Esta reflexión, a la vez dogmática y pastoral acerca del pasadismo filo-lefebvriano, no está escrita para que la lean los pasadistas, sino los católicos sencillos y auténticos, que constituyen la enorme masa casi unánime del Pueblo de Dios, constituida por fieles alejados de los dos extremismos, el pasadista y el modernista. Se trata de ofrecer claves de entendimiento doctrinal y pastoral para no caer en la mera condena del pasadismo, por más fundamentada que ella fuere. [En la imagen: fragmento de "Salida de misa en la Catedral", acuarela y témpera aguada sobre papel, s/d, obra de Léonie Matthis, representando feligreses saliendo de una Misa en la Catedral de Montevideo, obra perteneciente a la colección del Museo Histórico Cabildo, Montevideo, Uruguay].
"Calamum quassatum non conteret, et linum fumigans non extinguet" (Is 42,3). Blog de filosofía y teología católicas, análisis de la actualidad eclesial y de cuestiones de la cultura católica y del diálogo con el mundo.
lunes, 7 de julio de 2025
Comprender el pasadismo y ayudar a los pasadistas
Modernistas y pasadistas han salido nuevamente al campo de batalla
----------Como era previsible, no hemos tenido que esperar mucho tiempo (ni dos meses) desde la elección del papa León XIV para ver surgir nuevamente a los dos ejércitos en pugna, los modernistas y los pasadistas, lanzados con nuevos bríos a una batalla que los tiene sólo a ellos como actores, y con la cual siguen fastidiando y perturbando obstinadamente desde hace décadas la paz y la comunión eclesial que vive la masa prácticamente unánime de simples y sanos católicos muy alejados de sus extremismos ideológicos.
----------Por el ala izquierda, la de los modernistas (fundamentalmente rahnerianos, pero también küngianos, schillebeeckxianos y de otros pelajes), ya ha habido conatos de instrumentalización de las primeras expresiones y gestos del nuevo Papa. Ahí lo hemos visto, por ejemplo, las pasadas semanas a Andrea Grillo, el teólogo del Pontificio Ateneo de San Anselmo, en Roma, y de la Abadía de Santa Justina, en Padua, volver a la carga con sus tesis que niegan la transubstanciación, replanteando antiguas herejías eucarísticas.
----------Por el ala derecha, la de los pasadistas (pseudo-tradicionalistas o indietristas o filo-lefebvrianos o filo-mitutellianos o filo-viganoianos), se ha vuelto a plantear la petición de "restablecimiento" de la libertad de uso del Misal de 1962, tal como había sido prevista por el motu proprio Summorum Pontificum, y lo han hecho con viejos y nuevos argumentos y acciones de perturbación, como la de atribuir el motu proprio Traditionis Custodes, que ha abrogado al antes mencionado, al capricho de un demasiado progresista papa Francisco, o bien invocar las tramas de una Curia que juega con cartas marcadas, o finalmente denunciar la falta de sentido de la tradición (escribámosla como corresponde, con minúscula, porque es la tradición litúrgica, y no se trata de la Sagrada Tradición) de amplios sectores de la teología y de la pastoral.
----------Con la experiencia lograda al presenciar desde hace décadas esta agotadora batalla entre modernistas y pasadistas, me viene la sospecha que este ataque al papa Francisco, a propósito del Misal de 1962, provenga tal vez fundamentalmente de los modernistas, con el propósito de distraer la atención del papa León de aquello que es hoy el verdadero problema de la liturgia, problema que no es el pasadismo del grupito de los pasadistas filolefebvrianos, sino que es la prepotencia y la altivez de los modernistas que (como es el citado caso de Andrea Grillo) creen estar en condiciones de poder seguir dominando la situación.
----------Pero quisiera hoy hacer un paréntesis a mi constante observación y crítica sobre el difundido fenómeno del neo-modernismo en la Iglesia, para proponer a los lectores detener nuestra mirada en estas nuevas movidas de los hermanos pasadistas, quienes, a decir verdad, han mostrado en estos últimos días sus actitudes y comportamientos típicos, a los que estamos acostumbrados desde hace décadas, gestos a menudo sin embargo acompañados de insultos no sólo a las autoridades de la Iglesia sino también a la sana inteligencia. No debemos asombrarnos por ello, aunque algo debamos decir, en ayuda de los miembros del sencillo pueblo fiel, que pueden correr el riesgo de quedar atrapados en el relato pasadista, que plantea una suerte de lucha entre dos diversos documentos pontificios: uno "bueno" (el de 2007) y otro "malo" (el de 2021), el primero liberal y el segundo liberticida (o libertario dirían los argentinos); el primero acogedor y el segundo segregante y discriminatorio, el primero abierto y ecuménico, y el segundo cerrado y exclusivista, etc.
----------¿Qué podemos decir de este planteo de los pasadistas acerca de los motu proprio litúrgicos Summorum pontificum y Traditionis custodes? Como los habituales lectores de este blog ya conocen mi postura, no volveré a explicar lo ya antes explicado, de modo que seré breve en recordar lo que pienso, al menos en atención a los nuevos lectores que últimamente han aparecido en el blog.
----------Lo primero que necesita tenerse presente es que los dos mencionados documentos pontificios son textos disciplinarios, no doctrinales, aunque contengan algunas aserciones doctrinales. Por lo tanto, en ambos casos, se trata de documentos que fundamentalmente no gozan de esa inerrancia presente en los textos en los que el Papa oficia como Maestro de la Fe. Por ende, el fiel católico, salvada por supuesto la obediencia al Papa en lo que él decida legislar en campo litúrgico (como es el caso que nos ocupa), mantiene esa libertad que le permite interiormente un disenso teórico. En tal sentido, he manifestado que, a mi modesto entender, el papa Benedicto XVI ha sido pastoralmente imprudente en su decisión de 2007, así como el papa Francisco no ha sido suficientemente misericorde hacia los pasadistas en su decisión disciplinar de 2021.
----------De lo que acabo de decir, surge evidente que el citado relato (narración maniquea de un motu proprio "bueno" y otro "malo"), en verdad, no es otra cosa que un montaje, una mistificación y simplemente una falsa narración. Las cosas no son en absoluto así, pues en el caso de uno y otro motu proprio se trata de decisiones disciplinares de ambos Papas, que pudieron haber actuado con mayor o menor prudencia y justicia, como ya he dicho. Aunque también hay que decir que, así como el papa Francisco en 2021 se ha dejado llevar por su marcada tendencia pastoral anti-tradicionalista (afectada acaso por ciertas tendencias teológicas modernistas), el papa Benedicto, por su propio alto perfil teológico (incluso no carente de antecedentes de incomprensiones tradicionalistas), se dejó llevar por tendencias teológicas que le hicieron decidirse por una lógica de paralelismo litúrgico general de dos modalidades del mismo Rito Romano, que jamás a lo largo de la historia había sido considerado concebible y que a todas luces no parece teológicamente razonable.
----------En tal sentido, como ya lo he explicado en varios artículos de años recientes, el motu proprio de 2021, aún cuando, a mi modesto parecer, estuviere afectado por lo que creo es una actitud inmisericorde hacia el grupo de los pasadistas, debe sin embargo reconocerse que simplemente ha restituido la condición litúrgica eclesial de Rito Romano a su régimen clásico y tradicional; considerando que el motu proprio del 2007 había interrumpido arbitrariamente, con imprudente y temeraria osadía, una tradición secular, que siempre ha considerado superado el rito precedente, cuando intervenía una reforma general.
----------Podría decirse que, en cierto modo, en 2007 se había introducido un principio posmoderno de apego ritual, que es individual y que como tal no contribuye a la comunión eclesial, sino que más bien destruye la unidad de la Iglesia, porque de hecho, cada sujeto y cada comunidad podía elegir, de modo arbitrario, qué modalidad de rito utilizar para celebrar la Eucaristía y todos los demás sacramentos y sacramentales.
----------Ciertamente de todo esto no hay que culpar a Summorum pontificum, pues, como expliqué en otros artículos, un documento disciplinar, en 2011, daba aplicación administrativa al motu proprio de 2007, llegando a construir un verdadero monstruo jurídico, pues debía considerarse grupo litúrgico habilitado para pedir la celebración con el Misal de 1962 a un grupo formado incluso solo por tres personas, ¡incluso pertenecientes a tres diócesis distintas! De este modo, con esta ficción jurídica verdaderamente escandalosa y de la cual en la Curia Romana nadie parecía darse cuenta, se multiplicaban artificiosamente las cosas: en tres diócesis podían formarse tres grupos de celebración de la que se llamaba "forma extraordinaria", compuestos solo por tres sujetos, pertenecientes cada uno a una diócesis distinta. Una verdadera mistificación eclesial y litúrgica que, desgraciadamente, se llevaba adelante ante la vista y el silencio del Papa.
----------Pero, como he dicho, no me quiero extender en estas consideraciones que bien conocen (y hasta de sobra) mis habituales lectores a través de mis publicaciones de recientes años; a las cuales remito a los nuevos lectores que estén interesados en estas cuestiones litúrgicas.
----------Lo que sí quisiera resaltar, antes de pasar a hablar de lo que verdaderamente quiero hablar hoy, es que respecto a la lucha litúrgica entre modernistas y pasadistas, mi opinión es que el actual Pontífice, que parece tan interesado en la paz en la Iglesia, se esforzará sin duda por encontrar una conexión jurídica entre las dos modalidades del Rito Romano, la actual y la de 1962 (mientras sea prudente dejarla vigente), reafirmando la voluntad del Concilio Vaticano II, de los Papas del postconcilio y del papa Francisco, que el Novus Ordo Missae sea oficialmente la única lex orandi, pero al mismo tiempo respetando la doctrina de Benedicto XVI en apoyo de la pluralidad de los ritos de la Misa, que constituye una riqueza maravillosa de las diversas posibilidades de celebrar la Misa, el único Sacrificio instituido por Cristo para nuestra salvación.
