domingo, 15 de octubre de 2023

El limbo: una cuestión resuelta por el papa Francisco (3/3)

La reciente beatificación de la familia polaca formada por Jozef y Wiktoria Ulma y sus siete hijos, el más pequeño de ellos, no nacido, todavía en el seno de su madre, es la confirmación pontificia del descubrimiento hecho recientemente por la Iglesia de que los niños que mueren sin el bautismo no van al limbo, como por largo tiempo había sido creído por una cierta opinión teológica, sino que van al paraíso del cielo.

El valor universal del Bautismo
   
----------Jesús, como dice Juan, "vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu es la verdad" (1 Jn 5,6). Jesús ha sido bautizado en el agua por Juan el Bautista, en la sangre por sus asesinos, en el Espíritu por el Padre. De manera similar podemos pensar que el niño que en el vientre de su madre está sumergido en el agua y en la sangre, sea bautizado en el Espíritu a semejanza de Cristo, inmediatamente después de haber sido concebido, de modo que el caso de Juan el Bautista, purificado desde el vientre de su madre, representaría al primogénito de la nueva generación de los hijos de Dios. De tal modo se verifica la promesa del protoevangelio: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. El te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón" (Gén 3,15).
----------Conocer mejor hasta dónde llega la misericordia divina no es un desmentir creencias del pasado, por muy aceptadas que hayan sido por la Iglesia, sino que se trata del camino normal de nuestro conocimiento del dato revelado. Éste es el criterio con el cual juzgar la opinión difundida en décadas recientes, no prohibida por el Magisterio, según la cual incluso los niños no bautizados van al paraíso del cielo.
----------Lo nuevo que se añade a lo antiguo no invalida lo antiguo. Es sólo lo viejo que es sustituido por lo nuevo. Una obra de arte antigua se conserva y a ella se le añaden las nuevas. Una herramienta vieja y desgastada se sustituye con la nueva. La nueva perspectiva de la salvación de los niños no desmiente cuanto ya se sabía de la divina misericordia, sino que simplemente nos abre un nuevo horizonte de la misma y nos hace comprender que ella es más amplia que lo que habíamos imaginado.
----------Por eso, si el niño tuviera que morir antes de recibir el bautismo, el mismo Catecismo de la Iglesia Católica nos invita a "confiar en su salvación". Si en las exequias de un niño muerto sin bautismo no se reza por el difunto (incluso según los ritos anteriores a la Reforma de 1963), eso no significa que el niño muerto esté en el limbo, sino que, estando ya salvo, no hay necesidad de rezar por él.
----------Sin embargo, sería ciertamente un tonto razonamiento el de los padres si dijeran: dado que ya está en gracia, bauticémoslo cuando queramos, o incluso, no hay necesidad de bautizarlo. ¡Esto para nada, en absoluto! Porque es de fe que debemos ser bautizados y cuando sea necesario debemos bautizar, y es una venerable práctica tradicional de la Iglesia bautizar al niño cuanto antes sea posible, aunque hoy se ha introducido en algunas parroquias la práctica de celebrar bautismos colectivos, por lo cual se espera hasta que se reúna un número suficiente de niños para bautizarlos.
----------Pero precisamente porque el mandamiento de bautizar es de fe, no debemos ceder al racionalismo de quienes dicen: ¿por qué darle algo que ya tiene? Por supuesto que el niño ya tiene la gracia desde su concepción, pero si las circunstancias lo permiten, Dios quiere que el niño sea bautizado, bajo pena no de la condenación del niño, sino del riesgo de la condenación de los propios padres, los cuales pecan mortalmente por tal grave negligencia.
----------Recordemos la comparación con la praxis de la confesión: un acto de contrición basta para obtener el perdón; pero luego es necesario ir a confesarse. Si esto vale para la confesión, ¿no podría valer también para el bautismo? El niño está en gracia, pero luego debe ser bautizado. Y tampoco debemos criticar prácticas de este tipo: si la Iglesia las cumple, quiere decir que son buenas. Es una cuestión de fe en la Iglesia.
----------El padre Harrison, en su artículo del 2006, reconoce que Dios, si quiere, puede salvar a un niño también sin el bautismo (al fin y al cabo todos conocemos la solemnidad litúrgica de los Santos Inocentes); pero considera el hecho como milagroso. La tesis me parece excesiva y me parece confundir el don universal de la gracia con ese don especialísimo, que es el milagro. Aquí está en juego el primer tipo de don, no el segundo. Si Dios quiere que todos los hombres se salven y si para ser salvos es necesario que estén en gracia, Dios debe ofrecer a todos la gracia. La gracia debe ser un don universal. El milagro, por el contrario, no es en absoluto necesario para salvarse, sino para hacer creíble el anuncio de la salvación.
----------Ciertamente el hombre que usa el libre albedrío puede rechazar la gracia y así condenarse. Pero el niño que no usa aún el libre albedrío ¿cómo podría  rechazar la gracia? ¿Y entonces, cómo podría no estar en gracia? ¿Cómo no evitaría el infierno si no estuviera en gracia? ¿Cómo esta gracia no lo liberaría del pecado original, sustituyendo así ese bautismo que sin culpa suya y tal vez por culpa de otros no podría recibir? ¿Cómo en tal caso el poder de la divina misericordia no sería más fuerte que el pecado de aquellos que habrían podido bautizarlo y no lo han hecho? Si ellos hacen su parte para enviarlo al infierno, ¿no podrá Dios hacer su parte para impedirlo? Es cierto que va al infierno quien quiere; pero para quien que no quiere (ya sea negativamente como el niño o positivamente como el adulto), ¿por qué no debería triunfar la gracia?
----------Ningún pronunciamiento infalible de la Iglesia nos decía (hasta ahora) que esto no sucediera, aunque es cierto que ningún pronunciamiento infalible nos decía (hasta ahora) formal y explícitamente lo contrario. ¿Y si esta tesis se pudiera derivar por deducción de cuanto la Iglesia ya nos enseña explícitamente? Aquí radica el argumento teológico que estoy exponiendo a favor del paraíso del cielo para los niños muertos sin el bautismo. Y que el Santo Padre ha confirmado con su reciente decisión.
   
Una noble controversia que ha llegado a su fin
   
----------Esta noble controversia, que hoy ha llegado a su fin, nos recuerda otras discusiones históricas, sostenidas durante siglos, ya sea entre Dominicos y Jesuitas sobre la relación entre gracia y libre albedrío, ya sea entre Franciscanos y Dominicos sobre el propósito de la Encarnación o sobre la Inmaculada Concepción de María, o entre Carmelitas y Dominicos sobre la naturaleza de la experiencia mística.
----------En la común y absoluta fidelidad al Magisterio, es posible, debido y necesario, sobre algunos puntos de doctrina, donde el Magisterio aún no se ha pronunciado infaliblemente y por tanto permite la discusión, debatir juntos en fraterna confrontación y en común investigación acerca de los puntos aún no aclarados, en la certeza de que algún día se hará luz definitiva. El desacuerdo en tales cuestiones, expresado en términos educados y respetuosos hacia el adversario, no debe ser un escándalo para nadie, sino que es el signo normal de la limitación de la inteligencia de todos, aunque iluminada por la fe, y se trata de un fenómeno normal en la investigación común de la verdad, que proporciona ayuda al propio Magisterio de la Iglesia y es expresión de un sano pluralismo y de una sana libertad de pensamiento.
----------Por esto, concluyendo, hago mías las palabras de Harrison, ellas también al final de su estudio: "afirmo mi firme lealtad y obediencia a la Santa Madre Iglesia, a cuyo infalible juicio, si se pronunciara en esta materia, con mucho gusto sometería el mío propio". Ahora bien, la Iglesia ya se ha pronunciado sobre esta cuestión.
   
