¿Es el hombre un dios inconsciente de sí, o una criatura finita llamada a recibir la gracia? Cuando el idealismo confunde el pensar humano con el pensar divino, ¿no termina disolviendo al Creador en la criatura? ¿Puede el pensamiento crear el ser, o más bien debe rendirse ante lo real que lo precede y lo funda? El vuelo prometeico del idealismo, ¿no es en verdad un nuevo Ícaro destinado a precipitarse? ¿Qué queda de la fe cristiana si el Absoluto se reduce a la autoconsciencia del hombre? [En la imagen: "Aquella Basílica de San Francisco", fragmento de una acuarela sobre papel, obra de P.F., 2020, que representa la Basílica de San Francisco Solano vista desde la Plaza San Martín, en la ciudad de Mendoza, tal cual aparecía hacia 1910].
El pensar humano
----------Decimos, por lo demás, que el pensamiento humano es falible. Si el pensamiento coincidiera con el ser, el error, la falsedad, el pecado y la mentira no existirían ni podrían existir, lo cual es precisamente lo que ocurre en Dios, pensamiento y ser subsistentes y por consecuencia infalibilidad, veracidad y bondad infinitas.
----------Pero en nosotros, heridos por el pecado original, las cosas van muy diferentemente, porque nuestro pensar es distinto del ser y de lo real externo. De ahí su posible contraposición y la existencia de todos esos males que solo nosotros podemos realizar. Para nosotros, en efecto, lo real es una condición previa a nuestro pensar y es la regla de nuestro pensamiento. Pero nosotros, debido a esta desafortunada posibilidad de desacordar el pensamiento del ser, tenemos la posibilidad de no adecuar el pensamiento al ser, de tomar por verdadero lo que es falso y de decir lo falso haciéndolo pasar por verdadero. De ahí la falsedad, el error y la mentira con toda clase de mal moral y de maldad.
----------Nosotros pasamos del conocimiento sensible de las cosas a la conciencia de lo conocido y de la conciencia de esto a la autoconciencia porque nuestro proceso cognoscitivo debe hacer las cuentas con el uso de los sentidos, cosa que en Dios purísimo Espíritu está totalmente ausente. Por eso es solo Dios quien puede ser autoconciencia absoluta, originaria e intrascendible, estructura más bien de su mismo ser, sin que ésta tenga ninguna necesidad de estar preparada como en nosotros por el contacto inicial con las cosas externas.
----------Debemos tener presente que el engaño fundamental del idealismo consiste, por tanto, en dar al hombre la ilusión de que su pensar sea como el de Dios, o sea un pensar que no es acto de una facultad de pensar, sino que constituye nuestro mismo ser, por lo cual yo me concibo como pensante en acto, como res cogitans, y por tanto no como una naturaleza o una sustancia que tiene la posibilidad de pensar o tiene la facultad de pensar, sino como sujeto pensante e incluso autoconsciente en acto.
----------Como es bien sabido, esta es la concepción de Descartes, que inició la modernidad. Para Descartes el pensar humano no inicia con el conocimiento directo de las cosas externas, de cuya existencia él duda, para pasar al saber reflejo del propio saber y del propio yo, o sea a la autoconciencia, sino que según él, como sucede para Dios mismo, el saber es originariamente autoconciencia, de la cual sigue el conocimiento de las cosas. Pero debería ser evidente que este proceso cognoscitivo es propio exclusivamente de Dios, pensamiento absoluto y subsistente, ideador y creador del mundo.
----------Ahora bien, cuando nos planteamos el problema de la esencia del pensamiento, es necesario que partamos de un concepto general y no del pensamiento divino, de lo contrario, como les sucede a los idealistas, terminamos por atribuirlo no solo a Dios, sino también al hombre, salvo luego para terminar en el ateísmo, de modo que el hombre cree ser Dios, por lo cual el verdadero Dios, convertido en un duplicado inútil y prescindible, es rechazado y sustituido por el yo convertido en Dios.
----------Un ejemplo de esta elevación idealista del pensar humano al pensar divino lo tenemos en este teólogo dominico, Giuseppe Barzaghi, el cual se inspira en la filosofía de Severino con la pretensión de interpretar a santo Tomás, el cual en cambio, como es bien sabido, hace la susodicha distinción.