----------Mientras el Papa no haya encontrado la manera correcta de conectar estas dos modalidades del Rito Romano, la situación actual se agravará con inmenso escándalo y daño para la Iglesia. Y digo esto sobre todo en referencia a la cuestión doctrinal. Las dos modalidades del Rito Romano, como los otros reconocidos por la Iglesia, manifiestan de manera diferente la única doctrina del Magisterio sobre el valor de la Santa Misa. El Novus Ordo Missae refleja la aportación doctrinal del Concilio Vaticano II.
----------La división actual es causada principalmente por una falsa problemática y por la incomprensión recíproca: los pasadistas no aceptan las nuevas doctrinas del Concilio Vaticano II, y en base a esto consideran el Novus Ordo un rito filo-protestante; los modernistas, con el pretexto del Novus Ordo, rechazan los dogmas y la doctrina del Magisterio perenne, que son la base de la Santa Misa, para rechazar por ejemplo la transubstanciación o la satisfacción vicaria de Cristo o el sacerdocio o el sacrificio.
----------Para encontrar la paz dentro de la Iglesia, el papa León XIV deberá recordar a todos la unidad doctrinal de la Iglesia Católica, que es la base de los diversos ritos de la única Santa Misa instituida por nuestro Señor Jesucristo. Pero ahora vengamos a nuestro tema principal:
¿Fidelidad o nostalgia? ¿Qué es el pasadismo filo-lefebvriano?
----------En los últimos años, ha crecido dentro del seno de la Iglesia una sensibilidad que podríamos llamar "pasadista filolefebvriana". De este "pasadismo" en la Iglesia hemos venido hablando en este blog con bastante frecuencia. El papa Francisco lo llamó "indietrismo". Pues bien, se trata de una postura que, sin romper formalmente la comunión con Roma, adopta sin embargo actitudes doctrinales y litúrgicas cercanas al cisma lefebvriano, especialmente en su desconfianza hacia el Concilio Vaticano II y el magisterio postconciliar.
----------Ciertamente, este fenómeno no debe ser abordado con desprecio ni simplificación. En muchos casos, lo que llamamos sensibilidad pasadista nace de un amor sincero por la liturgia, de un deseo de reverencia, de un afán de mayor sacralidad, y de un dolor real ante abusos litúrgicos o confusión doctrinal. Pero cuando ese amor se convierte en criterio de juicio sobre la Iglesia misma, y esa desconfianza se transforma en resistencia sistemática al Magisterio, se cae en una tentación espiritual peligrosa: la de creerse más fiel que la propia Iglesia, o para decirlo más directamente, la de pretender conocer la Palabra de Cristo mejor que lo que la conoce el Papa, quien ha sido instituido por Cristo precisamente como su Vicario.
----------No son pocos los exponentes de esta postura que sostienen, explícita o implícitamente, que la Iglesia posterior al Concilio Vaticano II ha fallado, ha fracasado, vale decir, que ha entrado en una crisis doctrinal tan profunda que -dicen los pasadistas- ya no es confiable. En consecuencia, se aferran a formas litúrgicas o teológicas o disciplinarias anteriores al Concilio, como si esas "tradiciones" (tomando en cuenta la distinción entre Tradición y tradiciones, tan bien explicada por Congar) fueran el único refugio seguro de la fe verdadera. Esta actitud, aunque revestida de piedad, contradice un dogma fundamental de la fe católica: la indefectibilidad de la Iglesia. Como enseña el Concilio Vaticano I: "La Iglesia, edificada sobre Pedro, no puede jamás ser vencida por las puertas del infierno" (constitución dogmática Pastor aeternus, cap. 4). Y el Concilio Vaticano II reafirma: "La Iglesia, en su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anuncia la cruz y la muerte del Señor hasta que Él venga. Por el poder del Señor resucitado, se fortalece para vencer con paciencia y caridad sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y para revelar fielmente al mundo el misterio de su Señor" (constitución dogmática Lumen gentium, n.8).
----------Es indudable que la desconfianza sistemática hacia el Magisterio postconciliar no es una actitud que se corresponda a la fe cristiana, o sea, no es una virtud profética, sino una forma de autosuficiencia eclesial que termina por socavar la comunión eclesial. Como nos recordaba el papa Benedicto XVI: "No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia en el año 1962, esto debe quedar muy claro para quienes se sienten verdaderamente tradicionales" (Carta a los obispos, 2007).
----------La respuesta apologética que se debe dar a estas actitudes de los pasadistas puede resumirse en cuatro palabras: fidelidad no es fijación. La verdadera fidelidad no consiste en conservar formas del pasado como si fueran intocables, sino en permanecer en comunión con la Iglesia viva, guiada por el Espíritu Santo. La Tradición no es un archivo muerto, sino un río que fluye desde los Apóstoles hasta hoy, bajo la infalible custodia del Magisterio. Cuando un grupo se erige en "garante de la verdadera fe" frente a la Iglesia universal, está cayendo en una forma de pelagianismo eclesial: como si la pureza de la fe dependiera de su esfuerzo por conservarla, y no de la promesa de Cristo de asistir a su Iglesia hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28,20).
----------Ciertamente una respuesta meramente condenatoria hacia el actual pasadismo filolefebvriano, por más fundamentada y bien argumentada que fuere, vendría a faltar a la justicia y a la misericordia si no estuviera mediada por el diálogo, que es también un deber si se quiere ser fiel a este estilo sinodal que tanto ha sido subrayado por el papa Francisco y al que se ha venido refiriendo en los mismos términos el papa León en estos inicios de su pontificado. Podríamos enunciar tres claves para este diálogo: 1. Ante todo escuchar el dolor de muchas personas pasadistas que han sido testigos de abusos litúrgicos o de banalizaciones doctrinales; un sufrimiento que es importante valorizar en su debida dimensión, aunque sin justificar la ruptura. 2. Mostrar la continuidad en la enseñanza infalible de la Iglesia, usando textos del Magisterio reciente que muestran la fidelidad al depósito de la fe (por ejemplo, las encíclicas Veritatis Splendor, Fides et Ratio, y por supuesto, el Catecismo de la Iglesia Católica, por mencionar tres claros documentos, aunque ciertamente todos los textos del Magisterio manifiestan la continuidad doctrinal). 3. Invitar a la confianza, recordando que el Espíritu no abandona a la Iglesia, y que la obediencia filial es camino de santidad, no de sumisión ciega.
Tradición o arqueología: el error de absolutizar el pasado
----------Uno de los errores doctrinales más frecuentes en los ambientes pasadistas filolefebvrianos es el de reducir la Sagrada Tradición a una etapa histórica concreta y determinada, generalmente identificada con el período tridentino o bien con el magisterio preconciliar del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta postura indietrista, aunque revestida de veneración por el pasado, traiciona el verdadero sentido católico de la Tradición, que no es un archivo muerto o un museo, sino una realidad viva y dinámica.
----------La noción de Tradición viva es una clarísima enseñanza del Concilio Vaticano II. En la Constitución dogmática Dei Verbum n.8, se enseña con absoluta claridad: "La Tradición que viene de los Apóstoles progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: crece la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, tanto por la contemplación y el estudio de los creyentes [...] como por la predicación de los que con la sucesión episcopal han recibido el carisma cierto de la verdad". O sea, la Tradición es una realidad viva, progresa. Pero el término "progreso" a veces parece ser mala palabra para el pasadismo.
----------La mencionada afirmación del Concilio retoma la enseñanza patrística, especialmente de san Vicente de Lerins, quien hablaba de un desarrollo doctrinal "eodem sensu eademque sententia" (con el mismo sentido y la misma intención). La Tradición no es repetición literal, sino crecimiento orgánico en la comprensión del depósito revelado. Por consiguiente, el reducir la Tradición a una forma litúrgica o a un estilo teológico o a una época concreta, es negar su vitalidad, y por tanto, su catolicidad. Es convertirla en arqueología o en museo, en lugar de reconocerla como el cauce vivo por el que el Espíritu Santo sigue guiando a la Iglesia.
----------Vale tener presente que el error arqueologista no es sólo de ahora, sino que es una antigua tentación, es un error que no es nuevo. Ya en el siglo XX, el papa Pío XII lo denunció en la encíclica Mediator Dei (1947), al advertir contra el "arqueologismo litúrgico": "Es un error pensar que la liturgia antigua es necesariamente mejor o más pura que la moderna. [...] El deseo de restaurar todas las cosas a su forma antigua puede ser una desviación peligrosa si se hace sin discernimiento" (Mediator Dei, n.61).
----------Curiosamente, muchos pasadistas que se presentan como fieles a Pío XII ignoran esta advertencia suya, y absolutizan formas litúrgicas o teológicas anteriores al Concilio como si fueran intocables. Pero la verdadera fidelidad no consiste en congelar el pasado, sino en discernir su continuidad viva en el presente.
----------Nos puede ser de utilidad en esta reflexión mostrar algunos ejemplos históricos del indisoluble vínculo entre Tradición y desarrollo. La historia de la Iglesia muestra que la Tradición ha conocido auténticos desarrollos doctrinales, que no contradicen el depósito de la fe, sino que lo explicitan con mayor claridad. Por ejemplo, el dogma de la consustancialidad del Hijo (Concilio de Nicea, del 325) no está formulado explícitamente en la Escritura, pero expresa su verdad con precisión.
----------Un segundo ejemplo es la definición de la Inmaculada Concepción (por Pío IX, en 1854) y la definición del dogma de la Asunción (por Pío XII, en 1950), pues ambos son desarrollos orgánicos de la fe mariana presente desde los tiempos de los Padres. Finalmente, un tercer ejemplo que podríamos indicar aquí es la doctrina sobre la libertad religiosa (en la declaración Dignitatis Humanae, de 1965), que no contradice enseñanzas anteriores, sino que distingue entre el error y la persona que yerra, en un contexto histórico nuevo. Estos tres ejemplos (existen por supuesto muchos más) muestran que la fidelidad a la Tradición no implica inmovilismo y rigidez, sino apertura al crecimiento de la Tradición viva bajo la guía del Espíritu. La Sagrada Tradición no es un museo, sino un río que fluye desde los Apóstoles hasta hoy.
