jueves, 27 de noviembre de 2025

El pensar humano y el pensar divino (3/4)

¿Es la mística cristiana un abandono de los conceptos o, más bien, su purificación en el fuego de la caridad? ¿Pensar como Dios significa identificarse con el Absoluto, o reconocer humildemente la distancia infinita entre el Creador y la criatura? Cuando el idealismo confunde el ser con el ser pensado, ¿no se abre la puerta al panteísmo disfrazado de contemplación? ¿Qué significa realmente “tener el pensamiento de Cristo”: poseer su mirada divina o recibir, en la fe, lo que Él mismo nos ha revelado? [En la imagen: "Iglesia de Loreto", fragmento de acuarela sobre papel, 2020, obra de P.F., colección privada; representa el templo parroquial de Nuestra Señora de Loreto, en la ciudad de Mendoza, tal como era hacia principios del siglo XX].

La superación de los conceptos
   
----------Al conceptualizar el ser divino, Barzaghi dice que el concepto «explota», se vuelve inutilizable. Sostiene que «todo intento de conceptualizar el Absoluto lleva al desmantelamiento lógico de la conceptualización. También la misma noción de Absoluto cae en la misma condición de relatividad conceptual. […] La explosión de los conceptos y de las palabras lleva al silencio: mística, myo, me callo» (cf. Oltre Dio ovvero omnia in omnibus. Pensieri su Dio, il divino, la deità, Giorgio Barghigiani Editore, Bologna 2000, pp.100-101).
----------Llega a decir que el lenguaje del ateo expresa la experiencia mística. Entonces Nietzsche vale tanto y más que santo Tomás. Me pregunto entonces con qué fin hacer tanto esfuerzo para procurarse el título de doctor en teología, con qué propósito escribir tantos libros y qué sentido tiene su ser hijo de aquel santo Domingo, del cual se narra que su principal interés era o el hablar de Dios o el hablar con Dios.
----------Si Dios es Aquel Que Es (Ex 3,14), ¿cómo hace entonces Barzaghi para decir que es imposible formar un concepto de Dios y alcanzar nociones verdaderas que nos muestren quién es realmente Dios? ¿Qué sentido tiene entonces la revelación cristiana? ¿Qué cosa revela la divina Revelación? ¿Qué cosa nos hace saber? ¿Dónde va a parar la teología natural y la teología dogmática? ¿Adónde va a parar el dogma? ¿Qué es del Magisterio de la Iglesia? ¿Qué es de la predicación del Evangelio? ¿Qué es de la moral cristiana? ¿Y cómo hace para decir tantas cosas sobre Dios, si es imposible formarse un concepto de Él?
----------Indudablemente no podemos representarnos adecuadamente a Dios comprensivamente con nuestros conceptos creados y finitos. Haría falta el Logos divino. Y sin embargo, como dice san Pablo Apóstol, el cristiano tiene el pensamiento de Cristo. La noción analógica iluminada por la revelación sabe quién es Dios, aunque obviamente no comprenda su infinita inteligibilidad. Solo que en tal caso está legitimado a hablar de Dios sensatamente sin contradicciones y sin darse la azada en los pies.
----------Que luego se deba callar cuando el concepto falta o no sabemos expresar en palabras aquello que concebimos o vemos o sentimos o experimentamos en el fuego de la caridad, de acuerdo. Pero esto no quiere decir en absoluto que el místico cristiano abandone o supere los conceptos o suspenda la actividad intelectual para experimentar a Dios y tanto menos para descubrir ser Dios o para convertirse en Dios o en el Absoluto.
----------Esto no es mística, esto no es cristianismo y esto ni siquiera buen sentido, sino hinduismo, gnosticismo y soberbia. El místico sigue siendo un creyente normal, hombre de fe y fruidor de las nociones del Catecismo. Solo que estas nociones son convertidas en tan afectivas en el fuego de la caridad, que el místico no logra ya expresar aquello que concibe a causa de la conciencia dada por la caridad del sobrepasamiento de lo que Dios es respecto a lo que de Dios él entiende.
----------Santo Tomás de Aquino habla sí de una experiencia mística de Dios, pero precisa que este contacto directo con Dios no es obra del intelecto, que hace uso de los conceptos de fe, sino que depende de la caridad, como dice el Aquinate: «caritas est de eo quod iam habetur». A Dios lo veremos un día en el paraíso del cielo, pero con la caridad lo poseemos ya desde ahora, peregrinos del Absoluto.  
