miércoles, 20 de agosto de 2025

La mirada en el misterio absoluto y en la oscuridad. Por qué motivo el Dios del cual habla Karl Rahner no es el verdadero Dios (1/3)

Dios no es un misterio absoluto en el sentido de la oscuridad total, que implicaría de parte nuestra la ceguera, sino que es misterio absoluto que nos deja filtrarse la luz y Se nos revela en nuestro Señor Jesucristo, aunque queda un margen de misterio. [En la imagen: fragmento de "Astrónomo Copérnico" o "Copérnico conversando con Dios", óleo sobre lienzo, de 1872, obra de Jan Matejko, conservado y expuesto en el Collegium Novum de la Universidad Jaguelónica, Pietrzakow, Polonia].

"Él cuenta el número de las estrellas" (Sal 147,4)
"Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas" (Gn 15,5)

  El misterio absoluto y el misterio relativo
   
----------El misterio en general es una realidad o una aserción de contenido inteligible, que instruye nuestra mente, de modo que nos es posible expresar en conceptos lo que conocemos, y sin embargo en este conocimiento del misterio, nos damos cuenta de que nuestra inteligencia llega solo a un cierto límite o hasta un cierto punto, y que por lo tanto en el misterio hay otra cosa, hay algo distinto, e incluso mayor, finito o infinito, cósmico, humano o divino, que nos es ignoto y que es la razón o el motivo o el fundamento de lo que está delante de nuestro intelecto, y que por su oscuridad supera nuestra capacidad de comprensión y nos permanece desconocido. Del misterio sabemos algo y podemos hablar de él; pero no conocemos todo y desde este punto de vista es mejor callar. De ahí la palabra "misterio", que se refiere al callar y al silencio.
----------Es necesario distinguir el misterio absoluto del misterio relativo. El misterio absoluto es aquel misterio que se nos muestra inagotable: por más que avancemos o lo profundicemos o le hagamos luz, o por más que alguien nos lo revele, aunque fuera Dios mismo, queda siempre para nosotros un margen infranqueable de misterio y de desconocido, se trat emisterio del mundo, del alma, de los ángeles o de Dios.
----------Aquí, incluso cuando se trata de realidades ontológicamente y cuantitativamente o extensivamente o numéricamente determinadas, limitadas o finitas, como las creaturas corporales y espirituales, es para nosotros un misterio cómo pueden ser tales y a la vez que nuestro conocerlas progrese continuamente e indefinidamente en el descubrir cuerpos cada vez más pequeños sin llegar nunca a cuerpos constituidos por cuerpos atómicos, como creía Demócrito o a cuerpos-puntos privados de dimensiones, como creía Leibniz, o sin llegar nunca a los confines del universo, a causa del descubrimiento de distancias siempre cada vez mayores y cuerpos cada vez más distantes, aunque el espacio sea finito. Ni sabríamos imaginar límites espaciales más allá de los cuales no habría nada, como el campo visual de nuestro ojo.
----------No comprendemos cómo se concilia el hecho de que nuestra razón nos dice que el mundo es finito y creado, y sin embargo la investigación científica nos pone siempre cada vez frente a lo indefinidamente grande junto con lo indefinidamente pequeño. En el progresar del saber tenemos siempre ante nosotros a la vez lo comprensible y lo incomprensible, lo conocido y lo ignoto, una finitud y una ulterioridad, lo mensurable y lo no calculable, lo claro y lo oscuro, lo determinado y lo indeterminado, el efecto y no la causa. Vale decir, cambian los objetos, pero este fenómeno gnoseológico se repite siempre.
----------A cada cosa que se nos convierte en conocida, he aquí siempre el saltar de ella otra, nueva, que nos era desconocida, y así sin fin. Las cosas deben ser numéricamente limitadas, pero nosotros siempre descubrimos nuevas. ¿Cómo se explica esto? Tal vez se podría responder diciendo que los medios de nuestro saber, en su limitación, son desproporcionados respecto a la inmensidad del universo y a la pequeñez de los cuerpos elementales. Eso es verdadero.
