Homofobia no es el saber y el hacer saber que la homosexualidad es un defecto y un pecado, sino que es el desprecio farisaico hacia los homosexuales, ellos también investidos de la dignidad humana, redimidos por la sangre de Cristo y llamados a la santidad. [En la imagen: fragmento de "Prohibición del Señor de comer del árbol del conocimiento", fresco de autor desconocido, colección de la Catedral de Gurk, Austria].
----------En las últimas semanas, y también en días recientes, ha habido en nuestro país algunas exteriorizaciones de figuras públicas, ligadas incluso a la Iglesia, que ponen de manifiesto que todavía estamos lejos de haber comprendido y aceptado valores no sólo de la fe cristiana, sino incluso valores que el recto uso de nuestra razón nos ha permitido descubrir y profundizar con el paso de los siglos, ayudados también para ello por la divina Revelación. En particular me refiero a la dignidad de la mujer como persona humana, dignidad la cual no parece estar del todo clara para algunos representantes de la Iglesia o de instituciones de Iglesia, o incluso de algún Obispo bastante confundido, cuando es bien sabido que la Iglesia ha abandonado ya desde los tiempos del papa Pío XII aquella errónea concepción que entendía a la mujer como inferior al varón, un error del cual, como bien sabemos, no estuvo eximido el mismo san Pablo Apóstol, según lo expresa en sus cartas.
----------Esta toma de conciencia de la igual dignidad de varón y mujer, en cuanto personas humanas, ambos igualmente redimidos por la sangre de Cristo y ambos llamados a la santidad, podríamos decir esta "liberación" de nuestra conciencia de la dignidad de la mujer respecto a prejuicios o costumbres o usos de otros tiempos donde se era menos consciente de ella, ha llevado lamentablemente a malentender esa "liberación femenina", con las desgraciadas consecuencias que todos conocemos y están a nuestra vista cotidianamente: la homosexualidad, el amor libre, la ideología de género, etc.
----------Recuerdo que hace década y media atrás, viviendo yo en Italia, ocurrió que en el prestigioso Meeting de Rimini, en un stand organizado por el Ministerio de Igualdad de Oportunidades, se propuso una triple opción: homosexualidad, heterosexualidad, indiferencia, y se sugería votar por esta última.
----------Desde aquella vez, creo haber captado un aspecto aceptable del slogan que allí se difundía: "demos a todos iguales oportunidades", o sea, sin exclusivismos y privilegios y, por lo tanto, sin injusticias. En este sentido, no tendría dificultad en estar de acuerdo. Pero este slogan también se presta a otra interpretación, que podría sustentar una antropología sexual y, por tanto, una perspectiva ética, incompatibles con una sana visión, científica y filosófica moderna del ser humano "varón y mujer", visión que es confirmada por la fe cristiana, esa fe que produce una cultura católica de la cual creo que nosotros los católicos esperamos que las iniciativas civiles (como aquel Meeting italiano) puedan y deban ser expresiones incisivas.
----------Ahora bien, ¿cuál es esta visión inaceptable y falsa? El sostener la determinación sexual o el campo de la sexualidad no como una dimensión natural y esencial de la persona humana (aunque enraizada en la animalidad), sino como algo extrinseco a la persona o convencional o, como suelen decir, "vinculado a la cultura", objeto de legítima manipulación, algo que es variable o determinable por nuestras libres elecciones o por las operaciones de la técnica, que lleva al fin de cuentas a considerarlo una especie de optional, donde cada uno estructura su sexualidad de modo subjetivo según sus propias preferencias individuales.
----------Como si la sexualidad no fuera un dato universal y objetivo del ser humano como tal (animal racional, según la famosa definición aristotélica) y, por lo tanto como si, en consecuencia, las normas éticas de fondo de su sexualidad no fueran leyes morales naturales objetivas e inmutables, sino que estuvieran sujetas al arbitrio de los individuos o a la tendencia de las modas o a las contingentes disposiciones del derecho civil o de las decisiones de los gobernantes o de la política o de los gustos del momento.