----------Ciertamente, en relación al arqueologismo pasadista tampoco vale una actitud de simple condena, que sería injusta e inmisericorde. Aquí también es necesario el diálogo sinodal, para el cual se pueden sugerir un puñado de claves: 1. Evitar caricaturas, pues no se trata de despreciar el pasado, sino de integrarlo en una visión viva y orgánica de la Tradición. 2. Mostrar ejemplos de desarrollo doctrinal, desde los Padres hasta el Vaticano II, la Iglesia ha crecido en su comprensión del depósito de la fe. 3. Citar a Pío XII y Benedicto XVI, pues ambos defendieron la Tradición viva frente a los extremos del arqueologismo y del rupturismo. 4. Invitar a la confianza en el Espíritu Santo, porque quien ha guiado a Trento es el mismo que asistió al Vaticano II.
Magisterio a la carta: el error del criterio selectivo
----------Uno de los síntomas más preocupantes del pasadismo filolefebvriano es la actitud de magisterio selectivo: una disposición que acepta solo aquellas enseñanzas del Papa o del Colegio Episcopal que coinciden con una sensibilidad teológica o litúrgica determinada, y que descarta o relativiza todo lo que se percibe como "moderno", "ambiguo" o "pastoral". Esta actitud, aunque a veces se presenta como "discernimiento", es en realidad una forma de juicio privado sobre el Magisterio, incompatible con la fe católica.
----------Lo primero que debe decirse respecto a este "magisterio a la carta", es que el Magisterio de la Iglesia funciona como criterio, no como opción. La fe católica no consiste en adherirse a una colección de doctrinas elegidas según afinidad personal, sino en una obediencia confiada al Magisterio vivo de la Iglesia, que custodia e interpreta el depósito de la fe. Como enseña el Concilio Vaticano II: "Este asentimiento religioso de la voluntad y del entendimiento debe prestarse de modo particular al magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex cathedra" (Lumen gentium, n.25). Si el Concilio nos invita a semejante respeto aún cuando el Papa no habla con Maestro de la Fe y de la moral cristianas, con cuánto mayor respeto debemos sentirnos vinculados con la enseñanza del Romano Pontífice cuando habla en su oficio docente (vale decir, en aquellos tres grados de autoridad de los que san Juan Pablo II habla en la carta Ad tuendam Fidem).
----------El Papa y los Obispos en comunión con él no son meros comentaristas de la Tradición, sino autorizados intérpretes. Cuando un fiel se reserva el derecho de aceptar solo lo que coincide con su sensibilidad, está invirtiendo el orden: ya no es el Magisterio quien juzga las opiniones privadas, sino al revés.
----------Estoy refiriéndome al peligro de un "catolicismo condicionado". Esta actitud selectiva frente al Magisterio de la Iglesia tampoco es nueva. San Ireneo ya advertía contra quienes "aceptan algunas cosas de la Tradición apostólica y rechazan otras" (Adversus Haereses, I, 31). En tiempos modernos, el papa Pío XII denunció el mismo error en la encíclica Humani generis (1950): "Algunos se comportan como si el Magisterio de la Iglesia fuera una opinión más entre otras, y no la norma próxima de la fe." Se trata, al fin de cuentas, de un error de fe que tiene por resultado un "catolicismo condicionado", donde la comunión con la Iglesia queda subordinada a criterios personales, ideológicos o estéticos. Esta actitud, aunque no siempre desemboca en cisma formal, rompe de hecho la comunión práctica con el Magisterio y, por ende, la comunión eclesial.
----------En esta materia, las objeciones más frecuentes del pasadismo filolefebvriano son las siguientes: 1. Suele decirse: "El Papa actual no enseña con claridad". Pero la claridad no es el único criterio de verdad. La fe exige confianza en que el Espíritu Santo asiste al Papa, incluso en su personal estilo pastoral. 2. Se dice: "El Concilio Vaticano II no definió dogmas". Aunque no definió dogmas nuevos, sí propuso enseñanzas doctrinales vinculantes, pues gozan de inerrancia. El Magisterio ordinario también exige asentimiento. 3. También suelen afirmar los pasadistas: "Yo sigo la Tradición, no las novedades". Pero la Tradición no es una alternativa al Magisterio, sino que vive en él. Separar ambos es protestantizar la fe.
----------Nuevamente aquí, es necesario buscar junto a los pasadistas claves para el diálogo, evitando la inmediata condena de su "magisterio a la carta" o su "catolicismo condicionado", por más fundamentados que estén nuestros argumentos de condena. Indico aquí, a modo de sugerencias, cuatro claves para el diálogo sinodal: 1. Evitar la confrontación directa: en lugar de acusar de desobediencia, invitar a reflexionar sobre el fundamento de la fe católica: la comunión con Pedro. 2. Citar a santos obedientes: como san Ignacio de Loyola, que decía: "Debo tener por cierto que lo blanco que yo veo, si la Iglesia lo define negro, debo creer que es negro". 3. Mostrar la continuidad doctrinal: por ejemplo, cómo la encíclica Veritatis Splendor (1993) reafirma la moral tradicional en plena era postconciliar. 4. Invitar a la confianza: recordar que la obediencia al Magisterio no es servilismo, sino un acto de fe en la acción del Espíritu Santo.
El Concilio Vaticano II en disputa
----------Uno de los rasgos más característicos del pasadismo filolefebvriano es su rechazo práctico del Concilio Vaticano II. Aunque no siempre se niega formalmente su legitimidad, se lo considera "solo pastoral", ambiguo o incluso dañino. En consecuencia, se lo margina en la enseñanza, se lo omite en la formación, y se lo interpreta como una ruptura con la Tradición. Esta actitud, más que una crítica teológica legítima, constituye una resistencia doctrinal y eclesial que pone en duda la acción del Espíritu Santo en la Iglesia.
----------Una de las objeciones más frecuentes del pasadismo es que el Vaticano II no definió dogmas nuevos y, por tanto, no sería doctrinalmente vinculante. Esta afirmación es engañosa. Es cierto que el Concilio no definió dogmas de fide definita, pero sí propuso enseñanzas doctrinales del magisterio ordinario universal, que exigen asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad (cf. Lumen gentium, n.25). Como tantas veces lo hemos explicado, fundamentado y demostrado, en los tres grados de autoridad magisterial puestos en claro por la carta Ad tuendam Fidem de san Juan Pablo II, el Romano Pontífice es infalible.
----------Como recordaba el papa Benedicto XVI: "Todo católico coherente debe aceptar toda la doctrina del Concilio Vaticano II como verdadera. No es cierto que el Concilio haya sido la causa de la crisis eclesial postconciliar". Por su parte, el papa san Paulo VI también fue claro sobre esta materia: "Nada de lo que se ha definido en el Concilio está en contradicción con la Tradición. El Concilio ha sido una gran gracia para la Iglesia" (Audiencia general del 12 de enero de 1966).
----------La hermenéutica de la continuidad es la clave de lectura de los documentos finales del Concilio Vaticano II. En su célebre discurso a la Curia Romana, el 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI identificó dos formas opuestas de interpretar el Concilio: 1. la hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura, que ve al Vaticano II como un nuevo comienzo, en ruptura con la Tradición. 2. La hermenéutica de la reforma en la continuidad, que reconoce en el Concilio una profundización orgánica de la doctrina católica. En el discurso antes citado, expresó Benedicto: "El Concilio Vaticano II no ha querido romper con la Tradición, sino más bien profundizarla. [...] En los tres ámbitos principales -la relación con la ciencia, con el Estado moderno y con las religiones- el Concilio ha desarrollado la doctrina católica de forma coherente con su identidad permanente". Esta hermenéutica no es una concesión diplomática, sino una exigencia teológica: la Iglesia no puede contradecirse a sí misma, porque es guiada por el Espíritu de Cristo, que es el Espíritu de la verdad (cf. Jn 16,13).
----------Si queremos, como el médico lo hace con las enfermedades del cuerpo, hacer un diagnóstico de esta enfermedad del alma del católico que es el rechazo práctico al Concilio Vaticano II, deberíamos decir que esta enfermedad espiritual se manifiesta en actitudes como: el omitir sistemáticamente sus documentos en la formación teológica; el desacreditar sus enseñanzas sobre libertad religiosa, ecumenismo o colegialidad; el presentar el Magisterio postconciliar como "sospechoso" o "ambiguo"; el contraponer una Iglesia "preconciliar" fiel a una Iglesia "postconciliar" desviada. Estas actitudes, aunque no siempre explícitas, erosionan la comunión eclesial y alimentan una visión cismática de la historia de la Iglesia. Como advierte el documento Donum Veritatis (1990): "No se puede apelar a una Tradición contra el Magisterio actual. [...] El Magisterio no es superior a la Palabra de Dios, pero es su servidor fiel, y su juicio debe ser acogido con docilidad" (nn. 24–25).
----------Ahora bien, ¿cuál debe ser nuestra actitud si nos encontramos con un hermano católico pasadista que nos manifiesta esta postura de rechazo frente al Concilio Vaticano II? Pues bien, nuevamente, lejos de toda actitud de mera condena, intentemos discernir algunas claves para el diálogo, que podrían ser tal vez las siguientes: 1. Reconocer los abusos postconciliares, pero distinguiéndolos del Concilio mismo. Como dijo san Paulo VI, "la autodemolición de la Iglesia" no fue causada por el Concilio, sino por su mala interpretación. 2. Mostrar la continuidad doctrinal entre el Vaticano II y el magisterio anterior, especialmente en temas como la Revelación (Dei Verbum), la liturgia (Sacrosanctum Concilium) y la Iglesia (Lumen Gentium). 3. Citar a Benedicto XVI como testigo privilegiado de la fidelidad del Concilio a la Tradición. 4. Invitar a leer los documentos conciliares directamente, sin filtros ideológicos, para descubrir su riqueza espiritual y doctrinal.