----------Pero la respuesta no parece del todo satisfactoria, porque la cuestión no es la de comparar a la humanidad indagante con el universo como se podría comparar a un sucederse de generaciones humanas frente a una cantidad finita de objetos, ¡pues llegará el momento en que los hayamos contado a todos!
----------La cuestión no es tan simple, porque cada uno de nosotros, si reflexiona sobre cómo funciona nuestro saber respecto a las cosas, se da cuenta que las cosas mismas están hechas de modo que nuestro saber no es capaz de entenderlas totalmente o contarlas hasta el final.
----------Y existe, por otro lado el misterio relativo, el cual o como resultado de nuestras investigaciones o porque alguien nos lo revela, ese misterio relativo viene totalmente desvelado, lo comprendemos totalmente, de modo que el misterio desaparece. Todo se vuelve claro, comprensible y explicado. Todo aparece en sus razones, porque ellas se nos manifiestan. Se trata aquí simplemente o de proposiciones racionales que llegamos a demostrar o nos son demostradas, por ejemplo un teorema de geometría o hechos empíricos, por ejemplo descubrir quién fue el que asesinó a una persona dada.
----------Del misterio absoluto hay por lo tanto algo que conocemos y algo que no conocemos. La indagación puede permitirnos entender más y saber más, pero a medida que aumenta nuestro conocimiento, siempre queda una ulterioridad que se nos escapa y nos sobrepasa; advertimos la existencia de esta ulterioridad, pero en ella no vemos nada, por lo tanto, no estamos en condiciones de conceptualizarlo.
----------En el misterio, por ende, nos aparece una luz mezclada con las tinieblas. Algo comprendemos y algo no comprendemos. Si lo indagamos, lo comprendemos mejor, pero queda el margen de misterio, a menos que se trate de un misterio relativo, por lo cual en algún momento, en un cierto punto, logramos desvelarlo: todo aparece entonces aclarado y el misterio desaparece.
----------Sin embargo misterio absoluto, incluido el divino, no quiere decir una cosa o un objeto o un ente absolutamente oscuro, escondido, oculto e ininteligible, no quiere decir algo totalmente oscuro y tenebroso, sin ningún atisbo de luz, un ago donde no entendemos ni vemos nada y donde no hay nada para entender o para concebir. Esto es una absurdidad y una ofensa al intelecto, porque el algo (aliquid) no es otra cosa que un trascendental, no es más que el ente en cuanto determinado y si está determinado es inteligible.
----------Un ente del cual no entendemos nada, un ente totalmente indeterminado, por tanto el misterio absoluto en este sentido, la oscuridad o la tiniebla total, repugnan al pensamiento, es una absurdidad, porque el ente en cuanto verdadero es objeto del intelecto. O existe intelecto, y entonces existe el ente. O no existe el ente, y entonces tampoco existe el intelecto. Pero imaginar un ente donde el intelecto no entiende, no intuye o no comprende nada es pura necedad.
----------Dios no es un misterio absoluto en el sentido de la oscuridad total, que implicaría de parte nuestra la ceguera, sino que es misterio absoluto que nos deja filtrarse la luz y Se nos revela en nuestro Señor Jesucristo, aunque queda un margen de misterio. Esto no quiere decir, sin embargo, que Dios sea en parte visto y en parte no visto, similarmente como sucede con nosotros con la luna, como si estuviera compuesto de dos partes, Él que es absolutamente simple; sino que somos nosotros que en el ver alcanzamos sólo hasta un cierto punto y no podemos ir más allá.
   
El concepto bíblico del misterio
   
----------La Sagrada Biblia presenta a Dios, ciertamente, como misterio infinito. Hallamos estos pasajes: "Nubes y tinieblas lo envuelven" (Sal 97,2). Él "habla desde la oscuridad" (Dt 5,22). Y sin embargo es también luz, como dice Juan: "Dios es luz y en él no hay tinieblas" (1 Jn 1,5). Cristo es "la estrella radiante de la mañana" (Ap 22,16). El Verbo es la luz que ilumina a todo hombre.
----------Si Dios aparece envuelto en tinieblas, no es tinieblas en sí mismo, sino que nosotros somos ciegos y no lo vemos. Pero Él es en Sí mismo luz. La mística, por tanto, no está en el susurro en la oscuridad pensando que esta es la suma del saber, sino en la conciencia de que más allá de cuanto sabemos de Dios hay una ulterioridad para nosotros inefable que nos supera infinitamente, mientras que lo que vemos es de una tal belleza que no tenemos palabras para expresarlo.