----------Barzaghi propone un análisis de la naturaleza del pensamiento donde se ve desde el inicio que él confunde el pensamiento como tal con el pensamiento divino. Dice en efecto: «el pensamiento como acto –pura actividad– se piensa a sí mismo pensante» (Oltre Dio, op.cit., p.53). Esto vale para Dios, no para el hombre: Dios, pensamiento subsistente, que se piensa a sí mismo. Pero en el hombre no es el pensamiento el que piensa sino que es el hombre mismo mediante su intelecto.
----------Prosigue diciendo Barzaghi: «entonces se podría distinguir en el puro acto de pensar, un pensamiento pensante –o sea el pensamiento que piensa– y un pensamiento pensado –aquel sí mismo pensante, que está contenido en el acto de pensar» (ibid.).
----------Estamos de nuevo en lo mismo. No es el pensamiento el que piensa, sino el intelecto, y esto vale tanto para Dios como para el hombre, precisando que solo Dios es pensamiento subsistente.
----------Prosigue luego: «Distinguimos el pensamiento pensante, o sea la actividad, del pensamiento pensado, es decir la objetivación. […] Aquello de lo cual tenemos conciencia es nuestra conciencia concienciada u objetivada. […] El pensamiento que piensa es el pensamiento pensante; la objetivación es el pensamiento pensado. Entonces: el pensar es pensar pensante (=pensamiento que piensa); el sí mismo es el pensar pensado.
----------¿Qué se entiende decir entonces cuando decimos que el pensamiento pensante o el acto del pensar es inobjetivable como sostenía el idealismo? Que yo objetivizo, hago objeto, conceptualizo el pensamiento pensante. Cuando los idealistas decían que el pensamiento pensante es inobjetivable o que el yo trascendental es inobjetivable, no querían decir que es incognoscible. ¿El pensamiento pensante es de veras en su realidad el pensamiento pensante? No, una cosa es el concepto del pensamiento y otra cosa es la actividad del pensamiento. […] La actividad que preside a esta conceptualización no es un concepto, es el pensamiento pensante» (Oltre Dio, op.cit., p.53).
----------Él describe el acto de pensar con términos que denotan claramente que él no habla del pensar en general, noción analógica aplicable a Dios y al hombre, sino que describe el pensar en términos que hacen claramente referencia al pensamiento divino, aunque no lo diga. Pero esto sería poco mal, si luego no concluyese asignando este pensar al hombre. Pues dice:
----------«Es necesario descubrir el sentido metafísico de la soledad del pensamiento, que encierra en sí todo. Sí, quiero decir que antes aún de reflexionar sobre los contenidos precisos, es necesario reflexionar sobre la misma capacidad de reflexionar. Es necesario sentirse envueltos por algo de intrascendible, como Dios es intrascendible, porque no tiene nada que le caiga fuera: no hay nada que caiga fuera de Dios y por tanto lo trascienda. … En mirar dentro de nosotros mismos descubrimos la dimensión solitaria y omniinclusiva del pensamiento. … El acto de pensar es intrascendible y por tanto omniinclusivo … No se puede escapar fuera del pensamiento, porque no hay un fuera del pensamiento» (Soliloquios sobre lo divino, op.cit. p.45-46).
----------La cosa ridícula de los idealistas es que ellos se jactan de haber descubierto la autoconciencia, salvo luego para decir que el sujeto no puede conocerse a sí mismo en el concepto, o sea objetivándose, porque objeto de concepto son solo, a su decir, las realidades físicas naturales. El sujeto no puede volverse objeto de concepto.
----------Por consiguiente, aquí vemos cómo en todo caso los idealistas son coherentes consigo mismos en su confundir el pensar humano con el pensar divino. En efecto, está claro que -como dicen ellos- si el sujeto pensante es el pensamiento subsistente, éste no puede ser objeto de conceptos empíricos. Pero si el sujeto pensante es el hombre, no se ve por qué el pensante no podría ser conceptualizado.
La autoconciencia
----------Otro signo que podemos encontrar de la confusión que el padre Barzaghi hace del pensar humano con el pensar divino es su concepto de autoconciencia, a la cual asigna atributos divinos. Barzaghi, en efecto, no distingue una autoconciencia humana de una autoconciencia divina. La autoconciencia humana es por su naturaleza divina. Así, en efecto, la define: «La autoconciencia … se expresa como aprecio de sí como absoluto originario e intrascendible. Absoluto originario porque … no hay remisión a otro, sino que remite simplemente a sí. La conciencia del otro implica la conciencia de sí» (Oltre Dio, op.cit., p.57).
