¿A quién hay que dirigir este llamamiento: "Conviértete y cree en el Evangelio"? ¿A qué clase de personas le debe ser dirigido? ¿Es un llamamiento que debe ser dirigido a toda una ciudad, a cualquier ciudad? ¿A todos sus habitantes? ¿Asumiendo cualquier riesgo de incomprensión o de mayor obstinación en rechazar el mensaje? No parece ser esto lo que hizo nuestro Señor Jesucristo ni lo que nos invita a hacer. Ni parece lógico ni de buen sentido común. Por lo tanto, ¿bajo qué condiciones debe ser proclamado este llamamiento a la conversión y a creer en el Evangelio? [En la imagen: fragmento de una acuarela de autor anónimo, representando los portones de ingreso al Parque General San Martín, de la ciudad de Mendoza, Argentina].
¿A quién se dirige este llamamiento?
----------"Conviértete y cree en el Evangelio". Estas famosas palabras que resumen todo el contenido del mensaje que por mandato y tras el ejemplo de Jesucristo el cristiano lanza a los hombres para su salvación, pueden ciertamente suscitar dificultades y raramente las oímos pronunciar por los predicadores.
----------De hecho nos vienen a la mente las siguientes preguntas: ¿se puede mandar a alguien que cambie su voluntad sobre cosas que tocan nuestro eterno destino? ¿Se puede mandar a alguien que crea en una revelación divina? ¿Puede alguien mandar a otro que crea en él, heraldo de tal revelación?
----------¿Con qué autoridad o con qué derecho el cristiano pretende entrar en un campo tan personal o como el que toca a todos los hombres acerca del sentido de su propia vida con la pretensión de decirles una verdad revelada por Dios? ¿Puede alguno en el delicado campo de la salvación y de la relación con Dios mandar a alguien que crea en él y no en otro? ¿Puede mandar dejar a otro para seguirlo a él?
----------Todo esto implica en el predicador del Evangelio la capacidad de demostrar al prójimo que, en la cuestión de fondo del sentido de la vida y de la salvación, este prójimo se encuentra en el error, está pecando, está recorriendo un camino equivocado y que le será extremadamente perjudicial. De ahí la exhortación a seguirlo a él, el predicador, que muestra la verdad y el verdadero camino del bien y de la salvación.
----------Está claro que si el prójimo no es consciente de su error, es necesario antes hacerle consciente del error; si sigue voluntariamente un camino equivocado o sigue falsos maestros o si, como demuestra la experiencia, él opone resistencia, sería contraproducente llamarlo a la conversión. Debemos exhortar a la conversión solo a aquellos que están dispuestos a hacerlo y, confiando en nosotros, están dispuestos a escucharnos y a seguirnos.
----------Nosotros, por nuestra parte, debemos adoptar todos los medios posibles y que estén a nuestro alcance para ser persuasivos y hacernos creíbles y merecedores de confianza, mediante el ejercicio de una gran caridad, con el ejemplo de una vida santa, esforzándonos en comprender las verdaderas necesidades de los demás y sus aptitudes en el campo de las virtudes.
----------La llamada a la conversión encuentra respuesta y razón de ser, si es lanzada en aquellos corazones que ya han experimentado la amargura y los fracasos que se derivan de apostar solo por sus propias fuerzas para alcanzar la felicidad o la perfección.
----------Al mismo tiempo debemos evitar lo que el Papa llama despectivamente "proselitismo", entendido como deseo de someter a los demás, como excesiva indulgencia o demasiada severidad hacia los pecadores, induciendo a creer no por argumentos sino por sugestión emotiva, presentando la vida cristiana en forma mundana, un hacerse cristiano en vista de ventajas terrenas.
----------Pero el llamamiento a la conversión, como vemos en la enseñanza de Cristo, no está solo ligado al anuncio de la venida del reino de Dios, por tanto de la paz y de la misericordia para todos, sino que también ese llamamiento está asociado con una amenaza de castigo divino: "Si no os convertís, pereceréis todos" (Lc 13,2).
----------De hecho, el profeta, siguiendo el ejemplo de Jonás, podría directamente anunciar el castigo como inminente. Lo que hoy nos sorprende es que los habitantes de la pagana Nínive toman en serio las palabras de Jonás, se convierten, se arrepienten y hacen penitencia pidiendo a Dios misericordia y son escuchados.
