¿Cómo se va construyendo verdaderamente la Iglesia, la definitiva, aquella que es la Jerusalen celestial, cómo se va construyendo la Iglesia desde aquí, desde la Iglesia peregrina en la tierra, no solamente a partir de las estructuras visibles de la Iglesia instituida, sino también de todos aquellos que tienen fe implícita, conozcan o no conozcan explícitamente a Cristo, pertenezcan o no pertenezcan a comunidades cristianas o a esta o aquella religión? Pues bien, dedico este artículo (que divido en cuatro partes) a analizar los pasajes principales de una charla mantenida semanas atrás por el padre Javier Olivera Ravasi, un análisis que por lo menos nos será útil para repasar la doctrina católica en temas tales como la diversidad de las religiones, la libertad religiosa, el proselitismo, el ecumenismo y el diálogo interreligioso. [En la imagen: fragmento de "Misa de Primera Comunión en el Santuario", acuarela sobre papel, 2020, obra de P.F., representando una escena en el Santuario de Maria Auxiliadora en Rodeo del Medio, Mendoza, hacia principios del siglo pasado, durante su construcción].
“Ahora bien, el Señor es el Espíritu;
y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad”
San Pablo, 2 Corintios 3,17
Fuera de la Iglesia no hay salvación
----------El padre Javier Olivera Ravasi participó junto a dos laicos, el pasado 16 de agosto, en una charla que tuvo por título una conocida frase: "fuera de la Iglesia no hay salvación", la cual, cuando es bien interpretada, sintetiza un dogma católico que se ha venido desarrollando a través del Magisterio de la Iglesia y que ha tenido sus más recientes explicitaciones en el Concilio Vaticano II y en el Magisterio de los Papas del postconcilio. Lamentablemente, la mencionada charla, que luego derivó a temas como la diversidad de las religiones en cuanto caminos de salvación, la libertad religiosa y el ecumenismo, surcó por carriles alejados de la Fe de la Iglesia, que pusieron de manifiesto en los tres interlocutores -aunque seguramente en buena fe y queriendo hacer sinceramente obra apologética- una visión pasadista de la doctrina católica, sobre la cual nos parece conveniente llamar la atención en este artículo, para que los lectores no sean llevados a engaño (o, como suele decir el mismo Olivera, aunque con menos diplomacia, "para que no te la cuenten").
----------¿Qué podemos decir básicamente acerca del título de la citada charla? Fuera de la Iglesia no hay salvación, es una expresión que hace referencia a la doctrina dogmática de que la Iglesia, como institución divinamente establecida, es necesaria para la salvación. Esta enseñanza debe ciertamente entenderse supuesta también otra enseñanza de la Iglesia, la cual nos asegura que la salvación es posible para aquellos que, con ignorancia invencible, no conocen explícitamente a Cristo y su Iglesia.
----------El Magisterio ha expresado el principio "extra Ecclesiam nulla salus" en varias ocasiones, y entre ellas una relevante es la del Concilio de Florencia, de 1442 (Denz. 1351): "La sacrosanta Romana Iglesia, fundada en la Palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, no pueden hacerse partícipes de la vida eterna, sino que irán al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles (Mt 25,41), a no ser que antes de su muerte se uniere con la Iglesia". Se supone que su separación sea consciente, querida, y por tanto culpable. Quien en cambio sufre, sobre este punto, de ignorancia invencible y lleva una vida honesta, pertenece a la Iglesia invisiblemente e inconscientemente, y por consiguiente se salva.
----------Esta afirmación que el Magisterio de la Iglesia hizo a mediados del siglo XV ha venido desarrollándose posteriormente con nuevas explicitaciones, o sea, ha venido siendo mejor conocida, y un momento destacable de este desarrollo son las enseñanzas que al respecto de este tema nos da el Concilio Vaticano II cuando nos habla de la fe implícita, un punto todavía sujeto a injustificadas controversias.
