Mientras el Santo Padre, incluso durante su convalecencia, sigue acompañando al Pueblo de Dios en este Año Santo del Jubileo ("vivamos esta Cuaresma, sobre todo en el Jubileo, como un tiempo de curación", ha dicho este domingo), me pregunto si donde yo vivo, la arquidiócesis de Mendoza, en Argentina, se está predicando el Año Santo y su llamada a la conversión y al aprovechamiento de las especiales gracias que nuestra Madre la Iglesia nos ha puesto al alcance de nuestras manos, para beneficio nuestro y de nuestros seres queridos. No lo parece. [En la imagen: fragmento de la acuarela "Santuario del Challao", obra de Julio González, representando el antiguo templo de Nuestra Señora de Lourdes, de El Challao, Las Heras, Mendoza].
Muchos fieles católicos aún no saben de qué se trata este Año Jubilar
----------He escrito el titulo de este artículo entre signos de interrogación resistiendo a la tentación de afirmar directamente que, al menos aquí en Mendoza, no se está predicando todo lo que implica este Año Santo del Jubileo establecido por el papa Francisco.
----------En mi cotidiano ministerio en el confesionario (providencialmente los fieles católicos no dejan de acudir en gran número al sacramento de la penitencia en esta Cuaresma) he podido comprobar la gran desinformación o bien, y esto en numerosísimos casos, la completa ignorancia de los fieles católicos mendocinos acerca del Año Santo de la Esperanza, sus gracias especialísimas y sus implicancias para la personal vida cristiana. Recibo en confesión a fieles de diversas parroquias y comunidades mendocinas (y también de otras diócesis), y en el diálogo posterior a la confesión, al llegar el momento de las sugerencias de guía espiritual y de consejos al penitente, y al mencionar algún punto referido al Año Santo, no son pocos los casos en que se me pregunta: ¿Qué es eso del Año Santo? ¿En qué consiste el Jubileo? ¿Qué son las indulgencias?, y cosas por el estilo. De ahí el título de este artículo: ¿se predica el Año Santo en Mendoza?
----------No son pocos los fieles (de Misa dominical o de Misa diaria, y miembros de grupos apostólicos laicales o de Cáritas y otros movimientos eclesiales) que me aseguran que su Párroco jamás ha tocado el tema del Jubileo ni les ha hablado de las indulgencias y del modo a través del cual pueden ser personalmente obtenidas estas gracias particulares. Y, a decir verdad y hablar con franqueza, esto no me sorprende en absoluto. Porque en el actual clima de extendido buenismo del "todos-salvados" y del difundido modernismo y laxismo de costumbres, es previsible que no se predique el Año Santo.
----------Predicar el Año Santo significa ante todo predicar a nuestro Señor Jesucristo redentor del hombre, quien con su pasión y muerte de cruz ha cumplido, en lugar nuestro, incapaces de hacer nada al respecto, el sacrificio y oblación al Padre que eran necesarios para liberarnos del pecado. Predicar el año Santo implica explicar qué es el pecado y cuáles son sus consecuencias; implica catequizar correctamente e integralmente acerca del sacramento de la Penitencia como perdón de los pecados y liberación del mal de culpa; implica explicar que la permanencia del mal de pena nos obliga a una vida de penitencia y de obras de caridad para poder liberarnos del "hombre viejo para revestirnos del hombre nuevo" a imagen del Señor; implica predicar acerca del Purgatorio, del Cielo y del Infierno como últimas realidades en la vida del hombre; implica predicar que no todos se salvan y que si bien Dios no nos niega su gracia y quiere nuestra salvación, Él no puede hacer lo que está de nuestra parte hacer para alcanzar esa salvación. ¿Se predica hoy de todo esto? A juzgar por ciertas señales que están a la vista de todo el que de veras quiera ver, es inevitable tener serias dudas al respecto.
----------Acerca de todos estos temas que hoy parecen estar ausentes en la predicación en nuestras parroquias, he venido tratando repetidamente en este blog, y sería necesario volver a tratar de todos ellos, una y otra vez, sin descanso. Pero no lo haré ahora de todos ellos, aunque al menos es mi deseo iniciar hoy una serie, que iré continuando con cierta regularidad, acerca del dogma del infierno. Tal es mi propósito.