----------Barzaghi parece sin embargo poner todavía restricciones al pensar en el caso del hombre: «Pensar, Ser y Absoluto son por tanto aspectos de una misma realidad. En el acto de pensar estamos implicados con el Ser Absoluto, por tanto, pero no podemos de ello concluir nuestra absoluta identidad con el Ser Absoluto, el cual, para ser tal, debe ser absolutamente transparente a sí mismo, además que como pensar también como conocer. […] El acto de pensar o el pensamiento como acto, por el cual estoy implicado en el Absoluto, no es un conocer absoluto: del hecho que pienso, entiendo infinitas cosas, y lo infinito mismo y el Absoluto mismo –no la idea o el concepto del Absoluto–, de ello no se sigue que yo conozca infinitas cosas, ni que conozca o comprenda infinitamente y absolutamente las pocas cosas que conozco» (Philosophia, op. cit., p.79).
----------Decir que igualo a Dios en el pensar pero no en el conocer no basta para evitar el panteísmo. Debo decir claramente que mi pensar es finito y relativo, mientras que el pensar divino es infinito y absoluto; que en mí el pensar es acto de la potencia de pensar y no es como en Dios puro acto de pensar y pensar subsistente. Debo decir que mi pensar presupone lo real, mientras el pensar divino produce lo real. Debo decir que mi pensar es trascendido por el ser, mientras que el pensamiento divino es intrascendible porque engloba todo el ser.
----------Con su teoría del pensamiento puro, Barzaghi termina por cancelar la distinción entre razón, fe y visión beatífica. Por eso dice: «radicalmente fe, razón como pensamiento puro y visión beatífica son la misma cosa» (ibid., p.69). Evidentemente, este teólogo dominico confunde la luz natural de la razón con la luz sobrenatural de la fe y con la luz de gloria de la visión beatífica.
----------En los conceptos la razón conoce a Dios por medio de las criaturas, la fe se eleva al conocimiento sobrenatural del dato revelado, la visión beatífica es sin concepto, es la visión directa e inmediata en el cielo del rostro del Padre y del Hijo, en la fruición del Espíritu Santo.
----------En la vida presente, que comporta la unión del alma con el cuerpo, el concepto teológico, salvo especialísimos dones de gracia, es siempre necesario para el conocimiento de Dios por el hecho de que el intelecto debe recurrir a la imaginación. En cambio, el alma separada después de la muerte no forma ya nuevos conceptos, estando privada del cuerpo, pero conserva los conceptos que ella ha formado durante la vida terrena o acaso deduce otros conceptos de los precedentes.
----------Si el alma está salvada, el intelecto ve inmediatamente la Esencia divina en el cielo; utiliza los conceptos de los cuales ya está en posesión, si está en el purgatorio; rechaza con rabia estos conceptos, aquí efectivamente los hace explotar y los destruye, si está condenada y cae en las tinieblas, bien diversas de las tinieblas místicas, porque aquí el concepto hace de lámpara en la noche, mientras en el infierno el alma, rechazando con odio el concepto de Dios, se encuentra en la oscuridad total. El «misterio absoluto», del cual habla Rahner, se asemeja más a la tiniebla infernal que a la mística.
----------Barzaghi tiene un concepto equivocado de la visión beatífica, en coherencia con su idealismo gentiliano, por el cual el pensamiento no piensa un real externo, sino que piensa su acto de pensar. Por esto, para él es equivocado creer que en la visión beatífica haya «una cosa que ver» (Nuovi saggi, op.cit., p.193). Y en cambio esta cosa sublime y beatificante existe y es Dios. Con el pretexto de que Dios es pura actividad, entonces la visión según él sería pura actividad de pensamiento que se piensa a sí mismo. Pero el pensamiento es imagen de la cosa. Si no está la cosa que pensar, ¿dónde va a parar el pensamiento?
----------Notemos de paso que los ortodoxos rechazan el dogma de la visión inmediata de la esencia divina porque comportaría el panteísmo. Por esto sostienen que el objeto inmediato de la visión no es Dios sino la gloria (la “energía”) divina. Sin embargo, panteísmo se tendría si se pretendiese que el acto del intelecto fuese infinito en sí mismo y en su capacidad, lo que está evidentemente excluido por el dogma, tratándose de intelecto creado. Este, en cambio, está proporcionado a la visión por la luz de la gloria celestial. Está claro, en cambio, que el acto intelectual es finito como acto, aunque el objeto divino sea infinito. O sea, ve finitamente lo Infinito.
