lunes, 3 de mayo de 2021

La auténtica evolución de la Sagrada Liturgia, salvada de los extremos del vaciamiento modernista y del fijismo pasadista

La catequesis desarrollada por el papa Francisco en la Audiencia general del pasado 3 de febrero no debiera ser pasada por alto por los lectores. El Santo Padre se ha referido a nuestra oración en la Liturgia de la Iglesia, haciendo pie sobre todo en la constitución Sacrosanctum Concilium y en el Catecismo de la Iglesia Católica, pero resumiendo algunos de los conceptos principales, por supuesto a su estilo, sencillo y popular. Todo lo cual me ha hecho pensar que puede ser útil volver a publicar algunos pensamientos publicados meses atrás, aunque reformulados en algunos puntos, referidos a este tema y, en particular, al progreso en la liturgia.

Las actuales polémicas sobre el concepto de desarrollo de la Liturgia
   
----------Lo más probable es que una nota sobre liturgia (λειτουργία) puede causar malentendidos y equívocos desde su mismo inicio. El término liturgia, al igual que muchas palabras usadas en ámbitos católicos tan tensos y conflictivos como los actuales, quizás necesite ser bien explicado. Me gustaría suponer que cuando digo liturgia, hay en el lector promedio un básico sentido que debe ser suficiente como para plantear la pregunta: ¿existe un progreso en la Liturgia?, que es precisamente a lo que en esta breve nota voy a referirme, y en particular a la Liturgia de la Santa Misa. Pero visto como estás las cosas con las actuales posiciones extremistas sobre el tema, mucho me temo que no lo puedo dar por supuesto. Aún así, y dado que es obvio que no es este el lugar como para ponerme a redactar todo un tratado teológico sobre la Sagrada Liturgia, confiaré al menos en el buen criterio de mis habituales y fieles lectores: puedo suponer que ellos, efectivamente, manejan el básico sentido católico de Liturgia.
----------Pues bien, la actitud de muchos católicos hacia la Liturgia, y en concreto hacia la Liturgia de la Santa Misa, tanto en ámbitos renovadores como conservadores, es pasible de razonables reproches, aún en ámbitos que no llegan a los desequilibrios del progresismo extremo (o modernismo) ni del tradicionalismo extremo (o pasadismo). Pero no quiero hacer en esta ocasión cuestión de terminología, no quiero discutir sobre palabras o denominaciones en las que acaso no todos podemos estar de acuerdo. Lo que intento decir, es que incluso en los límites del simple y auténtico catolicismo (bien lejos de los sectores heréticos, explícita o implícitamente cismáticos, como los lefebvrianos y los modernistas) no siempre la liturgia de la Misa es comprendida en su correcto sentido y, por ende, se malinterpreta el progreso en la liturgia.
----------Por un lado, existe la actitud de no pocos "católicos" hacia la Misa del antiguo rito romano, llamado hoy rito "extraordinario", o a veces vetus ordo, que ven a ese rito como algo anacrónico, vetusto, superado y ya no practicable, considerando que esa Misa ha sido sustituida por una forma moderna, que a ellos les parece mejor y más avanzada, un poco como se piensa, con toda lógica, que ha sucedido en la práctica de la medicina, por lo que a nadie hoy se lo curaría como eran curados los enfermos en el año 600 o en el 700, o como sucede con los modernos productos de la técnica, por los cuales nadie hoy iría desde Mendoza a San Rafael a caballo o cruzaría el océano en una carabela, a no ser para hacerse el original. Para esos católicos, el rito romano extraordinario, aún cuanto haya sido liberado en su práctica por el papa Benedicto XVI, se asemejaría por ejemplo a los hirudíneos usados en la práctica médica de hace miles de años, o al caballo o a la carabela como medios de transporte, sin que les importe lo que haya establecido el actual papa emérito.