----------El concepto de hombre que está en la base de esta visión es el de un sujeto independiente del ser varón o mujer, un sujeto sexualmente indeterminado y amorfo, de tipo puramente genérico (precisamente esta visión habla de "género", gender) el "género humano", para el cual las formas de la sexualidad no tendrían una esencial finalidad unitiva varón-mujer en vista de la generación y educación de la prole (matrimonio), sino que estarían sujetas a una pluralidad de libres elecciones dictadas por las convenciones, por el placer, por la emotividad, por las pulsiones psíquicas o, en casos particularmente sofisticados, por teorías o simbologías esotéricas o pseudo-espirituales, no ajenas a la magia y a la superstición.
----------No existe ninguna duda de que las funciones vinculadas a la masculinidad y a la feminidad tienen un aspecto secundario o accidental, aspecto que viene a ser dependiente de convenciones o usos que con contingentes y que varían según los tiempos y los lugares, pero debería ser cierto para todos que tales elementos adicionales se arraigan en una realidad humana varón-mujer que constituye el fondo y la esencia misma del ser humano y, por lo tanto, se origina, como dice la Sagrada Escritura, en la acción misma creadora de Dios. Es sólo así que está garantizada la salud y la existencia misma del "género" humano.
----------En cambio, en la mencionada visión relativista, un fenómeno como la homosexualidad aparece siendo una elección como cualquier otra, a la par del matrimonio. Y según tal vision, la ley civil (algunos quisieran que también la ley eclesiástica) debe asegurar iguales oportunidades y derechos tanto a las parejas matrimoniales como a las parejas homosexuales. ¿Pero los deberes pueden estar a la par?
----------He aquí la cuestión de los así llamados "matrimonios gay". ¿Deberíamos estar a favor? ¿O estar en contra? Yo haría una distinción. En mi ministerio sacerdotal tengo ocasión de encontrar a laicos y también a veces a sacerdotes homosexuales. Siempre quedo impresionado por la delicadeza de su conciencia, por su madurez moral, por su deseo de conquistar la virtud y de liberarse del vicio y del pecado. Saben perfectamente que la homosexualidad es pecado. Y yo conozco bien la misericordia de Dios que sale al encuentro de estas personas, en las cuales el arrepentimiento y el deseo de corregirse y mejorarse a sí mismos se combina con un estado de condicionamiento objetivo del sujeto, que atenúa la culpa.
----------Pero lo que no es aceptable es hacer de la homosexualidad una especie de "nueva humanidad", un "orgullo", un motivo de jactancia o una especie de ideal moral. Los homosexuales honestos y conscientes de aquello que es la verdadera dignidad humana rechazan desdeñosamente esta actitud hipócrita, adulatoria y falsamente condescendiente, que no los ayuda en absoluto, sino que los deja presos en su dificultad, falsamente presentada como derecho e igualdad de oportunidades.
----------Homofobia no es el saber y el hacer saber que la homosexualidad es un defecto y un pecado, sino que es el desprecio farisaico hacia los homosexuales, ellos también investidos de la dignidad humana, redimidos por la sangre de Cristo y llamados a la santidad.
----------Conozco también casos de cónyuges donde al menos uno de los dos es homosexual; pero las personas de este tipo, que vienen a mi confesonario, se cuidan bien de faltar el respeto a su esposa o a su propia masculinidad, y se esfuerzan laudablemente por vencer lo que consideran, correctamente, humildemente y sabiamente, un verdadero y propio defecto.
----------Y por lo demás, ¿quién de entre nosotros está libre de defectos? ¿Quién es el que "puede tirar la piedra"? Por el contrario, está claro que se deben desaprobar los así llamados "matrimonios gay" en los cuales el mismo ejercicio de la homosexualidad pretende presentarse como programa de vida y expresión de cultura y libertad, como si se tratara de un ideal de humanidad.
----------Acerca de esta cuestión es absolutamente necesario que no solo la Iglesia sino también el ordenamiento civil asuman una actitud, sí ciertamente, de comprensión y de tolerancia de quienes padecen la homosexualidad, pero sin llegar al punto de perder de vista las exigencias de la ley moral natural y del verdadero amor, porque un error de este tipo en el campo de la sexualidad, como demuestra la historia, conduce inexorablemente a un pueblo a la decadencia genética y, en su límite, a la desaparición física.
----------En efecto, la normalidad sexual afecta a la existencia misma de la persona. De ahí el riesgo de que ese pueblo se extinga o cuanto menos que caiga bajo el dominio de pueblos genéticamente más sanos. Nunca como hoy la Iglesia, en las huellas de la Sagrada Biblia, nos ha dejado en claro que la ética sexual es una ética de la vida, fuente y regla del verdadero placer y del verdadero amor.