Hemos entendido que la gracia de la salvación supera lo que antes pensábamos
   
----------El sitio web italiano L’ancora online del pasado 12 de septiembre de 2023 reportaba las siguientes palabras del señor Raphael Schutz, actual Embajador de Israel ante la Santa Sede: "En una emotiva ceremonia celebrada el 10 de septiembre en su pueblo natal de Markowa, en Polonia, Jozef y Wiktoria Ulma y sus siete hijos han sido beatificados, reconociendo así su gran acto humano de protección hacia los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, acto que les costó trágicamente la vida. La beatificación se produce 28 años después del reconocimiento del matrimonio Ulma como justos entre las naciones en 1995 por parte del 'Yad Vashem', el organismo nacional para la Memoria de la Shoah en Jerusalén".
----------El papa Francisco, hablando en el Ángelus, ha elogiado el heroísmo de la familia Ulma: "Que esta familia polaca, que representó un rayo de luz en las tinieblas de la segunda guerra mundial, sea para todos nosotros un modelo a imitar en nuestro deseo del bien y en el servicio de quienes tienen necesidad".
----------Durante la ceremonia de beatificación en el pueblo de Markowa, Polonia, el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, expresó que "el gesto de Józef y Wiktoria ha sido un signo de obediencia al mandamiento de Dios".
----------La idea inédita del Santo Padre de beatificar a un niño asesinado todavía en el vientre de su madre, ella también beatificada, es la inequívoca confirmación pontificia del descubrimiento teológico hecho recientemente por la Iglesia de que los niños que mueren sin el bautismo no van al limbo, como por largo tiempo ha creído una cierta opinión teológica, sino que indudablemente van al paraíso del cielo.
----------Este descubrimiento se encuadra en el conocimiento cada vez mejor que la Iglesia adquiere a lo largo de la historia acerca de la extensión de la acción misericordiosa divina en vista de la salvación de todos los hombres. El bautismo es el acto divino con el cual Cristo cancela la culpa del pecado original, da la gracia de la vida eterna y remite los pecados. Este acto ordinariamente requiere la instrumentalidad de un ministro humano, el cual bautiza en la forma del sacramento a un sujeto humano que ha venido al mundo.
----------Así como la acción divina no está ligada a los sacramentos, sino que los supera en casos extraordinarios, cuando éstos no pueden ser administrados sin culpa del beneficiario del sacramento, y así como, por otra parte, Dios quiere que todos tengan la posibilidad de salvarse mediante la gracia, he aquí que la acción divina que bautiza actúa también en aquellos casos de falta del sacramento, a fin de que aquellos sujetos que por los motivos antes mencionados no puedan recibirlo, puedan ser igualmente salvos.
----------Este es el caso del niño no nacido, todavía en el vientre de la madre. Podemos pensar, por tanto, que, inmediatamente después de la formación del cigoto, intervenga la gracia bautismal de nuestro Señor Jesucristo para liberar al sujeto de la culpa original, convirtiéndolo en hijo de Dios, y heredero de la vida eterna. Lo que es como decir que lo hace santo, ya que el estar en gracia, el ser cristianos y el ser santos son la misma cosa. De ahí la idea del Papa de beatificar a ese niño. La Iglesia comprende hoy más que nunca las conmovedoras palabras de Cristo: "dejad que los niños vengan a mí" (Mc 10,14).
----------Ciertamente, uno puede ser bautizado, pero luego haber perdido la gracia con el pecado mortal. De ahí la necesidad del sacramento de la penitencia, el cual le permite recuperar la gracia. Por lo tanto, el simple bautismo en un adulto no es suficiente para la remisión de los pecados para toda la vida, como creía Martín Lutero, quien así acababa por juzgar inútil el sacramento de la penitencia.
----------Pero el niño no nacido o el niño que aún no ha alcanzado la edad de razón y por lo tanto aún no es capaz de ejercer el libre albedrío, aún no es capaz de pecar, por lo cual ni siquiera puede perder la gracia.
----------¿Por qué, entonces, el Santo Padre ha juzgado como Mártir a ese niño mencionado anteriormente? Si todavía no podía optar conscientemente y libremente por Cristo, ¿cómo hacemos para decir que es testigo de Cristo? Precisamente por el mismo motivo por el cual la Iglesia ha instituido la memoria litúrgica de los "Santos Inocentes", es decir, de los niños asesinados por Herodes.
----------El martirio es el ser asesinados a causa de Cristo y en odio a Cristo, no importa si el sujeto lo permite consciente o inconscientemente. Si el sujeto es capaz de ejercer el libre albedrío, Dios exige justamente que el sujeto haga su elección, es decir, en tal caso Dios exige un acto consciente y libre. Pero si el sujeto aún no es capaz de ejercer ese acto consciente y libre, Dios le dispensa de cumplirlo.
----------En efecto, la gracia no es un producto del hombre, no es efecto de la iniciativa del sujeto, no es merecida por simples méritos naturales, como creían los pelagianos, sino que es un don divino inmerecido, sobrenatural y gratuito. La gracia es efecto de la iniciativa divina, aunque ella, para ser eficaz, requiere el consentimiento del sujeto; ella no es algo que dependa del sujeto, de modo que su presencia sea causada por un acto previo del sujeto, sino que desciende al pecador, le cambia el corazón y cambia su voluntad de mala a buena, provocando el acto mismo del libre albedrío operante del bien.
----------La gracia no es algo que Dios, para dárnosla, espere nuestro consentimiento o con la condición de que nosotros consintamos, como creía el jesuita Luis de Molina en el siglo XVI. Dios nos la da independientemente de la posición previa de nuestra voluntad, cambiando nuestro no por sí, aunque nos deja en libertad de decir no a quien quiera decir no. De este modo, por iniciativa propia, Dios da la gracia (gracia preveniente) a todo aquel que no diga no, desde el embrión al anciano de 100 años y aún más allá, así como una madre amamanta a su hijo sin esperar que su bebé se lo pida, porque de todos modos ella está segura de darle un bien vital. Al niño le basta la gracia preveniente porque no es capaz de hacerse de méritos. El viejo necesita la gracia consecuente, fruto de los méritos sobrenaturales.
----------Ciertamente, si el pecador no quiere recibir la gracia, no la recibe. Por consiguiente, su acto libre de recibir la gracia es causado por Dios y no podría ser de otra manera, dado que nuestros actos buenos, actos finitos, son causados y movidos por Dios. Sólo del acto del pecado nosotros somos totalmente los autores, y allí Dios no tiene nada que ver, excepto en el causar el acto sólo bajo el aspecto ontológico. Pero el aspecto moral reprochable del acto de pecado depende sólo de nosotros.
----------De este modo, así como podemos entender bien cómo en la historia humana ultraterrena las almas de los bienaventurados se distinguen de las de los condenados, porque en tal caso entra en juego la elección que ha hecho cada uno, porque están quienes han dicho sí y quienes han dicho no, en el mundo de los embriones y de los niños muertos nacidos o no nacidos, todos van al paraíso del cielo, porque Dios les dispensa de una elección que ellos, sin culpa alguna, no pueden tomar, porque Dios a todos quiere salvar.
----------Por consiguiente, vemos cómo, si por una parte en el curso de la historia humana el diablo suscita formas de crueldad cada vez más odiosas, por ejemplo con la actual multiplicación de los abortos, por otra parte, la misericordia divina obra prodigios que ahora reconocemos cada vez más grandes, enviando al paraíso del cielo a aquellos que en otras épocas pensábamos que iban al que llamábamos limbo.
----------Hay quienes han comparado el testimonio de este niño no nacido del matrimonio Ulma, con el testimonio de los Santos Inocentes, quienes, sin embargo, según el relato evangélico, tenían dos años o menos. En este caso ni siquiera podemos decir que haya nacido del todo, ya que, en el reconocimiento del cadáver de la madre, resultó que sólo la cabeza del bebé sobresalía del vientre de la madre.
----------Pero lo que sorprende aún más es que este niño haya sido proclamado Mártir por la Iglesia. Transcribo el comunicado al respecto la declaración del pasado 5 de septiembre del Dicasterio para las Causas de los Santos:
----------"En referencia a noticias recientemente difundidas en algunos órganos de prensa en relación al martirio de la familia Ulma, cuyo rito de beatificación será celebrado el domingo 10 de septiembre de 2023 en Markowa, Polonia, este Dicasterio para las Causas de los Santos precisa cuanto sigue: 1. En el momento de la masacre, la señora Wiktoria Ulma se encontraba en estado de avanzado embarazo de su séptimo hijo. 2. Este hijo ha sido parido en el momento del martirio de su madre. 3. Éste, por tanto, ha sido sumado al número de los hijos, mártires también ellos. De hecho, en el martirio de sus padres él ha recibido el bautismo de sangre".
----------Los santos, como bien lo sabemos, son nuestros modelos, para nosotros son ejemplos de los caminos del Evangelio, nos sirven como guías. Si son adultos, han ejercido las virtudes heroicas. Si, sin embargo, no han alcanzado todavía la edad de la razón, en ellos resplandece solamente la gracia. Este es el caso en el cual se aplica el sola gratia luterano. ¿Pero qué beneficio obtiene de ello nuestra razón? ¿No somos quizá llevados a ver la santidad en un san Juan Evangelista, en un san Pablo, en un san Agustín?
----------Ciertamente, la gracia supone un sujeto racional, pero no supone necesariamente el ejercicio efectivo de la razón. La gracia pide nuestra colaboración. Y por esto hay que decir, contra Lutero, que no podemos salvarnos sin haber ganado méritos, suponiendo que seamos capaces de razonar, ya que ciertamente aquel que es capaz de razonar, pero no usa la razón voluntariamente, se deja vencer por las pasiones o la usa mal, entonces por eso mismo ciertamente no podrá estar en gracia y salvarse.
----------¿Pero qué nos dice la gracia en los no nacidos? La santidad de los no nacidos nos dice cuál es la misericordia de Dios, que se inclina a beneficiar al pequeño, y al que es nada, para elevarlo junto a Él. La santidad de los no nacidos nos muestra la gratuidad de la gracia, que se da sin ser solicitada, sin ser merecida, sin ser programada, más allá de toda necesidad, más allá de toda capacidad, más allá de toda exigencia, más allá de toda esperanza, más allá de toda imaginación.
----------A ellos Dios les ahorra las penas de esta vida, el proceso exasperante de los pecados, los fracasos, las derrotas, las preocupaciones, las angustias, los duelos, los sueños rotos, las humillaciones, las desolaciones, los desconciertos, los planes equivocados, las empresas fallidas, las búsquedas en vano.
----------Ciertamente estos niños, si hubieran podido nacer y vivir los años de su vida, acaso podrían haber llegado a ser un nuevo Tomás de Aquino, un nuevo Galileo Galilei, o un nuevo Julio César. Pero ¿qué es todo esto comparado con la gracia, con la remisión de los pecados, con los dones del Espíritu, con la comunión de los santos, con la vida eterna, con la gloria celestial, con la visión beatífica?

