Aunque en los tiempos del Concilio Vaticano II no existía internet, no por eso los sacerdotes, en cada diócesis del mundo dejaban de estar al tanto de lo que se debatía y resolvía, y lo estaban no ciertamente con la velocidad casi instantánea de la actualidad, pero sí que lo estaban. De ahí la sorpresa que recibieron en cierta diócesis argentina cuando en 1965 regresó su Obispo tras clausurado el Concilio, y al preguntársele sus impresiones, el buen Padre conciliar les respondió: "No se preocupen, no ha cambiado nada". Pues bien, es esa la misma impresión que tenemos al escuchar esa charla por internet trasmitida semanas atrás, pues los interlocutores parecen estar diciendo lo mismo que aquel Obispo en las nubes: "tras el Concilio no ha cambiado nada". [En la imagen: fragmento de "Concilio Vaticano II", acuarela sobre papel, 2011, obra de P.F., colección privada].
La diversidad de las religiones
----------El pasadismo -o indietrismo, como decía el papa Francisco- es la ideología opuesta al modernismo (no es aquí el momento de definir ni de describir ni de explicar en detalle en qué consiste el pasadismo. Para el lector interesado, sugiero releer mi artículo Comprender el pasadismo y ayudar a los pasadistas, publicado el pasado 7 de julio). Para los pasadistas la palabra "cambio" parece producir la misma alteración perturbadora que para un modernista la palabra "tradición". La charla que con el título de "Padre Javier Olivera Ravasi sobre los 'cambios' del Vaticano II" se desarrolló el pasado 16 de agosto, confirma esta fuerte impresión.
----------Aquello que el padre Javier Olivera Ravasi expresa en cada ocasión que se le presenta acerca de la diversidad de religiones ya lo veníamos sabiendo desde hace años atrás. Por ejemplo, en una conferencia en la ciudad de Cali, Colombia, en octubre de 2022, había expresado: "Existe una religión que es la única verdadera, las otras son falsas, mal llamadas religiones, porque no religan, salvo con la nada, porque son falsas". De modo lo que ha hecho Olivera el pasado 16 de agosto, ha sido como "rebobinar" una antigua cinta magnetofónica y volver a decir lo mismo. Nada cambia.
----------Da cierto pudor transcribir lo que él llamó en la charla su razonamiento "muy lógico", pero -disculpándome antes con el lector- lo transcribo: "Si Dios existe y si Dios se reveló [...] y después Dios dijo cómo hay que darle el culto debido, ¿cuántas religiones verdaderas hay? […] Solamente una religión puede ser verdadera. Porque [...] la religión es una virtud, te religa con Dios, entonces significa que esa es la única que va a ser verdadera. Y si hay otros modos de querer religiarse con Dios, bueno, van a ser errados […]. Hay una sola religión verdadera, por lo tanto el resto de las supuestas religiones -y digo a propósito supuestas religiones- no religan, por eso se llaman falsas religiones. Cuando se habla de otras religiones es una expresión ambigua, es un eufemismo. En realidad son falsas religiones, porque solamente hay una que puede ser la verdadera..."
----------Como bien sabemos todos los que hemos seguido cotidianamente las enseñanzas del papa Francisco durante los doce años de su pontificado, él ha manifestado un juicio favorable respecto a la pluralidad de las religiones, de modo que al comprobar que se habla de este tema, siendo tan reciente su pontificado, resulta por lo menos llamativo que no se lo mencione y que a la vez se diga que es errónea la afirmación de que las religiones son "válidos caminos hacia Dios", cuando todos sabemos que se trata de una sentencia del papa Francisco, aunque en la charla que estamos analizando nunca se lo nombre.
----------Ciertamente, si queremos -como debemos- reconocer el aspecto de verdad de lo que el padre Olivera llamó su razonamiento "muy lógico", ante todo debemos decir que es cierto que la religión cristiana es la única plenamente verdadera. Sin embargo, la cuestión de la verdad no es el único modo de valorar las religiones (las cuales sin embargo, repito, para Olivera no existen, sino que son "falsas religiones, porque no religan"). Además del valor de verdad, está el valor de la diversidad.
