domingo, 24 de agosto de 2025

La situación actual de la filosofía

En lo que podrían considerarse unas desordenadas reflexiones de introducción a la filosofía para quienes se inician en los estudios superiores o para quienes, sin ser estudiantes ni titulados en filosofía, quieren conocer lo que piensa un viejo profesor de filosofía al final de su vida y tras más de cincuenta años de docencia, he venido hablando del tomismo maritainiano y de los otros tomismos. Hoy quisiera ofrecer un rápido panorama de la situación de la filosofía en la actualidad. [En la imagen: fragmento de "Facultad de Filosofía", acuarela sobre papel, 2023, obra de P.F., representando el edificio de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, Mendoza].

"La filosofía, efectivamente, es en realidad el mayor de los bienes
y el más precioso ante Dios, a quien nos conduce y recomienda.
Y santos, en verdad, son aquellos que a la filosofía consagran su inteligencia"
San Clemente de Alejandría, Stromata, I, 5

----------Luego de haber presentado a grandes rasgos el método tomista de Jacques Maritain, y tras haber hecho un breve repaso de los otros tomismos, avancemos hoy en nuestro recorrido por el campo de la filosofía hacia sectores quizás un tanto más alejados del pensamiento de santo Tomás de Aquino. Y para esta tarea, me gustaría comenzar por plantear una pregunta que, a primera vista, podría parecer poco conexa al tema que desarrollaremos, pero pronto el lector comprenderá que no es así. La pregunta inicial es: en el pensamiento maritainiano, y para alguien que lo conozca bien, ¿cuáles son sus indicaciones más eficaces, tales como para poder conducir a una decisiva renovación del panorama cultural y filosófico actual?
----------Comienzo por decir que hoy nos es absolutamente necesario devolver a la verdad y a la razón, como frecuentemente recordaba el papa Benedicto XVI, la importancia que a ellas les pertenece entre los valores del espíritu. Hoy se habla mucho de ciencia, de técnica, de libertad, de progreso, de tradición, de justicia, de paz, de solidaridad, de dialogo, de amor. Pero todo esto no tiene sentido si no está fundado en la verdad. Por lo tanto, no debemos temer discutir serenamente sobre lo que es verdadero y lo que es falso.
----------Hemos perdido el hábito de las discusiones, de las controversias serenas aunque acaloradas sobre temas importantes de la vida y de la existencia, debates que han caracterizado todos los períodos más elevados de la civilización. Hoy o se litiga o se cierra en un mutismo que supone desconfianza en el hecho de que el otro esté dispuesto a escuchar nuestras razones o bien supone temor a las razones del otro.
----------Por otro lado, en el ámbito de la fe, o se es demasiado fácil para la acusación de herejía o, creyendo tener una mente abierta y tolerante, se almacena en el cerebro una enorme mezcolanza de contradictorias ideas recabadas con oportunista astucia del supermercado de los charlatanes de turno.
----------Se suele llenar la boca con palabras como “diálogo”; pero no se sabe verdaderamente dialogar, porque no se cree en la objetividad y en la universalidad de la verdad. Se es demasiado fácil para repetir los eslóganes, las frases hechas, las frases efectistas, sin un ejercicio personal y honesto del pensamiento. Hoy es rara la honestidad intelectual y se prefiere vencer al adversario a toda costa. Hoy rara es la posesión de auténticos criterios de discernimiento. Se habla demasiado y se piensa poco.
----------Citaré un ejemplo, que seguramente no es el mejor a tomar, aunque tal vez sí sea una muestra fiel del estado actual de nuestro pensamiento: ¿qué es lo que sucede en el foro de este blog? De hecho, suele ser visitado por algunos católicos cultos, no sólo argentinos; incluso lo frecuenta algún docente de la Facultad de Filosofía de la UNCuyo. Y, sin embargo, es escaso ver que se ejercite el verdadero diálogo: queda a la vista que se habla sin pensar, sin haber leído siquiera el artículo sobre el que se pretende debatir, no se lee al interlocutor, se cae en bromas e ironías de bajo perfil y hasta en insultos que obligan a eliminar intervenciones que, tal vez, contenían alguna idea rescatable para animar el debate.