El error del liturgicismo identitario
----------En ciertos ambientes pasadistas filolefebvrianos, la Misa celebrada según el Misal Romano de 1962 (también mal llamada "misa tridentina", o como fue llamada entre 2007 y 2021: "forma extraordinaria del rito romano") ha dejado de ser una forma legítima entre otras (dependiendo de lo que establezca la ley de la Iglesia) para convertirse entre los pasadistas en un marcador identitario excluyente. Esta absolutización de una forma litúrgica concreta, acompañada del desprecio hacia el Novus Ordo Missae establecido en 1969, constituye lo que podríamos llamar un hiperliturgismo o liturgicismo identitario. Un fenómeno que no debe entenderse simplemente como preferencia estética o espiritual, sino como distorsión doctrinal y eclesial que convierte a la liturgia en un instrumento de división, en un campo de batalla, en lugar de ser sacramento de unidad.
----------No hay duda que la liturgia es sacramento de unidad. La liturgia no es una creación humana, ni un campo de expresión ideológica, sino la acción de Cristo y de la Iglesia. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: "La liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. [...] En ella, el culto público íntegro es ejercido por el Cuerpo Místico de Cristo, es decir, por la Cabeza y sus miembros" (n.1070).
----------Por eso, la liturgia debe ser "expresión de la unidad de la Iglesia", no de su fragmentación. El papa Francisco lo recordaba en Traditionis custodes (2021): "Las acciones litúrgicas no son la propiedad privada de nadie, ni del celebrante ni de la comunidad. [...] El uso de los libros litúrgicos anteriores a la reforma de 1970 ha sido utilizado para reforzar divergencias, y eso contradice la comunión eclesial."
----------Indudablemente, el exclusivismo litúrgico es un error. El Misal de 1962 es una forma venerable del rito romano, y su uso ha sido legítimamente permitido por la Iglesia y aún hoy sigue siendo permitido, en las debidas condiciones. Sin embargo, cuando se afirma que "es la única forma verdaderamente católica", o que el Novus Ordo es un rito "protestantizado", "irreverente" o "inválido en la práctica" (que son todas ellas expresiones que se escuchan en ámbitos pasadistas), se incurre en un error doctrinal grave.
----------Este exclusivismo litúrgico implica, por un lado, una ruptura con la autoridad del Romano Pontífice, que ha aprobado y promovido el Misal de 1970; por otro lado es una negación práctica de la validez y santidad del Novus Ordo Missae, lo cual contradice la enseñanza de la Iglesia; y además implica una reprobable instrumentalización ideológica de la liturgia, que deja de ser oración para convertirse en bandera de resistencia.
----------Como contrapeso a este error del pasadismo filolefebvriano, hay que reconocer que existen en la actualidad ejemplos positivos de tradiciones litúrgicas en comunión. Existen comunidades que celebran la Misa según el Misal de 1962 en plena comunión con el Papa, sin caer en exclusivismos ni rechazos doctrinales. Algunos ejemplos son la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro (FSSP), erigida por san Juan Pablo II en 1988, el Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote (ICRSS), que combina solemnidad litúrgica con fidelidad al Papa, o el Monasterio de Le Barroux, que celebra la liturgia tradicional con obediencia y apertura. Estas comunidades muestran que es posible amar las tradiciones litúrgicas del pasado sin romper la comunión, y que la belleza litúrgica no está reñida con la fidelidad al Magisterio.
----------Como se ha señalado en los apartados anteriores, sería un craso error pastoral la mera y simple condena del liturgicismo identitario. Por eso propongo algunas claves para el diálogo: 1. Reconocer el valor espiritual de la Misa de 1962, sin absolutizarla ni oponerla al Novus Ordo Missae. 2. Mostrar la continuidad litúrgica entre el vetus ordo (de cualquier época de la Iglesia) con el Novus Ordo, especialmente en la estructura del sacrificio eucarístico. 3. Citar a Benedicto XVI y a Francisco como testigos de una visión integradora de la liturgia. 4. Invitar a vivir la liturgia como comunión, no como trinchera ideológica.
Conclusión pastoral: Tradición sin ruptura, fidelidad sin soberbia
----------Teniendo en cuenta todo lo que con detenimiento hemos examinado acerca de los errores doctrinales más frecuentes en ambientes pasadistas filolefebvrianos, como la desconfianza hacia el Magisterio, la reducción de la Tradición a una época, el magisterio selectivo, el rechazo práctico del Concilio Vaticano II y la absolutización de una forma litúrgica, podemos advertir, finalmente, que en todos estos casos, el problema no es simplemente una preferencia legítima o una sensibilidad espiritual que podrían ser respetables, sino una actitud interior de juicio sobre la Iglesia, que termina por erosionar la comunión.
----------Esta tentación no es nueva. El Evangelio nos muestra que incluso los discípulos más cercanos a Jesús podían caer en ella. Pedro quiso corregir al Maestro cuando este anunció su pasión (cf. Mt 16,22). Juan y Santiago querían hacer descender fuego sobre los samaritanos (cf. Lc 9,54). Todos ellos amaban al Señor, pero confundieron el celo con el juicio, la fidelidad con el control.
----------Hoy también, muchos católicos sinceros, heridos por la confusión o escandalizados por abusos, corren el riesgo de encerrarse en una "pureza" farisaica que los separa de la Iglesia viva. Pero la fidelidad auténtica no se mide por la rigidez, sino por la obediencia confiada, incluso cuando no se comprende todo.
----------Debemos tratar de comprender, y hacer comprender a los que yerran, que la Tradición viva es en verdad un don que se recibe por gracia, no una bandera que se agita como estandarte en la batalla ni un redoblante que marcha al frente de la infantería golpeando agitado contra el presente, ni un refugio para almas temerosas. Es un don que se recibe en la comunión de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo. Como enseñó Benedicto XVI: "La verdadera renovación de la Iglesia no consiste en rupturas, sino en una fidelidad creativa a la Tradición viva" (Discurso a la Curia, 2005). Esta fidelidad creativa no teme al progresivo desarrollo doctrinal, no absolutiza formas históricas, no juzga al Magisterio desde fuera. Al contrario: se deja formar por la Iglesia, incluso cuando eso implica renunciar a seguridades personales o a nostalgias idealizadas.
----------Todos los miembros del Pueblo de Dios, que es la Iglesia, debemos descubrir juntos, sinodalmente, los caminos de reconciliación que nos hagan vivir la Tradición y las tradiciones en comunión. Para quienes han sido atraídos por el pasadismo, pero desean vivir en plena comunión con la Iglesia, hay caminos concretos de reconciliación: 1. Leer los documentos del Concilio Vaticano II con espíritu filial, no con sospecha. 2. Redescubrir la riqueza del Magisterio postconciliar, especialmente en san Juan Pablo II y Benedicto XVI. 3. Participar en comunidades que celebran la liturgia tradicional en obediencia al Papa. 4. Formarse en una teología que une fidelidad a la Tradición y apertura a los signos de nuestro tiempo. 5. Buscar acompañamiento espiritual que no alimente la desconfianza, sino la confianza en la acción del Espíritu.
----------Finalizando ya nuestra reflexión, deberíamos recordarnos (y recordarles a los pasadistas con los cuales la divina Providencia nos permita dialogar) que Pedro sigue en la barca. La Iglesia atraviesa tormentas, claro que sí, como siempre. Pero Cristo no ha abandonado la barca. Pedro, su Vicario, sigue en ella, con sus luces y sombras, y la obediencia a Pedro sigue siendo el criterio de comunión. No hay santidad sin comunión, ni comunión sin obediencia. Como decía san Ignacio de Loyola: "Debo estar siempre dispuesto a obedecer a la Iglesia jerárquica, creyendo que entre Cristo nuestro Señor, esposo, y la Iglesia su esposa, hay el mismo espíritu que nos gobierna y rige para la salvación de nuestras almas."
----------Como se ha podido advertir, no he querido esta vez limitarme a una refutación de errores, sino a tratar de elaborar una invitación a la confianza, a la humildad y a la comunión; porque solo en la Iglesia, y no contra ella, se puede vivir la Tradición con verdad.
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Un análisis delicado (impensable hace tres meses) pero radicalmente insuficiente. Silencia mucho. Pero bueno, es un avance.
ResponderEliminarEstimado Ludovicus,
Eliminargracias por su comentario, tan breve como sugerente. Confieso que me ha dejado pensando, no tanto por lo que dice, sino por lo que -según usted mismo- calla. Permítame, entonces, detenerme un momento en su enigmática intervención, no para polemizar, sino para comprender mejor lo que usted insinúa sin que se anime a desarrollarlo.
Usted afirma que el artículo es "un análisis delicado (impensable hace tres meses) pero radicalmente insuficiente. Silencia mucho. Pero bueno, es un avance." Cada una de estas frases merece, creo, una mínima clarificación.
1. "Impensable hace tres meses". ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Se refiere a la muerte del papa Francisco? ¿A un presunto cambio de clima eclesial? ¿A una supuesta liberación del decir que antes habría sido reprimido? Si es así, me temo que sobreestima usted tanto el poder de los Romanos Pontífices como la docilidad de los blogueros.
2. "Radicalmente insuficiente". ¿En qué sentido? ¿Doctrinal, histórico, estratégico, afectivo? ¿Qué faltó? ¿Qué sobró? ¿Qué esperaba usted encontrar y no halló? La crítica, para ser fecunda, necesita al menos un esbozo de argumento. De lo contrario, se parece más a un gesto de desdén que a una contribución al discernimiento.