----------Al respecto, debemos tener presente que si bien es cierto que el papa Francisco ha tenido un juicio favorable respecto a la pluralidad de las religiones, el Papa no ha entrado en la cuestión de fondo de la oposición entre lo verdadero y lo falso, que es la cuestión a la que hace referencia Olivera, porque desde este punto de vista está claro que la única religión plenamente verdadera es la cristiana. En cambio el papa Francisco se ha referido a esa diversidad de aspectos que se sitúa en el plano del bien y de la verdad y que es un plano que toca diversos valores, como el modo de rezar, de hacer los sacrificios, de vivir la espiritualidad, de la literatura y del arte sagrado. Es indudable que en este ámbito estamos ante una gran riqueza de valores y ante la posibilidad de intercambios culturales recíprocos.
----------Note el lector que yo he dicho religión plenamente verdadera, y no simplemente "religión verdadera" como se ha expresado Olivera, pues ésta es una expresión que hoy el Magisterio de la Iglesia ya no utiliza, pues ha esclarecido los valores de las demás religiones (cf. la declaración Nostra aetate). Causa estupor el modo cómo Olivera habla de las otras religiones como "falsas religiones", o incluso dice que el otorgarles el apelativo de "religión" es "ambiguo" y un "eufemismo". Expresándose así, el padre Olivera no hace más que oponerse al actual Magisterio de la Iglesia (cf. el modo como se expresa el papa León XIV al referirse a las otras religiones: discurso a las delegaciones ecuménicas e interreligiosas convenidas para el inicio del ministerio petrino, 19 de mayo; reflexión durante el Regina Caeli, 18 de mayo; homilía de la Santa Misa en la Catedral de Albano, 20 de julio; y discurso al Cuerpo Diplomático, 16 de mayo de 2025).
----------Para entenderlo, hago presente que podemos confrontar comparativamente entre sí las religiones bajo una doble luz: o en la luz de la diversidad o en la luz de la verdad. Se trata de dos puntos de vista o criterios de juicio que se implican mutuamente y que, por lo tanto, deben ser utilizados juntos para expresar una evaluación adecuada. Pero no es necesario usar ambos criterios en todas las circunstancias. Podemos usar uno sin el otro. Por ejemplo, el papa Francisco, cuando habló a los jóvenes en su viaje apostólico a Singapur en septiembre del 2024, utilizó el criterio de la diversidad y prefirió callar acerca de la cuestión de la verdad. De aquí el turbamiento, el escándalo, las acusaciones que se produjeron en ese momento por parte de quienes no entendían que se trataba de una decisión pastoral del Pontífice, y que si bien somos libres de estar de acuerdo o en desacuerdo con el Papa acerca del callar o del silenciar, sin embargo se ha tratado de una decisión pastoral prudencial suya, y hay que tener en cuenta que callar algo no es negarlo.
----------El principio de la diversidad y el de la verdad no se excluyen mutuamente, sino que más bien se reclaman entre sí. En efecto, cada cosa tiene su identidad y es diferente de toda otra. Lo que quiere decir que es imposible que una misma cosa sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. No puedo, por consiguiente, afirmar y negar simultáneamente lo mismo. Si lo hago así, entonces mi juicio no tiene sentido. Este es el principio de no-contradicción, que se refiere a cualquier cosa pensable.
----------Pero la operación del pensamiento no se detiene aquí (como hace Olivera con su razonar "muy lógico" según él). El pensamiento no solo tiene necesidad de coherencia, sino también de verdad, la cual surge del contacto o adecuación del pensamiento con la realidad, con las cosas que existen en torno a nosotros. Es necesario entonces aplicar un ulterior principio, que es el principio de adecuación, o sea el principio de verdad, para el cual el juicio no es sólo no contradictorio sino también adecuado o conforme a lo real. En la charla que analizamos, Olivera se refiere a este otro principio, pero es evidente que no lo comprende.
----------Es necesario precisar a este respecto que cuando se habla de verdad se pueden entender dos cosas: o la adecuación del intelecto a la cosa, o una cosa verdadera. Está claro que si se trata de adecuación, la verdad es una sola, porque la adecuación es esa y solo esa; o existe adecuación y entonces se dirá lo verdadero, o no existe adecuación y entonces se dirá lo falso.
----------Por el contrario, cuando se trata de una cosa verdadera -por ejemplo que Jesús es Dios o que la Virgen María es Madre de Dios-, así como muchas son las cosas, muchas son las verdades que las reflejan. En este sentido la verdad de fe como adecuación a lo creíble -por ejemplo, la divinidad de Cristo- es una, mientras que muchas son las verdades de fe como artículos de fe.