----------La novedad del Concilio sobre este tema está dada por la posibilidad de la fe y por tanto de la salvación también para aquellos que no han llegado a un conocimiento "explícito" de Dios. Dice el Vaticano II: "quienes, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida a través del dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (cf. Carta de la Sagrada Congregación del Santo Oficio al arzobispo de Boston, del 8 de agosto de 1949, Denz.3869-3872). Y la divina Providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a quienes sin culpa de su parte no han llegado todavía a un conocimiento explícito de Dios y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios" (Lumen gentium, n.16).
----------Se trata de aclarar qué es lo que el Concilio Vaticano II ha entendido con la expresión "conocimiento implícito de Dios", evidentemente opuesto al conocimiento "explícito" al que se refiere el texto conciliar. Aquí tenemos la interpretación propuesta por Rahner, según el cual el Concilio se estaría refiriendo a los ateos. Ya he ilustrado en otros artículos de este blog los motivos por los cuales considero absolutamente insostenible una tesis de este tipo. Los repito aquí brevemente. El punto es muy simple.
----------El Concilio habla de un conocimiento de la existencia de Dios, aunque implícito. Ya el hecho de hablar de conocimiento de la existencia de Dios debería inmediatamente hacer entender que el ateísmo, en cuanto negación de la existencia de Dios, no entra aquí para nada.
----------Por otra parte, debe inmediatamente tratarse de conocimiento de fe, ya que sin fe no hay salvación. "Fe", claramente, no en el sentido de aceptar contenidos conceptuales sobrenaturales, ya que el sujeto, por hipótesis, los ignora, sino en el sentido enseñado por la Carta a los Hebreos: "aquel que se acerca a Dios debe creer que él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan" (Heb 11,6). Pero conocimiento se opone contradictoriamente a ignorancia. Ahora bien, el ateísmo es ignorancia de la existencia de Dios, bajo forma de negación. Nos podríamos más bien preguntar si es verdaderamente posible no saber que Dios existe, como se puede no saber de la existencia de una persona a la que nunca se ha conocido.
----------Se debe decir al respecto que en realidad eso es imposible.. Todos saben que Dios existe, porque todos deben rendir cuentas a Él de lo que han obrado. Nadie, al momento de su muerte, puede excusarse delante de Dios diciéndole que no sabía que existiera. Pero algunos pueden saber que Dios existe sólo implícitamente. Este conocimiento implícito no debe ser entendido en el sentido de la experiencia atemática rahneriana. En efecto, ya aquí existe un concepto de Dios, sólo que este concepto está oculto bajo el concepto del prójimo. Y por tanto aquí llegamos a la tesis del Concilio, que sin embargo nada tiene que ver con el ateísmo del cual habla Rahner, ateísmo que más allá de él, según Rahner, puede ser en buena fe y por tanto inocente. Con ello se agrega absurdo al absurdo. Se debe decir en cambio que así como todos saben, implícitamente o explícitamente, que Dios existe, ignorar o negar su existencia no puede ser un acto inocente, sino que es culpa moral, y gravísima, atendiendo a que Dios es el Sumo Bien del hombre.
----------Se puede, ciertamente, ignorar que Dios existe; pero entonces no se trata de ignorancia invencible, sino de ignorancia culpable; lo que Gian Franco Morra llama "ateísmo postulatorio", o sea, no el no saber que Dios existe, sino el no querer que Dios exista, o como se expresaba san Juan Pablo II, "el cancelar la idea de Dios del propio horizonte mental", pero esto no vale para anular su existencia. Él existe aún cuando no pensamos en Él. El ateísmo, por tanto, como ignorancia invencible y por tanto excusable acerca de la existencia de Dios, no existe. Si así fuera, también para los ateos habría salvación. Todo lo que se puede conceder al ateo, es que lo suyo no sea un verdadero ateísmo, sino lo que Jacques Maritain llama "pseudoateismo" (cf. La significación del ateísmo contemporáneo, Ediciones Encuentro, Madrid, 2012): creer ser ateo sin serlo verdaderamente, porque se rechaza una imagen de Dios que no es la verdadera, cosa que es posible a causa de una mala presentación de la naturaleza divina, o dada la ignorancia hodierna acerca de los atributos de Dios.