----------Añadamos que el abandono de los conceptos no garantiza necesariamente la visión, sino que para que esta se verifique es necesario el estado de gracia, que no siempre está presente. Barzaghi parece ignorar la posibilidad de la condenación y concebir la visión beatífica como estructural al pensar como tal.
----------Barzaghi, sin embargo, distingue en estos términos un modo humano de pensar de un modo divino de pensar. Él dice: «El pensamiento puro es la coincidencia con la pura actividad que es el Absoluto: no objetivación. Es necesario notar que la distinción entre modo humano y modo divino está precisamente aquí. El modo humano es conceptual; el modo divino es aconceptual: sobrepasamiento de los conceptos, es decir de la objetividad. Pura actividad en la actividad» (ibid.).
----------Ahora bien, sin embargo, esta distinción, en él, se encuentra siempre en el interior del «pensamiento puro» idéntico al Absoluto: «Fe y Razón coinciden radicalmente en el Pensamiento, es decir en el saber el Absoluto absolutamente» (ibid.). Digamos que la verdadera distinción entre pensar humano y pensar divino no está en los términos antes mencionados, sino que está en el hecho de que el pensar humano es un pensar distinto del ser y dependiente del ser, mientras que el pensar divino es pensar idéntico al ser. Ahora bien, él, admitiendo que el hombre pueda cumplir actos del pensamiento puro o sea divino, no reconoce verdaderamente la esencia del pensar humano, sino que lo confunde con el pensar divino.
----------Notemos además que él reconoce la distinción entre conocer y pensar, pero la entiende en sentido idealista, o sea dando el primado al pensar respecto al conocer, cuando en cambio es necesario decir que el intelecto humano contacta la realidad o lo existente en el conocer o en el saber, antes que en el pensar. Por esto nosotros derivamos o deducimos el pensar del conocer y no el conocer del pensar, como creen los idealistas. El intelecto humano inicia su actividad ateniéndose a lo real y conociéndolo. Solo subsecuentemente y derivadamente piensa, o sea reflexiona, duda, razona, deduce, recuerda, proyecta, imagina.
----------Sin embargo no es verdad, como él cree en la estela de Heidegger, Severino y Rahner, que el concebir esté ligado solo al conocer y no al pensar. No es verdad que el pensar sea una autoconciencia atemática originaria de ser a la manera de Descartes, o un comprender o un intuir o experimentar preconceptual, temáticamente inconsciente, del cual derivaría la conceptualización como explicitación nocional y temática o aparición fenoménica de la precedente autoconciencia originaria.
----------Es verdad que lo pensable es más amplio que lo conocible, porque mientras aquello abarca también lo posible, esto comprende solo lo real actual. La esencia cubre un espacio de pensabilidad e inteligibilidad mayores que el ente en acto, en cuanto, mientras este se refiere al ser actual o al realmente existente, la esencia de por sí puede ser un puro posible o ideal que va más allá de lo actual y por lo tanto cubre un espacio más amplio de inteligibilidad y pensabilidad, pero no de cognoscibilidad, porque no está existente en la realidad.
----------Sin embargo en el saber teórico y práctico nosotros deducimos lo posible de lo actual y no a la inversa, como querrían los idealistas. A posse ad esse non valet consequentia, dice justamente un principio de la lógica. Aquí, entre otras cosas, está el defecto de la demostración de la existencia de Dios –el famoso «argumento ontológico», no por nada caro a Hegel–, en base a la idea de Dios y no partiendo de la realidad de las cosas, per ea quae facta sunt, como dice San Pablo (Rm 1,20).
   
El pensamiento puro
   
----------Barzaghi no nos da una definición del pensamiento en general, aplicable analógicamente para Dios y para el hombre, sino que parte enseguida con una definición que va bien para el pensamiento divino, por lo cual viene lógica la consecuencia de que cuando el hombre piensa, es Dios. Dice, en efecto: «descubrir el pensamiento puro quiere decir sobrepasar los conceptos» (ibid., p.9). Entonces el pensamiento humano que usa los conceptos, ¿qué cosa es? ¿Pensamiento impuro? Es para él un pensamiento mezclado al concepto, no necesario a la existencia del pensamiento, porque según él el pensamiento puro, que sería luego el pensamiento idéntico al ser, el Pensamiento Absoluto, no es conceptual. Ahora bien, el pensamiento divino, al cual él evidentemente alude sin reconocerlo, es también conceptual como lo es el pensamiento humano. No está aquí la diferencia entre el pensar humano y el pensar divino. El Concepto divino es el mismo Logos, el Hijo de Dios.