----------El encontrarnos en la oscuridad para la Biblia no es la cumbre del saber, sino que es la desgracia de la ceguera, de la cual la persona normal, que no goza al estar en las tinieblas, pide a Dios el ser liberado. Y por eso muchos milagros de Cristo consisten en dar la vista a los ciegos, mientras que Él reprende a aquellos que caminan en las tinieblas y a aquellos ciegos que pretenden ser guía de los demás. 
----------Dios en la Escritura está más bien representado con la imagen de la nube, pero como una nube luminosa. Dios es invisible no solo porque no es objeto de la vista física, sino porque es puro espíritu inmaterial y además de elllo es infinito, conocible aquí abajo no en sí mismo, sino solo por medio de las creaturas, visible solo por medio del intelecto (Rm 1,20). En tal sentido Juan dice que nadie ha visto nunca a Dios; pero luego precisa que Cristo nos lo ha revelado y que la beatitud consiste en ver a Dios tal como es.  
----------Benedicto XII en 1336 ha definido dogmáticamente que la beatitud celestial consiste en el ver la esencia divina inmediatamente y directamente como es en sí misma, sin la mediación de ningún concepto. El Salmista expresa esta prospectiva hablando de la visión del "rostro de Dios".
----------Nuestra mente en la vida presente no puede volverse hacia Dios sino pensándolo a través de los dogmas de la fe, por lo tanto mediante el ejercicio del intelecto, aunque obviamente movido por la caridad. La Escritura se expresa como si Dios fuera objeto del sentido, y por ello usa expresiones que hacen referencia a los sentidos.
----------El concepto en el conocimiento de Dios y de su misterio sirve para hacernos mentalmente presente la naturaleza divina tal como la tenemos ante la mirada de nuestro intelecto. El concepto es una luz que nos hace ver. El concepto quita la ignorancia, la oscuridad e ilumina. Si falta el concepto no vemos nada o estamos en la pura imaginación. Mucho menos podemos tener sin el concepto una experiencia del misterio absoluto. Es solamente en el paraíso del cielo, no sobre esta tierra, que son válidas las palabras del Apocalipsis: "Ya no habrá noche y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios los iluminará" (Ap 22,4-5).
----------La Biblia nos enseña el valor o preciosidad de la fe en Dios para obtener el conocimiento del misterio divino. En efecto, si nos es posible ya con la sola razón probar la existencia de Dios y algunos de sus atributos, es lógico que tengamos mucho más que aprender sobre Dios si escuchamos cuanto Él mismo en Cristo nos revela de su misterio, cosas que superan cuanto nosotros por si solos podemos aprender y que solo Él puede saber y revelarnos, aunque luego, incluso una vez reveladas, no cesen de permanecer misteriosas y la misma visión beatífica no quita el misterio. Más aún, en el cielo entenderemos como nunca por qué y cuánto es Dios un misterio, o mejor dicho el misterio por excelencia, llamémoslo también con Rahner, el "Misterio santo".
----------Además, el hecho de que la Biblia ponga a Dios en el cielo y no lo considere un ente terreno significa que ve a Dios como absoluta inteligibilidad. El cielo, en efecto, con su luminosidad, representa el esplendor de la verdad. Si en Dios nosotros encontramos la oscuridad, no es porque Él sea oscuro en sí mismo, sino que depende de la limitada capacidad de comprensión de nuestro intelecto. El "dios o príncipe de este mundo", con su intrínseca oscuridad ligada a la materia, nos dice Cristo, no es el verdadero Dios, sino que es el demonio.
----------Está claro para la Biblia que Dios también está en la tierra, pero solo en el sentido de que es su creador y conservador. Más aún, según el Nuevo Testamento, Dios llega incluso a asumir un cuerpo humano en la unidad de la Persona del Hijo de Dios, pero está claro que subsiste siempre una distinción entre la espiritualidad divina y la materialidad del cuerpo humano de Cristo. Dios es creador de la materia, pero no es material. Por tanto, la materia es buena, pero no tan buena como el espíritu divino que la ha creado. De ahí la superioridad bíblica del cielo sobre la tierra, que corresponde a la superioridad aristotélica del intelecto sobre el sentido, del acto sobre la potencia y del espíritu (pura forma) sobre la materia (compuesto de materia y forma).
