viernes, 30 de abril de 2021

La actual pandemia. ¿Por qué Dios permite el mal? (5)

Demos hoy, estimados lectores, un nuevo e importante paso en nuestra reflexión acerca del problema del por qué de la existencia del sufrimiento en la vida humana, problema enmarcado en el más amplio que ya hemos planteado: el problema de por qué Dios permite el mal. Hoy abordaremos un punto fundamental para explicar según la fe cristiana el sufrimiento en el mundo y, en particular, en el contexto de la actual pandemia: la cuestión del sufrimiento como castigo del pecado.

El problema del castigo del pecado
   
----------Comencemos por un punto básico: la razón natural sabe que si Dios, bondad infinita, permite la existencia del mal, entonces debe haber un motivo, una razón. Y tal motivo lo ha descubierto inicialmente la religión natural. Indudablemente, antes de la venida de Nuestro Señor Jesucristo, la religión natural entre los pueblos paganos, aunque en un horizonte politeísta, y en el Israel veterotestamentario, en un clima monoteísta, expresa la convicción de que el hombre no está en paz con Dios porque ha pecado contra Él, por lo cual siente la necesidad de ofrecerle sacrificios para aplacar la ira divina y obtener perdón y gracia.
----------Por lo demás, los sabios paganos, como por ejemplo los estoicos o filósofos como Séneca [4 a.C-65 d.C], ya supieron dar un por qué al sufrimiento justificándolo con el hecho de que el sufrimiento pone a prueba nuestra paciencia y la firmeza o solidez de nuestras convicciones y de nuestra virtud.
----------Ciertamente, había en esto un toque de orgullo y una pretensión de autosuficiencia, que más tarde estaría en el origen del pelagianismo: se miraba como a modelos de paciencia y de fortaleza las fatigosas obras de Hércules o las de Sísifo. Y, sin embargo, vemos cómo ya la razón natural sabía dar, aunque sea en sus imitaciones y en sus defectos, alguna explicación de la existencia del sufrimiento, así como normas o reglas sobre el modo de soportarlo y aliviarlo. Sin embargo, está claro que una luz inmensa, consoladora y definitiva ha sido arrojada sobre el tremendo misterio del sufrimiento por el Evangelio de Jesucristo.
----------La razón natural no puede no referir a Dios la existencia del mal, no sin embargo en el sentido de acusarlo de ser la causa primera del mal, cosa que sería blasfema, dada la infinita bondad de Dios, sino siguiendo el ejemplo de Job, para expresar confianza en la obra divina que manda el sufrimiento: "El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!" (Job 1,21). "Si aceptamos de Dios lo bueno, ¿no aceptaremos también lo malo?" (Job 2,10).
----------La historia de Job es particularmente edificante porque agrega un elemento nuevo al hecho ya conocido por los paganos de que el sufrimiento depende del pecado. Este hecho nuevo que aporta la historia de Job, es que puede tener sentido y valor también el sufrimiento del inocente. En efecto, la razón comprende fácil, sin esfuerzo, que Dios castiga al pecador. De ahí se sigue el ejercicio del poder judicial a nivel humano entre todos los pueblos antiguos y, en la relación con Dios, las prácticas religiosas en el ofrecimiento de sacrificios para aplacar a la divinidad ofendida por el pecado del hombre.
----------Que la víctima del sacrificio expiatorio deba ser una víctima pura y preciosa ya estaba claro. Pero que la víctima pudiera ser un hombre inocente, como ha hecho Cristo (cf. Mt 20,28: "el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud"; Jn 15,13: "no hay amor más grande que dar la vida por los amigos"), que se ofrece espontáneamente como víctima, esto era absolutamente ignorado, porque será el aporte nuevo del sacrificio cristiano.
----------Entonces, ¿cómo se puede explicar el sufrimiento del inocente? Es sobre esto que la historia de Job nos ilumina y nos consuela. En efecto, que Dios pueda hacer sufrir al inocente no parece signo de bondad, sino de envidia, aquello que los griegos llamaban fthonos theòn, la envidia de los dioses: el dios envidioso de la felicidad del hombre y, por el temor que el hombre se ponga por encima del dios, lo humilla y lo hace sufrir. Pero con Job se trata de una cosa completamente diferente. Aquí Dios hace sufrir, sí, pero precisamente porque es bueno y quiere exaltar al hombre, como se ve claramente por la conclusión de la historia de Job.