----------Por otro lado, existe también, pero en el otro extremo del espectro "católico" (uso ahora el término en sentido especialmente vago), ambientes en que se celebra la Misa del rito extraordinario, la actitud no menos despectiva hacia la Misa de rito ordinario o novus ordo. De hecho, en algunos enclaves de tradicionalismo extremo, esa reprochable actitud es aún más grave, porque llegan a considerar la llamada "Misa de Pablo VI", como algo "maligno" y, según ellos, "causa de todos los males presentes de la Iglesia", y cosas por el estilo; y hasta hay casos en que estas ideas son propaladas por el propio clero de esas comunidades, aconsejando a sus fieles no asistir a la "Misa Nueva" (así la llaman por oposición a la que ellos llaman "de siempre"). Obviamente, tales actitudes hablan por sí mismas del carácter cismático y herético de estas comunidades sedicentes católicas, tanto o más cismáticas (explícita o implícitamente) como aquellas, de perfil modernista, que rechazan la Misa del rito extraordinario, hoy legítimo en la Iglesia.
----------Pero en el caso de la Misa tridentina o rito romano extraordinario, el mencionado rechazo es a menudo exasperado por una atmósfera de emotividad, que en ciertos casos yo no dudaría en llamar psicótica a causa de su irracionalidad, precisamente en el contexto actual de una sociedad pluralista y libre como la moderna, en la cual conviven las religiones más diversas y también a veces los ritos religiosos más extraños, por no decir dudosos o peligrosos, en base al respeto de la libertad religiosa bien entendida. Este tipo de desorden mental o psicosis tiene frecuentemente diversas causas, y ellas raramente son de naturaleza teológica, pues este tipo de desequilibrios espirituales normalmente surgen de motivos mucho más bajos, rastreros y mundanos, como las razones políticas, o las ventajas económicas, o las mezquinas conveniencias personales (como sabemos que son las razones más obvias de los cismas y de las herejías), aunque hoy, en el caso de estos ambientes sedicentes "católicos", y en el caso particular de los simples fieles de estas comunidades, los motivos de estas psicosis tengan más que ver con esteticismos o valores históricos mal comprendidos.
---------En el otro extremo del espectro, para algunos católicos progresistas (que en realidad deberíamos llamar modernistas) el mero hecho de tocar el tema de la "Misa tridentina" suscita de inmediato una irritación despechada, casi de repugnancia o de horror, actitud de desprecio similar a la que en el medioevo era provocada por el contacto con el apestado o con el hereje. Tal actitud es paralela a la del otro extremo: para algunos católicos conservadores (aunque en realidad deberíamos decir pasadistas, o lefebvrianos), tocar el tema "Misa de Pablo VI" o "Misa conciliar" suscita similares reacciones, agravadas en el caso de aquellas comunidades alejadas de la unidad católica, como se trata de los mencionados lefebvrianos.
----------Naturalmente, estoy hablando de casos extremos, aunque no infrecuentes en la actualidad. Tratándose de los extremistas del progreso, en los mejores casos se prefiere cubrir con un manto de pudor y silencio los eventos de las Misas antiguas, en los lugares donde se las celebra a modo de excepción o por pedido particular de algunos grupos de fieles; y esto a pesar de haber transcurrido ya casi década y media del motu proprio Summorum pontificum del papa Benedicto XVI, que liberó la celebración de la Misa tridentina o rito romano extraordinario. Pero aún así, se prefiere ocultar casi su programación, con un embarazoso silencio, como si se tratara de una cosa vergonzosa o que puede crear disturbio o desorden o que de todos modos va contra el propio "moderno" estilo de vida normal y tranquilo.
----------Y no basta que haya intervenido con autoridad, en aquella ocasión, el Papa actualmente emérito, intentando con el mencionado motu proprio poner paz en la conflictiva situación y tranquilizar a todos. Por el contrario, desde el ala modernista hay quienes todavía se atreven a despotricar contra Benedicto como si hubiera sido manipulado o instrumentalizado o presionado por quién sabe qué grupos conservadores o retrógrados que "harían bien en desaparecer de la historia", dicen.
----------Del otro lado, los extremistas de la inmovilidad, o sea los grupos tradicionalistas extremos y lefebvrianos, hasta dan la sensación de sentirse molestos con lo decidido por el papa Benedicto XVI en 2007, y sus críticas a la que ellos llaman "Iglesia conciliar" se focaliza no sólo en la Misa del novus ordo, sino también en la Misa del vetus ordo cuando es celebrada por "el clero conciliar" como lo llaman estos cismáticos. Si, efectivamente, es como lo está suponiendo el comprensivo lector que me exime de dar aquí más explicaciones: tal como lo dije líneas arriba, las herejías y los cismas cuentan entre sus principales causas de origen los motivos frecuentemente más mundanos y rastreros, no pocas veces mezquinamente terrenales.