46 comentarios:

  1. Estimado Padre Filemón de la Trinidad: ante todo, disculpe mi ignorancia si le hago una pregunta absurda, cuya respuesta desconozco por falta de formación.
    Mi duda es la siguiente: si se afirma que el papa Francisco ha resuelto la cuestión largamente debatida de si la existencia del limbo es un dato de fe o no, mediante la beatificación del séptimo hijo (no nacido o nacido, no lo sé), de la familia Ulma, entiendo que esto me genera dos problemas:
    Si es así, ¿no estaba entonces esta cuestión teológica ya definida con la celebración litúrgica de los Santos Inocentes, asesinados por Herodes?
    Y, en segundo lugar, ¿no implica esto certeza sobre la infalibilidad del Papa no sólo en la canonización de los santos, sino también en el acto de beatificación? (infalibilidad que entiendo no todos aceptan en estos casos).
    Agradeceré cualquier ayuda que puedan brindarme.

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    1. Estimado Anónimo,
      la fiesta de los Santos Inocentes es independiente de la doctrina del limbo. De hecho, durante muchos siglos se ha celebrado esta fiesta y se ha creído en el limbo. El limbo era aceptado junto con la fiesta de los Santos Inocentes.
      Ahora que la cuestión está resuelta, el buen católico debe estar dispuesto a abandonar cualquier eventual opinión que él pudiera tener de que exista un limbo.
      Por cuanto respecta a la infalibilidad de la Iglesia acerca de las beatificaciones, los teólogos están orientados a pensar que en este punto la Iglesia es infalible, porque si no fuera infalible nos presentaría un ideal falso de salvación y de santidad, lo cual no se puede pensar.
      El ejemplo tiene mayor eficacia que las palabras para inducir al bien. Ahora bien, si la Iglesia es infalible al proclamar la Palabra de Dios, se puede pensar que lo sea también al proponer ejemplos de santidad o de virtud.

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  2. A ver si lo he entendido bien. ¿Está usted diciendo que un niño no nacido es un ideal de salvación y de santidad? Me quedo estupefacto.

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    1. Estimado Anónimo,
      el bebé aún no nacido no tiene todavía los órganos de sentido activos, a excepción del sentido del tacto y del oído. En estas condiciones el sujeto todavía no es capaz de ejercitar las potencias sensitivas, es decir aquellas facultades que permiten la actividad cognoscitiva sensitiva, como por ejemplo el sentido de la vista, el cual aún no está en función.
      Además, la actividad cerebral aún no es capaz de producir las funciones fisiológicas necesarias para la elaboración de las representaciones. Esto significa que el sujeto todavía no es capaz de ejercitar el libre albedrío.
      Sin embargo, esto no impide a la gracia divina iluminar el intelecto y mover la voluntad hacia el bien sobrenatural y, por tanto, hacia la santidad.
      Además, la gracia lo purifica de la culpa original.
      ¿Cómo puede este niño ser modelo de santidad, para que pueda recibir el honor de los altares? ¿Qué interpretación le damos al gesto del Papa?
      Podemos decir que este niño es modelo de santidad en el sentido de que en él se manifiesta de manera extraordinaria y ejemplar la inmensa misericordia de Dios, la cual se inclina y extiende a los más pequeños, a los más débiles y a los que aún son incapaces de ejercitar las actividades espirituales, y son capaces solamente de un pequeño comienzo de actividad sensitiva.
      Sin embargo, es necesario recordar que el niño es una persona, cuya alma espiritual es creada inmediatamente por Dios en el momento de la concepción. En cuanto tal, el niño es capaz de recibir la vida sobrenatural y de hecho la recibe.
      En efecto, el niño es concebido con la culpa del pecado original, pero la gracia de Cristo interviene inmediatamente para quitar la culpa, de modo tal que el niño deviene inmediatamente cristiano.
      Por estos motivos podemos afirmar con certeza que estos niños, habiendo recibido la gracia y terminada su vida, gozan inmediatamente de la visión beatífica y, por tanto, devienen santos del paraíso del cielo que interceden por nosotros.
      También se puede decir que estos niños son bautizados. ¿De qué modo? Son "bautizados", es decir, purificados, directamente por Cristo, quien, como he dicho, les da a ellos, inmediatamente después de la concepción, la gracia santificante que los introduce a la vida eterna.
      Los niños concebidos y no nacidos, son modelos para nosotros en un sentido pasivo, es decir, en el sentido de que en ellos admiramos la grandeza inmensa de la gracia divina, que ellos reciben, en un sujeto absolutamente pobre, y nos recuerdan las palabras de Jesús: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos" (Mt 18,3).
      Al respecto, recordemos la encíclica Haurietis aquas de Pío XII, de 1956, donde el Papa habla de Jesús en estado embrionario. Allí el Papa recuerda los privilegios del Señor, que son la visión beatífica, la ciencia infusa y la inmunidad de la culpa.
      En cambio, como he dicho, Jesús, en este comienzo de su vida, está cercano a nosotros porque posee la gracia santificante, la cual, como he dicho, es también posesión del embrión humano.

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  3. Estimado padre Filemón,
    Su artículo me ha sorprendido. A través de sus argumentos, ¿se debe entender entonces que con la beatificación de este niño no nacido, está implícita una enseñanza infalible del Papa en la salvación de los niños muertos sin el bautismo?
    ¿Hay que entender esta enseñanza del Papa como una afirmación explícita suya, o implícita (de modo semejante a un "virtualmente revelado")?
    Con la decisión del Papa en esta beatificación, ¿está implícito que el Papa enseñe, sin error, que el supuesto "limbo" no existe?
    Por consiguiente, de ahora en más, la afirmación de la existencia del limbo para los niños nacidos sin bautismo ¿debe considerarse una tesis "herética"?

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    1. Estimado Sergio,
      por cuanto respecta a la infalibilidad de la Iglesia al proponer como modelo de vida a un fiel difunto, muerto en fama de santidad, ya se trate de Siervo de Dios o de Venerable o de Beato o de Santo, esta infalibilidad no ha sido enseñada por la Iglesia, sino que se trata de una conclusión teológica bien fundada, porque está basada en el razonamiento que ya he dado: si la Iglesia se equivocara al emitir este juicio, nos estaría indicando un equivocado camino hacia la salvación. ¿Se puede imaginar algo así?
      Por cuanto respecta al limbo, se trata de una doctrina que la Iglesia no ha reconocido nunca oficialmente en el pasado, pero que permitía que se enseñara en las escuelas. El progreso de la teología, y en particular un mejor conocimiento de la misericordia de Dios, ha llevado a la Iglesia, con el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, a declarar superada esta doctrina.
      Si alguien hoy quiere mantener esta doctrina, no es un hereje, porque la doctrina de la salvación de los niños no nacidos y no bautizados, no es dogma definido, pero podría llegar a serlo el día de mañana. Sin embargo, es una doctrina de la Iglesia, por lo cual negarla es ciertamente una proposición próxima a la herejía.

