martes, 11 de mayo de 2021

El problema de las entrevistas al papa Francisco (2)

Un ejemplo de que las entrevistas concedidas por el Santo Padre constituyen un problema, es el libro "Francisco. El nombre de Dios es misericordia. Una conversación con Andrea Tornielli". Por supuesto, el texto contiene una correcta noción, natural y sobrenatural, de la misericordia divina, pero también contiene otras ideas que son simples opiniones privadas y falibles del papa Francisco, alejadas de la doctrina cierta.

Examen de las proposiciones de la entrevista de Andrea Tornielli al Santo Padre
   
----------El papa Francisco parece afirmar, de diversos modos, que la misericordia es la obra divina más elevada para con el hombre. Algunas de las proposiciones que lo manifiestan son éstas: "La centralidad de la misericordia para mí representa el mensaje más importante de Jesús" (p.21). Notamos ese "para mí", que es el signo de que el Santo Padre aquí expresa no un dato objetivo de fe, sino una opinión suya.
----------El Papa retoma una afirmación del papa Benedicto XVI: "La misericordia es en realidad el núcleo central del mensaje evangélico, el nombre mismo de Dios, el rostro con el cual Él se ha revelado en la antigua Alianza y plenamente en Jesucristo, encarnación del Amor creador y redentor" (p.23). Incluso llega a decir que la misericordia "es el primer atributo de Dios" (p.75). En definitiva, la misericordia "es el nombre de Dios" (p.96), como dice el propio título del libro "El nombre de Dios es misericordia".
   