----------Hoy en día, en un clima de imperante buenismo del "todos-salvados", ¿quién pensaría en imitar la predicación de Jonás? Sin embargo, él es siempre un ejemplo que nos viene propuesto por la Palabra de Dios, aunque naturalmente primero debemos verificar si nos encontramos ante personas dispuestas a tomarnos en serio. De otro modo, podremos recurrir a otros estímulos o incentivos, a otras formas de evangelización, eventualmente basadas en el testimonio de valores humanos y dejando a Dios el decidir el cómo y el cuándo corregir o hacer justicia, salvo que quiera hacer misericordia.
----------¿Podríamos quizás afrontar una empresa como la evangelización, programa que solo un Dios podía proyectar, obra ciertamente superior a todo más alto ideal humano y por encima de las fuerzas humanas, si no estuviéramos convencidos de que Dios mismo nos envía y nos da las fuerzas necesarias para ejecutarla?
----------¿Acaso podríamos obtener el ser escuchados por los demás, si el mismo Espíritu Santo no abriera los oídos del prójimo a nuestras palabras y si no moviera dulcemente pero irresistiblemente su corazón al amor por nuestro Señor Jesucristo y por la Iglesia?
----------Una vez suscitado, a través de los medios adecuados, el interés por nuestro llamamiento, una vez obtenida la conversión, es decir, una vez que el prójimo comprende que se ha equivocado de camino y se vuelve hacia nuestro llamamiento que ha suscitado el arrepentimiento y el deseo de tomar la recta vía, es necesario proporcionar al prójimo la instrucción cristiana. Inicia entonces la obra de la catequesis, que es la enseñanza de las verdades de fe tal como son interpretadas por la doctrina de la Iglesia.
----------Hay que notar que si el mensaje evangélico es para todos, Cristo nos hace también presente que no todos están dispuestos o preparados para comprenderlo y para acogerlo. De aquí sus mandamientos: "¡No den las cosas santas a los perros! ¡No den sus perlas a los cerdos!".
----------Ahora bien, preguntémonos: ¿quiénes son estos "perros" y estos "cerdos"? Son -es embarazoso decirlo pero es así- ese nuestro prójimo, que también en la voluntad de Dios sería destinatario del mensaje, pero que de hecho tiene el corazón endurecido, orgulloso e impenitente, que no está dispuesto y no quiere escuchar el mensaje, el cual más bien le repugna y se le hace odioso.
----------Los "perros" y los "cerdos" a los que se refiere Jesús son los corazones inmersos en los placeres y en las atracciones de este mundo, para nada interesados en aquello que está más allá de los sentidos, en las cosas de Dios y del espíritu. O si les interesa el espíritu, es solo el espíritu maligno.
----------Son los egoístas, centrados en sí mismos y no en Dios, que quisieran ordenar todo a sí mismos en lugar de dedicarse al bien de los demás y a la búsqueda de Dios o si trabajan para el prójimo, lo hacen para dominarlo. Son los megalómanos que divinizan su yo y lo ponen en el lugar de Dios. Creen abarcar el ámbito del ser, y en cambio no ven nada más allá de sus narices. Creen que toda la realidad se agota en las pequeñas ideas que tienen en la cabeza, fuera de las cuales para ellos no hay nada.
Cuando hablar y cuando callar. Catequesis, mistagogia y martirio
----------Pero ahora surge un problema: si en ciertos casos es mejor callar para no ser atacados por los impíos, ¿qué sentido tiene el martirio? ¿Esteban no se imaginaba que si hubiera proclamado ver a Cristo a la derecha del Padre, le habrían saltado encima? Sabía que no sería entendido.
----------¿Por qué motivo entonces ha hablado? Para responder a esta pregunta, es necesario distinguir cuando, sabiendo de antemano no ser apreciados, hay que hablar y cuando hay que callar. Es necesario hablar si el pagar con la vida el hablar es entendido como testimonio de fe y va a beneficio para aquellos que al tener noticia del martirio, sacan consuelo para la fe y son edificados por el testimonio del mártir, como para ser llamados a imitarlo. Entonces las perlas y las cosas santas no se echan a los cerdos ni a los perros, sino que santifican a los fieles o a aquellos que están dispuestos a creer.
----------En cambio, se debe callar si el hablar tuviera como único efecto la reacción de los impíos y no hubiera ningún fiel o potencial creyente para acoger el mensaje del predicador, o si la enseñanza, en su elevación, fuera demasiado elevada para el nivel espiritual de los fieles.
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