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    2. "El progreso de la teología, y en particular un mejor conocimiento de la misericordia de Dios, ha llevado a la Iglesia, con el nuevo ...".
      Estimado fr. Filemón: Me temo que con este tipo de afirmaciones historicistas y la defensa de actuaciones dudosas, expuestas en varios post que he leído en esta web, que parecen atentar contra la Tradición o el Magisterio, está usted peligrosamente cerca de la corriente modernista. Rezo por usted, por el Papa y por mí.

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    3. Estimado Atanasio,
      en lo que digo no hay ningún historicismo. En efecto, el historicismo consiste en el sostener la mutabilidad de los dogmas a lo largo de la historia. Cuando hablo de la misericordia divina, que hoy nos parece más clara que ayer, no cambio en absoluto el concepto de misericordia, sino al contrario, lo confirmo y muestro cómo la misericordia hoy se nos muestra más amplia y comprensiva de cuanto nos parecía en el pasado.
      Por tanto, si yo hablo de cambio, no me refiero al concepto de misericordia, sino al mejoramiento de nuestro conocimiento de este gran misterio de Dios hacia nosotros.
      Si usted por "actuaciones dudosas" se refiere a la decisión de la Iglesia de superar la doctrina del limbo, no se trata de ninguna acción dudosa, sino de una acción que refleja la sabiduría de la Iglesia al mostrarnos cada vez mejor la riqueza de la misericordia de Dios.
      Por otra parte, hay que considerar que, por cuanto respecta a la divina misericordia, no existe sólo un progreso nuestro en el conocerla mejor, sino que Dios mismo en el curso de la historia deviene cada vez más misericordioso mediante su Iglesia.
      Por cuanto respecta a la Sagrada Tradición, la nueva doctrina del Catecismo de la Iglesia Católica acerca del limbo, no es en absoluto un ataque a la Tradición, sino que es simplemente un mejor conocimiento de ella, porque, como ya he dicho y repetido, la doctrina del limbo no ha sido nunca reconocida por la Iglesia como un dato de la Tradición, sino que siempre había sido considerada simplemente como una doctrina teológica, que podía ser enseñada en las escuelas. Nunca ha sido doctrina de la Iglesia.
      ¿Atacaría yo con esto al Magisterio? ¿Pero el Magisterio del papa Francisco, acaso no es Magisterio?

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  4. En primer lugar, gracias por sus tres artículos sobre el tema, con buena información.
    Si no estoy equivocado, el Papa ha beatificado a un martir, no a un niño cualquiera, ya estuviera en estado de feto o con varios años, sin uso de razón. Creo que esta beatificación, por tanto, no tiene relación con el limbo o no limbo. Este caso me parece mucho más cercano al de los Santos Inocentes, que murieron en lugar de Jesús y por eso la Iglesia los considera santos.
    Saludos.

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    1. Estimado Anónimo,
      la beatificación proclamada por el Papa tiene relación con el limbo, ya que es evidente que, si un niño puede ser beatificado, aún en el seno de su madre y en proceso de nacer, eso significa que el limbo no existe, porque un niño no puede entrar en el limbo un niño beatificado.
      La comparación con los Santos Inocentes es ciertamente válida, porque el niño ha sido declarado mártir.
      Sin embargo, el hecho de que el niño haya sido proclamado mártir, no quita el hecho de que todos los niños, que mueren antes de nacer, ya sea por asesinados o por muerte natural, van al paraíso del cielo. ¿Por qué van al cielo? Porque del gesto cumplido por el Papa se deduce, con conclusión teológica, que la gracia santificante, que conduce a la salvación, llega al niño en el momento de su concepción.
      Esta gracia tiene una función bautismal, es decir, purificadora. Ella elimina la culpa original, al igual que en el Bautismo sacramental. Este acto divino entra en la acción salvífica que va más allá de la ejecución del plan ordinario de salvación, que prevé los Sacramentos.
      Puedo agregar que este acceso a la gracia santificante, desde el momento de la concepción, se produce según lo que ya sucedió en el mismo Jesús en el momento de su concepción. Pío XII, en la encíclica Haurietis aquas de 1956, recuerda este hecho, junto con los privilegios del Señor que consisten en la posesión de la visión beatífica, de la ciencia infusa que consiste en la infusión por parte de Dios, en la mente de Jesús hombre, de las ideas de todas las cosas, y en la exención de la culpa original.
      El gesto del papa Francisco nos recuerda de manera conmovedora la importancia de las palabras de Cristo, cuando nos advierte que si queremos entrar en el reino de los cielos debemos ser como los niños.
      Podríamos preguntarnos en qué consiste la ejemplaridad de cuanto ha ocurrido en este niño, el cual, a decir verdad, no ha ejercitado ningún acto que dependa del libre albedrío, en cuanto que aún no era capaz de ejercitarlo.
      Lo que es entonces admirable en este niño es la acción extraordinaria en él de la divina misericordia que se inclina sobre los más pequeños entre los pequeños, porque me pregunto qué podría haber más pequeño y más pobre que un simple cigoto humano, que sin embargo ya es persona y que, por tanto, dotado de la gracia divina, deviene hijo de Dios, heredero de la vida eterna.
      Es interesante la diferencia entre cuanto ha sucedido en la Virgen María y cuanto sucede en todo cigoto humano, a saber, que, mientras María ha sido concebida en un estado de exención de la culpa original, todos los demás cigotos se forman en un estado de culpa original, pero inmediatamente después de la concepción, según una buena deducción teológica, son purificados por la gracia de Cristo y se convierten en cristianos.
      ¿Qué diferencia existe con los famosos "cristianos anónimos" de Rahner? También Rahner reconoce que todos los cigotos son vivificados por la gracia de Cristo. La diferencia consiste en el hecho que, según Rahner, todo hombre en edad de razón tiende voluntariamente hacia Dios, aunque no se dé cuenta de ello y, por tanto, aunque no sea nominalmente y explícitamente cristiano. Pero su grave error está dado por el hecho de que no reconoce que algunos acogen la gracia y otros la rechazan, por lo que no todos se salvan. En cambio, Rahner cree que todos acogen la gracia, y sostiene una tesis que es contraria a la verdad de fe.
      Otra cosa a tener en cuenta es que en cualquier caso el conferir el Bautismo a los recién nacidos es obligatorio por voluntad de Cristo y forma parte del plan ordinario de la salvación, mientras que el hecho de la salvación de los niños no nacidos entra en el plan extraordinario, porque Dios puede salvar incluso sin los Sacramentos, como enseña explícitamente la Iglesia.

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    2. Estimado padre, ¡gracias por su explicación!
      Si no he entendido mal su argumentación, entonces la solución a este tema del limbo ya estaba virtualmente contenida en la afirmación de Pío XII acerca de la gracia de Jesucristo-hombre en el momento de su concepción en María Santísima. ¿O es acaso que Pío XII con ello, en Haurietis aquas, ya había solucionado, entonces, la cuestión de la existencia o no del limbo? Si así fuera: ¡menuda sorpresa para los que creen que el Magisterio de la Iglesia acabó con Pío XII! (en tal caso serían tan fundamentalistas que ni han podido llegar a comprender a Pío XII...!).
      Pero no. Si no entendí mal, la cuestión, a modo de conclusión teológica, está resuelta con el gesto cumplido por el papa Francisco al beatificar al niño Ulma.
      Gracias nuevamente!

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    3. Estimado Anónimo,
      la encíclica de Pío XII habla de privilegios únicos de Nuestro Señor, sobre todo la ciencia infusa, la visión beatífica y la exención de la culpa original. Lo que podría hacer pensar en una eventual superación del limbo es el hecho de que el cigoto de Jesús poseía la gracia santificante. Probablemente en pasadas décadas algún fiel creyente o algún teólogo avanzado habrá pensado en esta eventualidad; sin embargo, en la época de Pío XII, muy probablemente la existencia del limbo era una convicción generalizada, porque estaba presente en el Catecismo de San Pío X.
      En cualquier caso, aparte de estas consideraciones históricas, es necesario decir que de por sí la encíclica Haurietis aquas no aborda la cuestión del limbo.
      Yo creo que la superación del limbo se ha logrado ahondando en el famoso versículo de la voluntad salvífica universal de Dios, tema que ha sido muy desarrollado por el Concilio Vaticano II.
      Momento definitivamente resolutivo de la cuestión fue el n.1267 del Catecismo de la Iglesia Católica. Luego, en 2007, el documento de la Comisión Teológica Internacional titulado "La esperanza de Salvación para los Niños que mueren sin Bautismo", nos ha ofrecido una profundización teológica del artículo del Catecismo.
      La llegada luego del papa Francisco ha dado el impulso definitivo para esta superación, gracias a su bien conocida exaltación de la misericordia divina.