----------Por mi parte, me he esforzado en responder puntualmente a todos y cada uno de los comentarios, refutando las objeciones cuando las han formulado y aportando razones y datos que las desmienten, además de explicaciones detalladas para clarificar el punto debatido. Pero, frente a tales respuestas, el diálogo suele cortarse en silencio —evidente falta de contrarréplica— o continuar con meras frases de descalificación, cuando no con insultos. Si el estado actual del modo de pensar debiera juzgarse por lo que cotidianamente salta a la vista en este foro, el juicio sería, lamentablemente, muy negativo.
----------Ahora bien, para tener una idea general del estado actual de la filosofía, deberíamos hacernos esta pregunta: ¿cuáles son los temas principales de la metafísica que hoy son rechazados u oscurecidos?
----------No tengo ninguna duda que hay en primer lugar dos ausencias notorias en la filosofía actual: el principio de identidad y el principio de causalidad, que son los principios primeros y fundamentales de la razón y de la ciencia. ¿Pero qué filosofía puede existir sin estos dos principios? Hablemos ante todo del principio de identidad. Se regodean en la contradicción o no se dan cuenta de las contradicciones o se las considera cosa normal. La incoherencia moral está en el orden del día y se piensa con ello ser libres y acogedores. Pero de aquí nacen las neurosis. Incluso en Dios se pone la contradicción.
----------En cuanto al principio de causalidad, los "filósofos" de hoy se han olvidado del primado de la causa sobre el efecto y que lo más no puede provenir de lo menos. De aquí la difusión de metafísicas evolucionistas darwinianas, materialistas o adoradoras del azar o de lo irracional.
----------Otras ideas oscurecidas o eclipsadas son las de sustancia y esencia. Pareciera que hoy la única sustancia conocida es sólo la sustancia química y no se tiene en cuenta el hecho de que también la persona es sustancia, aunque en sentido analógico. En cuanto a la esencia, abundan los que se detienen en los fenómenos, en las apariencias, en lo accidental, y no hacen el esfuerzo intelectual de penetrar o captar la esencia, jugando sobre el equívoco, que puede venir cómodo para sustraerse a las propias responsabilidades.
----------Se habla mucho del “ser”, sobre todo después de Heidegger, pero con una gran confusión, cayendo en lo “atemático”, apoyándolo sobre la nada y oponiéndolo falsamente a la esencia. Actualmente hay demasiada antipatía por la abstracción mental. Se olvida que el abstraer es una función fundamental del pensamiento. Quien no sabe abstraer no piensa, y acaba situándose al nivel de los animales o a lo máximo de lo puramente fantástico. Falta por consiguiente el sentido de lo universal, que se obtiene precisamente por medio del proceso abstractivo. Existe un fetichismo por la historia, por lo concreto, por lo mutable, por el evento, y la incapacidad de pensar y de apreciar lo inmutable, lo eterno, lo universal.
----------El fenómeno del cual estoy hablando, si queremos recabar una metáfora del ámbito clínico, tiene algo en sí de extrañamente patológico: casi como si se rechazara usar la elevadísima facultad del pensamiento según aquellas que son sus reglas y sus principios constitutivos. Es un poco como si se pretendiera hacer latir un corazón al que le faltan las partes esenciales, o se pensara que el cuerpo pueda perfectamente vivir o moverse, pero privado del correcto funcionamiento del corazón. Pero ¿qué es lo que pudo haber provocado esto, y por qué se ha verificado esta pérdida de los principios fundamentales del pensamiento?
----------Pues bien, la decadencia de la metafísica, como bien lo saben sus historiadores, inicia con Guillermo de Ockham, aún cuando algún primer deslizamiento o hundimiento, pero de leve entidad, se había producido ya con el beato Juan Duns Scoto, aunque claro que no por pereza intelectual, sino al contrario, por un exceso de rigor, que lo llevó a Scoto a una visión matematizante y altamente formalizada de la metafísica. En Scoto la metafísica sigue siendo objeto del máximo respeto, pero viene a menos ese pensar analógico o participativo, que la caracteriza propiamente y que fue peculiaridad eminente de santo Tomás de Aquino. Con Ockham se pasa del univocismo scotista al extremo opuesto del equivocismo, como a menudo sucede cuando se tiende al extremo por una parte: esto provoca el extremo de la otra parte.