----------El principio de verdad nos lleva a distinguir lo verdadero de lo falso. Un juicio verdadero, por consiguiente, no es solo no contradictorio, sino adecuado a la realidad, refleja o representa fielmente las cosas como son. Ahora bien, la diversidad se refiere a la realidad, remite a las cosas. Existen en las religiones doctrinas diferentes, precisamente en nombre del principio de verdad, porque reflejan cosas diferentes.
----------Pero es imposible, en base al principio de no-contradicción, que dos doctrinas que se contradicen sean entrambas verdaderas. Es necesario por tanto distinguir las doctrinas diferentes de las contradictorias. Dos doctrinas diferentes se refieren a cosas diferentes. Si estas cosas existen, son entrambas verdaderas.
----------Ahora bien, que una misma verdad religiosa pueda ser expresada en una pluralidad de lenguas o idiomas, y también en diferentes modalidades de pensamiento o de conducta o también en variedad de espiritualidades, de géneros literarios, de imágenes, mitos, símbolos, ritos, modos de orar, costumbres, leyes, usos, tradiciones, obras de arte, todo ello no nos crea dificultades. Es lo que quiso decir el papa Francisco cuando habló de una multiplicidad de caminos hacia Dios.
----------Pues bien, el papa Francisco ha tratado del valor de la diversidad en el sentido que acabo de decir, y se ha referido a la religión natural, preparación a la religión cristiana, que, como él amaba decir, nos hace a todos hermanos, porque, como diría santo Tomás de Aquino, está basada en la razón natural, principio de la igualdad humana, que define la naturaleza humana como tal, valor universal presente por tanto idénticamente, aunque en infinitos modos diferentes, en todo ser humano, cualquiera que sea su religión.
----------En aquella ocasión en Singapur, Francisco quiso detenerse, por una precisa opción pastoral adecuada a la circunstancia, a tratar del aspecto del diálogo y de la relación interreligiosa que toca a la legítima diversidad no tanto entre las religiones como tales, sino más bien entre los concretos e individuales fieles de las diferentes religiones, y, por tanto, a la integración, a la complementariedad y al enriquecimiento recíprocos.
----------Es claro que el hecho de que el cristianismo, la religión cristiana, sea superior a las otras religiones, no autoriza al fiel cristiano a asumir un arrogante tono de superioridad de sabelotodo o un tono impositivo frente al no-cristiano, porque eso no pondría su alma (la del no-cristiano) en una actitud de escucha, sino que no haría otra cosa más que humillarlo e irritarlo, por lo cual, si él con toda probabilidad está convencido de la superioridad de su religión, quedaría ofendido y, como observó ingeniosamente Francisco, el resultado sería un litigio. Y entonces, ¿dónde iría a terminar la evangelización? Vuelva el lector a leer con serenidad, atención y sin prejuicios aquel discurso de Francisco, y comprobará que es esto lo que el Papa expresó.
----------Es cierto que nosotros, los cristianos, debemos mostrar que nuestra religión es la más sublime de todas, pero tratándose de una materia delicadísima, no debemos decirlo con tono propagandístico y gratuito, como si hiciéramos la publicidad de un dentífrico, sino que debemos hacerlo con gran prudencia, sin presiones y sin prisas, con una buena preparación catequística, cautelosa gradualidad, ánimo humilde, con un persuasivo testimonio, apreciando los valores de la religión del interlocutor, y mostrando signos efectivos a él comprensibles de dicha superioridad y no afirmarla sic et simpliciter sin adjuntar pruebas, de modo que el otro quede persuadido, sin que arriesguemos dar la desagradabilísima impresión de que queremos prevalecer sobre él con nuestras ideas. Debemos, en cambio, hacerle entender que lo que le decimos no es de nuestra invención, sino que es un tesoro estupendo que nosotros antes hemos recibido inmerecidamente de Dios.
----------Por lo tanto, no son las religiones las que están todas a la par; sino que somos nosotros los hombres, cristianos y no-cristianos, los que estamos todos a la par, todos igualmente pecadores, todos igualmente redimidos por la sangre de Cristo, todos llamados a la salvación. Al respecto, recordemos las palabras del Apocalipsis: "Ellos cantaban un canto nuevo, diciendo: 'Tú eres digno de tomar el libro y de romper los sellos, porque has sido inmolado, y por medio de tu Sangre, has rescatado para Dios a hombres de todas las familias, lenguas, pueblos y naciones" (Ap 5,9) y " Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano" (Ap 7,9).