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    4. Gracias, una vez más, padre Filemón
      Creo haber entendido correctamente, aunque me queda una pequeña dificultad, que le planteo, quizás abusando de su generosidad.
      Al mismo tiempo que considera "momento definitivamente resolutivo" de la cuestión, al n.1267 del CIC, usted nos recuerda que un Catecismo anterior, el Catecismo de San Pío X, tan oficial como el actual Catecismo, enseñaba explicitamente la doctrina del limbo. ¿Por qué entonces el diferente valor autoritativo de verdad que usted parece señalar en los dos Catecismos?
      Yo sé que un Catecismo, aunque sea oficial de la Santa Sede, no constituye, de por sí, Magisterio.
      Pero también sé que un fiel católico no puede acusar de error a un Catecismo de la Santa Sede.
      Sin embargo, a la luz de lo que hoy ha sido esclarecido por el papa Francisco, hay que decir que la doctrina del limbo es un error del Catecismo de san Pío X.
      ¿O me equivoco?

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    5. Estimado Anónimo,
      el Catecismo de san Pío X, con el término "limbo" entiende, de modo general, aquello que en el Símbolo de los Apóstoles se llaman los "infiernos" o "inframundos" ("descendió a los infiernos" confesamos con infalibilidad, cuando rezamos el Credo). ¿Qué son "los infiernos"? Los "infiernos" eran la condición de las almas de los difuntos, tanto los que esperaban al Mesías como aquellos que no lo esperaban, antes de la venida de Cristo. De eso habla el Antiguo Testamento.
      En los tres días durante los cuales el cuerpo de Jesús estuvo en el sepulcro, su alma descendió a los infiernos y llevó al paraíso a los justos que esperaban al Mesías, incluidos Adán y Eva. En ese momento las almas que habían rechazado al Mesías, fueron precipitadas al infierno, al que Jesús llama Gehenna. A partir de ese momento, "los infiernos" han dejado de existir y han sido sustituídos por el paraíso (y purgatorio) o por el infierno.
      Por otra parte, el Catecismo de san Pío X dice efectivamente que los hombres que nacen sólo con el pecado original van al "limbo" y están privados de la visión beatífica. Por consiguiente, vemos cómo con el término "limbo" el Catecismo entiende tanto la vida ultraterrena de los niños muertos sin el Sacramento del Bautismo, como la vida de aquellos que estaban muertos antes de la venida de Cristo.
      Usted pregunta: ¿por qué este contraste entre el Catecismo de san Pío X y el Catecismo actual, a propósito del "limbo"?
      La respuesta ya la he dado anteriormente, cuando he dicho que la Iglesia no ha definido nunca como dogma la existencia del limbo para los niños no bautizados. Sin embargo, un Catecismo también puede contener creencias, que no son verdaderos y propios datos de fe, sino opiniones teológicas comúnmente aceptadas por la Iglesia.
      Ahora bien, a una opinión teológica le pueden suceder dos cosas: o que venga abandonada, porque la Iglesia se da cuenta de que no es el caso ni tiene sentido mantenerla, o bien que la opinión teológica venga confirmada por el dogma, como por ejemplo ha sucedido con la doctrina de la Inmaculada Concepción. La suerte de la doctrina del "limbo" pertenece al primer caso.
      ¿Por qué tomó tanto tiempo entender que el "limbo" no existe? Porque la Iglesia, en el conocimiento de la Palabra de Dios, y aquí en particular en el conocimiento de su misericordia, progresa a lo largo de los siglos, en el sentido de que comprende cada vez mejor qué es la divina misericordia y que Dios mismo, en el curso de la historia, aumenta continuamente su misericordia.
      La superación de la doctrina del limbo es precisamente un signo de este progreso, en cuanto que hemos comprendido que también los niños no nacidos son objetos de la voluntad divina de la salvación universal. De aquí esta nueva convicción de la Iglesia de que estos niños también son bautizados, entendido el bautismo en un sentido lato, como acto de Cristo que libera el alma del pecado original y convierte al sujeto en hijo de Dios.

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    6. Disculpen ustedes, pero veo una contradicción. Si Pío X entendía en su Catecismo que el "limbo" eran "los infiernos" del Símbolo de los Apóstoles, y si esos "infiernos" dejaron de existir desde el momento en que Jesus descendió a los "infiernos", ¿por qué Pío X dice que los que mueren sin bautismo van al "limbo", si supuestamente este "limbo" ya había desaparecido?

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    7. Estimado Carlos,
      cuando dije que en el Catecismo de san Pío X se habla del limbo, la palabra limbo comprende dos cosas: el limbo en sentido estricto, que es precisamente el limbo de los niños, y el limbo en sentido amplio, que comprende el limbo de los niños más los infiernos.
      En tiempos de san Pío X era bien sabido, por fe teologal, que "los infiernos" (citados en el Credo de los Apóstoles) habían sido sustituidos por el paraíso del cielo (y el purgatorio) y por el infierno, pero todavía se creía en el limbo de los niños, no como fe teologal, sino como opinión teológica consolidada y tradicional.
      Con el advenimiento del Concilio Vaticano II, que ha subrayado la voluntad divina de salvar a todos y, por tanto, el hecho de que la misericordia alcanza a todos, se ha comenzado a preguntarse cómo sea posible que exista el limbo, si la misericordia salvífica divina llega a todos.
      En este punto los teólogos han comenzado a considerar que la gracia purificadora, que libera de la culpa original, llega al niño también antes de nacer y algunos incluso consideran que la gracia santifique al propio cigoto, el cual por otra parte ya es persona humana, la cual como tal es un sujeto adecuado de la gracia santificante.
      Que el hombre pueda ser salvado también sin los Sacramentos es doctrina de la Iglesia, enseñada ya en el siglo XIX por el Beato Pío IX.
      El papa Francisco, a propósito del Beato séptimo hijo Ulma, ha hablado del Bautismo de sangre, utilizando un concepto ya en uso. ¿Dónde está la novedad? El hecho de haber aplicado este concepto a un niño en el vientre de la madre mártir, por lo cual este niño ha participado del martirio de la madre, en cuanto perteneciente a la madre.
      Se puede pensar que la gracia del martirio, propia de la madre, haya sido comunicada al niño, mientras que la gracia bautismal la haya recibido directamente de Cristo.

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  5. "la beatificación proclamada por el Papa tiene relación con el limbo, ya que es evidente que, si un niño puede ser beatificado, aún en el seno de su madre y en proceso de nacer, eso significa que el limbo no existe, porque un niño no puede entrar en el limbo un niño beatificado."
    El hecho de que haya un niño santo no quiere decir que todos los niños sean santos. El hecho de que un niño no vaya al limbo no quiere decir que el limbo no exista.

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    1. Estimado Anónimo,
      el caso del séptimo hijo Ulma demuestra que el limbo no existe, no porque el niño venga propuesto como modelo de santidad, tal como para recibir el honor de los altares, sino porque recibe la gracia santificante, que viene dada a todos los niños que mueren antes de nacer.
      Hago también la precisión de que cuando hablamos de santidad debemos distinguir la santidad canonizada de la santidad ordinaria. La santidad canonizada es una santidad ejemplar, propuesta por la Iglesia como modelo de vida cristiana. La santidad ordinaria, en cambio, es el puro y simple estado de gracia, propio del cristiano como tal, que vive normalmente su vida cristiana. En este sentido san Pablo, hablando de la comunidad de los creyentes, la llama comunidad de los santos.
      Además, hay que recordar que el propio Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) afirma que los niños no nacidos ya tienen la gracia, lo cual, por este mismo hecho, supera la doctrina del limbo.
      Por otra parte, desde un punto de vista teológico, de esta doctrina del CIC se puede recabar la conclusión de que la gracia salvífica llega tan pronto como se forma el cigoto, que, como se sabe, es la primera célula del cuerpo humano y, por tanto, ya constituye la persona humana. ¿Por qué la gracia llegaría en este momento? Por el simple hecho de que el CIC afirma que la gracia ya llega al niño no nacido.
      Entonces, si esto es cierto, no se ve por qué motivo la gracia no debería llegar inmediatamente después de la concepción. Es cierto que el niño concebido está infectado por la culpa original y lleva en sí las consecuencias negativas de esta culpa, pero esto no constituye ningún obstáculo para la llegada de la gracia de Cristo, es más, es de pensar que esta gracia santificante llega merced a la inmensa misericordia divina y a la voluntad salvífica universal de Dios.
      Ésta es la parte de la verdad del buenismo, que sostiene que todos se salvan. ¿Dónde está el error? Que según el buenismo, se salva incluso aquel que utiliza el libre albedrío. La parte de verdad reside en el hecho de que se salvan todos los niños que no han alcanzado el uso de razón.
      En base a cuanto he dicho, aparece claro que el limbo no se niega por el simple hecho de que un niño no haya ido allí, sino por el hecho de que hoy la Iglesia es consciente del hecho de que todos los niños no nacidos se salvan.