----------Afirmación falsa, si se refiere a la autoconciencia humana. La experiencia del otro distinto de mí, fuera de mí, es la experiencia originaria del conocimiento. Es solo posteriormente que, reflexionando sobre el otro distinto de mí, presente en mí mediante una representación, tomo conciencia de mí y devengo objeto de conocimiento a mí mismo y surge mi autoconciencia. Es solo la autoconciencia divina la que tiene inmanente en sí el otro distinto de sí, en cuanto es la idea creadora de él.
----------«La autoconciencia es también originaria. Probemos a pensar que tenga un origen. Pues bien, el pensamiento pensante piensa también el origen: de un bocado lo ha comido, lo ha ya englobado! […] El mismo origen es pensado. La autoconciencia se aprecia a sí misma como absoluto originario, porque, si debiese pensar un propio origen diverso de ella, lo pensaría precisamente. Entonces ya no es más diverso de ella» (Ibid., p.56).
----------Observo que la autoconciencia humana tiene ciertamente un origen: ella es creada por Dios. Es la autoconciencia divina la que no tiene un origen externo a ella, porque es solo ella la que está fundada en sí misma y da origen a todas las autoconciencias creadas. Si el origen es real, como es real, ya que se trata nada menos que del Creador, el hecho de pensarla no hace que ella se resuelva en un ser de conciencia. Estamos aquí delante del acostumbrado vicio del idealismo: el de negar lo real externo por el hecho de que éste viene interiorizado en el acto del conocer o en el de la conciencia.
----------«La autoconciencia se aprecia a sí como intrascendible. Si busco trascender la conciencia, estoy siempre en la conciencia: si pienso que hay algo fuera del pensamiento, lo estoy pensando: por tanto no está fuera. Nada cae fuera del pensamiento; pero, precisamente por esto, no puedo decir que todo esté dentro del pensamiento; si no hay el fuera no hay tampoco el dentro. El pensamiento es pura transparencia absoluta del todo» (Soliloqui sul divino, op.cit., p.46).
----------Estamos siempre en el mismo punto. Solo la autoconciencia divina es intrascendible, porque no solo no tiene como la nuestra un real externo delante de sí y presupuesto a sí, y tanto menos por encima de sí, sino que ella es creadora del ser y de todo ser. Ella, en efecto, es el mismo ser subsistente, en la cumbre del ser y por encima de todo ser, que virtualmente contiene y supera en su íntimo todo ser y todo lo creado externo a ella.
----------No así nuestra autoconciencia. Ella es originada y no es en absoluto origen a sí misma. Si no estamos cegados por la soberbia y por la presunción, somos bien conscientes de su finitud, de sus límites y de sus defectos, de su origen temporal, de cuántas cosas aprendemos que antes no sabíamos, de cuántas cosas que no conocemos y no conoceremos nunca. Por numerosas que sean las cosas que sabemos, lo real nos supera siempre. Y si aun poseemos el concepto del todo, no podemos decir que sabemos todo.
----------Decir que nada cae fuera del pensamiento vale solo para el pensamiento divino, no para el nuestro. En Dios, en efecto, el pensamiento coincide con el ser, por lo cual está claro que en Él está todo. Si algo existe fuera de Él, es decir lo creado, éste no añade nada a Dios, sino que ya está precontenido virtualmente en la esencia divina, así como el efecto ya está precontenido en la causa. Pero nosotros no somos los creadores de las cosas. Nosotros las encontramos ya creadas por Dios y por tanto fuera de nosotros.
----------Está claro que si no hay un fuera del pensamiento no hay tampoco un dentro. Pero puesto que Barzaghi se equivoca diciendo que no hay un fuera, se equivoca también al decir que no hay un dentro. El idealismo es aún más falso que el inmanentismo. Al menos éste sostiene que aquello que parece fuera está dentro y se limita a decir que Dios está esencialmente en el mundo. Pero el idealismo identifica sic et simpliciter el ser con lo pensado y reduce todo a lo pensado.
----------Recordemos entonces que nuestra autoconciencia es creada y no es creadora. Y si queremos encontrar su fundamento, su origen y su causa, debemos trascenderla, ir y mirar más allá de sus confines, como nos exhorta san Agustín. Ella es finita y por tanto trascendible. Si quiere encontrar su origen, que es Dios, ella debe trascenderse para tender y llegar allí donde «ipsum lumen rationis accenditur». Este autotrascenderse, por lo demás, no debe ser entendido como si nuestra autoconciencia pudiese elevarse, acrecentarse, aumentarse o ensancharse hasta llegar a ser consciente de la existencia de Dios.