----------Así como el cielo está por encima de nosotros, mientras que la tierra y el mundo están abajo bajo nuestros pies, la Sagrada Biblia, para significar la trascendencia de Dios, vale decir, Dios como ente supremo o sumo bien, lo llama "altísimo". Por eso el orante, en la Biblia, y nuestro Señor Jesucristo mismo, cuando reza dirige la mirada al cielo y en la luminosidad del cielo ve de alguna manera a Dios.
----------La Biblia no invita nunca a fijar la mirada en la oscuridad o en la nada o en las tinieblas, donde no se ve nada, no hay nada para pensar o para saber, ningún concepto para formar, y nada para decir. No es el callar del místico, sino el silencio del necio. No son los justos, sino los malvados los que avanzan en las tinieblas. Los justos son "hijos de la luz". La tiniebla es el dios de los malvados. "En la noche -dice la Escritura (Jb 24,14)- merodea el ladrón". Por el contrario, los hijos de Dios son "hijos del día". Esto no quita la legitimidad de considerar el misterio para indagarlo y desvelarlo con modestia e iniciativa a la vez, sin la pretensión de saber lo que no nos está permitido saber.
----------Aquello que repugna a la Biblia es el gusto por oscurecer lo que es claro, de poner en duda lo evidente, de desvirtuar lo es cierto, el gusto del confundir antes que distinguir, el gusto de las tinieblas y de la oscuridad como tales, o bien el escepticismo de quien, enfatizando exageradamente las dimensiones del misterio, saca de ello pretexto para rechazar la verdad y para negarse a buscar la verdad.
----------El hecho de que la Biblia conciba a Dios como espíritu es otra señal de que para ella Dios no es tiniebla sino luz. De hecho, el concepto de espíritu está conectado con el concepto del intelecto y de la conciencia, que son la sede y los órganos de la verdad, representada por la imagen de la luz.
----------Es necesario decir, entonces, a este respecto, que para la Biblia nuestra mente puede volverse hacia Dios de dos modos: o poniéndose en su presencia (Dios como un Tú) o razonando de Él en la teología (Dios como un Él). El primer modo puede tener dos aspectos: o el del encuentro consolador y gratificante en la plegaria, en el coloquio con Él y en la contemplación, cuando estamos puros de la culpa, o bien el encuentro turbado con Él cuando estamos en la culpa.
----------Según el primer aspecto, la Escritura pone en luz cuán atractivas son la belleza y la bondad de Dios: "Gustad y ved lo bueno que es el Señor" (Sal 34,9). En este sentido no es erróneo hablar de "experiencia de Dios". He aquí que entonces la Biblia representa a Dios bajo la imagen de lo que puede ser más amable y gustoso, como el sol, el cielo, la roca, la montaña, la miel, el vino, el agua, el árbol umbroso, la brisa refrescante, el esposo, el padre.
----------Según el segundo aspecto, la Escritura habla entonces de una presencia de Dios temible por medio de truenos, relámpagos, terremotos, tempestades, humo y sonidos ensordecedores. Estas imágenes representan nuestra indignidad de pecadores culpables ante la infinita bondad divina, y son por tanto también modos para mirar al misterio divino, misterio de justicia y misericordia.
----------Si en cambio se trata del discurso teológico, entonces se trata de hablar de los atributos divinos según el método de la analogía (la creatura imagen y semejanza de Dios), de la participación (la gracia es participación de la naturaleza divina), de la eminencia (Dios sobresale sobre las creaturas), de la causalidad (Dios conocido por los efectos) y de la negación (Dios es in-finito, es decir, no finito), deteniéndonos en silencio cuando nuestra indagación llega a experimentar la incapacidad de la palabra para expresar cuanto hemos experimentado.