----------Contrariamente a cuanto cree tanto la masonería como el liberalismo relativista e indiferentista, las religiones no están todas a la par, no son todas iguales, considerando el hecho de que solamente la religión cristiana es de fundación divina y por tanto solamente en ella existe la plenitud de la verdad, mientras que las demás, de simple fundación humana o a lo máximo de fundación profética, participan más bien en diversos grados y modos de la obra salvífica de Cristo y convergen hacia Cristo, pero siempre en medio de lagunas y de errores, de los cuales deben ser purificadas, aunque Dios en su misericordia, se contenta con ese poco que cada uno puede ofrecer o hacer, siempre y cuando sea en buena fe y en buena voluntad.
----------¿Quién o qué, por lo demás, puede impedir que Dios haga más santo a un hindú o a un musulmán o a un animista del Amazonas, que no a un cristiano? ¿Cómo no podría ir al cielo un pigmeo o un indígena de la Amazonía no evangelizados pero en buena fe y evitar el infierno un ilustre teólogo en pecado mortal de la Universidad Gregoriana o del Angelicum o de la Universidad de Salamanca?
----------Es necesario notar también que el cristiano no es el cristianismo. El cristianismo no tiene que aprender de ninguna religión. Pero el cristiano deficiente o lacunoso o tibio, puede aprender de un hindú o de un budista convencidos que han profundizado los valores de su religión e, iluminados por Dios, se han corregido también de los errores presentes en su religión. De tal modo, no será sólo el cristiano el que pueda iluminar y corregir al no-cristiano, sino que también el cristiano podrá ser corregido e instruido por el no-cristiano.
----------Por cuanto respecta al concepto de religión, al que Olivera se refiere de manera tan simplista, el Concilio Vaticano II con la declaración Nostra aetate, asumiendo los datos recientes de la historia de las religiones, que han ampliado enormemente en estos últimos siglos nuestros conocimientos en esta riquísima y misteriosa materia, donde ciertamente abundan la idolatría y las supersticiones, pero a la par también los testimonios de las más ilustres sabidurías de la humanidad, ha hecho que el Magisterio de la Iglesia abandonara ya desde hace mucho tiempo la distinción neta y esquemática entre verdadera y falsa religión, que se remonta a san Agustín de Hipona, distinción que, con el continuo aumento en los siglos de la ciencia de las religiones, se ha revelado en un cierto momento demasiado simplista, sin que esto signifique obviamente la renuncia a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, como ya he dicho.
----------Solo que hoy este trabajo de discernimiento parece mucho más complejo y difícil de lo que en otros tiempos se sospechaba. Hoy comprendemos mucho mejor que antes que la religión no se puede reducir a una simple tesis o proposición, de la cual se puede decir falsa o verdadera (como se expresa Olivera), sino que es necesario formar una colección recopilada de juicios en la materia para cada una de las tesis de una determinada religión. Cada religión, en efecto, comporta un complejo patrimonio doctrinal, donde salvo en el caso de la religión cristiana, hay que hacer un trabajo de selección y cribado para separar el trigo de la paja.
----------Por eso el actual Magisterio prefiere, en lugar del simplismo "religión verdadera y religión falsa", distinguir la religión cristiana, que contiene la plenitud de todas las verdades salvíficas, de las otras religiones, que en diversos grados y de diversos modos participan de esa plenitud.
----------Otra importante observación que debemos hacer se refiere al concepto de fe religiosa, el creer como acto de la virtud de religión. Es absolutamente claro que solo en el cristianismo se actúa o realiza el creer o acto de fe como fe divina, en cuanto virtud teologal y sobrenatural, dado que solo en el cristianismo existe una doctrina teológica divinamente revelada por medio del Hijo de Dios.
----------Sin embargo, es necesario precisar que el acto de fe, en cuanto acto humano, fe humana, es esencial a toda religión, en cuanto de todos modos implica un creer o en el profeta o en Dios. Cambian los contenidos. Y aquí se plantea el problema de lo verdadero y de lo falso.