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  6. Yo no soy teólogo y no voy a entrar en discusiones sobre la existencia o no del limbo. Sólo señalo la falacia de presentar la beatificación del niño no-nacido de la familia Ulma como confirmación definitiva de la inexistencia del limbo.

    En su afán de mantener algo que no es verdad, usted mismo se contradice:
    ”el caso del séptimo hijo Ulma demuestra que el limbo no existe, no porque el niño venga propuesto como modelo de santidad, tal como para recibir el honor de los altares, sino porque recibe la gracia santificante, que viene dada a todos los niños que mueren antes de nacer.”
    Por lo tanto, lo que demuestra la no-existencia del limbo no es la declaración de beato, que es lo que tenemos aquí, sino la opinión de una cierta teología apoyada por usted, cuyos argumentos son completamente independientes del caso Ulma que usted ha instrumentalizado falazmente (inconscientemente o no) para propagar sus ideas como algo seguro y con confirmaciones pontificias inexistentes.

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    1. Estimado Anónimo,
      es sentencia común entre los teólogos que el Papa sea infalible al decretar el honor de los altares a un fiel muerto en concepto de santidad. Por tanto, si el Papa ha hablado del Bautismo de sangre a propósito del Séptimo hijo Ulma, debemos considerar y aceptar con certeza que este niño haya recibido la gracia santificante incluso antes de nacer.
      ¿Qué significa esto sino que el Papa implícitamente, con este gesto, ha superado la doctrina del limbo? ¿Es concebible que este niño haya quedado en el limbo? Si el Papa nos dice que ha ido al paraíso del cielo, ¿cómo puede existir el limbo?
      Hago presente que la superación del limbo ya está presente en el n.1267 del Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992. Por consiguiente, yo no he aprovechado en absoluto el gesto del Papa para afirmar que el limbo no existe, sino que he dicho que ese gesto ha confirmado el texto del Catecismo y de hecho tiene incluso más autoridad que el Catecismo mismo, porque el Magisterio pontificio es superior a la autoridad del Catecismo.
      En cualquier caso, el deber de bautizar a los niños sigue siendo válido, porque corresponde al mandato del Señor y es una práctica anriquísima, que se remonta a los primerísimos tiempos del cristianismo.
      Cabe precisar, por lo demás, que el Bautismo sacramental enriquece el alma más que el simple Bautismo prenatal, entendido como gracia divina santificante, dada a todo concebido, por el mismo Jesucristo.
      Sin embargo, lo que da a este niño una posición excelente desde el punto de vista de la gracia, es el hecho de que él haya recibido una gracia bautismal excelente, merced al testimonio heroico de su madre, cuya gracia del martirio se ha transmitido al niño por la madre.

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  7. Estimado Filemón de la Trinidad:
    Aún a riesgo de repetirme más que el chorizo de la Cruz roja, con mucho amor le voy a contestar.

    "¿Qué significa esto sino que el Papa implícitamente, con este gesto, ha superado la doctrina del limbo?"
    Yo le contesto: lo que significa, y no ya implícitamente, sino bien claro y a la luz del día, explícitamente, es que el niño en cuestión ha recibido la gracia santificante en el momento del martirio, como todos los mártires. Esta gracia que recibe es completamente independiente de que haya podido recibir o no, antes, en el momento de la concepción, la gracia santificante de Dios.

    "¿Es concebible que este niño haya quedado en el limbo?"
    Respuesta: no. Un mártir va automáticamente al cielo.

    "¿Cómo puede existir el limbo?"
    Respuesta: ya lo explicó santo Tomás y no le voy a enseñar algo que usted, que se define como tomista, aunque en este y otros temas le contradiga, ya debería conocer. El hecho de que un niño sin uso de razón, pero bautizado (con bautismo de sangre) vaya al cielo, no significa que los que no están bautizados vayan también. Es lógica elemental que debe aplicarse no sólo en filosofía, sino también en todas las teologías, incluso en las modernistas, ansiosas de “superar” y de hacer “descubrimientos” antes que ser fieles al depósito de la fe.

    Bendiciones.

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    1. Estimado Anónimo,
      respondo a sus intervenciones:

      1. La posesión de la gracia del martirio supone la posesión de la gracia santificante. En efecto, no es pensable que pueda recibir esta gracia un niño aún infectado por la culpa original. Por tanto, debemos pensar que ese niño Ulma, cuando llegó el momento de dar el testimonio, ya había sido liberado de la culpa original, lo que evidentemente excluye la existencia del limbo.
      ¿Cuándo fue liberado de la culpa original? No lo sabemos. Una cosa sin embargo sabemos: que, si ha podido dar el testimonio del martirio, eso quiere decir que ya tenía la gracia santificante. Esto quiere decir que la gracia del martirio se ha añadido a la gracia santificante, ya existente.
      Sin embargo, en este punto surge un problema. ¿Qué significa este Bautismo de sangre? De hecho, cuando se habla del Bautismo hacemos referencia a la culpa original, que viene eliminada por el Bautismo. ¿En qué sentido podemos hablar de Bautismo, en el caso de este niño? He dicho que ya poseía la gracia y, sin embargo, el Papa ha hablado de Bautismo.
      En este punto creo que se puede hacer un parangón con el Sacramento del Bautismo, en el sentido de que este Sacramento, según la visión de la Iglesia hoy, no da la gracia, que quita la culpa original, como antes se creía, sino que aumenta la gracia que ya existe y que ya ha llegado al niño estando aún en el vientre de su mamá.

      2. Para evitar el limbo no es necesario el martirio, sino que, como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), es suficiente la simple condición humana universal de hijos de Adán infectados por la culpa original, de modo tal que la gracia salvífica alcance a todos los concebidos humanos.
      El fundamento último de esta afirmación es la doctrina de san Pablo contenida en Romanos 5,12-19.

      3. Por cuanto respecta a santo Tomás de Aquino, él decía que debemos anteponer la doctrina de la Iglesia a cualquier otro Doctor. Como es sabido por la historia del dogma, la doctrina del limbo ha sido aceptada por la Iglesia hasta la elaboración del nuevo Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), el cual, como le he dicho y repetido, ha superado la doctrina del limbo en el n.1267, hablando de una esperanza de salvación para todos los niños muertos sin el Bautismo.
      A tal respecto, es interesante la comparación entre la doctrina tomista de la salvación de la Virgen María con la doctrina actual de la salvación de los niños en el vientre de la madre. De hecho, como usted sabrá, en los tiempos de santo Tomás de Aquino la fe en la Inmaculada Concepción aún no había sido dogmatizada, por lo cual, entre los teólogos, aún existía la libertad de disentir de esta creencia.
      Al respecto, el Aquinate creía que la Virgen María fuera concebida con la culpa original, pero que hubiera sido redimida inmediatamente después de haber sido concebida, lo que ahora podemos pensar que eso mismo ocurra en todos los niños inmediatamente después de haber sido concebidos.

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  8. "La posesión de la gracia del martirio supone la posesión de la gracia santificante. En efecto, no es pensable que pueda recibir esta gracia un niño aún infectado por la culpa original."
    No sabía que existía el tipo de "gracia martirial". ¿No será otro descubrimiento más para superar la doctrina tradicional? Lo que yo dije es que en el martirio el niño recibe la gracia santificante, que es la necesaria para ir al cielo. Por lo tanto, que exista o no la "gracia martirial", que la recibiera o no el niño, es indiferente respecto a la existencia del limbo.
    Creo que esto no tiene más recorrido, repitiendo una y otra vez lo ya dicho. Saludos cordiales.