----------Pero tengamos presente algo importante, y es que la decadencia del pensar metafísico va pareja con la decadencia de la espiritualidad cristiana y del fervor de la caridad. Con el siglo XV se vuelve a sentir ese espíritu pagano que desde hacía muchos siglos parecía estar definitivamente vencido. Los acontecimientos de la civilización se asemejan a nuestros acontecimientos personales: existen los altos y los bajos. Así, en la Europa del siglo XIV inicia un debilitarse de la inteligencia metafísica y del mismo espíritu cristiano, un retorno de fuerzas hostiles a la Iglesia que no tendrán descanso por muchos siglos, hasta, podemos decir, el siglo pasado, en donde el Espíritu Santo suscitó la convocatoria del Concilio Vaticano II, germen de un “nuevo Pentecostés”, como dijera san Juan XXIII, que, a decir verdad, más allá de los indudables resultados alcanzados, todavía se hace esperar. De todos modos, es indudable que el Concilio ha detenido la decadencia del cristianismo, no importa lo que piensen los pasadistas, detenidos como están en un período histórico superado, por ellos mirado con nostalgia, sin que por otra parte, bajo ciertos aspectos, estén del todo equivocados.
----------Téngase presente que también el Concilio Vaticano II, en algunos de sus aspectos pastorales, más allá de la presencia del Espíritu Santo, se resiente -y no podría haber sido de otra manera- de la debilidad humana por algunas de sus líneas orientativas menos felices, mientras que no nos es permitido criticarlo desde el punto de vista de lo doctrinal, como hacen los rahnerianos y los filolefebvrianos (los primeros por progresistas neo-modernistas y los segundos por pasadistas), pues en su doctrina la Iglesia ha progresado en el conocimiento de la Palabra de Dios proyectando nueva luz en las tinieblas de este mundo.
----------Indudablemente el Concilio, al recomendar el pensamiento de santo Tomás de Aquino, es claro que ha dado nuevo impulso a la metafísica en nuestros tiempos modernos. Pero depende de cada uno de nosotros recibir correctamente su mensaje sin falsificaciones modernistas ni pasadistas, sino en plena fidelidad a la interpretación que del Concilio da el mismo Magisterio desde hace sesenta años hasta ahora. En tal sentido, alguno podría interpretar que el optimismo del Concilio en el ámbito de lo pastoral, que tantas veces hemos criticado (porque ese aspecto, claro que sí, nos es permitido criticar) también se manifiesta con respecto a este tema: la perspectiva del Concilio de un retorno a la metafísica verdadera. Entonces, preguntémonos también: ¿es verdaderamente posible hoy un retorno a la metafísica? Y si lo es, ¿de qué modo?
----------Al respecto, hay que decir algo a clara letra: la metafísica nunca puede debilitarse, sin que se debilite el pensamiento mismo, como no pueden interrumpirse los latidos cardíacos sin que nos muramos. La mente humana, desde el momento en el cual comienza a funcionar, independientemente de la diversidad de las culturas, de las mentalidades y de las religiones, funciona en todos los seres humanos del mismo modo, y forma espontáneamente los mismos conceptos y juicios fundamentales y originarios, sobre los cuales la mente construye luego su saber, conceptos que hacen posible el diálogo y el entendimiento entre los hombres, porque todos con esos medios mentales ven lo real del mismo modo, vale decir, los efectos del contacto con lo real son iguales en todas las mentes. He aquí la base fundamental de la concordia y de la paz entre los hombres.
----------Por otra parte, es claro que, más allá de la metafísica espontánea de la mente, capaz de ser expresada y comprendida también por el niño, como se ve por ciertas palabras que él espontáneamente pronuncia, existe también una metafísica docta, en cuanto saber reflexivo, científico y elaborado, que supone un alto ejercicio y una elevada disciplina o educación de la mente, posible sólo a unos pocos y suficientemente dotados. Ellos, los filósofos y los metafísicos, son los llamados a enseñar a los otros los caminos de la sabiduría metafísica, sea que lo hagan privadamente o de manera institucional con la enseñanza académica.