----------Por lo tanto, es entonces con Job, que la razón natural ya puede comprender que, si Dios, bondad infinita, hace sufrir al inocente, debe tener un motivo digno de su bondad. La razón no encuentra nada repugnante o escandaloso en esto. Job es para nosotros un ejemplo. Se encuentra en cambio ante el misterio. Sabe que la respuesta está ahí, pero no sabe cuál es. Se fía de Dios y acepta. Depende de Dios, si así Él lo cree, revelarla. Y así sucedió de hecho con la Revelación de Nuestro Señor Jesucristo.
----------Un concepto que la Sagrada Escritura claramente nos quiere enseñar, en particular con la historia de Job, es que Dios manda el sufrimiento, sí, como castigo, pero con finalidad educativa. Dios, como se expresa la Escritura, quiere "ponernos a prueba" (cf. Gen 22,1; Ex 15,25; 20,20; Dt 8,2; 13,4; Jue 2,22; 3,1; 7,4; 2 Cr 32,31; Job 7,18; Sal 26,2; 66,10; 81,8; Jn 6,6; Ap 2,10). Se trata, evidentemente, de una expresión metafórica antropomórfica, como haría un carpintero que, habiendo construido una sierra, la emplea para aserrar un leño duro, para ver qué tan eficaz es la sierra que ha fabricado.
----------Está claro que Dios, habiéndonos creado y conociendo nuestros límites y nuestra fragilidad, no tiene ninguna necesidad de verificar cuáles son los límites de nuestra resistencia al esfuerzo, al sufrimiento o a las tentaciones. Lo sabe muy bien de antemano sin hacer ninguna prueba. Y entonces, ¿qué quiere decir la expresión, sobre todo cuando está referida a nuestra fe?
----------Simplemente que Dios quiere reforzar nuestra fe. Todos saben de hecho que el viviente se refuerza superando obstáculos o venciendo fuerzas adversas. Pues bien, la así llamada "prueba" que Dios manda no es más que un expediente de su amor para hacernos crecer en la virtud. Él nunca manda una prueba superior a nuestras fuerzas, como lo haría el demonio, para hacernos caer, sino que, si nuestras fuerzas no son suficientes, Dios agrega más, para que seamos capaces de superar la prueba.
----------Entonces, si Dios nos prueba, lo hace para reforzarnos, para darnos más fuerza, para fortalecernos. En efecto, Él, junto con la prueba, da la fuerza para superarla. Es el demonio el que nos prueba para derribarnos, incluso si Dios, como en el caso de Job, puede servirse del demonio para probarnos. En cambio, quien cae, como Nuestro Señor Jesucristo, bajo la cruz, no tiene culpa. Si Dios no da la fuerza, no exige que la prueba sea superada, por lo cual si caemos, permanecemos inocentes.
----------Por eso la fórmula de la oración del Padre Nuestro "no nos dejes caer en tentación" no quiere decir no tentarnos, porque esta es obra del demonio, no de Dios, sino que significa "no nos pongas en una prueba o tentación superior a nuestras fuerzas, sino socórrenos, ayúdanos, en la tentación", con lo cual se sobreentiende o se implica decir que, si Dios no nos socorre, si Él no nos ayuda, y nosotros caemos, entonces permanecemos inocentes, así como Cristo no ha tenido culpa, si ha caído bajo el peso de la cruz.
----------La nueva fórmula de la oración del Padre Nuestro del Misal en Italia: "non abbandonarci alla tentazione" ("no nos abandonemos a la tentación") es más clara, para que los fieles no confundan a Dios con el demonio, aunque se sobreentienda que Dios de todos modos permite y así quiere que seamos tentados, sea porque, experimentando nuestra debilidad, quiere que nos humillemos y nos confiemos a Él, o bien sea porque quiere reforzarnos, fortalecernos, brindándonos la ayuda para superar la tentación.