Una cuestión embarazosa, pero urgente
----------Una grave cuestión hoy debatida o indebidamente marginada en ámbito católico es ciertamente la del infierno. Se levantan varias dificultades que conducen a algunos o a deformar o incluso a negar el dogma católico del infierno, considerándolo una creencia ya superada. También, cuando no se niega la existencia del infierno o la posibilidad de quedar sometidos a la pena infernal, una convicción hoy bastante extendida es que el infierno está "vacío" o cuanto menos que no sabemos si existen o no existen condenados en el infierno.
----------La fuerte incomodidad o el irresponsable silencio de los Obispos, sacerdotes y laicos comprometidos en la evangelización, o la ligereza hoy presentes también en área católica a propósito de este tema, es una novedad en la milenaria historia del catolicismo. Tal cambio es signo de una penetración de ideas no católicas, y, a mi parecer, de la exigencia de corregir una cierta concepción tradicional del infierno, que yo llamaría "terribilista" (explicaré luego qué es lo que entiendo con este término). Ella no está tanto ligada al dogma, el cual, como se sabe, permanece inmutable en el flujo de la historia, sino ante todo a una cierta predicación o literatura popular edificante, cada vez menos tolerable en una espiritualidad como la moderna, atenta más que en el pasado a la amplitud ilimitada de la providencia, de la bondad y de la misericordia divinas.
----------Sin embargo, hoy por hoy, el riesgo existente es el olvidar las exigencias de la justicia divina (que existe a la par de la misericordia divina), y también la facilonería o superficialidad con la cual ciertos teólogos, incluso de fama, manipulan arbitrariamente el dogma a efectos de adaptarlo a esa que ellos llaman, con poco respeto de la verdadera modernidad, "razón moderna", que, no siendo en realidad una sana razón, se le hace bastante difícil y fatigoso -y no es para sorprenderse- entender y aceptar la verdad de la fe.
----------En el caso del infierno, este dogma aparece arduo y difícil de tragar para una cierta modernidad tanto laica como religiosa. Laica, en cuanto el infierno parece suponer una idea arcaica de la divinidad, una mentalidad demasiado intransigente e intolerante, irrespetuosa de la libertad de pensamiento y del pluralismo de las culturas. Religiosa, en cuanto se piensa que un correcto concepto de la bondad y de la misericordia divinas, así como de la universalidad del llamamiento a la salvación, hacen inconcebible una punición eterna e irremisible.
----------Existen hoy también por todas partes un difundido indiferentismo, agnosticismo y materialismo, para los cuales las alternativas como por ejemplo "infierno o paraíso del cielo", "por Dios o contra Dios", no parecen afectar al hombre como única posible alternativa planteada a su destino, sino que se concibe el sentido de la vida de muchas otras maneras. Y si se piensa en un ultratumba, en un más allá de la muerte, se lo concibe también según otras prospectivas, como por ejemplo la reencarnación. De aquí la incredulidad frente a la existencia del infierno. Aparte de la falta de fe frente a un más allá eterno, es la misma vida presente la que aparece a muchos sin sentido o incluso un "infierno". O bien, engañados por el influjo de un panteísmo gnóstico indio o alemán, se cree ser ya desde ahora una teofanía del Absoluto.
----------El efecto de tales visiones o enfoques o impostaciones es entonces el de dejar de lado o deformar o manipular acomodaticiamente todo cuanto Jesús enseña sobre este tema, buscando escapatorias de todo tipo y acusando de "integrismo" o "fundamentalismo" a quien acoge con toda franqueza y franciscanamente el Evangelio sine glossa, como luego por lo demás siempre ha sido tradicionalmente entendido, con aquella simplicidad que no es ingenuidad, sino que brota de la fe pura y recta.
----------Es éste el método exegético correcto cuando se trata con evidencia, como en el caso del infierno, de misterios trascendentes revelados. Diferente es el caso donde con similar evidencia la misma Biblia se refiere a concepciones cosmológicas o fisiológicas o astronómicas o zoológicas propias de la época, o se trata de comprender el género literario o el modo expresivo del texto escriturístico. Aquí evidentemente sería una imperdonable ingenuidad tomar las cosas a la letra y se caería efectivamente en el fundamentalismo.