----------Este clima belicoso, por ambos polos, ha producido, como bien sabemos, que muchos Obispos se muestren contrarios a la celebración del rito romano extraordinario en su diócesis. De hecho, sin embargo, también es bueno recordar que existen, también en esta área, muchos Obispos leales a Roma, que trabajan sinceramente para asegurar que aquel decreto del papa Benedicto XVI sea respetado y exista entre los católicos auténtica libertad religiosa. Pero el ambiente sigue siendo tenso tratándose de este tema.
----------Ni siquiera me animo a explicar los motivos psicológicos (ciertamente anormales, psicóticos también, diría yo) del estado de agitación emotiva de los católicos contrarios al rito extraordinario, cuando tal vez esos mismos católicos no manifiestan ninguna dificultad para mirar con simpatía o al menos con respeto y tolerancia a otros ritos, incluidos los ritos protestantes. Es difícil entender por qué se la han agarrado precisamente solo con la Misa así llamada del papa san Pío V, que es completamente ortodoxa, con un pasado espléndido y perfectamente en línea con la recta fe, por propio reconocimiento de la Iglesia, y me refiero a la Iglesia de hoy.
----------Pero tampoco, por supuesto, busco explicar los motivos psicológicos y razones humanas (a veces demasiado humanas) que, desde el otro extremo del espectro, son tan belicosas y despreciativas las actitudes de los tradicionalistas extremos y abusivos (particularmente los lefebvrianos) hacia la así llamada Misa de Pablo VI, naturalmente, cuando ella es celebrada con dignidad y piedad, muy lejos de los enormes abusos producidos en el post-Concilio. Pero, aún así, tratemos, junto a los lectores, de indagar algo más profundamente en estas dos expresiones extremas y abusivas, que no son realmente católicas, sino sedicentes católicas, porque no logran concebir de modo correcto la auténtica evolución de la Sagrada Liturgia.
----------En las webs y blogs de Internet, particularmente de orientación tradicionalista, abundan actualmente los artículos sobre temas litúrgicos, la mayoría de ellos de carácter histórico, o bien rubricista, o a veces estético o bien encaminados a orientar la vida espiritual de los fieles o, en el mejor de los casos, artículos de carácter apologético. Pocas o ninguna de esas notas se refieren a la Teología de la Liturgia, cuyo estudio, en mi tiempo, solía reducirse a un mero capítulo introductorio en el Curso de Liturgia del último año del seminario. En realidad, la Teología de la Liturgia se halla repartida fundamentalmente en los tratados teológicos De Christo Salvatore, De Gratia y De Eucharistia, que son casualmente los títulos de tres famosos libros del padre Reginald Garrigou Lagrange OP [1877-1964], que tengo ahora aquí, a mi alcance, en mi mesa de trabajo, al momento de redactar esta nota. Por supuesto, mucha agua ha corrido bajo los puentes desde que se escribieron estos libros y creo francamente que Dios eximió a Garrigou de verse sometido a la prueba de interpretar tras el Concilio Vaticano II los nuevos signos de la evolución de la liturgia.
----------Sea como sea, repito que no busco aquí explicar los anormales motivos psicológicos o humanos de cualquier género, del estado de agitación emotiva, tanto de los católicos contrarios a la Misa del Concilio de Trento, como de los católicos contrarios a la Misa del Concilio del Vaticano II. Se trata, por supuesto de dos actitudes que no son realmente dignas de un fiel católico. Me conformo aquí con dar, del fenómeno anómalo que hoy se vive en esta Iglesia dividida, una explicación de tipo meramente teórico. Detrás de las mencionadas reacciones opuestas entre sí, las cuales no excluyen la complicidad de ciertos sedicentes liturgistas, se tiene en mi opinión un concepto erróneo de la liturgia, que precisamente viene homologado por un fenómeno como la historia de la técnica o la historia de la medicina, tal cual dije líneas arriba.
   