----------Ahora bien, indudablemente, considerando la metafísica como ciencia, la historia de la cultura registra momentos de florecimiento y de desarrollo, y momentos de decadencia. Por todos es conocido el gran florecimiento medieval de la metafísica y su posterior decadencia en la edad moderna. En el Medioevo había, en metafísica, más competencia de los clérigos; mientras que hoy está difundida también entre los laicos, tanto varones como mujeres. Son conocidas las sutilezas cavilosas de la escolástica medieval decadente; no se puede negar que la metafísica desde entonces ha hecho muchos progresos.
----------Pero es necesario aclarar un punto: cuando se habla de la llamada “filosofía moderna”, es necesario entendernos: existe una difundida acepción, puesta en circulación por los postcartesianos ad usum delphini. Sin embargo, si por “moderno” se entiende algo que es más verdadero que lo pasado, entonces la “filosofía moderna” en el sentido mencionado no es una verdadera filosofía moderna; y lo es más el tomismo moderno. No se debe confundir lo moderno con lo modernista. Y luego no está dicho que lo moderno sea siempre necesariamente lo mejor. Los delitos modernos pueden ser más crueles que los del pasado.
----------Un retorno de la metafísica hoy es posible cultivando las energías espontáneas y naturales de la razón, comenzando por la educación dada a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes. La mente humana es espontáneamente llevada a la metafísica y encuentra en ella una gran felicidad. Es importante corregir los errores metafísicos, que se insinúan en la mente a causa del vicio moral o de una cierta obtusidad o ceguera o cerrazón mental o también a veces por la dificultad y sutileza de ciertas cuestiones metafísicas.
----------El hecho de que la metafísica sea capaz de alcanzar certezas absolutas no impide a nuestra mente ser engañada por el error. Sin embargo, ciertos errores contrarios a verdades evidentes o incontrovertibles difícilmente pueden ser explicados con la buena fe, sino que pueden estar ligados a mala voluntad o, como decía santo Tomás siguiendo a Aristóteles, a “protervia”.
----------Por lo demás, existen errores también acerca del concepto mismo de metafísica. Se puede odiar la metafísica porque se tiene de ella una idea equivocada, como si fuera algo vacío, abstruso o inútil. En cambio, la verdadera metafísica es utilísima para la vida, para la moral, para la religión, para la santidad de las costumbres, para el bienestar y para el progreso de la humanidad. Desprecia la metafísica quien está apegado a las cosas terrenas, quien es limitado de mente, quien está cerrado en su egoísmo, quien no quiere esforzarse para elevar su espíritu. Da mucha tristeza que hoy, pese a las claras directivas de la Sede Apostólica acerca de la formación metafísica en los Seminarios y casas de formación religiosa, la metafísica sea dejada de lado o haya casi desaparecido. Hace poco tiempo tuve que escuchar con dolor a un docente cuyano de teología dogmática decirme estar convencido de la irrelevancia de la metafísica para estudiar Cristología o Triadología o Eclesiología. ¿Cómo es posible que hayamos caído a este estado de cosas?
----------Un retorno de la metafísica, por consiguiente, va parejo con una buena educación moral, en la virtud, en la religión, en la belleza, en las cosas del espíritu, en el amor por la humanidad.
----------Así como es dañino el desprecio materialista por la metafísica, así también es peligrosa una falsa metafísica, la cual, bajo pretexto de la grandeza y del poder del pensamiento, infla al hombre de soberbia, lo lleva a creerse un semidios y por tanto al laxismo moral y a someter a los demás.
----------Hay que alegrarse de que la Santa Sede no deje de indicar exigentes disposiciones sobre este tema. Un ejemplo es la Carta "La enseñanza de la filosofía en los Seminario", publicada por la Congregación para la Educación Católica, el 22 de febrero de 2011, en la cual se recuerda, y con gran abundancia de argumentos, la importancia de la metafísica para la educación católica y en particular para la formación del clero. Este documento es en extremo oportuno, en cuanto en estas últimas décadas una malentendida renovación de la cultura católica había causado notables daños de modo particular en el ambiente intelectual, pienso en los educadores, en los teólogos y en los mismos pastores.
   
Fr Filemón de la Trinidad
Mendoza, 20 de agosto de 2025

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