3. "Silencia mucho". ¿Qué es ese "mucho"? ¿Lo doctrinal? ¿Lo disciplinar? ¿Lo emocional? ¿Lo que usted habría dicho si escribiera, pero que prefiere sugerir desde el margen? El silencio puede ser prudencia, pero también puede ser estrategia. Y cuando se acusa a otro de callar, conviene hablar con claridad, para no ser eventual objeto de la misma acusación.
4. "Es un avance". ¿Hacia dónde? ¿Hacia la verdad? ¿O hacia las ideologías? ¿Hacia el modernismo? ¿Hacia el pasadismo? ¿Hacia la apostasía? ¿Hacia el reconocimiento de errores pasados? ¿Hacia la rendición ante el mundo? ¿O simplemente hacia una forma de catolicismo que no coincide con la suya? ¿O quizás espera que yo avance hacia posiciones como la suya? La palabra "avance" es generosa, pero sin dirección, se vuelve ambigua. No me dice nada.
5. Finalmente, su comentario -por su brevedad, su tono críptico y su falta de desarrollo- parece más una migaja lanzada desde cierta altura que una invitación al diálogo. Y sin embargo, aquí estamos: recogiendo la migaja, no para alimentarnos de ella, sino para examinar su procedencia.
Si desea continuar la conversación, será bienvenido. Pero le agradecería que, en la próxima ocasión, en lugar de lanzar una consigna, se anime a ofrecer un argumento. Porque el debate católico no se construye con insinuaciones, sino con razones. Y si hay algo que este blog intenta -con sus límites, sin duda- es precisamente eso: razonar la fe (teología), incluso cuando incomoda.
1. Afirmativo, es obvio
Eliminar2. Es insuficiente en cuanto no se hace cargo de la crítica a los crasos defectos del NO, empezando por los orígenes.
3. Silencia todo el pontificado de Bergoglio, y su ¨magisterio¨ (pena de muerte, bendición homosexual, comunión a los adúlteros, demencial interconfesionalismo, sincretismo bestial)
4. Es un avance en la comprensión, hace poco estaba fulminando al VO, ahora parece tener mucha más benevolencia. Es tiempo de acoger a los ortodoxos, de lo contrario quedarán como Bergoglio: haciéndose escribir sus documentos (TC) por Andrea Grillo. Lo celebro.
Saludos
Estimado Ludovicus,
Eliminarle agradezco su nueva intervención, algo más explícita que la anterior, aunque no demasiado. Como ya señalé, no escribo estas líneas para polemizar con usted —aunque no rehúyo el debate— sino para ofrecer a los lectores de este blog una ocasión de discernimiento. Porque su comentario, más allá del tono, refleja tensiones reales que atraviesan hoy la conciencia católica: entre fidelidad y reacción, entre crítica legítima y desdén, entre celo por la verdad y tentación de la amargura.
Además, su modo de expresarse se parece mucho al de varios fieles que conozco —especialmente en Mendoza— afectados por formas diversas de pasadismo. Y a ellos, sobre todo, me debo. Por eso, aunque sé que será difícil (nunca imposible) hacerle cambiar de postura, le agradezco su intervención: me permite ayudar a otros que siguen este diálogo desde el silencio.
Permítame, entonces, responderle punto por punto. No para convencerlo —usted parece tener sus juicios ya formados— sino para razonar, una vez más, la fe. Incluso cuando incomoda.
1. “Afirmativo, es obvio”.
EliminarLo obvio rara vez lo es para todos. Y cuando alguien se limita a declarar algo “obvio” sin explicarlo, suele estar más interesado en clausurar la conversación que en abrirla. Pero aquí no estamos para repetir consignas, sino para pensar.
¿Es “obvio” que este artículo habría sido impensable hace tres meses? ¿Por qué? ¿Qué ha cambiado? ¿La muerte del Papa Francisco? ¿El clima eclesial? ¿La percepción de ciertos sectores? ¿O simplemente su disposición personal, Ludovicus, a leer con menos sospecha? Ojalá fuera esto último —aunque, francamente, no lo parece.
Tengo la impresión de que usted quiere decirme que ahora, con el Papa León, es “obvio” que se puede hablar con más libertad. No es mi caso. Hablo del Papa León con la misma libertad con la que hablaba del Papa Francisco (puede revisar todo este blog y, si encuentra lo contrario, será bienvenido a objetarlo).
Esa libertad no nace de un clima eclesial más o menos favorable, sino de una convicción doctrinal, que es la fe en el Romano Pontífice como Maestro de la Fe y Pastor del Pueblo de Dios: saber distinguir, por un lado, lo que pertenece al depósito de la fe, o sea a toda la enseñanza doctrinal del Papa —donde contradecir al Papa sería caer en herejía o en otros errores— y, por otro, lo que pertenece al ámbito pastoral-disciplinar-gubernativo, donde puede ejercerse, llegado el caso, un respetuoso disenso, siempre dentro de la obediencia debida a las directrices del Papa.
Esto que digo no es una estrategia personal, sino una norma general para todo autentico católico. Y en lo que a mí respecta, no he cambiado mi actitud ni podría cambiarla sin traicionar esa norma.
2. “Es insuficiente en cuanto no se hace cargo de la crítica a los crasos defectos del NO, empezando por los orígenes.”
EliminarInsuficiente, sí… pero ¿respecto de qué? El artículo no pretendía ser una crítica al Novus Ordo, ni una genealogía de sus defectos. Su objeto era otro: comprender el fenómeno del pasadismo y ayudar a quienes lo encarnan, sin caricaturizarlos ni canonizarlos. Pedirle a un texto que diga todo es no entender lo que un texto puede y debe hacer.
Ahora bien, si usted quiere abrir el debate sobre los “crasos defectos” del Novus Ordo, será necesario precisar: ¿habla usted de defectos accidentales, derivados de abusos litúrgicos, o de defectos estructurales, inherentes al rito mismo? ¿Se refiere a su forma celebrativa concreta, a su teología subyacente, a su proceso de reforma, o a su recepción pastoral?
Porque si lo que usted exige es una condena global del Novus Ordo “desde sus orígenes”, entonces no estamos ya ante una crítica legítima, sino ante una descalificación total que roza el rechazo de la reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II y promulgada por san Paulo VI. Y eso, estimado Ludovicus, no es simplemente una opinión discutible: es una posición eclesialmente grave.
¿Hay espacio para una crítica seria, documentada, respetuosa, incluso severa, de ciertos aspectos del Novus Ordo? Por supuesto. Pero esa crítica debe hacerse desde dentro de la comunión eclesial, no desde la lógica del desprecio. Y sobre todo, debe hacerse con argumentos, no con adjetivos.
3. “Silencia todo el pontificado de Bergoglio, y su ‘magisterio’ (pena de muerte, bendición homosexual, comunión a los adúlteros, demencial interconfesionalismo, sincretismo bestial)”
No, el artículo no silencia el pontificado de Francisco: simplemente no lo tematiza, y no lo hace porque su objeto o tema era otro. El silencio no siempre es omisión: a veces es enfoque. Y cuando se acusa a otro de callar, conviene hablar con precisión, para no incurrir en la misma falta que se denuncia. Por lo demás, me pregunto: ¿ha venido leyendo usted verdaderamente mis artículos en este blog? Desde 2020 una gran parte de ellos han tenido como tema el pontificado de Francisco, ayudando a mis lectores a entender las expresiones y las acciones del Papa.
Ahora bien, ya que usted menciona el pontificado de Francisco, conviene distinguir. No todo lo que usted enumera pertenece al Magisterio pontificio. Algunas de esas cuestiones son actos pastorales, otras son decisiones disciplinares, otras son expresiones ambiguas, y otras efectivamente implican un desarrollo doctrinal que es necesario aceptar por fe y luego merece ser estudiado con rigor por la teología. Pero agruparlo todo bajo la etiqueta de “magisterio” entre comillas, y despacharlo con adjetivos como “demencial” o “bestial”, no es teología: es visceralidad. Usted parecer tenerla de sobra, se la conozco desde hace años. Debería moderarla gradualmente.
¿Ha habido y hay motivos para la preocupación? Sí, y mis esfuerzos en el blog testimonian que me he hecho cargo de esa preocupación. ¿Hay ambigüedades que deben ser clarificadas? También, y leyendo mi blog comprobará que me hice cargo de tales ambigüedades, las he individuado y disuelto explicitándolas. Pero el juicio católico no se ejerce desde la indignación, sino desde el discernimiento. Y ese discernimiento exige distinguir entre lo que compromete la fe, lo que afecta la disciplina, lo que confunde pastoralmente, y lo que simplemente desagrada subjetivamente.
Por eso, este blog no se suma al coro de los que gritan, ni al de los que aplauden sin pensar. Intenta, con sus límites, razonar la fe. Y eso incluye —cuando es necesario— examinar críticamente ciertos actos del pontificado de Francisco. Pero no desde el resentimiento, sino desde la comunión eclesial. No desde la sospecha sistemática, sino desde la fidelidad lúcida.
4. “Es un avance en la comprensión, hace poco estaba fulminando al VO, ahora parece tener mucha más benevolencia. Es tiempo de acoger a los ortodoxos, de lo contrario quedarán como Bergoglio: haciéndose escribir sus documentos (TC) por Andrea Grillo. Lo celebro.”
EliminarCelebro que lo celebre, aunque no estoy seguro de que celebremos lo mismo. Si usted ha notado un cambio de tono en el artículo, no es porque haya cambiado mi juicio doctrinal sobre la Misa (no podría cambiarlo, pues está fundado en la fe) ni mi opinión sobre la cuestión litúrgica (aunque, como ya he dicho muchas veces no soy especialista competente en liturgia), sino porque he intentado comprender mejor a quienes adhieren al Misal abrogado de 1962 sin caer en el pasadismo. Y esa comprensión no es concesión, sino justicia y misericordia.