----------Pero también Rahner, a su modo, admite la universalidad del conocimiento de Dios. Sin embargo, también en este caso nos descaminamos con la teoría de la "experiencia trascendental preconceptual atemática", según la cual el espíritu humano en cuanto tal estaría constitutiva y aprioricamente orientado hacia Dios y, de manera inconsciente y "anónima", hacia el Dios cristiano. Pero también ésta es una piadosa ilusión porque, si es verdad que es innata en el hombre la posibilidad de tender a Dios, esta posibilidad puede ser actuada sólo desde la elección libre y responsable del mismo hombre, el cual puede también no orientarse hacia Dios y no por ello perder su naturaleza de hombre. Un hombre condenado es para siempre un hombre. Pero se sabe que, para Rahner, todos se salvan, por lo cual él, si bien siempre en el error, es coherente.
----------Por otra parte, este saber que Dios existe no es para Rahner un saber conceptual sino, como he dicho, una "experiencia". De aquí la posibilidad, según él, que alguien sea ateo a nivel conceptual y creyente a nivel atemático. Por eso también el ateo se salva, porque de todos modos es creyente en lo profundo de su subjetividad. El problema es que este doble nivel gnoseológico planteado por Rahner no existe en absoluto, como he demostrado en otras ocasiones, también en este blog.
----------El conocimiento humano es conceptual y trata de la experiencia, que no es la "experiencia trascendental atemática y apriórica" de Rahner, sino que es simplemente la experiencia sensible. Una cierta experiencia atemática, si se quiere, es la experiencia mística, la cual sin embargo no es ni a priori ni mucho menos constitutiva de la existencia humana, sino que implica o es subsecuente al conocimiento de fe como tonalidad afectiva de ese conocimiento, bajo el impulso del Espíritu Santo.
----------Si queremos entender verdaderamente la doctrina de que "fuera de la Iglesia no hay salvación" en el contexto actual del debate teológico, no podemos evitar el referirnos, aunque sea de modo breve como lo he hecho líneas arriba, a las posiciones de Rahner y los rahnerianos. Con buena intención, el padre Olivera y sus dos interlocutores, se defienden -y con razón- de estas interpretaciones modernistas, como las rahnerianas, aunque sin hacer referencia a ellas, o porque no las conocen, al no ser teólogos, o no las entienden.
----------Ahora bien, la fe implícita o conocimiento implícito del cual habla el Concilio Vaticano II puede ser, por ejemplo, el que se refiere al amor por el prójimo, vale decir, aquel que obra honestamente el bien del prójimo, incluso sin pensar explícitamente en Dios, implícitamente ve a Dios en el prójimo y establece una relación salvífica con Dios, como Cristo mismo explica en Mt 25, donde afirma que ha sido hecho a Él lo que los misericordiosos hacen por "los más pequeños" entre los hombres. Estos benefactores, al momento de la recompensa celestial se maravillan -signo éste del conocimiento implícito-; pero Cristo no hará más que explicitarles su conocimiento de Dios que ellos ya poseían.
----------La doctrina del Concilio Vaticano II acerca del conocimiento implícito de Dios, entendida en su correcto sentido, no está por lo tanto para nada en ruptura con la doctrina del Magisterio precedente; lo está en cambio la enseñanza rahneriana sobre este tema, precisamente en cuanto absurda. Una cosa es el pasaje de lo implícito a lo explícito: ello es bajo el signo de la continuidad; y otra cosa es el pasaje de lo verdadero a lo falso: aquí tenemos la ruptura. Y de hecho lo falso no puede estar en continuidad con lo verdadero, supuesta la indubitable verdad de la doctrina eclesial precedente, que recordamos aquí en las siguientes citas.
