Cuando quiero hablar con Dios o de Dios, ¿qué es lo que pongo delante de mi mente? ¿A qué miro? ¿A quién miro? ¿A quién tengo delante de mi mente? ¿A dónde dirijo mi mirada? ¿A la oscuridad? ¿A la tiniebla? ¿Acaso no debo hacer uso de conceptos? [En la imagen: fragmento de "Mercader rezando en una mezquita", acuarela sobre papel, de alrededor de 1871-1872, obra de Mariano Fortuny y Marsal, conservada por la Fundación Amics del Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, España].
La concepción rahneriana del misterio absoluto
----------Ciertamente podemos definir a Dios como misterio absoluto, pero entendiendo esta expresión en el sentido correcto. El misterio absoluto no es algo donde no entendemos nada, donde no podemos concebir nada y del cual no podemos decir nada, no es la oscuridad total con la ausencia de alguna luz, y antes que nada porque si nosotros en el conocer a Dios pretendemos hacerlo sin el concepto, no nos elevamos a la experiencia mística, sino que nos degradamos y nos rebajamos a la sensualidad del animal confundiendo las alegrías del espíritu con los placeres de la carne, la caridad con la concupiscencia y la humildad con la soberbia.
----------Aquello que entonces creemos ser el objeto de nuestra experiencia ya no es Dios que debe ser concebido como ente, haciendo uso de la noción analógica del ser, pero un ídolo de nuestra imaginación, agradable a nuestra afectividad sensitiva o a nuestro gusto estético o a nuestra creatividad poética.
----------La concepción rahneriana de Dios como misterio absoluto se basa en una concepción equivocada, de tipo idealista, del conocimiento. Rahner cree, en efecto, que nuestro conocimiento no comience con la experiencia de las cosas externas sensibles, prosiga con la acción abstractiva del intelecto que capta la esencia del ente sensible, descubre su contingencia, se pregunta cuál es su causa y concluye con el concebir, por analogía con los entes sensibles, un ente supremo, causa primera y fin último, que llama "Dios", el cual es razón para Sí mismo, fundado en Sí mismo, existente necesariamente y por esencia, por lo tanto absolutamente.
----------Digamos que Karl Rahner admite, sí, los conceptos, pero para él el objeto de los conceptos son solo los fenómenos y las realidades terrenas e históricas. Rahner habla más bien ampliamente de las cosas espirituales, trata muchísimo de materias filosóficas, morales, religiosas, dogmáticas y teológicas; más aún, estas materias son el interés y el objeto de su inmensa producción literaria. Pero él no admite las nociones trascendentales, es decir, las nociones analógicas que trascienden la experiencia, solamente con las cuales se pueden tratar de manera conveniente y científicamente las realidades del espíritu, sean aquellas creadas, sean aquellas que se refieren a los atributos divinos o a los horizontes de la divinidad.
----------No es que él no haga uso de ellos, pues de otra manera nada habría podido decir en esas materias. Solo que él los usa a su pesar, de mal grado, en la convicción de que tratándose de teología, es necesario basarse en lo que él llama "experiencia trascendental", concebida como autoconciencia originaria apriórica atemática y preconceptual que tiene por objeto el yo, el ser y Dios.
----------Los conceptos, para Rahner, por su expresa declaración, son por lo tanto solo por otra parte categoriales, ligados a la experiencia sensible, porque, como he dicho, él rechaza teóricamente, aunque no en los hechos, los verdaderamente trascendentales. Por eso, para él existe un único trascendental, que es la mencionada experiencia originaria atemática de la totalidad y de Dios, experiencia de por sí inefable y no conceptualizable, traducible posteriormente en conceptos, incluyendo también los dogmas, pero privados de universalidad y de inmutabilidad, cuyo significado es relativo a los tiempos y lugares, porque son puramente categoriales y están inmersos en lo concreto y en el devenir de la historia.
----------Por consiguiente, para Rahner no es el conocimiento de las cosas la condición de posibilidad de arribar al conocimiento conceptual de Dios, sino que es la experiencia atemática originaria trascendental de Dios la condición de posibilidad del conocimiento de las cosas.
----------Dice Rahner: "Mientras discurrimos de Dios, nosotros podemos hacerlo solamente formulando palabras, diseñando conceptos, traduciendo la realidad de Dios en un objeto de nuestra conciencia. Pero supongo que está claro que esta es solo la forma segunda (¡no en el sentido de irrelevante!) de la relación originaria con Dios y que esta relación temática, de segunda instancia, es conducida y sostenida por un modo de relación anterior, atemático, trascendental, de nuestra espiritualidad integral hacia lo inaferrable infinito" (Ejercicios espirituales para el sacerdote, Queriniana, Brescia 1974, p.9).