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    1. Estimado Anónimo,
      la gracia del martirio o gracia martirial es un don especial del Espíritu Santo, un don, como explica santo Tomás de Aquino (Summa Theologiae II-II, q.174), conectado con la perfección de la caridad y motivado por una fe tan fuerte que el sujeto, antes que renegar de su fe, renuncia a su vida.
      Este don evidentemente supone la posesión de la gracia santificante, común a la vida ordinaria de todos los cristianos.
      La gracia del martirio no está en absoluto en conflicto con la Tradición, sino que es doctrina teológica completamente tradicional y común entre los teólogos.
      Podríamos preguntarnos cuál es la razón por la cual el Séptimo hijo Ulma ha sido declarado mártir por el Santo Padre. Podemos pensar que el papa Francisco haya considerado que la gracia del martirio de la mamá se haya de algún modo comunicado al hijo.

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  9. Por fin llega una respuesta coherente lógicamente con las objeciones planteadas.

    He seguido sus indicaciones y lamento comunicarle que en la Summa Theologiae II-II, cuestión 174, que trata sobre los distintos tipos de profecía, no aparece nada relacionado con la gracia martirial. Tampoco he encontrado nada de ese particularísimo tipo de gracia que usted menciona, en el llamado “Tratado de la gracia”, que abarca las cuestiones109-114 de la parte I-II de la S. T.

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    1. Estimado Anónimo,
      lamentablemente me he equivocado al citarle de memoria. No es la cuestión 174, sino la 124 de la II-II.
      Las cuestiones 109 a 114 de la I-II, que usted cita, tratan en general de la gracia santificante. Ésta es la gracia que recibe todo niño, ya en el seno de la madre.
      Luego, en caso de martirio, como le ha ocurrido al Séptimo hijo Ulma, a esta gracia se le añade la gracia del martirio.
      Aprovecho la ocasión para recordarle también, una vez más, que en cualquier caso, el niño, si es posible, debe recibir el Sacramento del Bautismo, porque el mismo Jesús nos ha mandado hacerlo así y porque el Sacramento aumenta la presencia de la gracia.

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    2. Efectivamente, en la cuestión 124 trata del martirio.

      No emplea las palabras “gracia martirial”, sino “gloria martirial”, que es muy distinto. Tal vez su memoria le falló también con el término concreto en aquella ocasión y pudiera pensarse que de ahí deriva toda la confusión que ha introducido con estos artículos sobre el limbo, pero me parece que el origen de la misma tiene raíces más profundas.

      En la respuesta a la 1ª objeción del artículo 1º de la cuestión 124, santo Tomás habla de la gracia bautismal, no porque sea un tipo especial de gracia, pues como usted muy bien dice, la gracia que se recibe por el bautismo (y que por ello se podría llamar, por el acto asociado, gracia bautismal) es del tipo gracia santificante. De la misma manera, la gracia recibida por los mártires no bautizados (y que podríamos llamar gracia martirial) es del tipo gracia santificante, pues dice santo Tomás: “...el derramamiento de sangre por Cristo [martirio] hace las veces del bautismo.”
      Entonces, la beatificación del 7º niño de Ulma se explica, precisamente, mediante la concepción tradicional de la gracia, sin contravenir en modo alguno la teología tomista del limbo.

      No deja de maravillarme que un casi absoluto lego en teología como yo, simplemente aplicando la oración, la lógica y los conocimientos no muy profundos del catecismo, recibidos en su mayor parte en la infancia, estuviera en perfecta consonancia con la teología tomista al enfrentarme a los errores de un experto como usted. Y se lo digo desde mi humildad, pues el fallo suyo no es mérito mío.

      Bendiciones.

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    3. Estimado Anónimo,
      la doctrina tomista del limbo ha sido hoy abandonada por la Iglesia, como se muestra en el n.1267 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) de 1992, número confirmado por la beatificación hecha por el Papa del Séptimo hijo Ulma.
      He citado aquella cuestión 124 de Tomás para hacerle presente aquella que es la gracia del martirio. Se trata de una gracia especial y excelente, que no a todos viene concedida. Esta gracia supone que el sujeto ya posea la gracia santificante, que ordinariamente viene del Bautismo sacramental.
      ¿Qué ha sucedido en cambio con este niño? Que Dios, en su misericordia, le ha conferido el Bautismo no sacramental, que es común a todos los niños no nacidos, como dice el CIC, y además ha recibido la gracia del martirio.
      Aprecio su interés por estas cosas y que también haya orado para ser iluminado. Sin embargo, quisiera exhortarle a tener confianza en mis palabras, porque el teólogo alcanza su título de teólogo después de un largo curso de estudios con el objetivo de hacerse útil a los fieles, a semejanza del médico que consigue su título después de prolongados estudios para poder curar a los enfermos.
      Ahora bien, el teólogo es el médico de las almas. Por eso le pido que preste mayor atención a lo que digo, porque estoy hablando por el bien de su alma.

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    4. Respuesta. 29 octubre 2023.
      Lamento ver en su respuesta que no se ha desviado un ápice de su posición inicial.
      No tengo más que añadir.
      Saludos.

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    5. Estimado Anónimo,
      no me he desviado en lo más mínimo de la posición inicial, porque ella está basada, con adecuadas motivaciones, en el respeto a la doctrina de la Iglesia.
      Por lo tanto, si usted quiere ser un buen católico, debe ser usted quien se desvíe de sus ideas, que son contrarias a la enseñanza de la Iglesia.
      Por consiguiente, será mejor que, a lo que ha dicho, agregue una retractación.

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    6. Estimado padre Filemón,
      acabo de dedicar un buen tiempo para leer este extenso "diálogo" mantenido con el Anónimo comentarista.
      Lo de "diálogo" es excesivo, porque para que el diálogo exista debe haber algo común sobre la que actúe el "logos" de los dos.
      Usted ha dialogado sobre la doctrina católica, la actual, la que hoy tiene la Iglesia, permaneciendo fiel a sí misma, y a la divina Revelación, pero habiendo crecido a través del tiempo, y debiendo progresar hasta el fin de los tiempos.
      Su interlocutor, en cambio, no ha hablado de doctrina católica, y ni siquiera ha mencionado para nada el Catecismo de la Iglesia Católica, y sólo se ha mantenido en una opinión (sobre un tema de libre discusión) de santo Tomás de hace ocho siglos, que el Aquinate hubiera eliminado de sus textos, si hubiera vivido hoy.
      Me ha producido enorme placer el modo como usted ha conducido el "diálogo": reduciéndose a la cuestión tratada, sin responder a ninguna de las destempladas insinuaciones personales de su interlocutor. Realmente creo ver en este "modus" un ejemplo de su caridad docente. Gracias.

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    7. Querido Ernesto,
      te agradezco por tus buenas palabras. Sabes bien que en mi comunidad, estamos acostumbrados a recibir contradicciones, a veces incluso mucho más fuertes que éstas. Pensemos en las oposiciones que ha recibido Nuestro Señor y en la promesa que ha hecho de asistirnos, sugiriéndonos Él mismo qué cosa decir.

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    8. "... debe ser usted quien se desvíe de sus ideas, que son contrarias a la enseñanza de la Iglesia."
      Le agradecería que me diga qué opinión he mantenido aquí que sea contraria a las enseñanzas de la Iglesia.

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    9. Estimado Anónimo,
      sus opiniones contrarias a las enseñanzas de la Iglesia se pueden resumir en dos puntos.

      El primer punto es el rechazo del contenido del n.1261 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC):
      https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c1a1_sp.html
      Dice el n.1261: "En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cf 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo."

      Segundo punto: su rechazo a la autoridad apostólica del Sumo Pontífice, con la cual él ha beatificado al Séptimo niño Ulma, acto de beatificación que supone evidentemente el estado de bienaventuranza del sujeto beatificado, porque, si el Papa proclamó mártir a este niño, debemos recordar que la gracia del martirio supone la gracia santificante.
      En efecto, no puede recibir la gracia del martirio quien se encuentra privado de la gracia santificante, como si el niño estuviera todavía infectado por la culpa original. En cuyo caso, en efecto, no habría podido recibir la gracia del martirio, que es una gracia que se añade a la gracia santificante.
      Ahora bien, según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), esta gracia santificante la reciben todos los niños reciben, desde el vientre de su madre, quedando así liberados de la culpa del pecado original.

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    10. Usted hace decir al Catecismo y al Santo Padre lo que no han dicho. Y conmigo hace lo mismo. En ningún momento he negado ese punto 1267 del Catecismo, ni tampoco he negado autoridad papal ni la santidad del 7º niño de Ulma, más bien al contrario.

      Le agradezco la atención prestada.
      Bendiciones.

