, de la Sagrada Escritura, de la Tradición de los Concilios ecuménicos, de los Padres, de los Doctores y de los Santos.
----------La novedad introducida por el papa Francisco en esta forma de doctorado privado y extemporáneo, en este expresar improvisado en forma libre de las propias opiniones en materia de fe y de moral, lo que hoy se llaman "externalizaciones" o "declaraciones", son sobre todo las entrevistas con periodistas, personas que pueden ser indudablemente creyentes, pero que no necesariamente constituyen los canales oficiales o portavoces oficiales del magisterio pontificio; y no está dicho ni es seguro que sean los mejores intérpretes de las palabras del Papa y sobre todo que sepan distinguir lo que en esta conversación el Papa suelte como rastro contingente de su frágil humanidad, aquello que expresa como signo de su discutible y falible opinar, de lo que en cambio es claro testimonio del infalible Maestro de la fe.
----------En este punto de la reflexión que hemos iniciado (con una primera nota que continuará con otras en los próximas días) puede surgirnos una pregunta: ¿cómo es que, y por qué, los Papas del pasado nunca han tenido semejante idea de las entrevistas a periodistas? Porque debemos tener en cuenta, sin embargo, que el periodismo es una profesión que ya tiene tres siglos. ¿Cómo no existen, entonces, entrevistas al papa Gregorio XVI [1831-1846] o al beato papa Pío IX [1846-1878]? Porque hay que saber que ciertamente siempre han existido heraldos, voceros, mensajeros, locutores oficiales y no oficiales, que informaron a los pastores, a los creyentes, a la gente y al pueblo, acerca de los actos, de los hechos y de las decisiones de los Sumos Pontífices. Los Papas siempre han tenido esa necesidad de hacer conocer su pensamiento, difundir sus actos de gobierno, y sobre todo sus enseñanzas doctrinales y decisiones pastorales.
----------Pero lo que los Romanos Pontífices siempre han considerado inútil, por no decir perjudicial y dañino para los fieles, ha sido precisamente esta costumbre que, a partir del papa san Pablo VI, hoy se ha vuelto corriente, sobre todo con el papa Francisco: exponer improvisadamente las propias opiniones en materia de fe y de moral a particulares entrevistadores no pertenecientes a la jerarquía eclesiástica y en todo caso, no representantes oficiales del Papa o sin mandato pontificio o encargo especial por parte del Papa, sino a petición de los propios periodistas, aunque, por supuesto, con el consenso del Papa.
----------¿Por qué digo que es una costumbre dañina o perjudicial? Precisamente porque conjeturo que es prudente la actitud de los Papas del pasado, quienes al expresarse públicamente como Maestros de la fe (no me refiero aquí a sus expresiones a nivel de decisiones pastorales o de gobierno) se concentraban mucho en su oficio magisterial, por lo cual se negaban a expresar, en materia de fe y de moral, ideas que no fueran sino la repetición o la exposición del dogma o, en todo caso, de doctrinas que, aún no siendo dogma, estuvieran en línea con cuanto habían dicho los Papas precedentes, que a su vez estaban exclusivamente preocupados ​​por enseñar a los fieles sólo doctrinas absolutamente ciertas, que por lo tanto no pudieran ser de ninguna manera un reflejo de ideas personales de los individuales Papas.
----------En esto vemos una instancia o ejemplo muy válido y esencial del magisterio pontificio: la conservación del depositum fidei íntegro, intacto, inmutado, no diluido o aguado ni recortado o parcializado. Ellos sabían que esta era la tarea doctrinal esencial del Papa. Otras ideas, otras doctrinas, otras opiniones, por más lícitas y loables que fueran, por más que personalmente los Papas las pudieran compartir, pero que tal vez fueran posturas teológicas o morales inciertas u opinables, ellos se abstenían de expresarlas al pueblo y a los fieles, en el temor a que estas ideas, por el solo hecho de estar en boca del Papa, pudieran ser tomadas como oro colado, como si fueran verdades de fe, o como doctrina pontificia.
----------No faltan ejemplos recientes de esta actitud, incluso en los Papas posteriores al Concilio Vaticano II. Por caso, es bien sabido que el papa san Juan Pablo II simpatizaba personalmente con la filosofía de la fenomenología y con la teología del beato Juan Duns Scoto [1266-1308]. Pero cuando tenia que hablar como Romano Pontífice, recomendaba siempre a santo Tomás de Aquino [1225-1274]. También es bien sabido que el papa Benedicto XVI, actual Papa emérito, tenía clara simpatía por san Buenaventura de Bagnoregio [1217-1274], por san Agustín de Hipona [354-430] y por Romano Guardini [1885-1968]. Pero como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe seguía a santo Tomás de Aquino y en el Tomismo se han basado todos los méritos logrados por él en ese prolongado cargo junto a san Juan Pablo II, y luego, como Romano Pontífice, recomendó explícitamente a Tomás de Aquino. Lo que intento decir aquí, es que incluso Papas de gran altura cultural y competencia teológica como san Juan Pablo II y Benedicto XVI, supieron dejar de lado sus propias opiniones personales cuando actuaban en su oficio de Papas.
----------El estilo inaugurado por el papa Francisco podría decirse que tiene sus ventajas y sus riesgos: ventajas, quizás (sólo quizás) en cuanto le da al Papa la posibilidad de combinar el cumplimiento de su oficio magisterial con la manifestación de sus preferencias teológicas o de sus opiniones personales. Podría discutirse que esta modalidad tuviera alguna ventaja o beneficio para la Iglesia, pero hay serios y criteriosos eclesiólogos que ellos así lo consideran, aunque conservo ciertas y fundamentadas dudas al respecto.
----------Los riesgos vienen claramente dados por el hecho de que el papa Francisco a veces expone opiniones privadas que son extrañas ideas de teólogos o pensadores no aprobados por la Iglesia, ideas que difieren o parecen alejarse del magisterio pontificio precedente, del suyo y del de los Papas inmediatamente anteriores. Considero que en tales ocasiones, es necesario entonces dejar caer, dejar pasar de largo, estas opiniones privadas del papa Francisco, y acogerse a lo que surge de su magisterio auténtico. Pongamos aquí el ejemplo de su enseñanza sobre la misericordia, tal como la encontramos en el documento ya citado al inicio de esta nota, documento que no es magisterio, sino una simple entrevista concedida a Andrea Tornielli, publicada por él bajo el título de El nombre de Dios es misericordia (Planeta, Buenos Aires, 2016).
----------Por supuesto, ese libro contiene naturalmente una justa y correcta noción, natural y sobrenatural, de la misericordia divina. Sin embargo, el libro no sólo contiene esa doctrina segura, sino otras ideas que no lo son, y que el papa Francisco ha expresado en la entrevista como simples opiniones privadas suyas. De modo que, precisamente a la luz de ese indicado correcto concepto de la misericordia, es necesario distinguir cuáles son las opiniones del Papa que se alejan de ese correcto concepto.
----------Trataremos de hacerlo a partir de la nota de mañana.

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