----------El misterio en la Escritura tiene relación con el secreto. De hecho, el secreto es algo oculto y desconocida. Por eso los Setenta traducen los términos hebreos raz o sod, con mysterion. En san Pablo el mysterion es el sacramento. Por eso la Vulgata traduce el mysterion paulino con sacramentum, en cuanto el mysterion paulino se refiere a la sacralidad de lo divino. Pablo tiene presentes también los misterios paganos, que pretenden expresar la iniciación a la comunión con la divinidad y la experiencia de esta comunión.
----------La oscuridad para la Escritura tiene una doble valencia: por una parte puede referirse al misterio divino: "nubes y tinieblas lo envuelven" (Sal 97,2). Pero en su mayor parte representan lo que repugna al pensamiento, la ignorancia, el error, la mentira, la oscuridad, lo demoníaco.
----------Pero hay una diferencia entre la oscuridad divina y la demoníaca: que mientras la oscuridad divina alimenta el pensamiento y genera el dogma porque ofrece luz e inteligibilidad, la oscuridad demoníaca se opone al pensamiento, lo hace desviarse en el error y lo apaga para sustituirlo con la concupiscencia y los deseos carnales, donde el espíritu es pervertido, el concepto y el dogma son sustituidos por la experiencia sensible y con la sensualidad, con el sentimiento, la imaginación y la emoción. La oscuridad divina, que es solo parcial porque deja filtrarse la luz, supone la humildad, funda la mística y la contemplación; la tiniebla total y la oscuridad fundan el satanismo y la brujería, y son el resorte de la soberbia.
----------Semejante al concepto de misterio en la Escritura es el enigma (del griego: áinigma, de ainíssomai que quiere decir digo encubiertamente, por alusión). El enigma es un mensaje cifrado, críptico, misterioso, que tiene necesidad de ser interpretado o decodificado por un experto. Lo encontramos ya en el Antiguo Testamento (Nm 12,8; 1 Re 10,1; Sal 49,5; Pr 1,6; Sab 8,8; Sir 39,3; Ez 17,2; Dn 5,12). Lo volvemos a encontrar en san Pablo cuando habla de la diferencia entre cómo conocemos a Dios ahora mediante los conceptos y las fórmulas de la fe, y en el cielo en la visión beatifica: "Ahora vemos como en un espejo, como en un enigma (en ainigmati). Pero luego veremos cara a cara" (1 Cor 13,12).
----------El enigma (anighma) propiamente dicho es un mensaje cifrado; se trata de decodificarlo; el misterio (raz o sod) en el Antiguo Testamento es un mensaje secreto y reservado, que no se debe divulgar ni publicar, pero que puede ser divulgado y publicado. En san Pablo al sod o raz veterotestamentario corresponde el mysterion, que es el contenido de la revelación cristiana y es la misma realidad o verdad divina significada por las verdades o proposiciones o artículos de fe. El misterio es predicado y conocido en la fe. Es verdad salvífica que antes de Cristo estaba oculta, había sido preanunciada por los profetas y que Cristo ha revelado.
----------El Génesis ya nos había revelado que Dios es el creador del cielo y de la tierra, una verdad de por sí alcanzable por la sola razón, pero que de hecho ha sido revelada a la humanidad solo por la Biblia. El que más se acercó a esta verdad entre los paganos fue Aristóteles al comprender que Dios es causa primera y motor inmóvil. Pero Aristóteles se detuvo en la causa del devenir y no pensó en interrogarse sobre la causa del ser.
----------Si además en el Antiguo Testamento Moisés nos revela el Nombre de Dios en la categoría del ser, nuestro Señor Jesucristo perfecciona esta revelación revelándonos el misterio de Dios en la categoría de la persona, revelándonos el Misterio Trinitario. En efecto, con Moisés ya sabíamos que Dios es persona, "una sola singular inmutable sustancia espiritual", como dice el Concilio Vaticano I, un saber que por lo demás puede ser alcanzado ya por nuestra sola razón, aunque de hecho ningún filósofo o profeta antes de Moisés había intuido o demostrado esta verdad. Quien entre los paganos se había acercado más a ella con la sola razón fue Aristóteles, que llegó a saber que Dios es Pensamiento del pensamiento, o sea Autoconciencia absoluta, lo cual es como decir persona.

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