----------Así entonces describe la experiencia del puro pensar: «Perderse en el puro pensamiento, o sea en el puro acto de pensamiento quiere decir suspender momentáneamente el conocimiento conceptual» (ibid, p.109), porque así el intelecto «capta al Espíritu Absoluto» (ibid, p.10). Esta sería la condición del «pobre en espíritu», de la cual habla Meister Eckhart, citado por él. «El pobre en espíritu es todo, el entero, el ser. Él capta en el fondo de la propia alma la identidad con el Absoluto, que es Dios» (Ibid, p.11). «Este fondo del alma –dice él– yo lo llamo pensar, acto del pensar en estado puro» (ibid, p.11). Vemos el alma identificada con el pensar que a su vez es captar la identidad con el Absoluto que es Dios.
----------Barzaghi pone en luz e insiste sobre lo que él llama «pensamiento puro», que querría entender como acto del pensar humano o del filosofar, pero lo entiende con caracteres que en realidad sobrepasan no solo el límite del intelecto humano, sino también aquel límite del intelecto iluminado por la fe y parece ya ser la visión beatífica.
----------Dice, en efecto: «El pensamiento puro es ya una tangencia preconceptual con el Ser Absoluto (nótese bien: no con la idea del ser, ni con el ente en común, ni con la idea de Dios). Estos son ya datos conceptuales, y por tanto de orden cognoscitivo: no son el término intencional del pensamiento puro, o sea del pensar como acto puro del pensar» (Ibid., pp.54-55).
----------Conviene aquí recordar que propiamente el puro acto del pensar es sólo el pensar divino, ya que Dios es al mismo tiempo puro acto de ser y de pensar.
----------En lugar de la distinción entre pensamiento humano y pensamiento divino, Barzaghi hace una distinción entre «dimensión metafísica» del pensamiento, por un lado, y, por otro lado, pensamiento «en términos cosmológicos o psicológicos» (Oltre Dio, op. cit., p.92), donde la primera es presentada en los términos que convienen al pensamiento divino, y sin embargo él no nombra a Dios, mientras que el segundo es definido como «una facultad humana», para la cual se da un «dentro y fuera del pensamiento», que serían simples «modos de decir» relativos al modo humano de pensar.
----------Ahora bien, él ignora que el pensamiento se define precisamente en relación al ser externo a él, ser, que es la primera y originaria noción de la mente. La noción misma del pensamiento dice representación de lo real externo a la mente e inmanencia del pensamiento en la mente. «No es la piedra la que está en el alma –ya decía Aristóteles–, sino la imagen de la piedra».
----------Haga el lector la prueba de intentar refutar la evidencia palmaria de esta constatación del Estagirita. La identificación del pensamiento con el ser no corresponde en absoluto a la noción originaria del pensamiento, sino que es una noción derivada, construida precisamente para explicar la naturaleza del ser y del pensar de Dios. Hacer de esta noción la noción originaria del pensamiento quiere decir invertir el orden del conocer, que primero forma el concepto del pensar en cuanto distinto del ser y subsecuentemente, para explicar el misterio de Dios, identifica el pensar con el ser.
----------Él, en cambio, afirma: «en línea descriptiva o fenomenológica el pensar como acto se presenta con una imponencia tal que no puede ser absolutamente “catalogado”. Cuando busco describir el pensamiento como acto o el pensar, no puedo dejar de presentarlo como la extensión infinita del ser, que no excluye nada de sí –o sea excluye la nada, porque justamente es la nada, no existe. El pensamiento y el ser son la misma cosa, porque como nada está fuera del ser, así nada está fuera del pensamiento» (Oltre Dio, op.cit., p.92).
----------Ahora bien, es necesario observar que esta relación que Barzaghi establece entre el pensamiento, definido con los caracteres del pensamiento absoluto, y el pensamiento humano, presentado como resultado del «análisis psicológico y cosmológico del pensamiento», deja entender claramente que Barzaghi entiende el pensar humano no como un acto creatural distinto del ser, que se relaciona con el pensar divino idéntico al ser, sino como el mismo pensamiento absoluto expresado en términos humanos. Ahora bien, el pensar humano no es un modo finito del pensamiento absoluto, como sucede en el panteísmo de Spinoza, sino que es acto de la criatura distinta del pensamiento divino creador.