----------Dios no quiera que el pueblo argentino, aturdido por malos maestros, se ponga en un camino de muerte después de haber recibido durante quinientos años la luz de ese Evangelio que indica al varón y a la mujer, como lo demuestra la historia cristiana, la vía de su verdadera dignidad y felicidad.
Querido Padre Filemón: escribió un mensaje el conocido Ludovisco, diciendo que por lo que usted escribe cuando dice "un error del cual san Pablo no estuvo eximido en sus cartas", usted no cree en la inerrancia bíblica...
ResponderEliminarPor supuesto, se trata de una estupidez que sólo Ludovisco podía escribir en tono solemne..., pero de la cual se le reiría cualquier chico de catecismo.
Le podría contestar yo, pero prefiero que lo haga usted, a ver si se lo explica con mayor claridad, por favor.
Paolo: no me parece que se deba molestar al padre Filemón por estas simplezas que podemos aclarar cualquiera de nosotros... Cualquier niño de nuestra catequesis inicial sabe que una cosa es la Palabra de Dios... y otra cosa son las "verdades científicas"... contenidas en la Biblia.... Hay que distinguir las dos cosas... si no estamos fritos... La Biblia no tiene error en cuanto nos transmite la Palabra de Dios..., pero está llena de errores científicos, ideológicos, culturales, etc., etc....
EliminarEstimado Paolo y Rosa Luisa,
Eliminaren la concepción cultural del Israel de los tiempos de san Pablo Apóstol acerca de la supuesta superioridad del varón sobre la mujer, no entra para nada la inerrancia bíblica, el cual es un tema que ya ha quedado providencialmente muy claro en la Iglesia desde hace décadas.
Lamentablemente, los indietristas se apegan a criterios del pasado y no advierten el ridículo en el que caen. La inerrancia bíblica no se refiere a la cultura del hagiógrafo, sino a su veracidad respecto al anuncio del dato revelado.
La exégesis del pasado, por su carencia de sentido histórico, por su retraso en los conocimientos históricos y del mundo físico, por la ignorancia de la evolución de las ideas morales y de las costumbres, así como por la ignorancia de los géneros literarios y por la ignorancia de las culturas antiguas, no siempre aplicó del modo correcto el principio de la inerrancia bíblica o lo extendió excesivamente, tomando por dato revelado cosas superadas, viejas leyendas, elementos espurios, pasajeros, contingentes y accidentales, y errores humanos presentes en el texto sagrado, y causando desagradables equívocos y gravísimos inconvenientes que perduraron por siglos y milenios, como fueron por ejemplo el caso Galileo, la idea de la inferioridad de la mujer respecto del varón, la legitimidad de la invasión violenta de un territorio extranjero, la teocracia, la ley del exterminio de los enemigos y una visión de Dios excesivamente antropomórfica.
Así es, querido padre Filemón... y se me ha ocurrido pensar algo a la luz de lo que meditábamos este domingo en el evangelio de la Misa... el hijo pródigo se lamentaba de su situación, pues había sido enviado a cuidar cerdos... animal que los judíos consideraban impuros... Hoy sabemos que no hay animales puros y animales impuros... Pero Moisés en el Levítico por ejemplo, creía que el cerdo era un animal impuro... De modo que los fundamentalistas que malinterpretan la inerrancia bíblica... tomando a la letra todo lo que dice la Biblia como si fuera verdad... entonces no deberían comer cerdo...
EliminarEstimada Rosa Luisa,
Eliminarsu ejemplo es interesante, y aplicable al tema que aquí se ha planteado, aunque el tratar de las prescripciones legales del Pentateuco (atribuído a Moisés) nos llevaría a hacer distinciones y precisiones que aquí no es lugar hacerlas.
Lo importante, cuanto menos, es que usted tenga claro que la inerrancia bíblica conlleva el hecho de que Dios nos propone su revelación sirviéndose de hagiógrafos que están ligados a la falible mentalidad de su época, y tal mentalidad transitoria y contingente, a la luz del progreso moral y teológico al cual la misma Escritura impulsa, se revela en ciertos casos contraria a cuanto la misma Palabra de Dios quiere decirnos.