La ofensiva actitud de los extremistas del progreso hacia la Misa de rito extraordinario
 
----------Podemos suponer que en la conciencia colectiva de los fieles católicos que asisten a la Misa del rito romano ordinario se piensa que, en la historia, las formas de la liturgia y, por lo tanto, las diversas formas en que se ha celebrado la Misa en el curso de estos dos mil años, deben estar sujetas a un progreso, a un desarrollo, una evolución, por la cual las formas antiguas y superadas se vuelven inservibles, así como hoy nadie usaría el reloj de sol cuando hay relojes a cuerda o digitales, o nadie usaría viejas locomotoras a vapor cuando existen los trenes de alta velocidad. Aparte del hecho, como ya he dicho, que ciertos productos o métodos antiguos puedan seguir siendo adoptados junto con los nuevos y los modernos.
----------En realidad, y para corregir esa que suponemos puede ser la conciencia de muchos fieles católicos de ambientes más bien inclinados al progreso y no a la conservación, la liturgia católica, y particularmente la liturgia de la Santa Misa, no puede estar sujeta en sí misma a un verdadero y propio progreso. La Santa Misa, fundada en la institución de Nuestro Señor Jesucristo, es en su esencia un todo divino en sí mismo perfecto, completo e inmutable, que por consiguiente no puede ser mejorado ni perfeccionado; aunque lo que acabo de afirmar ciertamente nada quita a la mutabilidad, contingencia, variedad y variabilidad de los aspectos facultativos, ceremoniales y rubricísticos en los que se actualiza esa esencia.
----------La pregunta que me planteaba y les planteaba a los lectores al comienzo de la presente reflexión: ¿existe un progreso en la liturgia?, debe ser respondida, como es obvio, afirmativamente, pero haciendo una importante salvedad. Porque si se puede hablar de progreso en la liturgia, eso debe ser referido solamente a lo que debe ser un mejoramiento continuo en la diligencia, devoción y piedad con las cuales los que participan en ella, los fieles y los celebrantes, deben vivir los Misterios divinos, a fin de extraer de ellos frutos espirituales siempre más abundantes de santidad y de buenas obras.
----------Por consiguiente, considerar como suelen hacer hoy muchos católicos extremistas del progreso, a la Misa novus ordo o Misa de san Pablo VI como si ella fuera una sustitución más avanzada de la Misa de san Pío V, y juzgar a esta última, como actualmente impracticable, ya no utilizable o ya no celebrable, no tiene en absoluto ningún sentido. Y las razones demostrativas de lo que digo las encontramos precisamente en el motu proprio Summorum pontificum emitido providencialmente por el papa Benedicto XVI en 2007.
----------A propósito de las variaciones y mutaciones de la liturgia, si propiamente queremos encontrar un referente humano a un valor por sí sobrenatural y de fe, convendría parangonarlo ante todo con la variedad y evolución de las formas del gran arte, por las cuales no existe ningún problema, en un museo o en una iglesia, para considerar igualmente válido y actual, aunque sea por diversos motivos, una obra de arte del medioevo o del '500 o del '900. Ciertamente existe un progreso en las técnicas del arte, pero la poesía o el gran arte siempre tienen el mismo valor, sin importar su antigüedad o modernidad.
----------Así, por ejemplo, las pinturas de Giotto ya no son más "progresistas" o "avanzadas" que los frescos de la antigua Roma o del antiguo Egipto; las pinturas de Rafael ya no son más "avanzadas" respecto a las pinturas de Giotto; y los cuadros de Monet o de Matisse ya no son "progresistas" respecto a las de Rafael: son simplemente diferentes y responden a gustos diferentes, igualmente legítimos. Por esta razón, todas estas obras deben poder coexistir en el gran mundo de la cultura de todos los tiempos: son siempre actuales.
----------De modo similar, como se viene demostrando siempre más claramente por parte de los liturgistas serios, equilibrados e imparciales, las dos modalidades del Rito Romano, tanto el extraordinario como el ordinario, son de por sí modalidades recíprocamente complementarias, teniendo la una cualidades donde la otra tiene límites y viceversa. El misterio de la Sagrada Liturgia es en sí mismo demasiado rico en múltiples aspectos como para poder ser actuado en una única forma de rito y solo en un momento dado. De ahí la tradicional multiplicidad y variedad de ritos siempre admitidos en la Iglesia Católica Romana.
   
La ofensiva actitud de los extremistas de la inmovilidad hacia la Misa de rito ordinario
   