----------Para el padre Barzaghi el filosofar originario, «el primer nivel del filosofar», como lo llama, es «el nivel del pensamiento puro, aquel del puro acto de pensar. Se trata de la dialéctica originaria, por la cual lo Positivo o el Ser Absoluto está invenciblemente junto a sí mismo, como desde siempre victorioso sobre lo negativo y completamente transparente a sí mismo. Es la Sabiduría absoluta, que desde siempre el pensar (el intelecto agente) posee en forma preconceptual» (Philosophia, op.cit., p.56).
----------Por consiguiente, el filosofar originario para Barzaghi es entonces el acto puro de pensar, pensar preconceptual, la dialéctica del Ser Absoluto, la Sabiduría absoluta. Y esto sería el intelecto agente. Vemos enseguida la confusión entre el filosofar, acto del pensamiento humano, con el Ser Absoluto, la Sabiduría absoluta, que son evidentemente Dios y por tanto con el pensar divino. Este es precisamente el modo de filosofar del idealista, que se cree la aparición del Pensamiento absoluto.
----------El filosofar originario sería el estar «cerrados en el pensamiento», mientras esto correspondería al estar «abiertos al todo, al Absoluto» (L’intelligenza della fede, Edizioni ESD, Bologna 2012, p.114). Ahora bien, es necesario observar que si nuestro pensamiento coincidiese con aquel divino, que abarca todo el ser, la tesis sería verdadera. Pero, dado que nuestro pensar es relación a lo real externo, si nos cerramos en nuestro pensamiento, le bloqueamos todo progreso y todo nuevo aprendizaje, no escuchamos las razones o las críticas de los otros y terminamos por creer que no tenemos ya nada más que aprender. Nuestro pensamiento, privado del alimento que viene de lo real, se fosiliza en lo ya sabido, cerrado a toda novedad.
----------Pero el idealista, cuando le conviene o lo necesita, sabe astutamente jugar también la parte del realista. Hablando con mayor franqueza, deberíamos decir, para usar una expresión de nuestro Señor Jesucristo, que él sirve a dos señores. Uno es el Dios con el cual se identifica, el Dios del idealismo, el yo trascendental de origen cartesiano, y el otro es el Dios del Catecismo y de santo Tomás de Aquino, o sea el Dios del realismo, que le procura la consideración y la estima por parte del ambiente social y eclesial.
----------He aquí, por tanto, el idealista consciente de la conveniencia, condescender, al filosofar realista, que así Barzaghi describe: «El segundo nivel es aquel del conocer. Se trata de la dialéctica originada, por la cual el pensamiento puro se esconde y se revela a través de las ideas o los conceptos que expresan sus contenidos. Estos contenidos del pensamiento representan la comprensión cognoscitiva que el intelecto posible ejerce, concibiendo relativamente –o sea de modo relativo o relacional– el Ser Absoluto. Los conceptos son el modo con el cual nuestro intelecto conoce y comprende la realidad creada –y aquella increada, por referencia o sobre la base de aquella creada. Todo el mundo creado y creable –o sea manifestado o manifestable– es la expresión condensada en inteligibles, o especies, del Ser Absoluto» (Philosophia, op. cit., ibid).
----------El idealista asocia por tanto el susodicho filosofar originario, en el cual se alimenta de la conciencia de la propia divinidad, a un filosofar derivado e instrumental, con el cual representa la parte del realista, respetuoso de los dogmas de la fe y de los ritos litúrgicos, ligado a las prácticas externas de la moral, a las observancias regulares, a las convenciones sociales, con cuidado atento de la propia honorabilidad y de la propia buena fama.
----------Viene a la mente el método fenomenológico recomendado por Husserl, por el cual a fin de realizar el filosofar radical, debemos identificarnos con la Subjetividad absoluta, más allá y fuera de la cual nada existe, poniendo entre paréntesis el realismo gnoseológico. Sin embargo Husserl no excluye que, cuando puede resultarnos cómodo, lo podamos usar. Esta manera de filosofar hace surgir en nosotros la precisa impresión de encontrarnos delante de un neofariseismo, por el cual se esconde bajo una aparente respetabilidad una sustancial satisfacción del propio egocentrismo y la absolutización del propio yo.