----------Hoy, mal interpretando el sentido de la pluralidad de las religiones, se ha difundido la costumbre de hablar de "fes" religiosas, como si se tratara de la multiplicidad de las opiniones políticas presentes en el poder legislativo de un Estado: signo deplorable de concepción relativista-masónica de la fe religiosa.
----------Pero para el creyente en general, cualquiera que sea la religión a la cual pertenezca, las cosas no son así: él no pretende en absoluto opinar, sino que pretende saber, pretende conocer una verdad universal salvífica y obligatoria para todos. Quien no piensa como él, no solo es de una idea diferente, sino que simplemente se equivoca y pone en peligro su salvación.
----------El creyente no entiende en absoluto como opinión su creer, su fe, aun cuando luego sea necesario verificar en las religiones no-cristianas si y cuánto estas convicciones están fundadas. Él está convencido, por el contrario, de poseer un saber absolutamente verdadero, cierto, universal y obligatorio para todos, porque el contenido de una fe religiosa concierne a la salvación de toda la humanidad y, por tanto, normas, ritos, leyes y obligaciones divinas indiscutibles, son vinculantes para todos.
----------Entonces, es necesario decir que el deber del hombre de fe no es el deber de respetar las ideas contrarias a las suyas, propias del fiel que pertenece a otra religión. El fiel de esa religión no dice lo mismo en otra lengua, sino que simplemente se equivoca. Por lo tanto, una cosa es el pluralismo lingüístico, y otra cosa bien distinta es el pluralismo doctrinal.
----------Surge entonces el problema de saber quién tiene razón. Si la proposición Jesús es Dios es verdadera, entonces no puede ser a la vez verdadera la proposición Jesús no es Dios. Y decir que Jesús es Dios y Jesús no es Dios no son diferentes lenguas o maneras de decir la misma cosa. No. Para nosotros los cristianos, la primera posición es la correcta y conduce a la salvación; la otra lleva a la perdición. Y esto vale no solo para nosotros los cristianos, sino también para los fieles de otras religiones.
----------Lo que he intentado expresar es que resulta necesario que todas estas cosas, en el diálogo interreligioso, salgan a la luz expresadas con claridad, aunque manteniendo siempre todo respeto por el fiel de otra religión, para no navegar en un equívoco que le bloquea el acceso a la salvación.
----------En conclusión: en la Iglesia de nuestro tiempo ya no hablamos de religión verdadera y de religión falsa (téngalo en cuenta quien corre el riesgo de caer en el indietrismo o pasadismo), pero no es lo mismo pluralismo lingüístico y pluralismo doctrinal (téngalo en cuenta quien arriesga caer en el modernismo).
Estimado padre Filemón, le agradezco profundamente la claridad con la que ha explicado la evolución del lenguaje eclesial... Necesitamos dejar atrás la dicotomía de verdadera y falsa religión para hablar de la religión cristiana que posee la plenitud de la verdad y de las demás religiones que participan en ella... ¿Cómo es posible que todavía haya quienes quieran hablar de otro modo?...
ResponderEliminarSu enfoque (que, por cierto, no es suyo, sino del Magisterio de la Iglesia) no solo refleja el magisterio conciliar, sino que demuestra cómo podemos dialogar con respeto reconociendo la presencia de la verdad divina en contextos sociales y culturales diferentes al nuestro...
Este matiz —que el Papa León XIV, al igual que el recordado Papa Francisco, y los Padres conciliares han querido destacar— despierta en mí un renovado asombro ante la riqueza de la Revelación y una gran gratitud por la tarea de pastoreo intelectual y espiritual que usted realiza....
Gracias por mostrarnos cómo, al cambiar el modo de hablar, se transforma también nuestra apertura y caridad hacia todos aquellos que buscan a Dios desde otras tradiciones religiosa...
Estimada Rosa Luisa,
Eliminarle agradezco por sus generosas palabras y por acoger con tanto entusiasmo el dinamismo del Magisterio conciliar. Comparto su asombro ante la amplitud de la divina Revelación y la forma en que hoy el papa León, en la estela del papa Francisco y de los Padres conciliares, nos invita a reconocer la acción de la gracia más allá de nuestras fronteras visibles.
Sus reflexiones me animan a continuar con este servicio de pastoreo intelectual y espiritual.