Sin embargo, la misericordia no es el anuncio más sublime del Evangelio
   
----------Según las Sagradas Escrituras, en realidad, las cosas son diferentes a como parece expresarlas el papa Francisco en esta entrevista. Leemos en la Biblia que Dios mismo revela Su Nombre a Moisés: "Yo soy El Que Es" (Ex 3,14) y es un clarísimo dato de la divina Revelación que la obra máxima, la expresión máxima del amor y de la bondad de Dios a favor del hombre, como está dicho en la Carta a Tito (3,4), no es la misericordia, que alivia al hombre de la miseria del pecado y lo cura con su gracia, sino que es esa "benignidad" (chrestòtes, benignitas) y "filantropía" (philanthropìa, humanitas), esa gracia elevante y divinizante, que eleva al hombre a la dignidad de hijo de Dios en Nuestro Señor Jesucristo, "conducido por el Espíritu Santo" (Rm 8,14), dignidad por la cual ha querido hacernos "herederos de la Vida eterna" (Tito 3,7). La cual, como nos explica Nuestro Señor, consiste en la celestial visión del Padre y del Hijo ("Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo", Jn 17,3; "Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado", Jn 17,24).
----------La misericordia es el nombre de Dios, suponiendo la existencia de un mundo, como este en el cual vivimos, donde existe el pecado y por lo tanto la miseria y el sufrimiento. Pero Dios habría también podido no crear el mundo y existir solo, ya que Él, en su infinita perfección, infinitamente beato, feliz, autosuficiente y completo en sí mismo, no tenía necesidad más que de Sí mismo para ser feliz.
----------Por lo tanto, si ha creado el mundo, no es porque eso completara su esencia, para ser un verdadero Dios, completo y perfecto, porque ya lo era antes en la eternidad. Creando el mundo, no es que Dios haya aumentado y perfeccionado su esencia, porque Él es infinito y lo infinito no puede aumentar; es el sumo bien y al sumo bien no se puede agregar nada. Dios no ha creado el mundo ni siquiera por necesidad de naturaleza, sino voluntariamente y del todo libremente. Por tanto, quienquiera conecte esencial o necesariamente al mundo con Dios, viene a absolutizar o divinizar el mundo y se convierte en un idólatra.
----------De hecho, el mundo es un conjunto de entes contingentes, que son típicos efectos de una libre elección divina y de su acción creadora; elección divina que actúa como análogamente actúa también el libre albedrío humano. Nosotros, los hombres, no elegimos lo que no depende de nosotros o de entes que para nosotros no pueden no existir, como el planeta Saturno, por ejemplo. Nosotros no elegimos ni decidimos que el planeta Saturno exista. Nos interese o no, Saturno existe. En cambio, dependen de nuestras elecciones esos actos nuestros o eventos, de los cuales somos los dueños con nuestra voluntad.
----------Otra cosa que es necesario tener presente es que Dios ejerce su misericordia en la vida presente, pero el fin último, el acto más grande y sublime de su divino amor por el hombre y de la obra de Nuestro Señor Jesucristo, es el de conducir al hombre a una vida beata y celestial más allá de la muerte, la vida eterna, en la cual el hombre, perfectamente libre de todo mal y de toda miseria, ya no tendrá necesidad de recibir la misericordia divina, sino que simplemente disfrutará eternamente de su infinita bondad.
----------De aquí se deriva que el anuncio más sublime del Evangelio, incluso más que la remisión de los pecados gracias a la misericordia, es la posibilidad de devenir hijos de Dios ("a todos los que recibieron su Palabra, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios", Jn 1,12; "Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es" 1 Jn 3,2). Este es el mensaje más importante de Jesús. Este es el verdadero núcleo central del mensaje evangélico. La remisión de los pecados, es decir, la fruición de la misericordia es sólo el primer escalón de la perfección y santidad cristianas: existe otro, superior y supremo, que es el fruir del Dios trinitario, en alma y cuerpo, en la gloria celestial.
----------En efecto, como aparece claramente de las peticiones que Jesús dirige al Padre en la plegaria sacerdotal del capítulo 17 de san Juan, la voluntad del Padre para con nosotros no es solo liberarnos del pecado y de la muerte, sino sobre todo donarnos esa misma gloria que Él le ha dado a su Hijo ("Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno", Jn 17,22). Por consiguiente, podemos decir que la obra más grande que Dios cumple a favor del hombre no es la misericordia, que al fin de cuentas se limita a resanar, restaurar, la naturaleza humana herida por el pecado, sino que es la glorificación divina del hombre, es hacer al hombre partícipe de la misma gloria divina.
----------Esta última finalidad contemplativa del cristianismo, más allá de una visión meramente soteriológica, ha sido bien expresada por la Iglesia y por los Santos de los siglos XI-XIV, después de la reforma gregoriana, que puso en auge la excelencia de la vida monástica contemplativa entre todos los estados de la vida cristiana. Pensemos, entre los Santos, por ejemplo, en san Romualdo [951-1027], en san Bernardo de Claraval [1090-1153], en san Juan Gualberto [985-1073], en san Bruno de Colonia [1030-1101], en san Anselmo de Canterbury [1033-1109], en los Cluniacenses, en el florecimiento del eremitismo.
----------Y en el Magisterio de la Iglesia el Concilio Lateranense IV del 1215, comentando Jn 17,22, concibe la visión celestial del Padre como fin último del cristiano (Denz. 806). El Concilio de Viennes del 1312 esclarece la naturaleza de la beatitud final, refutando las herejías de las begardos y de las beguinas (Denz. 471-478). En 1336 Benedicto XII definió la naturaleza de la visión beatífica (Denz.1000-1001).
----------Por el contrario, es a partir del siglo XV que la Iglesia comienza a orientar su atención a la obra de la Redención como ennoblecimiento y exaltación del hombre y del obrar humano y, por consiguiente, comienza a surgir una espiritualidad de perfil más humanista y soteriológico que ascético y contemplativo. Precisamente, tanto la reforma luterana como la tridentina siguen esta misma vía.
----------Será necesario que el Concilio Vaticano I, con su apelación al conocimiento teológico natural y sobrenatural, así como el Concilio Vaticano II con su enseñanza sobre la renovación de la vida religiosa y sobre el llamado universal a la santidad, redescubran esta suprema instancia del Evangelio, que estaba eclipsándose por la invasión inmanentista y antropocéntrica de la modernidad.
----------En conclusión, la falta de esta última finalidad contemplativa del cristianismo, más allá de una visión meramente soteriológica, parece advertirse en las expresiones del Santo Padre acerca de la misericordia, en esta entrevista concedida años atrás al periodista Andrea Tornielli. Sin embargo, existen carencias aún más graves, como indicaremos en la nota de mañana. 

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