----------Dice el beato papa Pío IX: "Aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos, y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y recta, pueden, por la operación de la virtud de la luz divina y de la gracia, conseguir la vida eterna; ya que Dios, que manifiestamente ve, escudriña y conoce las mentes, los ánimos, los pensamientos y las costumbres de todos, no consiente en modo alguno, según su suprema bondad y clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, si no es reo de culpa voluntaria" (de la Carta encíclica Quanto conficiamur moerore, del 10 de agosto de 1863).
----------El Concilio Vaticano II nos da una visión de la misericordia divina todavía más sublime que la que la Iglesia tenía antes. En este pasaje de Pío IX podemos ver el principio de esta misericordia, que ha conducido a la teología post-conciliar, bajo inspiración del Catecismo de la Iglesia Católica n.1261, a superar la antigua opinión teológica del limbo, para esperar también que estos niños sean objeto de la divina misericordia, o sea, de la salvación: "En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cf 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: 'Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis' (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo Bautismo" (n.1261).
----------Inmediatamente sigue diciendo el papa Pío IX en el mismo documento: "Pero bien conocido es también el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica, y que los rebeldes a la autoridad y a las decisiones de la misma Iglesia, y los obstinadamente separados de la unidad de la misma Iglesia y del Obispo de Roma, sucesor de Pedro, 'a quien fue encomendada por el Salvador la guarda de la viña' (Concilio de Calcedonia, Relación del Papa León), no pueden obtener la eterna salvación".
----------Y termina Pío IX el pasaje que nos interesa: "Son en efecto clarísimas las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: Quien no oyere a la Iglesia, sea para ti como un gentil o un publicano' (Mt 18,17); 'el que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia; y el que a mí me desprecia, desprecia a Aquel que me ha enviado' (Lc 10,16); 'el que no creyere se condenará' (Mc 16,16); 'el que no cree ya está juzgado' (Jn 3,18); 'el que no está conmigo está contra mí, el que conmigo no recoge, desparrama' (Lc 11,23) [...] Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre y, ante todo, pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que, fundados y firmes en la fe, esperanza y caridad y fructificando en toda obra buena (Col 1,10), consigan la eterna salvación" (Ibid.).
----------Aquí Pío IX retoma la doctrina tradicional según la cual fuera de la Iglesia no hay salvación. Esta doctrina tradicional es expresada autorizadamente en aquella Declaración del Concilio de Florencia que ya citamos al inicio de este artículo: "La Sacrosancta Romana Iglesia firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos o herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno que está aparejado para el diablo y, sus ángeles (Mt 25,41), a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia Católica" (Bula unionis Coptorum Aethiopumque "Cantate Domino", del 4 de febrero de 1442, Denz.1351).
----------Y sin embargo, en el pasaje antes citado, el beato papa Pío IX nos hace presente -y en esto él es precursor del Concilio Vaticano II- que quien practica la ley natural, y sin culpa ignora la existencia de la Iglesia, pertenece implícitamente a la Iglesia, y por tanto puede conseguir la salvación. Esta doctrina de la pertenencia inconsciente e invisible a la Iglesia está bien expuesta por Jacques Maritain en su libro De l'Église du Christ. La personne de l'Église et son personnel, Edición Desclée de Brouwer, Bruges 1970.
----------He aquí una intervención del Santo Oficio en ese sentido: "En su Infinita misericordia Dios ha querido, que los medios de salvación los cuales están dirigidos a la salvación del hombre como su fin último, no por necesidad intrínseca sino por institución divina, pueden también ser obtenidos en ciertas circunstancias, cuando estos sean alcanzados sólo como un deseo persistente. Esto lo vemos claramente establecido en el Concilio de Trento, tanto en referencia al sacramento del Bautismo como en referencia al Sacramento de la Penitencia.