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    11. Estimado Anónimo,
      si usted relee atentamente mi artículo y lo que he dicho acerca de la interpretación del n.1261 del Catecismo de la Iglesia Católica y del significado de la Beatificación realizada por el Santo Padre se dará cuenta de la exactitud de mi interpretación.
      Por tanto, su juicio sobre mi interpretación carece de fundamento.

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  10. Estimado padre Filemón,
    quería decir que, después de leer su serie de artículos sobre la teoría del limbo, he seguido atentamente sus diálogos con los demás lectores, y le agradezco profundamente su labor de guía de nuestro entendimiento de la fe.
    Quisiera agregar que me parece que, tras las nuevas clarificaciones o consecuencias doctrinales que la Iglesia ha hecho sobre el Bautismo, entiendo que quedarían claramente obsoletas la afirmación del Catecismo de san Pío decimo, en sus números 552 ("el bautismo es un sacramento por el cual renacemos a la gracia de Dios y nos hacemos cristianos") y 553 ("el bautismo confiere la primera gracia santificante").
    Entiendo que también quedaría superada la formulación de la definición del Bautismo en el Catecismo de la Iglesia de san Juan Pablo II, en su número 1213: "por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios...".
    Gracias, nuevamente, por su gran servicio a la Iglesia.

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    1. Yo agregaría a lo afirmado por Ernesto, la definición del Bautismo en el Catecismo Romano para los Párrocos. Y me preguntaría, ya lejos de un simple catecismo, por más que se trate de catecismo oficial de la Santa Sede, qué es lo que dice el Concilio de Trento acerca de la esencia del Bautismo. Respecto al Vaticano II, habría que recordar que Lumen Gentium n.11 dice que "los fieles son incorporados a la Iglesia por el Bautismo", y en el n.44, que el Bautismo hace morir al pecado y consagra a Dios. Serían muchas las citas. Por ejemplo, en la Sacrosanctum Concilium n.6 se dice que el Bautismo da la filiación divina y el consorcio de la divina naturaleza.
      Quiero aclarar que estoy perfectamente de acuerdo con todo lo reflexionado, concluído y escrito por el padre Filemón. Pero creo que es necesario decir algo para comprender de modo armónico la nueva doctrina sobre la salvación de los no bautizados, y todas estas afirmaciones de los Catecismos y de los Concilios.

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    2. Querido Ernesto,
      el Bautismo sacramento es el mismo Bautismo originario, recibido por el niño no nacido, llevado a un nivel mayor de gracia. Por lo tanto, cuando se dice que el Bautismo sacramento sirve para la remisión de los pecados, la primera referencia es la remisión de la culpa original. Esto, sin embargo, no quiere decir que la culpa sea quitada precisamente en el momento en el cual viene administrado el Sacramento del Bautismo, porque en realidad el niño ya ha recibido el Bautismo originario y es hijo de Dios.
      Con el Bautismo sacramental el bautizado deviene miembro de la Iglesia visible y recibe en don un aumento de la gracia.

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    3. Estimado Mauro,
      he leído con gran placer todo lo que usted ha dicho sobre los aspectos dogmáticos del Sacramento del Bautismo y estoy plenamente de acuerdo en que la tarea que enfrentan hoy los teólogos y todo el Pueblo de Dios es la de profundizar en el valor salvífico universal del Bautismo, a la luz de las conclusiones que se podrían extraer de las enseñanzas del papa Francisco y, en particular, de su reciente beatificación del Séptimo hijo de la familia Ulma.

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    4. No, señor Filemón. Usted sabe que no hay ninguna novedad doctrinal con el caso del 7º niño de Ulma, ya que estaba en la misma situación que los Santos Inocentes, pues no había recibido el bautismo ni tenía uso de razón. Que estuviera todavía en el seno materno, o que estuviera naciendo o hubiera nacido ya (hay varias versiones), es exactamente igual. Lo decisivo en estos casos es la falta de bautismo.
      Y los Santos Inocentes ya estaban canonizados en tiempo de Santo Tomás, por lo tanto se puede seguir aplicando la misma doctrina tomista: "... el martirio hace las veces de bautismo" (S. Th.)

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    5. Estimado Anónimo,
      estoy de acuerdo en el comparar el martirio del Séptimo hijo Ulma con el martirio de los Santos Inocentes, aunque sí existe una diferencia, porque mientras el Séptimo hijo participa de la gracia del martirio, que ha recibido de su madre, en virtud de la comunión de los santos, el martirio de los Santos Inocentes está dado por la gracia que ellos han recibido porque han sido asesinados por causa de Cristo.
      Me alegra que usted reconozca que el Séptimo hijo Ulma ha ido inmediatamente al paraíso del cielo. Sin embargo, en lo que no concuerdo, y ya se lo había explicado, es en su tesis según la cual ese niño ha ido inmediatamente al cielo en virtud del martirio.
      Ahora bien, ya le había dicho que, considerando la posición doctrinal actual de la Iglesia (CIC n.1261), según la cual todos los niños muertos sin el bautismo van al paraíso del cielo, aquí evidentemente no nos encontramos ante una gracia excepcional, como puede ser la del martirio, sino de una gracia que Dios da a todos esos niños -pensemos en las víctimas de los abortos-, que mueren sin el bautismo, ya sea porque son asesinados o mueren en el vientre de su madre, o porque mueren antes del uso de la razón sin ser bautizados.
      Esto quiere decir, como ya le he dicho, que debemos distinguir dos gracias. Una, de carácter ordinario, que es la gracia bautismal conferida directamente por Cristo a todo niño en el seno de su madre. Y la otra gracia, de carácter extraordinario, que es la gracia del martirio, conferida sólo a algunos.
      Esta gracia bautismal, conferida directamente por Cristo a todo ser humano concebido, demuestra que Dios puede dar la gracia santificante también sin los Sacramentos, cosa que al mismo tiempo no elimina en absoluto el plan ordinario de la salvación, establecido por Cristo mismo, cuando ha dado a los Apóstoles el mandato de bautizar. Y este es el bautismo sacramental en el agua y en el Espíritu.

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  11. Estimado Padre, su diálogo con el obstinado anónimo nos ha mostrado hasta la evidencia, el modo como debe ejercitarse la paciente y caritativa docencia del pastor. Sorprende el modo como Satanás tiene apresadas las mentes de muchos, con ideologías, tanto modernistas como lefebvrianas. Mis congratulaciones por su caridad ejemplar, que ha podido silenciar toda respuesta a las insidiosas trampas de su interlocutor, así como callar ante todas las faltas de respeto y los insultos (también a la inteligencia) del que usted ha sido víctima. Bendiciones!

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    1. Tiene razón Francisco cuando los llama "indietristas": para ellos toda inteligencia de la Fe terminó con Trento y el Vaticano I, y no van más allá del Catecismo de san Pío X y de los incienzos. Viven su propia película. Supongo que necesitarían que se les apareciera Pío XII o Marcel Lefebvre para asegurarles que la Iglesia no ha dejado de ser siempre la misma, aunque creciendo en la comprensión de la Palabra de Dios y de la vida de la gracia. Pero supongo que ni aún así les alcanzaría, y seguirían con lo suyo, entre latines, incienzo y gregoriano.

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    2. Estimado Marino,
      le agradezco sus buenas palabras, las cuales me alientan a continuar mi labor. No siempre resulta fácil para nuestra naturaleza humana caída, pero en la medida de nuestras posibilidades es necesario en todo diálogo o confrontación intelectual, focalizar la atención en el tema discutido, y no en las agresiones personales. He podido abordar la contingencia con la mayor paciencia que me ha sido posible, seguramente no la ideal ni la suficiente.

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    3. Estimado Pablo,
      no alcanzo a comprender del todo el sentido de su intervención.
      Ahora bien, teniendo en cuenta sólo los términos de su comentario, si usted se refiere de modo general a los que el Papa llama "indietristas" (yo prefiero denominarlos pasadistas), puedo compartir sus argumentos para algunos de ellos, los más extremos e ideologizados y sobre todo los que manifiestan un hiperliturgismo que va más allá del recto culto católico.
      Ahora bien, si usted ha tenido la intención de referirse al Anónimo con quien yo he dialogado extensamente, y al cual se refiere el Sr. Sessarego, no veo que su comentario sea procedente, pues en ningún momento el Anónimo interlocutor ha mostrado manifiesto pasadismo, si bien es cierto que no ha llegado a comprender el sentido de la evolución dogmática, no se ha referido nunca al Catecismo de la Iglesia Católica, y ha mostrado su rechazo a la doctrina enseñada por el Romano Pontífice.

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