----------Quisiera, al respecto, comenzar precisamente por algunas palabras del Señor, las cuales, en el actual clima de buenismo relativista, aparecen probablemente provocativas. Se trata de la exhortación a "entrar por la puerta estrecha": de los relatos evangélicos parece que Jesús haya pronunciado en dos circunstancias diferentes esta exhortación, tanto porque sus palabras en los dos Sinópticos (Mateo y Lucas) no son exactamente las mismas, o bien porque el contexto de las dos narraciones evangélicas es diferente.
¿Palabras provocativas?
----------En Lucas tenemos, para ser exactos: "Traten de entrar por la puerta estrecha" (Lc 13,24), mientras que las palabras ya citadas se encuentran en Mateo (Mt 7,13: "Entren por la puerta estrecha"). Por otra parte, mientras la exhortación lucana está ocasionada por la pregunta de un individuo que viene hecha a Jesús mientras él está en camino hacia Jerusalem, la exhortación mateana forma parte de un largo discurso del Salvador en el cual Él expone los principios de la ética evangélica, discurso que va del c.5 al c.7.
----------Por otra parte, si en Mateo Jesús dice explícitamente que son pocos aquellos que se salvan, en Lucas Jesús responde a la pregunta diciendo que "muchos querrán entrar y no lo conseguirán". Y luego Jesús amenaza el eterno castigo para aquellos que frecuentan al Señor de manera exterior, pero interiormente practican la injusticia. Se trata de la frecuente polémica contra los hipócritas.
----------Jesús prospecta el camino de la salvación como fatigoso y difícil. El camino de la perdición aparece atrayente, cómodo y agradable. En cambio, el camino de la salvación conlleva la cruz. Se recibe hostilidad del mundo. Es necesario vencer grandes obstáculos interiores y exteriores. Se requieren renuncias y sacrificios. El camino de la perdición responde, en cambio, mayormente a nuestras inclinaciones, las cuales frecuentemente son más hacia el mal que hacia el bien. Se abandona a sus instintos, se busca el consenso del mundo; se cree ser más libres desobedeciendo a Dios; se desprecia el misterio de la cruz.
----------Pero aquello sobre lo cual quisiera concentrar la atención es que en estas enseñanzas de Cristo entendemos, por cuanto parece, no sólo que la condenación eterna es posible, sino que algunos no se salvan y en estos pasajes del Evangelio parece que estos sean la mayoría. Palabras similares las encontramos en Mateo: "muchos son llamados, pero pocos son elegidos" (Mt 22,14).
----------Sin embargo, estas palabras del Señor parecen estar contrabalanceadas por otras, de las cuales se podría extraer una opinión opuesta acerca del número de los salvados y de los perdidos, como por ejemplo cuando, hablando del banquete escatológico, Jesús pone en resalte que solamente uno de los convidados "no tenía el traje de fiesta" (Mt 22,11); o bien cuando habla de la selección o criba entre peces buenos y peces malos -imagen del juicio universal- (Mt 13,47-50): se puede suponer que los peces malos (símbolo de los condenados) estén en minoría respecto a los peces buenos (los salvados); o bien cuando, en la parábola de las diez vírgenes (Mt 25,1-13), cinco de ellas poseen el aceite -evidente símbolo de las condiciones para acceder a la salvación-, y cinco no lo tienen (símbolo de la perdición): aquí tenemos paridad.
----------Por otra parte, la tesis de los muchos salvados puede encontrar apoyo en el libro del Apocalipsis, allí donde san Juan nos dice: "vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano" (Ap 7,9). Se trata evidentemente de los salvados. Finalmente, Pablo prevé la salvación escatológica de "todo Israel" (Rm 11,26).
----------Por estos motivos tanto la tesis de los pocos salvados como la de los muchos salvados, son libremente admitidas por la Iglesia como simples opiniones teológicas, sin prejuicio de la fe, y por tanto libremente discutidas entre los teólogos. La Iglesia sobre esto no se ha pronunciado, mientras que se ha pronunciado, como luego veremos, tanto acerca de la existencia del infierno, como acerca de la existencia en él de los condenados, aunque la Iglesia no nos diga cuántos sean y quiénes sean.
----------En algún próximo artículo continuaremos desarrollando este tema.
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