----------No se trata de una toma de conciencia de una cosa –Dios– que está ya originariamente en la conciencia y objeto inconsciente o preconsciente de la conciencia, sino de llegar a conocer y a ver el sumo ente extraconsciencial, Dios, como causa y creador de las cosas y del propio yo, partiendo del conocimiento de las cosas externas y de sí mismos.
----------Él cree poder hacer corresponder a esta dualidad de pensamiento pensante atemático-preconceptual y pensamiento pensado objetivado en el concepto, que recaba de Severino, el cual a su vez la toma de Heidegger, la dualidad tomista de intelecto agente e intelecto posible. Es la distinción heideggeriana entre Vorverständnis y Verständnis. La misma distinción aparece en Rahner con términos ligeramente diferentes: Vorgriff y Begriff. Y también Schillebeeckx tiene una distinción similar.
Una imposible interpretación idealista de santo Tomás
----------Barzaghi aproxima su concepción del pensamiento al intelecto agente de Santo Tomás. Él dice: «El pensamiento es el intelecto agente. […] Y como el intelecto agente es su mismo acto de inteligir, así el pensamiento es su mismo pensar» (Philosophia, op.cit., p.12).
----------«El intelecto agente es el puro acto de pensar» (La potenza obbedienziale dell’intelletto agente, op.cit. p.276). «En el intelecto agente el ente o el ser es tomado en su dimensión metaconceptual» (ibid., p.280). «Esta actividad del intelecto de entender el Absoluto positivo preconceptualmente es la base de la conceptualización porque está en función fundativa de los conceptos» (ibid., p.284).
----------Ahora bien, para santo Tomás, en realidad, el intelecto agente no tiene en absoluto por objeto ni el ser ni el Absoluto ni tampoco el «puro pensamiento». Él no tiene ningún objeto, sino que es solo la luz intelectual que ilumina los fantasmas haciéndolos inteligibles y permitiendo al intelecto posible intuir y concebir la esencia de la cosa abstraída de los mismos fantasmas (Summa Theologiae, I, q.79. a.3).
----------La intelección del ser o intelección del Absoluto, según santo Tomás de Aquino, es obra del intelecto posible, porque éste es precisamente el sujeto del conocer y del pensar. Él no tiene necesidad del concepto solo cuando el alma vuelve su atención a los datos de conciencia o a sí misma, en cuyo caso ella se conoce o se intuye por esencia (Opusc. De Veritate, q.10, a.8).
----------Continúa diciendo Barzaghi: «El pensar corresponde a la actividad del intelecto agente, tal como se describe en la filosofía aristotélica-tomista. El intelecto agente tiene la función de hacer inteligible el objeto del conocimiento, que es la actividad del intelecto posible. La facultad cognoscitiva es el intelecto posible, no el intelecto agente (Oltre Dio, op.cit., pp. 94-95). [...] El intelecto agente entiende el ser (ibid., p.95). [...] El entender es un saber aún no conceptual (ibid., p.96). [...] El intelecto agente es el mismo ser. Esto quiere decir que pensamiento y ser se identifican» (ibid., p.97).
----------Pero luego él, después de haber hecho decir a santo Tomás que el pensamiento se identifica con el ser, se opone al Aquinate en nombre del idealismo donde Tomás distingue el sujeto pensante del acto del pensar. En efecto a propósito del conocimiento angélico Tomás observa que en el ángel la sustancia del mismo ángel es idéntica a su pensar por concomitancia y no por esencia (Summa Theologiae, I, q.54, a.1, 1m).
----------Sin embargo se da cuenta de que para Tomás en el ángel (ibid.), y por consiguiente en el hombre, el pensamiento creatural no es subsistente como en Dios, por lo cual no se identifica con su acto, sino que la sustancia angélica es solo concomitante con su acto de pensar.
----------En cambio, Barzaghi rechaza sin razón alguna la indiscutible deducción o inferencia tomista que garantiza la diferencia entre el pensamiento divino y el pensamiento creatural, e invocando Barzaghi una observación fenomenológica inoportuna, sostiene la identidad pura y simple en el ángel de su sustancia con su actividad cognoscitiva, dando una prueba adicional de que está confundiendo el pensamiento creatural con el divino. Al llamar «pensamiento» a la sustancia del ángel Barzaghi afirma:
----------«... No consta descriptivamente la concomitancia de pensamiento y de pensar. No consta que pensamiento y pensar sean por concomitancia y no esencialmente idénticos. Descriptivamente consta la identidad punto y basta! [...] Lo que consta es la actividad del pensar. Por tanto, fenomenológicamente, es el Absoluto» (Oltre Dio, op.cit., p.99).