Nunca “fulminé” al Vetus Ordo, ni podría hacerlo, pues sigue siendo y lo será siempre -al menos dogmáticamente- lex orandi -aunque hoy no lo sea litúrgicamente. Lo que he criticado —y seguiré criticando— es sobre todo el uso ideológico del rito antiguo, cuando se convierte en bandera de superioridad espiritual, en refugio de resentimiento o en plataforma de desobediencia. Pero el rito en sí del Misal de 1962, como expresión legítima de la lex orandi de la Iglesia, merece respeto, y quienes han recibido permiso para vivirlo con humildad y fidelidad, merecen acogida.
Ahora bien, su frase “es tiempo de acoger a los ortodoxos” parece sugerir que quienes adhieren al Vetus Ordo con espíritu pasadista son los únicos guardianes de la ortodoxia. Pero la ortodoxia no se define por la nostalgia ni por la crítica sistemática al presente, sino por la fidelidad integral al depósito de la fe, vivido en comunión con la Iglesia. Y esa comunión no se mide por la forma del rito, sino por la forma de la caridad.
En cuanto a la comparación con el Papa Francisco y Andrea Grillo, permítame no seguir ese camino. Este blog no se escribe por encargo, ni responde a consignas. Y si algo intento evitar, es precisamente eso: que la teología se convierta en instrumento de facción, sea modernista o pasadista.
Si he progresado en algo, espero que haya sido en la caridad. Porque sin ella, toda ortodoxia se vuelve ruido.
5. “Saludos”.
Se los retribuyo cordialmente. Aunque, a decir verdad, su comentario —por su tono, su brevedad y su falta de desarrollo— se parece más a una consigna lanzada desde cierta altura que a una invitación al diálogo. Y sin embargo, aquí estamos: recogiendo esa consigna, no para alimentarnos de ella, sino para examinar su procedencia y sus presupuestos.
Porque si algo necesita hoy la Iglesia, no es más indignación, sino más inteligencia espiritual. Y si algo necesita el debate católico, no es más consignas, sino más razones.
Por eso, si desea continuar la conversación, será bienvenido. Pero le agradecería que, en la próxima ocasión, en lugar de lanzar un juicio, se anime a ofrecer un argumento. No pido mucho: al menos un argumento. Aunque sé que a usted le cuesta —lo digo con respeto—, pues he seguido sus intervenciones durante años: sus publicaciones, sus artículos, sus gritos desde lo alto...
No han faltado amigos que me han sugerido no hablar con usted, “porque es imposible”. Y los he refutado al instante: ¡afirmar tal imposibilidad es declarar a alguien incapaz de conversión! Y eso, como católico, no puedo aceptarlo.
Valoro su pasión por las cosas, y su deseo sincero de ser fiel a la fe. Pero la fe se razona, incluso cuando incomoda. Y si este blog intenta algo —con sus límites, sin duda— es precisamente eso: razonar la fe, con claridad y con caridad.
Estimado Ludovicus,
Eliminarno soy teóloga ni polemista, y seguramente no tengo las herramientas para responderle punto por punto como lo ha hecho el padre Filemón..., con tanta claridad y paciencia. Pero como lectora habitual de este blog, y como hermana en la fe, me atrevo a decirle algo desde otro lugar...
Al leer su comentario, sentí más dolor que desacuerdo... No por lo que piensa —porque uno puede tener razones para ver las cosas con preocupación— sino por el modo en que lo dice... Hay en sus palabras una dureza que no sé si nace del celo o del cansancio, pero que me hace pensar en cuántas veces, en la historia de la Iglesia, la verdad fue dicha sin amor… y por eso no fue escuchada...
Yo también he tenido dudas, y también me he sentido desorientada muchas veces... Pero he aprendido que la fidelidad no se mide solo por la firmeza de nuestras convicciones, sino por la forma en que tratamos a quienes no piensan como nosotros... Y en eso, todos —yo incluida— tenemos mucho que convertir...
Le deseo de corazón que la verdad que defiende lo haga cada vez más libre, y no más solo. Porque la verdad, cuando es de Dios, siempre une.
Estimada Rosa Luisa,
Eliminargracias por su intervención, tan serena como valiente. A veces, una palabra dicha “desde otro lugar” —como usted dice— tiene más fuerza que muchas réplicas argumentadas. La caridad en la verdad no es un adorno del discurso cristiano, sino su condición de posibilidad. San Pablo nos recuerda que, sin amor, incluso la profecía y la ciencia se vuelven como “metal que resuena” (cf. 1 Cor 13,1–2).
Que el Señor le conceda seguir hablando así: con verdad que consuela y con caridad que edifica.
Estimado padre Filemón: mi convencimiento es que el motu proprio TC supera el régimen de excepción que se había iniciado con SP, eliminando cualquier paralelismo general entre diferentes formas del mismo rito y haciendo a la Iglesia parte de la unidad normal de la lex orandi. Vale decir, una sola liturgia para una sola fe; con lo cual, las diferencias, ciertamente necesarias, son internas a esta individualidad de la lex orandi en el Novus Ordo Missae, y se producen a través de la traducción y la inculturación.
ResponderEliminarPerfectamente de acuerdo con usted. Por eso, hoy es útil comprender que no se trata de alimentar el tira y afloja entre dos MP, sino de asegurar la superación completa de la lógica del MP en la liturgia. Con un MP, la reforma litúrgica había sido cuestionada. Con otro MP, 14 años después, se restableció el orden litúrgico natural: esto es lo que quiere la sana tradición. Un signo de la enfermedad de la tradición es el de pensar en instituir "regímenes favorables" para formas de celebrar que contradicen abierta e inevitablemente el Concilio Vaticano II. Para entrar en esta nueva mirada, que va más allá de la lógica de los MP opositores, debemos superar las dos justificaciones fundamentales que han tratado de dar fundamento a SP: la supuesta eternidad del ritual sagrado y el carácter no contradictorio de dos formas diferentes del Rito Romano.
EliminarEstimado M.P.C.,
Eliminargracias por su comentario, tan claro como sugerente. Coincido en que Traditionis Custodes busca superar el régimen de excepción instaurado por Summorum Pontificum, y que su intención explícita es afirmar la unidad de la lex orandi (litúrgica) en torno al Novus Ordo Missae. En ese sentido, la lectura que usted hace es coherente con el espíritu del motu proprio firmado por el papa Francisco en 2021.
Sin embargo, me permito introducir un matiz. La unidad de la lex orandi (litúrgica) no se realiza únicamente en la uniformidad litúrgica, sino en la comunión eclesial que sostiene y da sentido a esa liturgia. Y esa comunión, si bien se expresa en una forma ritual concreta (hoy el Novus Ordo Missae), no se agota en ella. La historia de la Iglesia —incluso en su momento más centralizador— ha conocido una pluralidad de ritos, usos y formas legítimas de celebrar la misma fe.
Por eso, aunque entiendo la intención de Traditionis Custodes de evitar una “eclesiología paralela”, me parece que el desafío no está tanto en reducir la diversidad, sino en integrarla sin fractura, aunque sea de un modo transitorio o pedagógico (como es el caso de los permisos dados para celebrar usando el Misal de 1962). La inculturación y la traducción, como usted bien señala, son formas de esa diversidad interna. Pero también lo son —o lo han sido— ciertas formas rituales que, sin negar la unidad, la enriquecen desde la tradición viva.
En definitiva, el verdadero problema me parece que no es la coexistencia de formas o modalidades de un Rito, sino la ideologización de esas formas. Y eso puede ocurrir tanto en quienes de hecho absolutizan el Misal de 1962 (como es el lamentable caso de los pasadistas filolefebvrianos) como en quienes absolutizan el Novus Ordo. Pero esto, lo repito, lo digo desde lo opinable de una postura personal, no siendo yo competente en el campo de la liturgia. Mi competencia es la dogmática, la filosofía y la moral, no la liturgia.
De todo modos le agradezco, por su aporte al discernimiento litúrgico, que sigue siendo una de las tareas más delicadas y necesarias de nuestro tiempo.
Estimado Mauro,
Eliminarle agradezco su intervención, tan articulada como provocadora. Coincido en que no se trata de alimentar un “tira y afloja” entre documentos, sino de buscar una comprensión más profunda de lo que la liturgia significa para la vida de la Iglesia. En ese sentido, su llamado a superar la lógica de los motu proprio como instrumentos de equilibrio precario es, al menos en parte, comprensible.
Sin embargo, me gustaría pedirle una clarificación. Usted menciona que Summorum Pontificum se apoyaba en dos justificaciones fundamentales: la “supuesta eternidad del ritual sagrado” y la “no contradicción entre dos formas del Rito Romano”. ¿Podría explicitar un poco más a qué se refiere con cada una? ¿Cómo entiende usted esa “eternidad” y esa “no contradicción”? ¿Y en qué sentido considera que esas ideas deben ser superadas?
Creo que su aporte puede enriquecer el discernimiento de muchos lectores, siempre que podamos precisar los términos del debate. Porque si algo necesita hoy la reflexión litúrgica, es menos consignas y más razones.
Estimado padre Filemón, muy bien, trataré de explicarle detenidamente.
EliminarMe baso para ello en reflexiones del Dr Andrea Grillo, quien si bien en cuanto al dogma eucarístico tiene posiciones muy debatibles y hasta dudosas y condenables, considero que sus posiciones en el ámbito no sacramental, sino litúrgico, deben ser tenidas en cuenta. Dice Grillo:
1. La presunta eternidad del ritual sagrado
A partir de SP comenzó a circular un supuesto principio, que se expresa en el texto del MP y que se repetirá durante los 14 años de vigencia del texto y que después de eso sigue siendo invocado a menudo, aún hoy, por voces como las del cardenal Sarah y monseñor Gaenswein. La proposición, citada por SP, dice: «Lo que las generaciones anteriores consideraban sagrado, sigue siendo sagrado y grande incluso para nosotros, y de repente no puede ser completamente prohibido o incluso considerado dañino. Es deber de todos nosotros conservar las riquezas que se han desarrollado en la fe y en la oración de la Iglesia, y darles el lugar que les corresponde".