----------Debemos tener en cuenta que para Rahner, en el momento en el cual nosotros conocemos un ente individual, ya estamos desde siempre por encima de nuestro yo, ya hemos trascendido nosotros mismos en la experiencia de Dios, sin la cual nada podríamos conocer. El misterio absoluto, por lo tanto, para Rahner, no es en absoluto concebido; en Rahner el concepto, que es adecuado sólo para las cosas terrenas, no ve nada, sino que lo que es visto, es visto solamente desde la experiencia atemática.
----------Dice Rahner: "Por ello, todo conocimiento explícito de Dios en la religión y en la metafísica sólo es comprensible y auténticamente realizable en lo que quiere decir si todas las palabras que allí construimos son referencias a la experiencia no temática de nuestra referencia al misterio inefable [...[.
----------El concepto 'Dios' no es una aprehensión de Dios por la que el hombre se apodere del misterio, sino que es un dejarse aprehender por un misterio siempre presente y que siempre se nos escapa. [...] Toda ontología metafísica de Dios, si quiere ser verdadera, ha de volver una y otra vez al lugar de donde procede; debe volver a la experiencia trascendental de la referencia al misterio absoluto, a la ejercitación existencial en la libre aceptación de tal referencia" (Curso Fundamental sobre la Fe, Herder, Barcelona 1998, pp. 76-77).
----------Rahner define al hombre como sujeto espiritual dotado de un "existencial permanente" por el cual él posee una "orientación originaria al misterio absoluto, la cual constituye la experiencia fundamental de Dios" (Curso Fundamental sobre la Fe, Herder, Barcelona 1998, pp. 74). Por esto, para Rahner la orientación o referencia hacia Dios no es la consecuencia libre y voluntaria del haber descubierto la existencia de Dios como causa primera y ente supremo partiendo de la experiencia de las cosas, sino una orientación ínsita en la misma naturaleza humana y constitutivo de la naturaleza humana, con la consecuencia de que quien hiciera una elección contra Dios, quien no se orientara a Dios ya no sería hombre.
----------Pero Rahner comprensiblemente no puede admitir que algunos hombres pierdan su humanidad. Pero por otra parte, no queriendo renunciar a su concepción equivocada del hombre, está obligado a sostener que todos se salvan para poder sostener la universalidad de ser hombre en todo individuo humano.
----------Por eso, para Rahner el discurso sobre Dios no es un proceso racional, no es un razonamiento, por el cual la razón, constatada la existencia de las cosas, se interroga sobre sus causas y, retrocediendo en ellas, descubre su causa primera, es decir la existencia de Dios -llamémoslo incluso "misterio absoluto"- interrogándose sucesivamente sobre la naturaleza y los atributos de esta causa primera, no: para Rahner las cosas no van así.
----------Según Karl Rahner nosotros partimos de una experiencia de nosotros mismos como identidad de pensamiento y de ser, por lo cual en esta nuestra experiencia refleja originaria, donde está clara la influencia del cogito cartesiano mediado por Hegel, ya tenemos la experiencia de Dios antes incluso de experimentar las cosas, por lo cual es en el horizonte de esta experiencia que nosotros podemos concebir las cosas, quedando firme para Rahner que los conceptos se refieren solamente a las cosas y no a Dios, que, siendo misterio absoluto, no es conceptualizable sino solo experimentable.
¿Cómo puedo dirigir la mirada a Dios?
----------Cuando quiero hablar con Dios o de Dios, ¿qué es lo que pongo delante de mi mente? ¿A qué miro? ¿A quién miro? ¿A quién tengo delante de mi mente? ¿A dónde dirijo mi mirada? ¿A la oscuridad? ¿A la tiniebla? ¿No debo hacer uso de conceptos?
----------La Biblia nos prohíbe hacernos imágenes de Dios en cuanto quiere alejarnos de la idolatría y del politeísmo, como si Dios fuera un artefacto construido por nuestras manos o un concepto producido por nuestra mente. Pero no nos prohíbe en absoluto usar prudentemente la imaginación para concebir a Dios bajo el velo de la imagen, sobre todo de la figura humana. Dios puede y debe ser concebido por nosotros utilizando la noción analógica del ente y de las nociones trascendentales.