----------Sin embargo, es necesario observar a propósito del relato de Job, que si Dios al final de la narración lo alaba por su paciencia y su confianza, en cierto sentido también lo reprocha y corrige, porque Job ha defendido excesivamente su inocencia. Sus amigos que le decían: "si sufres, debes haber cometido algún pecado", en realidad no estaban del todo equivocados. Digamos que tenían una visión demasiado estrecha del pecado, que no tomaba en cuenta las consecuencias del pecado original (verdad ya conocida en la época del Libro de Job), las cuales consecuencias afectan a todos, incluso a los inocentes. Incluso los niños inocentes asesinados por Herodes no estaban exentos de las penas y de las malas tendencias causadas por el pecado original, tendencias que ciertamente se habrían manifestado tan pronto como alcanzaran la edad de la razón.
----------Las ideas de los amigos de Job son las mismas ideas que, en el episodio evangélico del ciego de nacimiento, constituyen el trasfondo de lo que le preguntan a Jesús: "¿Quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?. Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús" (Jn 9,2-3). Aquí Jesús distingue implícitamente el pecado personal del pecado original, por lo cual, excluyendo que el ciego hubiera pecado, se refiere evidentemente a pecados personales y no al pecado original, cuyas consecuencias están en el origen de todos los sufrimientos de la humanidad.
----------Y aquí también cae a propósito el episodio de la torre de Siloé: "¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera" (Lc 13,4-5), donde también se entiende que Jesús implica o sobreentiende la diferencia entre el pecado original y el pecado personal, en cuanto que, mientras que en el pecado personal el castigo debe ser tanto más severo cuanto más grave es el pecado, las consecuencias del pecado original, es decir, el haber muerto a causa del derrumbe de la torre de Siloé, es cosa independiente de los pecados personales cometidos.
----------Hay que notar que Jesús no dice que aquellos dieciocho de la torre de Siloé fueran inocentes; sino que sólo hace una comparación entre quién peca más y quién peca menos. Y por otra parte, Jesús, inmediatamente después, aprovecha o toma ocasión del recuerdo de ese trágico episodio para advertir: "si no se convierten, todos perecerán de la misma manera" (Lc 13,5). Es la misma advertencia que podemos dar hoy, con referencia a la actual pandemia, a quienes no se preocupan por su propia conversión.
----------Un problema que la razón natural no alcanza a resolver es por qué existe en el hombre una tendencia a hacer el mal, la cual causa a su vez una infinidad de sufrimientos. Platón plantea la hipótesis de una caída originaria del hiperuranio; o sea del Hyperuránion tópon ​ (en griego antiguo, ὑπερουράνιον τόπον) o topus uranus, una expresión platónica para referirse al mundo de ideas perfectas (que más tardíamente, en el medioevo, se entendió como la región que habita Dios más allá de los cielos). ​Vale decir, Platón hipotetizó una caída originaria de ese "lugar más allá de los cielos" de las almas pre-existentes a los cuerpos en este mundo material, mundo al que caen las almas, y que es para las almas fuente de tentación al pecado. Pero Platón no explica en qué haya consistido esta caída y por qué ha sucedido.
----------Platón, al fin de cuentas, no explica por qué motivo la materia debería ser la cárcel o prisión del alma y, por otra parte, divide al hombre en dos sustancias separadas, por una parte el alma, que viene del cielo, y por otra parte el cuerpo, que se encuentra en la tierra, en modo tal que la bienaventuranza debería consistir precisamente en que el alma, a la muerte, se libera del cuerpo y retorna al cielo.
----------El mito platónico puede sugerir algo que recuerda el pecado original. Sin embargo, su defecto es que Platón no ha entendido que no es el alma la que debe liberarse del cuerpo, sino que es todo el hombre, alma y cuerpo, quien aquí abajo tiende al mal y es todo el hombre, alma y cuerpo, quien tiene necesidad de ser liberado del mal. De hecho, no han faltado consecuencias erróneas y dañinas en la moral y en la espiritualidad cristiana, a partir de la influencia de estas equivocadas ideas platónicas.
----------En la próxima nota, expondremos la respuesta de la fe a esta problemática.

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