La salvación podemos y debemos esperarla para nosotros mismos, se entiende a condición de que de ello tengamos fundada razón con el ejercicio cotidiano de las virtudes cristianas. No podemos garantizarla para los otros: cada uno tiene su responsabilidad y Dios deja libre a cada uno. Nuestro querer, nuestra voluntad, está en cambio en nuestras manos: por lo cual de nosotros mismos podemos responder y en tal sentido podemos y debemos esperar por nuestra salvación. Ciertamente debo obrar para la salvación de los demás y mi misma salvación está ligada a este obrar, pero no puedo constreñir a nadie a ir al paraíso del cielo, y tampoco Dios lo hace. [En la imagen: fragmento de "Judas", óleo sobre lienzo, obra de Edward Okun, pintado en 1901, conservado y expuesto en el Museo Nacional de Varsovia, Polonia].
"Calamum quassatum non conteret, et linum fumigans non extinguet" (Is 42,3). Blog de filosofía y teología católicas, análisis de la actualidad eclesial y de cuestiones de la cultura católica y del diálogo con el mundo.
jueves, 3 de abril de 2025
La cuestión del Infierno: ¿acaso todos se salvan?
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miércoles, 2 de abril de 2025
Conviértete y cree en el Evangelio (2/2)
En esta Cuaresma del Jubilar Año Santo de la Esperanza, buscamos la paz y sabemos que la paz está cercana. Sabemos bien que nos espera la paz eterna y celestial consecuente a la victoria de nuestro Señor Jesucristo sobre Satanás. Negarse a combatir con Cristo no es verdadero espíritu de paz sino lúgubre presagio de eterna guerra infernal, y no nos permite llegar a la paz eterna, esa paz inefable que pedimos a Dios para nuestros queridos difuntos y que preparamos desde ahora para nosotros combatiendo contra el pecado y que pedimos para nosotros a Dios más allá del umbral de la muerte. [En la imagen: fragmento de "Contraste", acuarela de Antonio Aragón, que representa el Parque General San Martín, Mendoza, Argentina].
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martes, 1 de abril de 2025
Conviértete y cree en el Evangelio (1/2)
¿A quién hay que dirigir este llamamiento: "Conviértete y cree en el Evangelio"? ¿A qué clase de personas le debe ser dirigido? ¿Es un llamamiento que debe ser dirigido a toda una ciudad, a cualquier ciudad? ¿A todos sus habitantes? ¿Asumiendo cualquier riesgo de incomprensión o de mayor obstinación en rechazar el mensaje? No parece ser esto lo que hizo nuestro Señor Jesucristo ni lo que nos invita a hacer. Ni parece lógico ni de buen sentido común. Por lo tanto, ¿bajo qué condiciones debe ser proclamado este llamamiento a la conversión y a creer en el Evangelio? [En la imagen: fragmento de una acuarela de autor anónimo, representando los portones de ingreso al Parque General San Martín, de la ciudad de Mendoza, Argentina].
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