Me resulta sorprendente que, en pleno siglo XXI y tras décadas de magisterio conciliar y pontificio, el padre Olivera Ravasi siga recurriendo a los términos “religión verdadera” y “religión falsa”. Ayer escuché todo el diálogo en Youtube y fue precisamente esa insistencia en un lenguaje obsoleto lo que más me llamó la atención.
ResponderEliminarDesde el Concilio Vaticano II, los Papas han abandonado esa dicotomía y hablan de la religión cristiana que posee la plenitud de la verdad y de las demás religiones que, de algún modo, participan de esa misma verdad. Incluso el papa León XIV, en apenas tres meses de pontificado, ha insistido varias veces en reconocer los valores y el sentido religioso de otras tradiciones. ¿Significa esto que el padre Ravasi no lee los discursos papales? Todo lo hace suponer.
Sergio Villaflores (Valencia, España)
¿Qué sentido tiene para el pasadismo preocuparse por estar al tanto de lo que dice el Papa actual? Si los lefebvrianos niegan todo valor dogmático al Concilio Vaticano II y reducen su aporte a una mera repetición de la doctrina preconciliar, ¿qué sentido tiene leer sus documentos? Lo mismo cabe preguntarse de los Papas postconciliares: si su oficio se limita a recordar dogmas ya definidos sin profundizarlos ni explicitar nuevas aplicaciones, ¿para qué atender a sus discursos? Estas posturas pasadistas, que emulan explícita o implícitamente la crítica lefebvriana, terminan vaciando de vida tanto la fuente conciliar como el magisterio pontificio actual
EliminarLos lefebvrianos dicen que el Concilio Vaticano II es sólo pastoral, no dogmático. ¿Por qué? Porque no tiene definiciones dogmáticas. Por lo tanto, todo lo demás no es infalible, y el Concilio ha podido equivocarse en toda aquella doctrina en la que no ha simplemente repetido el Magisterio anterior. O sea que la última vez que un Papa ha sido infalible por sí sin tener que recordar el Magisterio anterior, ha sido en 1950, cuando Pío XII definió la Asunción de María. Por lo tanto, el Concilio pudo haberse equivocado en la doctrina nueva (y los lefebvrianos dicen que se ha equivocado en esa doctrina), y hoy los Papas se equivocan cuando "cambian" la doctrina. Hay pasadistas que repiten estas mismas herejías lefebvrianas.
EliminarSi el Papa te confirma en la fe una vez por siglo, y ni siquiera eso..., vamos muertos!
EliminarEstimado Sergio,
Eliminaragradezco sus observación. Efectivamente, las fórmulas “religión verdadera” y “religión falsa” pertenecen ya al magisterio pre-conciliar y, sin la debida contextualización histórica y comprension que hoy tenemos sobre los valores de las demás religiones, resultan equívocas hoy.
Hoy la Iglesia prefiere hablar de la Iglesia como poseedora de la plenitud de la Verdad y de la participación en esa Verdad, en diverso grado, de las demás religiones.
Espéremos que el padre Olivera recapacite, y que en futuras intervenciones no emplee un lenguaje obsoleto y hasta erróneo, y subraye claramente el desarrollo no sólo terminológico del Magisterio, sino el verdadero desarrollo dogmático, que no implica cambio en la verdad inmutable de la divina Revelación, sino el mejor conocimiento que de ella va teniendo la Iglesia gracias a la asistencia del Espíritu Santo.
Estimado Anónimo,
Eliminaragradezco su aguda observación y comparto sustancialmente su diagnóstico. En efecto, los lefebvrianos niegan todo valor dogmático al Concilio Vaticano II y reducen el magisterio postconciliar a una mera repetición de la doctrina preconciliar, vaciando de vida tanto la fuente conciliar como las actuales enseñanzas pontificias.
Para precisar la distinción:
- Los lefebvrianos: afirman que el Vaticano II y los Papas posteriores carecen de autoridad dogmática, reduciendo su autoridad a la tarea de repetir lo antiguo; mientras que descalificando las doctrinas nuevas que enseñan calificándolas de modernistas.
- Los filolefebvrianos: aunque se mantienen en el ámbito de comunión con la Iglesia, abrazan parcial o totalmente algunas herejías lefebvrianas, ya sea por nostalgia preconciliar o rigidez doctrinal, en grados diversos de gravedad.