----------Hay que hacer la observación, con toda franqueza, que Barzaghi malinterpreta gravemente el concepto tomista de intelecto agente. No tiene nada que ver con la concepción idealista del pensamiento. El intelecto agente para el Aquinate es aquella función del intelecto por la cual ilumina los fantasmas y permite al intelecto abstraer la esencia inteligible de las imágenes obtenidas por los sentidos (véase la Summa Theologiae, I, q.79, a.3; q.54, a.4; y la Summa Contra Gentes, libro II, c.77).
----------La importancia actual y práctica de todo lo que hasta aquí llevo dicho en el presente artículo y de mis referencias a lo que enseña padre Giuseppe Barzaghi OP, se comprende fácilmente si se tiene en cuenta que él es actualmente profesor de filosofía teórica en el Studio Filosofico Domenicano de Bolonia y de teología dogmática en la Facoltà Teologica dell’Emilia-Romagna. Además, dirige actividades en la Accademia del Redentore y continúa publicando y predicando regularmente.
La gnoseología idealista deriva de la metafísica idealista
----------¿Por qué para el idealista el pensar coincide con el ser? Porque para él el ser es el ser pensado, por tanto es el ser que aparece a la conciencia, en la conciencia. El idealista confunde ser con aparecer. No existe para él un ser oculto o ignorado o no pensado porque para él también eso es ser pensado. Él no admite un ser que no se parezca a alguien. Como dice Hegel: «el ser debe aparecer». En efecto para Hegel el ser que es el ser divino está esencialmente relacionado con el mundo y por esto debe aparecer al mundo.
----------Es verdad que el idealista cartesianamente funda el ser sobre la autoconciencia, que no supone una dualidad de sujeto y objeto, sino solo el sujeto que reflexiona sobre sí mismo. Parecería tratarse en Hegel de un monismo absoluto: existe solo el ser, que es Dios. Todo es uno. Y sin embargo para él el sujeto no puede ser objetivado, no puede volverse objeto, mientras al mismo tiempo, delante de las insuprimibles dualidades del ser y del no‑ser, de lo verdadero y de lo falso, del bien y del mal, de la afirmación y de la negación, del sí y del no, no logra mantenerlos tales en su oposición, sino que por una intemperante necesidad de unidad, termina por introducir la dualidad en el mismo Absoluto, el Entero, que así aparece compuesto de infinito y finito, de ser y no‑ser, de afirmación y de negación. Por esto, según Hegel, en Dios está el ser, pero también el no‑ser, lo infinito, pero también lo finito, lo verdadero, pero también lo falso, el bien pero también el mal, el uno pero también los muchos, el sí, pero también el no.
----------El ser, el Absoluto en Hegel es uno solo, pero al mismo tiempo no es un simple, sino un compuesto, es un entero, compuesto de Dios y mundo. Entonces en el idealismo Dios no puede no crear el mundo, porque si no, no sería Dios. Dios, por lo demás, no crea, sino que extrapone a sí en el otro como otro de sí.
----------Por más que el idealista tenga una fuerte exigencia de unidad, no puede evitar la dualidad y no sabe cómo resolverla. Por esto él no logra concebir a Dios sin el mundo, un mundo, por lo demás, no creado por Dios de la nada, sino un mundo que es la autoposición de Dios fuera de sí. Sin embargo, puesto que para él existe solo Dios, he aquí que pone al otro de sí como negación de sí, en la propia autoconciencia.
----------Esta operación es clarísima en Fichte. En el idealismo como en el gnosticismo y en la filosofía india, el hombre es Dios, pero al inicio de su camino espiritual no sabe de serlo. Tarea del filósofo o del maestro espiritual es aquella de conducirlo a la conciencia de ser Dios. Inicialmente, cuando está todavía inmerso en la ilusión, el hombre es realista, o sea cree que aquellas cosas que están delante de él no las ha hecho él, sino una causa primera creadora que llama «Dios». No sabe que en cambio ellas son producto de su pensamiento.
----------Ahora bien, esta falsa gnoseología depende de una falsa metafísica que invierte la normal aplicación del principio de causalidad. En efecto, tal principio dice que el efecto depende de la causa, por lo cual la causa produce el efecto y el efecto supone la causa.