Este es el "principio", que podríamos llamar el "principio de la inmutabilidad de lo sagrado" que quisiera fundar sistemáticamente, en 2007, una construcción jurídica muy atrevida, que en gran medida raya en la "ficción": de este principio se pretende derivar una "validez paralela" de dos "formas" o "usos" del rito romano, que sin embargo se contradicen entre sí, ya que el segundo fue creado para enmendar, corregir, integrar y convertir el primero. El principio, de hecho, reconstruye la "continuidad" como la validez simultánea de formas que no son consistentes entre sí. Aquí hay una falla lógica, histórica, espiritual y teológica que invalida tanto la reconstrucción histórica como la solución práctica: pretende establecer, con vistas a una supuesta reconciliación, un paralelismo ritual entre la "forma ordinaria" y la "forma extraordinaria", que en realidad socava la paz eclesial en sus raíces. Lo que TC ha señalado, en primer lugar a nivel sistemático, es la inconsistencia de este principio. También hay que tener en cuenta que este principio no es de naturaleza teológica, sino sapiencial. No deriva de un conocimiento sistemático, sino de una sensibilidad cultural extrínseca, que se inclina a la nostalgia y confunde la continuidad de la tradición (garantizada por la reforma) con la permanencia del ordo vetus con respecto al novus. Una especie de irreformabilidad de la liturgia y de la Iglesia. Se llama principio, pero no es más que un prejuicio.
Sigue diciendo Grillo:
Eliminar2. La no contradicción entre dos formas diferentes del rito romano
La segunda "suposición", que también se basa en el texto de SP, afirma la naturaleza no contradictoria de dos formas diferentes del rito romano. Y, por lo tanto, trata de demostrar no sólo que la reforma litúrgica no está amenazada por la posibilidad reconocida a cada "grupo" de poder celebrar con un rito no reformado, sino también que la coexistencia entre dos formas rituales no sólo no acarrearía problemas, sino que enriquecería mutuamente lo viejo con lo nuevo y lo nuevo con lo viejo. En este razonamiento no hay consideración de la historia. De hecho, hay que distinguir cuidadosamente dos aspectos de la cuestión:
a) entre dos formas del rito romano (por ejemplo, entre el rito carolingio y el rito tridentino) no hay contradicción, precisamente porque una se celebró en el siglo IX y la otra en el siglo XVII. Lo mismo ocurre entre un rito romano celebrado en el siglo XIX y otro rito, fruto de la reforma del Vaticano II, celebrado en el siglo XXI. La diferencia temporal permite superar la contradicción y reconocer la continuidad incluso en la diversidad.
b) Por otro lado, si se pretende basar la continuidad en la "validez simultánea" de formas contradictorias del mismo rito, no genera paz, sino sólo un conflicto mayor. Las diversas formas litúrgicas, de hecho, son la expresión no sólo del culto, sino también de la fe, de la Iglesia y de la relación con el mundo que evoluciona y cambia a lo largo del tiempo. Suponer como no contradictoria la validez simultánea de las formas rituales, una de las cuales fue la reforma explícita e intencional de la otra, es una contradicción lógica. No es posible, en la misma parroquia, celebrar a Cristo Rey ni a finales de octubre ni a finales de noviembre. Así, se generan dos iglesias en conflicto y que chocan no solo por la fecha de la fiesta en cuestión.
Por eso insisto en decir: salgamos de la lógica de dos MP que compiten entre sí. La reforma litúrgica tiene su propia linealidad esencial, que no puede ser alterada por intervenciones externas: la lex orandi querida por el Concilio, e implementada por Pablo VI y Juan Pablo II, con los nuevos Ordines, no tiene "otra forma" del rito romano en paralelo con ella. En una forma común debemos reunir las diferentes sensibilidades y las diferentes culturas. Incluso los amantes del latín se satisfacen: pero no con otra forma ritual, sino sólo con una lengua diferente (más antigua, pero menos viva) de la misma forma ritual. Nadie puede oponerse razonablemente a esto. Pero solo para esto.
Finalmente dice Grillo:
EliminarPequeña nota eucarística
A la luz de lo que he resumido brevemente aquí, está claro que las "formas del rito" son también formas de la Iglesia y "formas de la teología eucarística". Tal vez a muchos se les escape que la liturgia que es fruto de la reforma conciliar no es simplemente una "ceremonia diferente", sino que es también una "teología más rica" de la Misa como de todos los sacramentos y sacramentales. La riqueza del nuevo Ordo Missae implica una concepción más rica y articulada de la relación entre el cuerpo sacramental de Cristo y el cuerpo eclesial de Cristo: basta pensar en la riqueza de la liturgia de la palabra, en la riqueza de los prefacios y de las plegarias eucarísticas, en el enriquecimiento de las palabras sobre el pan y el cáliz, en la relación estructural entre la plegaria eucarística y el rito de comunión... todo esto se encuentra solo en el NO y tiene ejemplos en el VO. Una teología eucarística a la altura de los tiempos no puede replegarse a una forma ritual excesivamente clerical, que separa consagración y comunión y que carece de una experiencia de la Palabra tan rica y articulada. La elección de la VO no es la elección de la Misa en latín: es la elección de una Iglesia y de un "orden de prioridades" (eclesial y espiritual) que ya no existe y del que el Concilio Vaticano II se despidió oficialmente.
Estimado Mauro,
Eliminarle agradezco sinceramente el tiempo y la profundidad con que ha compartido estas reflexiones, inspiradas en los planteamientos del Dr. Andrea Grillo. Valoro el esfuerzo por pensar la liturgia desde su densidad teológica, eclesial y pastoral, y por hacerlo con un tono argumentativo que favorece el diálogo.
Permítame, antes de responder, una breve advertencia: no me considero especialista en liturgia. Mi formación y competencia se sitúan en el ámbito de la teología dogmática, la filosofía y la moral, desde donde intento acompañar a quienes buscan comprender y vivir la fe en fidelidad al Magisterio de la Iglesia. Por ello, lo que sigue no pretende ser una refutación técnica, sino una modesta contribución desde la teología y el discernimiento eclesial.
Por cuanto respecta a la continuidad litúrgica y la tradición viva, creo que debemos tener presente que l principio citado por Summorum Pontificum —“Lo que las generaciones anteriores consideraban sagrado…”— no pretende establecer una irreformabilidad de la liturgia, sino recordar que la reforma auténtica no puede proceder por negación o ruptura. La tradición litúrgica de la Iglesia es viva, ciertamente, pero no por ello desechable. La coexistencia de formas no implica necesariamente contradicción, sino que puede expresar una legítima diversidad dentro de la unidad, como ha sucedido en otros momentos de la historia litúrgica de la Iglesia. Claro que esto lo digo solo en línea de principio, porque de hecho, actualmente la única lex orandi (litúrgica) es el Novus Ordo Missae.
Por cuanto respecta a la supuesta contradicción entre formas, la afirmación de que la forma extraordinaria y la ordinaria del rito romano son “contradictorias” presupone una hermenéutica de discontinuidad que ha sido uno de los desafíos más delicados del posconcilio. El Concilio Vaticano II no pidió la supresión del rito anterior, sino su reforma. Que existan diferencias —incluso significativas— no implica necesariamente oposición doctrinal. La Iglesia ha sabido convivir con múltiples ritos (latinos y orientales) sin que ello haya supuesto una fractura de la lex credendi. La diversidad ritual, cuando está enraizada en la comunión eclesial, puede ser expresión de la catolicidad, no de su ruptura. Nuevamente, todo esto en línea de principio, y salvada la obediencia a las concretas directrices pastorales del Papa actual.
Por cuanto respecta a la teología eucarística y la experiencia de Iglesia, es cierto que el Novus Ordo ha enriquecido la liturgia con una mayor participación de la Palabra, una variedad de plegarias y una estructura más explícitamente comunitaria, etc. Sin embargo, afirmar que la forma extraordinaria representa una “teología superada” o una “Iglesia que ya no existe” parece una simplificación que no hace justicia a la riqueza espiritual y doctrinal que esa forma ha transmitido durante siglos. La teología eucarística no se agota en la estructura ritual, y la experiencia de lo sagrado, del silencio, de la adoración, también son dimensiones profundamente eclesiales y actuales. No se trata de nostalgia, sino de sensibilidad espiritual.
Para finalizar, considero que Traditionis Custodes ha querido ciertamente poner orden en un contexto de tensiones reales. Pero la solución no puede ser únicamente jurídica. La paz eclesial no se logra suprimiendo lo diverso, sino integrándolo en la comunión. La liturgia no debería ser campo de batalla, sino escuela de unidad. Y esa unidad no exige uniformidad absoluta, sino fidelidad común al misterio celebrado.
Todo el artículo es un monumento a la falacia del hombre de paja
ResponderEliminarManuel: se ve claro que está opuesto a lo que el padre Filemón de la Trinidad ha escrito en su post. ¿Por que razón? ¿Por qué todo el articulo es un "monumento a la falacia"? ¿Cuáles la falacia que ha encontrado en este post? Estoy seguro que el padre Filemón, con su asombrosa sabiduría y su infinita paciencia, se la podrá responder.
EliminarPor mi parte, no veo nada distinto en este artículo que lo que viene diciendo desde hace años el Padre. Por lo cual, si usted es coherente tendría que decir entonces que todo el blog sería un monumento a la falacia. Pero en ese caso: ¿qué está haciendo usted aquí? ¿Por qué visita este blog, si le es tan ajeno a sus ideas? Quizas algo le ha llamado la atención, y para mí no sería sorpresa, pues no sería la primera vez que el padre Filemón, y la gracia, logra convertir a algún lector de graves errores contra la fe y la comunión con la Iglesia.
Lo único que yo veo distinto en este artículo es un mayor esfuerzo por acercarse a los pasadistas (¿tengo que suponer que usted es uno de ellos?). Mientras vivimos, Manuel: nunca es tarde para convertirse.