Estimado Dino,
Eliminarcoincido sustancialmente con tu síntesis: ese razonamiento es, en efecto, el núcleo de la posición lefebvriana, y, cuando se repite en clave “pasadista filolefebvriana”, se incurre en la misma negación —explícita o implícita— de la autoridad magisterial del Concilio y de los Papas posteriores.
Conviene recordar, para desmontar esa premisa, que el Vaticano II ejerció magisterio auténtico de altísima autoridad: aunque no emitiera nuevas definiciones solemnes extraordinarias, sus constituciones y declaraciones forman parte del magisterio solemne episcopal en comunión con el Papa, y deben recibirse como inequívocas o sea infalibles, con religioso obsequio de inteligencia y voluntad (cf. Lumen gentium n.25). La infalibilidad no se agota en el acto definitorio solemne y extraordinario: también el magisterio ordinario y universal, cuando enseña de forma constante y definitiva, es infalible. Negar esta amplitud es reducir ilícitamente la noción de infalibilidad definida por el Vaticano I, que implica también el magisterio ordinario.
Desarrollar el dogma no es “cambiar” la doctrina: la profundización o aplicación nueva, en continuidad con el depósito de la fe, pertenece a la legítima misión del Magisterio; rechazarla por no coincidir literalmente con fórmulas preconciliares es distorsionar el principio de Tradición viviente, progreso en la continuidad.
Por eso, los filo‑lefebvrianos o pasadistas o indietristas, que aceptan parte de este planteo comparten —en mayor o menor grado— la misma herejía de fondo: negar la asistencia del Espíritu Santo al Magisterio de la Iglesia, sea ordinario o extraordinario.
Estimado Anónimo,
Eliminarha captado usted perfectamente el punto. Esa es, en efecto, la consecuencia absurda a la que conducen las posturas pasadistas: reducir la misión de Pedro a una eventualidad rara y casi decorativa, como si el Espíritu Santo asistiera a la Iglesia de forma intermitente. Gracias por expresarlo en una sana ironía tan clara como punzante.
Syllabus, 21 “ 21. La Iglesia no tiene el poder de definir dogmáticamente que la religión de la Iglesia Católica es la única religión verdadera. — Damnatio “Multiplices inter”, 10 de junio de 1851.
ResponderEliminarEstimado Anónimo,
Eliminarle agradezco su referencia, porque me da ocasión para dar una explicación para darle una explicación, suponiendo que usted me esté manifestando en la parvedad de su expresión que lo que me cita va en contra de lo que expongo en mi artículo. Y me extenderé para ayuda a mis lectores (y espero que también a usted le ayude a revisar su criterio).
Efectivamente, la proposición 21 del Syllabus Errorum condena expresamente “que la Iglesia no tiene potestad para definir dogmáticamente que la religión de la Iglesia católica es la única religión verdadera”. Esta proposición se fundamenta en la carta apostólica Multiplices inter, del 10 de junio de 1851, de Pío IX, y figura en la edición oficial del Syllabus publicada el 8 de diciembre de 1864.
Comencemos por aclarar la naturaleza del Syllabus, el cual no es un decreto que defina dogmáticamente la única verdad de la Iglesia, sino un compendio de errores ya condenados en precedencia por el Magisterio. Su función es recopilar, en forma de proposiciones abreviadas, doctrinas rechazadas en varias encíclicas y cartas apostólicas, incluyendo Multiplices inter. Obviamente por tratarse de recopilación de verdades dogmáticas, el Syllabus es también vinculante, como no podría ser de otro modo, y su comprensión remite a los textos que recopila.
Está claro entonces que, dado el principio del progreso en la continuidad, que es el principio con el que debemos interpretar todo el Magisterio de la Iglesia, debemos afirmar que existe una continuidad también desd el Syllabus (y también desde magisterio anterior al Syllabus) con el Magisterio del Concilio Vaticano II y posterior al Vaticano II.
Ahora bien, en referencia al n.21 del Syllabus, hay que tener presente:
Eliminar1. El Concilio Vaticano II no revocó la potestad de la Iglesia para afirmar su unicidad y necesidad.
2. Lumen gentium n.8 enseña que la Iglesia “subsistit in” la Iglesia católica como la comunidad en la que Cristo ha edificado sólidamente su Cuerpo, y que fuera de ella no hay sacramentos plenos ni mediación perfecta de la gracia.