----------Lo mismo debe declararse de la Iglesia en su propio nivel, en cuanto a que Ella es el medio general de salvación. Por lo tanto, para que alguien pueda obtener la salvación de su alma, no se requiere siempre, que ese alguien sea actualmente incorporado a la Iglesia como miembro, sino que es necesario que por lo menos esté en unión con la Iglesia por el deseo persistente de así serlo. De cualquier forma, el deseo no necesita ser siempre explicito, como lo es en los catecúmenos; pero cuando una persona esta envuelta en una ignorancia invencible, Dios acepta de igual forma un deseo implícito, así llamado porque esta incluido dentro de esa buena disposición del alma por medio de la cual una persona desea que su voluntad sea conforme a la voluntad de Dios.
----------Estas enseñanzas están claramente manifiestas en la encíclica del Papa Pio XII, sobre el Cuerpo Místico de Jesucristo. Puesto que en esta encíclica, el Papa claramente distingue entre quienes están actualmente incorporados a la Iglesia como miembros, y quienes pertenecen a esta sólo por el deseo' de así serlo" (De la Carta del Santo Oficio al Arzobispo de Boston, del 8 de agosto de 1949, Denz.3869-3871).
----------De estos pasajes del Magisterio de la Iglesia vemos una sustancial continuidad entre la enseñanza pre-conciliar y la conciliar: tal continuidad consiste en el hecho de que la Iglesia siempre ha tenido la conciencia de que Dios en cualquier caso ofrece a todos la salvación, también a aquellos que sin culpa propia no pertenecen a la Iglesia visible. A este propósito el Concilio Vaticano II da un paso hacia adelante, llegando a afirmar que para la salvación no solamente no es necesaria la pertenencia visible a la Iglesia, sino tampoco el mismo conocimiento explícito de Dios. De tal modo vemos cómo la Iglesia en el curso de los siglos descubre siempre mejor la largueza infinita de la misericordia de Dios. Por eso podemos decir que el Concilio Vaticano II es el Concilio de la misericordia. Y no hay duda alguna que, en este preciso aspecto el papa Francisco, ha querido ser, como debía serlo, cabal intérprete del Concilio Vaticano II.
----------La mencionada charla por Youtube (en realidad una entrevista al padre Olivera), que luego fue editada con el título de Padre Javier Olivera Ravasi sobre los "cambios" del Vaticano II, comenzó tratando de la diversidad de las religiones, para seguir con los temas de la libertad religiosa, del proselitismo y del ecumenismo. Resulta más que curioso que todos estos temas hayan sido enseñados y profundizados durante los doce años del pontificado de Francisco; sin embargo en ningún momento fue mencionado su nombre, aunque los interlocutores no cejaron en criticar las malas interpretaciones de esos temas, las cuales, sin embargo, fueron no pocas veces atribuidas al papa Francisco durante su pontificado.
----------En las próximas partes de este artículo se pondrá en claro lo que afirma explícitamente el padre Olivera sobre la diversidad de las religiones, la libertad religiosa, el proselitismo y el ecumenismo, y con ello tendremos en claro su concepto acerca de la doctrina que subyace al principio "Fuera de la Iglesia no hay salvación". Veremos así cómo el padre Olivera Ravasi lee, a su modo, el Concilio Vaticano II.
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EliminarPaolo Fitzimons (moderador del blog)
Estimado padre Filemón: Agradezco la claridad y el rigor con que ha expuesto el delicado tema de extra ecclesia nulla salus. Comparto en gran medida su planteo y la fidelidad a las fuentes patrísticas y magisteriales.
ResponderEliminarNo obstante, me queda la inquietud de cómo articular —sin diluir el dogma— la consideración de quienes, por causas no imputables a ellos, desconocen el Evangelio, pero viven según la recta conciencia. Es cierto que usted se ha referido a esta cuestión, pero quizá valga la pena ahondar más en este aspecto, para evitar equívocos tanto en la comprensión popular como en el anuncio misionero.