Querido padre Filemón,
ResponderEliminarsimplemente para avisarle que Ludovisco sigue publicando comentarios que puntualmente vengo eliminando. Sigue diciendo sobre el mismo tema lo mismo que en otros artículos, comentarios a los que usted siempre le ha respondido, refutando todas sus objeciones. Está claro que no entiende lo que es la inerrancia bíblica, o, para dar mi opinión personal, creo que no ha estudiado ni leído los documentos magisteriales que la Iglesia ha emanado en los últimos tiempos sobre el tema. Usted y yo sabemos de quién se trata, de modo que, si mi opinión vale de algo, no vale tenerlo en cuenta, sobre todo porque ya se lo ha tenido en cuenta y se le han refutado todas y cada una de sus objeciones.
Le aviso que seguiré eliminando sus comentarios si los publica, pero le haré saber a usted si dice algo nuevo y distinto a lo que viene diciendo siempre.
Querido Paolo,
Eliminarcomo ya he dicho, los progresos y conquistas que en el curso de las últimas décadas ha conseguido la exégesis (disciplina científica), el progreso en los conocimientos históricos y físicos, la evolución a mejor de las ideas morales y de las costumbres, así como el conocimiento de los géneros literarios y de las culturas antiguas, implican avances que nos permiten conocer mejor el dato revelado separándolo de los datos culturales del hagiógrafo.
Está claro que todas las mencionadas conquistas han tenido como resultado una mejor comprensión de la inerrancia bíblica, implicando la distinción precedentemente no clara o incluso negada con gravísimos inconvenientes, entre el verdadero dato revelado y la mentalidad del hagiógrafo, sujeta a errores como la mentalidad de cualquier hombre sobre la faz de la tierra. La inerrancia bíblica no es la inerrancia del hagiógrafo o del autor bíblico como pobre ser humano, aunque fuera san Pedro, san Pablo o san Juan.
La inerrancia bíblica se refiere al hecho de que Dios cuando nos habla, no se equivoca, y esto es obvio, de lo contrario no sería Dios, porque Dios es la fuente de la verdad, pero el hombre puede equivocarse. Y por otra parte, cuando el hagiógrafo nos refiere la Palabra de Dios, no se equivoca. Y esta es la llamada inspiración bíblica. Sin embargo, cuando el hagiógrafo expresa sus opiniones o creencias de su propio tiempo, está sujeto a la normal falibilidad humana. Se podrían dar de esto muchos ejemplos en la Sagrada Escritura, como la doctrina de la superioridad del hombre sobre la mujer o la violencia en la destrucción de los enemigos o bien ciertas concepciones cosmológicas.
La moderna exégesis histórico-crítica nos hace comprender mejor que en el pasado en qué consiste la inerrancia de la Escritura. En definitiva, la inerrancia de la Escritura implica el hecho de que Dios nos comunica su revelación por medio de hagiógrafos que están ligados a la mentalidad de su tiempo, la cual, a la luz de ese progreso moral y teológico del cual la misma Escritura es suprema fautora, se revela en ciertos casos contraria a cuanto la misma Palabra de Dios quiere decirnos.
Por cuanto respecta al caso del obstinado lector de los comentarios que mencionas, ya conoces mi pensamiento. Es cierto que el mandato dado por Cristo a predicar el Evangelio es universal, y se puede resumir en el llamamiento "Convertíos y creed en el Evangelio". Pero... también Jesús nos ha mandado: "¡No deis las cosas santas a los perros! ¡No deis vuestras perlas a los cerdos!". ¿Cómo se concilian estos dos mandamientos aparentemente contradictorios? Pues bien, en mi publicación de mañana diré algo al respecto. Pero, para decir al menos algo ahora, por cuanto respecta al caso de este obstinado comentarista, digo dos cosas:
1. Sabiendo bien de quien se trata, en ningún momento se me ocurriría escribir estos artículos para él, pues ha demostrado no estar en condiciones de buena voluntad para aceptar el Magisterio de la Iglesia. No se deben dar estas "perlas" a quienes las desprecian.
2. Sin embargo, llegado el caso que esta clase de personas intervengan en nuestro foro de opiniones (como de hecho intervienen), entonces se les responde lo más clara y respetuosamente que nos sea posible. Y si no continúan el diálogo debidamente, sino que lo único que hacen es repetir sus cansonetas haciendo oídos sordos a nuestros argumentos y refutaciones, sin tomarlos en cuenta, entonces, lo oportuno es no publicarles nada más, como lo estamos haciendo.