3. Al mismo tiempo, Lumen gentium n.16 y Nostra aetate reconocen que quienes en buena fe buscan a Dios, por obra de su gracia participan en medida diversa de la verdad y la santidad de la Iglesia de Cristo, aunque en forma incompleta.
Por lo tanto, respondiendo a la implícita pregunta que supongo me hace Ud. con su intervención, la Iglesia conserva su autoridad para afirmar que posee la plenitud de los medios de salvación y que, en consecuencia, es la única religión que subsume la verdad integral revelada.
Ahora bien, lo que ha cambiado es la formulación pastoral de la misma verdad: se valora la presencia de semillas del Verbo y de la gracia fuera de sus fronteras visibles sin equiparar todas las creencias ni renunciar a la propia identidad dogmática.
Por eso, la enseñanza del Concilio Vaticano II no contradice la proposición 21 del Syllabus: la desarrolla orgánicamente, mostrando cómo otras tradiciones religiosas participan del único plan de salvación en Cristo y convergen hacia la Iglesia sin suplantarla.
Estimado Anónimo,
Eliminarpor último, debe usted tener presente que la Iglesia enseña que su Magisterio es un cuerpo vivo y orgánico: los documentos más recientes aclaran, explican y perfeccionan la comprensión de los anteriores sin contradecirlos. Por lo tanto la comprensión de Tradición magisterial va desde el estadio más reciente de la Tradición hacia el estadio anterior, y no al revés.
La progresión doctrinal tiene raíces en la Escritura y en la Tradición. Cristo prometió el Espíritu de verdad “para que os guíe a toda la verdad” (Jn 16,13). Esa guía actúa a lo largo de la historia, iluminando pasajes del pasado con nuevos matices sin invalidar lo ya revelado.
El Concilio Vaticano I habló de “desarrollo de los dogmas” como expansión de la luz de un mismo depósito de fe, no como mutación de contenido (Dei Filius, cap. 4).
Por otra parte, existen principios hermenéuticos clave, que siempre se deben tener en cuenta: el uso adecuado de los documentos, pues cada texto magisterial debe interpretarse según su contexto histórico, teológico y eclesial. También la mencionada hermenéutica del progreso o reforma en la continuidad, propuesta por Benedicto XVI, que afirma que los nuevos pronunciamientos se insertan en la línea del Magisterio anterior, manteniendo unidad de enseñanza. San Juan Henry Newman estableció que el desarrollo auténtico preserva la identidad, la coherencia interna y el carácter vital de la doctrina.
Todo ello debemos aplicarlo al Syllabus y al Concilio Vaticano II: El Syllabus (1864) recopiló condenas de errores difundidos en encíclicas precedentes. El Vaticano II (1962–1965) no revoca esas condenas; más bien, establece el modo de aproximarse a la verdad fuera de la Iglesia católica: reconoce “semillas del Verbo” y acción salvífica de la gracia en otros credos (LG 8, 16; NA 2). Por tanto, el Magisterio posterior no deshace al Syllabus, sino que ofrece una comprensión más matizada de su alcance y de su propósito: subraya la necesidad de diálogo respetuoso junto a la afirmación de la plenitud de la verdad en la Iglesia.
El pasadismo, aunque parezca inocente, es altamente nocivo. Se presenta como estandarte de la tradición y verdaderamente la traiciona. Sería como pretender conocer una persona viendo una foto antigua. Pasadismo = fixismo.
ResponderEliminarAunque en algún momento me pudo haber cautivado, me di cuenta -por ser historiadora- que era una falsa visión del pasado.
Gracias, Padre, por estos preciosos artículos.
Estimada Isabel,
Eliminaragradezco su comentario. Coincido en que el “pasadismo” traiciona la verdadera tradición, pero añadiría (y le corregiría) que el pasadismo no tiene nada de inocente (ni siquiera la apariencia): es una postura deliberada que instrumentaliza el pasado para resistir el magisterio vivo de la Iglesia. El papa Francisco ha advertido de algo muy semejante bajo el nombre de indietrismo, que no se limita a lo pastoral o disciplinar, sino que afecta al plano dogmático: es retroceder bajo capa de tradición, negando el desarrollo auténtico de la doctrina dogmática que, como recordaba san Vicente de Lérins, debe crecer y consolidarse en continuidad. Por eso es necesario desenmascarar al pasadismo y mostrar su incompatibilidad con la fidelidad eclesial.