Sergio Villaflores (Valencia, España)
Estimado Sergio,
Eliminaragradezco sus palabras, la atención con que ha leído mi exposición y su consenso con lo que expongo.
La cuestión que plantea es de gran importancia pastoral y doctrinal, pues pide expresar con claridad la inseparabilidad entre la verdad del dogma extra Ecclesiam nulla salus y la amplitud de la misericordia divina.
El Magisterio, siguiendo ya a los Padres de la Iglesia, enseña que nadie se salva fuera de la gracia de Cristo y de su Cuerpo, que es la Iglesia (cf. LG 14). Sin embargo, también afirma que quienes, “sin culpa de su parte, desconocen el Evangelio y la Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir su voluntad” pueden conseguir la salvación eterna (cf. LG 16; GS 22). Este principio no relativiza el dogma, sino que manifiesta que el único Salvador actúa, de modo misterioso, más allá de las fronteras visibles, atrayendo hacia sí a todos los hombres.
La tarea misionera se sostiene, precisamente, en esta doble certeza: la necesidad universal de Cristo y la certeza de que su gracia precede, acompaña y supera nuestras acciones. De ahí que la evangelización no se funda en minimizar el dogma, sino en proclamarlo con la confianza de que responde al designio salvífico universal de Dios (cf. 1 Tim 2,4).
Estimado padre Filemón de la Trinidad: Gracias por su exposición sobre extra ecclesia nulla salus. Leyendo lo que cita de los Padres y del Magisterio, me surge una pregunta: ¿cómo entiende la Iglesia la “fe implícita” en relación con la salvación de quienes ignoran a Cristo y su Iglesia por causas no imputables?
ResponderEliminarRecuerdo que Mystici Corporis (Pío XII) menciona la posibilidad de estar “ordenados al Cuerpo Místico por un cierto voto inconsciente”, y que Lumen gentium 16 habla de quienes “sin culpa suya” buscan a Dios con sincero corazón.
¿Es esa “fe implícita” verdadera adhesión sobrenatural a Cristo, aunque no se formule explícitamente, o requiere algún acto más definido de apertura a la revelación divina?
Estimado Anónimo,
Eliminarle agradezco su atenta lectura y su decisión de plantear una cuestión que toca el núcleo de la soteriología católica. La “fe implícita” —como la ha entendido la tradición teológica y el Magisterio— no es una mera disposición ética o una vaga religiosidad natural, y tampoco por supuesto una debatible opinión teológica, es doctrina del magisterio, que consiste en una verdadera virtus fidei, infusa por Dios, que incluye adhesión sobrenatural a su revelación, aunque su contenido no se exprese todavía de manera explícita.
Quien, “sin culpa suya, ignora el Evangelio y la Iglesia, pero busca a Dios con sincero corazón y se esfuerza, bajo el influjo de la gracia, en cumplir su voluntad” (LG 16; cf. GS 22), recibe, misteriosamente, una orientación real hacia Cristo, único Mediador y Salvador. Pío XII, en la encíclica Mystici Corporis (n. 103), describe esta situación como estar “ordenados al Cuerpo Místico por un cierto voto inconsciente”: un acto de voluntad y mente, movido por la gracia, que vincula invisiblemente a la Iglesia.
Esta fides implicita no relativiza el dogma extra Ecclesiam nulla salus, sino que manifiesta cómo la gracia de Cristo puede alcanzar al hombre allí donde el anuncio explícito aún no ha llegado, y cómo ese germen de fe está llamado a desarrollarse y madurar en la confesión plena que la evangelización propone.
Como sospecho que está interesado en seguir profundizando sobre este tema, le indico algunas referencias magisteriales que son fundamentales para quien quiera conocer a fondo esta cuestión:
- Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 14 y 16; Gaudium et spes, 22.
- Pío XII, Mystici Corporis, 103.
- Catecismo de la Iglesia Católica, 847‑848.
- San Juan Pablo II, Redemptoris Missio, 10.