----------En cuanto a la oposición de algunos católicos de extremo conservadurismo, particularmente los tradicionalistas abusivos y los lefebvrianos, a la Misa de rito ordinario, novus ordo, o Misa de san Pablo VI, ello surge de un malentendido sentido de la tradición litúrgica, que no distingue aquello que en la Santa Misa nunca puede cambiar, de aquello que puede cambiar; y que no puede ver que la Misa nacida del Concilio Vaticano II es sustancialmente la Misa de siempre, la única Misa del rito católico, solamente modificada en algunos aspectos accidentales para hacerla pastoralmente más eficaz en el mundo moderno. Por supuesto, se trata de celebrarla bien, en el respeto de las actuales normas ceremoniales y litúrgicas. Por esto los lefebvrianos no tienen justificación para tomar como pretexto ciertos modos abusivos modernistas e indisciplinados de celebrar para rechazar la Misa de rito ordinario como tal.
----------Tenemos que hacer referencia aquí al desordenado sentimiento del faccionalismo o actitud de facciosidad, es decir, la tendencia arraigada al sectarismo y la intolerancia perniciosa, tanto en católicos de extremo progresismo como en los de extremo conservadurismo. Lo que intento decir es que, tanto la facciosidad de los lefebvrianos, como la facciosidad de los modernistas, respecto a la Santa Misa, es una señal de que ni los unos ni los otros logran percibir la catolicidad de la Sagrada Liturgia, y que carecen de obediencia a la Iglesia, mostrándose apegados a un concepto de liturgia no como una aceptación, en la fe, del misterio de Cristo Redentor y Sumo Sacerdote unido en su Sacrificio a la Iglesia su esposa, sino como un culto "totalmente humano" en el cual al fin de cuentas no nos fundamos en su catolicidad que une en la pluralidad, más allá del espacio y del tiempo, sino en una arbitraria y arrogante toma de posición ideológica y particularista que pretende imponerse, bajo diferentes pretextos (demasiado humanos), a la Iglesia en lugar de obedecerle, y que, por lo tanto, corre el riesgo de terminar en superstición o en magia.
----------Por consiguiente, si la Iglesia seguirá todavía su camino en la historia humana, si la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo seguirá siendo todavía la Una y la Católica, entonces, las tensiones existentes entre los partidarios (extremistas y exclusivistas) de los dos modos del rito de la Santa Misa deberán cesar lo antes posible, porque es escandaloso e inconcebible que los católicos litiguemos y nos excluyamos los unos a los otros precisamente a causa de este valor supremo de la piedad cristiana que es precisamente la Santa Misa, que ha costado la divina Sangre de Cristo y que en sí misma debería ser el principio, la fuente, el centro, el eje, el vértice y la cumbre de nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos. La facciosidad y el sectarismo existentes en los dos extremos contrapuestos es la señal desalentadora y desconcertante de que ni los unos ni los otros, ni los arrogantes modernistas por un lado, ni los igualmente arrogantes tradicionalistas por el otro, entienden cuál es el significado profundo de la Santa Misa y de la misma virtud moral de la religión.
----------Indudablemente, la cuestión de la relación concreta y jurídica que debe existir entre las dos formas (ordinaria y extraordinaria) de celebración del Rito Romano aún está en discusión y, dada la gravedad del problema, sería deseable un documento de la Santa Sede que reglamente puntual y detalladamente la coexistencia de las dos modalidades de celebrar la Misa en el Rito Romano. Esto, en mi humilde opinión, contribuiría a la pacificación, llevaría a razonar y garantizar, al menos para los católicos de buena voluntad, la necesaria y benéfica coexistencia pacífica entre los dos modos de celebrar la Misa.
----------Meses atrás se ha puesto en ejecución, por parte de la Santa Sede, una consulta a todos los Obispos del mundo en relación al estado de aplicación y respuesta de los fieles a la liberación del rito romano extraordinario. Espero que la clarificación mencionada se produzca cuanto antes por parte del Santo Padre y de sus organismos de gobierno en la Curia Romana. Porque en la presente situación, de hecho, se ve indudablemente afectada la dignidad y la credibilidad del mismo nombre católico, que ahora ve escandalosamente presente la división y la recíproca falta de respeto, precisamente donde debería tener lugar la máxima manifestación de la unidad, la concordia, la armonía y la comunión. Escándalo para propios y extraños.
----------Sobre el tema que he desarrollado en este artículo, y repitiendo lo dicho en el párrafo inicial: es necesario que los fieles se informen, al menos básicamente, de la Teología de la Liturgia, que no consiste en la historia de la liturgia, ni en el conocimiento de las rúbricas, ni quiere decir una rama de la estética, ni es apologética, ni es tampoco un tratado de devoción, sino que es propia y esencialmente Teología, que se bebe en los tratados teológicos de la Cristología, de la Gracia y de los Sacramentos.
----------¿Acaso yo he hecho teología en esta nota? No, por supuesto. Y no pretendo que ninguna de mis notas sea propia y formalmente teología (que sólo se transmite en el lugar adecuado: la cátedra teológica), sino aproximación a la teología, o más bien intento de divulgación teológica. Lo único que puedo hacer en este blog es simplemente coloquio periodístico-teológico, pero, al menos, a través de todas mis palabras, los lectores bien intencionados podrán descubrir si se lo proponen la información que he querido brindarles. La Teología sólo se bebe en el paciente y sereno estudio de la Revelación en la Escritura y la Tradición tal cual nos son brindadas por el Magisterio de la Iglesia, algo de lo que hoy tengo serias dudas que se cumpla cabalmente en la mayoría de los seminarios del mundo, y que, un viejo cura y profesor de seminario, como yo he sido, trata de seguir bebiendo en el atardecer de su vida, para brindarlo a los amigos lectores que hasta aquí quieran acercarse.

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