----------Lo trascendental no es, como cree Rahner, la propiedad de una experiencia que tendría la pretensión de experimentar a Dios como yo experimento el calor del sol o el placer del agua fresca o el sabor de un helado. Los antiguos Griegos y Romanos no estaban equivocados al representar a la divinidad bajo forma humana. El error estaba en el politeísmo y, por tanto, en el creer que los atributos divinos no son una sola cosa en Dios, sino que cada uno constituyera una divinidad.
----------No habían entendido que Dios es espíritu, objeto del simple intelecto y por lo tanto no puede ser visto con los sentidos o con la imaginación. De ahí el estupor de Tácito por el hecho de que los Hebreos concibieran "un solo Dios y solo con la mente" ("sola mente").
----------También la Biblia hace uso de imágenes, cuando habla de Dios que caminaba en el jardín del Edén o del Anciano del pasaje de Daniel 7,9, "con el vestido blanco como la nieve y los cabellos blancos como la lana". En esta imagen parece haberse inspirado Miguel Ángel al pintar a Dios Padre en la Capilla Sixtina. Y por otra parte, ¿acaso no aparece el Espíritu Santo en forma de paloma? ¿Acaso el fuego y el viento no representan al Espíritu Santo? ¿El agua no representa la Sabiduría divina? ¿La luz no representa la Verdad divina? ¿La roca no representa la firmeza del ser divino? ¿El sol no es un símbolo de la divinidad?
En efecto, ¿cómo podemos nosotros, acostumbrados a concebir personas hechas de alma y cuerpo, concebir y ver una persona o sustancia puramente espiritual tañ cual es Dios? ¿Cómo podemos entrar en diálogo con ella? ¿Con una persona sin rostro? ¿Sin nombre? ¿Qué nos ponemos delante cuando hablamos con ella o pensamos en ella? ¿El vacío? ¿La nada? ¿La oscuridad? ¿La tiniebla? ¿Lo innominable? ¿Lo no conceptualizable? ¿Lo incognoscible? ¿Qué sentido tiene todo esto?
----------El misterio absoluto de Rahner se asemeja al Absoluto de Schelling, que Hegel definió "la noche donde todas las vacas son negras". En efecto, en la carencia de la conceptualización faltan las distinciones y todo se confunde con todo. Los contradictorios están juntos. Sin embargo, concebir a Dios no quiere decir desvelar o quitar el misterio, como creía Hegel.
----------En efecto, una cosa es el contenido del concepto, vale decir, la naturaleza divina, y otra cosa es nuestro modo finito de concebir. Solo el Logos divino concibe la esencia divina exhaustivamente y por lo tanto quita el misterio: para Él no hay misterios, porque el Logos divino infinito comprende exhaustivamente la esencia divina.
----------Y otra cosa es nuestro modo finito de concebir, por lo cual no podemos comprender exhaustivamente la esencia, la cual nos queda por tanto incomprensible y misteriosa. Hegel se equivocó al creer que podemos conceptualizar a Dios exhaustivamente para quitar el misterio. Pero para que exista el misterio no es en absoluto necesario renunciar al concepto. Por el contrario, el concepto sirve para conocer o para acceder al divino Objeto, aunque no puede incluirlo en su comprensión.
Fr Filemón de la Trinidad
Mendoza, 10 de julio de 2025
Pero qué maravilla de publicación pública padre!... estoy encantada... parafraseando a San Juan de la Cruz: la noche oscura de la fe es iluminada por la Luz que es Cristo. Ahora leo y medito lo que escribe. Gracias ( que gusto cuando desmonta y refuta las afirmaciones erróneas de Rahner....😎👍). Y no sólo las de Rahner... sino las de otros a los que estos días ha dejado boquiabiertos y sin argumentos...
ResponderEliminarEstimada Rosa Luisa,
Eliminarme alegro de haberle satisfecho tanto con mi escrito.
Efectivamente el tema de las tinieblas divinas es fascinante, porque si nosotros subrayamos demasiado esta oscuridad, terminamos en caer en la oscuridad total, que parece ser el defecto de la mística de Rahner.
En cambio el gran maestro de la noche divina, como bien ha dicho usted, es San Juan de la Cruz. Esto significa que el misterio divino es esencialmente una luz, aunque me gusta compararlo en algunos casos con la luz de una vela que tenemos bajo los ojos, en un inmenso ambiente oscuro, que es una sala estupenda. En esta vida solo vemos lo que está cerca de la vela; pero cuando estemos en el cielo se iluminará el candelabro de la habitación y podremos ver lo maravillosa que es, aunque detrás de ella hay otros apartamentos, que nunca podremos ver.