----------Entre lo finito y lo infinito, entre la naturaleza humana y la naturaleza divina, entre la criatura y el creador, existe una discontinuidad, no un pasaje gradual como entre el blanco y el negro, la oscuridad y la luz, el calor y el frío. Hombre y Dios son dos entes, dos sustancias, dos personas distintas, aunque convenientes. El hombre no es un Dios en potencia y Dios no es la actualización del hombre.
----------El hombre no es un Dios inconsciente de sí y Dios no es el hombre que ha tomado conciencia del propio ser. Dios puede estar sin el hombre, pero el hombre no puede existir sin Dios. El ser puede ser sin pensamiento, es decir, ser material. Pero el pensamiento no puede ser sin el ser, porque su objeto es el ser.
----------En cambio, para el idealista, entre el hombre y Dios está la diferencia que puede correr entre el niño y el adulto, el sujeto inconsciente y el sujeto consciente, y esto por lo demás infringe el principio de causalidad, porque aquí tenemos un efecto que se eleva por sí a la dignidad de causa, y una causa, un Dios, que no produce el efecto de la nada, sino que se abaja o degrada al nivel del efecto.
----------El idealismo hace imaginar al hombre ser y poder infinitamente más de lo que él es y puede; lo hincha de soberbia y le hace creer ser libre de toda ley que no sea su voluntad, exentándolo de los deberes de la moral y volviéndolo refractario a toda obligación de la ley moral: una verdadera desgracia para sí y para el prójimo, un verdadero castigo de Dios.
----------Como sabemos, en el idealismo el pensamiento coincide con el ser. El ser es Dios. Es el panteísmo, que en general es aquella visión de lo real, por la cual las cosas no son causadas o creadas por Dios, Pensamiento idéntico al Ser, sino que existe solo Dios, todo es Uno y todo es Dios, todas las cosas proceden o emanan de Dios o son la actualización de Dios, por lo tanto son divinas, son el resultado o del devenir o del aparecer de Dios. Dios es Todo o el Entero, en el sentido de que Dios es Dios-mundo, se identifica con el mundo, por lo cual Dios está en el mundo, el mundo está en Dios, Dios es el mundo y el mundo es Dios.
----------Si Dios es el Eterno, si Dios es el Uno, o sea el único ente, y el mundo es el aparecer y desaparecer de Dios, entonces lo que tenemos es el panteísmo eternalista, como aquel antiguo de Parménides, similar al de Plotino, Spinoza, Husserl y Severino. Si en cambio Dios es el Devenir, entonces el mundo es el resultado del autosaberse y del autoponerse, del devenir o de la historia de Dios. Aquí tenemos al idealismo de Heráclito, Proclo, Böhme, Bruno, Fichte, Schelling, Spencer, Hegel, Bergson, Loisy, Gentile, Heidegger, Teilhard de Chardin, Kasper. Barzaghi pertenece al primer grupo de panteístas.
----------La necesidad del espíritu humano de unificarse, de simplificarse, de engrandecerse, de aumentar, de subir, de trascenderse, de elevarse, de ir más allá y de superarse, de por sí no es equivocado, sino que más bien es una necesidad natural del espíritu finito, que aspiraría, si fuese posible, a volverse infinito y tiene deseo de sentirse no creado de la nada, sino como finitización del Espíritu infinito.
----------Pero aquí pretende demasiado, porque lo finito no puede volverse infinito. La criatura no puede volverse el creador, el efecto no puede volverse la causa. Y ésta produce el efecto, pero no puede volverse el efecto. Es verdad, sin embargo, que el Infinito puede elevar de alguna manera a Sí lo finito y hacerlo partícipe de su infinitud. Es éste el don divino de la gracia. Ésta es la única auténtica posibilidad que tiene el hombre al nivel de lo divino, de lo Absoluto, de lo Originario. En cambio, la pretensión gnóstica e idealista de llegar allí por sí misma es como el vuelo de Ícaro, destinado a terminar en la tragedia.
Fr Filemón de la Trinidad
Mendoza, 19 de septiembre de 2025

Cristo es hombre Dios. ¿Su pensamiento es humano y divino?
ResponderEliminarEstimado Jorge,
Eliminarusted sabrá, por el dogma de Calcedonia, que Cristo tiene dos naturalezas. Al tener dos naturalezas necesariamente tiene dos inteligencias y por lo tanto dos actividades distintas de pensamiento. Por lo tanto, en Jesús hay un pensamiento humano, como hombre, y un pensamiento divino, como Dios.