Sergio Villaflores (Valencia, España)
Estimado Manuel,
Eliminarle agradezco su comentario. Acusar a un texto de incurrir en la falacia del hombre de paja es una crítica seria. Pero para que sea útil, necesita algo más que una frase: necesita mostrar qué posición ha sido tergiversada, cómo ha sido deformada, y cuál sería su formulación correcta.
Decir que “todo el artículo” es un monumento a esa falacia, sin señalar un solo ejemplo, no es una crítica: es una consigna. Y las consignas, aunque puedan sonar contundentes, no ayudan a pensar. Este blog no busca tener razón por aplauso, sino razonar la fe con claridad y caridad. Eso exige distinguir, matizar, argumentar.
Si desea señalar con precisión qué parte del artículo tergiversa qué posición, estaré encantado de escucharlo. Pero si no puede —o no quiere— hacerlo, entonces su acusación se vuelve lo que denuncia: una caricatura del pensamiento ajeno.
Aquí no se trata de ganar discusiones, sino de buscar la verdad. Incluso cuando incomoda.
Estimado Sergio,
Eliminarle agradezco sinceramente su comentario, no sólo por la defensa que ensaya, sino por el espíritu que lo anima: el deseo de que la verdad no se imponga por fuerza, sino que atraiga por su claridad y su caridad.
Tiene usted razón en señalar que este artículo no representa una ruptura con lo dicho antes, sino —en todo caso— un esfuerzo más explícito por tender puentes hacia quienes, aun compartiendo la fe, la viven desde lugares de tensión o desconfianza. No es fácil ese ejercicio, pero creo que vale la pena intentarlo.
Y si algo puede mover a quien disiente —sea por convicción, por herida o por hábito— no será una refutación brillante, sino una palabra dicha con respeto, una verdad dicha sin soberbia, una fidelidad vivida sin estridencia.
Estimado Manuel,
Eliminarno soy experta en falacias ni en retórica..., pero sí sé lo que se siente cuando uno lee algo que lo incomoda. A veces, cuando algo nos toca una fibra sensible, lo primero que hacemos es rechazarlo de plano... Yo también he reaccionado así alguna vez, y después, con el tiempo, me di cuenta de que lo que me molestaba no era tanto el error del otro, sino algo que yo misma no quería mirar...
Quizás no esté de acuerdo con lo que el padre Filemón escribió. Está bien. Pero si pudiera decirnos con calma qué parte le parece injusta o equivocada, tal vez todos podríamos aprender algo. Porque aquí no se trata de tener razón, sino de buscarla juntos...
Y si no quiere hacerlo, también está bien... Pero entonces, le pido al menos una cosa: que no se cierre. Que no se vaya. Que siga leyendo. A veces la gracia entra por donde menos lo esperamos...
Lo saludo con respeto y esperanza
Estimada Rosa Luisa,
Eliminarle agradezco profundamente su modo de acompañar el diálogo, no desde la confrontación, sino desde la esperanza. En tiempos donde es fácil responder con ironía o con distancia, usted ha elegido el camino más evangélico: invitar a la escucha, sin imponer; abrir una puerta, sin forzarla.
Sus palabras no solo enriquecen este espacio, sino que lo purifican. Porque, como bien dice, no se trata de tener razón, sino de buscarla juntos —a la luz de la fe, y con la paciencia que la gracia requiere.
Querido padre Filemón,
ResponderEliminargracias por este artículo, que me ha dejado pensando largo rato... No tanto por lo que dice —que me parece claro y necesario— sino por el modo en que lo dice...: con esa mezcla de firmeza y ternura que, en estos tiempos tan crispados, se vuelve casi profética...
Me ha conmovido especialmente su esfuerzo por comprender a los pasadistas sin burlarse de ellos ni idealizarlos... Yo también conozco a varios, y aunque a veces me impacientan sus rigideces, sé que detrás de muchas de sus posturas hay heridas, miedos, y también un amor sincero por la Iglesia. Usted ha sabido hablarles sin gritarles, y eso ya es mucho....
Ojalá más voces en la Iglesia se animaran a razonar la fe como usted lo hace: sin ceder a la moda..., pero tampoco al enojo. Porque como usted bien dice, la fe se razona… incluso cuando incomoda.
Con gratitud y oración. Pase un buen dia, acompañado de Jesus y Maria...
Estimada Rosa Luisa,
Eliminarle agradezco sinceramente su mensaje, tan atento y alentador. Me alegra saber que el artículo ha servido para iluminar, aunque sea modestamente, una cuestión que suele generar más reacción que reflexión. Comprender no es justificar, pero tampoco condenar: es buscar, desde la verdad de la fe, las raíces de ciertas posturas, para poder acompañar mejor a quienes las sostienen.
La firmeza en la doctrina no está reñida con la mansedumbre evangélica. Y si algo necesitamos hoy en la Iglesia es precisamente eso: claridad sin dureza, caridad sin ambigüedad.
Gracias por su oración. Cuento con ella. Que el Señor la bendiga y la sostenga.
Padre Filemón,
ResponderEliminarle agradezco el esfuerzo por abordar un tema tan delicado como el del llamado “pasadismo”. Sin embargo, debo confesar que el enfoque del artículo me deja perplejo. Se percibe una voluntad de comprensión pastoral, lo cual es loable en sí mismo, pero esa voluntad parece apoyarse en una caracterización bastante reductiva —y, me atrevo a decir, injusta— de quienes adherimos al Vetus Ordo no por nostalgia ni por reacción, sino por convicción teológica y litúrgica.
Hablar de “pasadismo” como si fuera una patología espiritual, sin distinguir entre quienes instrumentalizan la liturgia y quienes simplemente buscan vivirla con fidelidad a la tradición litúrgica de la Iglesia, es una simplificación que no ayuda al diálogo. Más aún, corre el riesgo de repetir el mismo gesto que se critica: el de encasillar al otro en una categoría que lo vuelve irrelevante.
Usted dice que no ha cambiado su juicio doctrinal, sino su tono. Pero el tono, cuando se desliza hacia la condescendencia, también comunica doctrina, aunque sea implícita. Y en este caso, lo que se comunica es que la forma extraordinaria es una anomalía que debe ser comprendida, tolerada y, en última instancia, superada.
No comparto esa visión. Y no porque me aferre al pasado, sino porque creo que la liturgia tradicional expresa con mayor claridad la teología católica de la Misa, del sacrificio, de la adoración. No es una cuestión de sensibilidad, sino de verdad.
Estimado Alejandro,
Eliminarle agradezco su mensaje, que plantea con claridad y respeto objeciones importantes. Permítame responderle punto por punto, en el mismo espíritu de diálogo que usted me ha mostrado.
1. Por cuanto respecta a la voluntad de comprensión pastoral, es cierto que he querido adoptar un enfoque pastoral, pero no como sustituto de la verdad, sino como su forma evangélica. Comprender no es relativizar, sino acercarse al otro sin prejuicio, para poder hablarle desde dentro de su mundo. No he querido reducir a nadie, sino evitar generalizaciones que, por desgracia, a veces se hacen desde el otro extremo.
2. Por cuanto respecta a la caracterización del “pasadismo”, coincido en que no todos los fieles que se sienten hoy apegados al Misal de 1962 lo hacen por nostalgia o reacción. De hecho, lo he reconocido explícitamente en otros escritos. Y he mencionado a comunidades que les ha sido permitido usar en ocasiones el Misal de 1962 precisamente porque se trata de comunidades que no rechazan ni al Concilio Vaticano II ni al actual Magisterio pontificio, vale decir, se trata de comunidades en perfecta comunión eclesial con la Santa Sede.
El término “pasadismo” no apunta a la que hasta 2021 se llamaba 'forma extraordinaria', en sí misma considerada, ni a quienes la viven con convicción teológica y en comunión eclesial, sino a una actitud espiritual que absolutiza el pasado como único criterio de verdad, cerrándose a todo discernimiento eclesial presente. Esa actitud puede darse en cualquier sensibilidad litúrgica, no solo en torno al rito antiguo romano de 1962.
3. Por cuanto respecta al riesgo de simplificación que usted menciona, tiene razón en advertir que toda categorización corre el riesgo de encasillar. Por eso he procurado —quizá no con suficiente claridad— distinguir entre personas y actitudes. No he querido juzgar intenciones, sino señalar dinámicas espirituales que, si no se reconocen, pueden volverse estériles o divisivas.
4. Por cuanto respecta al tono de mi artículo y lo que usted llama condescendencia, lamento que haya percibido condescendencia, pues no ha sido mi intención. Pero acepto la corrección: el tono también comunica, y si ha dado lugar a esa lectura, debo revisar mi modo de decir. No obstante, le aseguro que no considero a los puntuales permisos para celebrar con el Misal de 1962 como una “anomalía”, ni como algo que deba ser “superado”, al menos en lo inmediato (mientras haya pacientes deben actuar los médicos y las medicinas). La tradición litúrgica de la Iglesia es más amplia y rica que nuestras categorías, y merece ser acogida con reverencia y discernimiento, aunque siempre en obediencia al Romano Pontífice.
5. Por cuanto respecta a la teología de la liturgia, entiendo y valoro que muchos fieles encuentren en el Misal de 1962 una expresión más clara del misterio eucarístico. No lo discuto aqui, aunque el tema merecería detenida reflexion. Pero también creo que el Novus Ordo Missae, única lex orandi litúrgica actual, celebrada con fidelidad y profundidad, puede expresar plenamente la teología católica del sacrificio, de la adoración y de la presencia real, además del banquete de la comunidad eclesial que pregusta el Banquete celestial. No se trata de contraponer modalidades del rito, sino de vivir el Rito Romano en comunión con la Iglesia, que es el sujeto vivo de la liturgia.
Le agradezco nuevamente su franqueza. El disenso, cuando se da con respeto, puede ser ocasión de crecimiento mutuo. Que el Señor nos conceda seguir buscando juntos la verdad que salva, con humildad y con fe.