   
El punto de vista de Dios
   
----------Barzaghi propone un hacer filosofía y teología tal que nos consienta ver las cosas, nosotros, Él y el mundo, desde lo alto, en la luz de lo eterno, así como las ve Dios, sub specie aeternitatis. La propuesta es sin duda buena, pero debe ser entendida bien, con prudencia y humildad, de lo contrario, si se nos sube la cabeza, en vez de subir a Dios precipitaremos en el infierno. Adquirir el pensamiento de Dios revelado a nosotros por Cristo es cosa bellísima, utilísima y fructuosísima, pero debe ser realizado en el debido modo y con los debidos medios. El ojo de la fe no es otra cosa que una participación en nuestra mente en gracia del mismo pensamiento de Dios, el punto de vista de Dios sobre Sí mismo, sobre nosotros y sobre el mundo.
----------Este ver, este pensar debe ser entendido sin embargo según el módulo realista, no según el módulo idealista. Aunque en Dios ser y pensar coincidan, Dios sabe distinguir perfectamente bien el mundo por Él creado fuera de Él, de su pensar el mundo como idea creadora del mundo. También para Dios, aunque el mundo esté contenido virtualmente en la esencia divina idéntico con ella, el mundo en sí mismo por Él creado lo ve como externo a Él. El asumir el punto de vista de Dios no nos autoriza en absoluto a creer -como cree Barzaghi- que nuestro pensar se identifique con el ser. Nuestra autoconciencia permanece originada y a posteriori y para nada en absoluto originaria y a priori como la divina.
----------Es necesario por tanto notar que, como Descartes y como Husserl, Barzaghi concibe la autoconciencia como «un dato originario: se trata de la inmediata transparencia de sí al pensamiento» (ibid., p.11). Ahora bien, en verdad en el hombre la transparencia de sí al pensamiento no es en absoluto inmediata, sino que es el resultado final del proceso del conocimiento de lo real, que tiene su inicio en la percepción y en el pensamiento de las cosas externas. Es solo la autoconciencia divina la que no tiene aquel presupuesto, ya que Dios no extrae su conocer como nosotros de las cosas, sino que a la luz de su autoconciencia, que es el mismo pensamiento divino, Él idea, piensa y crea las cosas mismas. Barzaghi declara que la autoconciencia, que es el pensamiento puro y que llama también «pensamiento-pensante», corresponde al yo trascendental del idealismo (ibid., p.12).
----------Es necesario entonces notar que en el pensamiento divino las cosas van muy diversamente de como suceden en nosotros. Es error gravísimo atribuirnos a nosotros lo que pertenece a Dios. Está claro que en Él pensar y conocer coinciden en la simplicidad de su actividad intelectual, acto puro de ser. Sin embargo no nos está prohibido distinguir también en Él, aunque solo nocionalmente, una autoconciencia y un conocimiento, un pensar y un conocer, un intuir y un conceptualizar: ¿no existe acaso en Dios el Logos?
----------Y entonces debemos decir que en Dios sucede lo inverso de cuanto sucede en nosotros. Dios inicia –y de inicio se puede hablar– efectivamente con un acto de pensamiento reflejo y precisamente con la autoconciencia, justamente como Descartes y los idealistas imaginan que suceda para el hombre, por lo cual estamos siempre de nuevo en constatar cómo ellos confunden el pensar humano con el pensar divino. En efecto Dios, sobre la base de su autoconciencia, piensa y proyecta el mundo, lo crea y lo conoce detalladamente y conceptualmente en el Logos como de hecho existente fuera de Sí.
----------Ahora bien, digamos las cosas con mayor precisión entonces, retomando la exposición de la naturaleza del pensamiento, que si para nosotros el representar en el concepto presupone lo real ya existente y es derivado de lo real, para Dios el Logos es criterio, modelo y principio de la misma existencia de lo real –en tal caso tenemos la idea–, entonces tenemos el pensar divino. Está claro que Dios no tiene necesidad de hacerse un concepto de las cosas como debemos hacer nosotros.
----------En efecto a Dios le basta idear las cosas. Nosotros en cambio, que partimos de condiciones de ignorancia, aprendemos las esencias de las cosas formándonos un concepto abstracto de la experiencia de la cosa concreta. Pero también nosotros podemos poseer un saber no conceptual. Es el saber conciencial, o sea la visión de los contenidos de nuestra conciencia, por nosotros pensados, de nuestros pensamientos, propósitos, intenciones y razonamientos, que no tienen necesidad de ser conceptualizados porque ya son conformes a nuestro espíritu. En cambio podemos conceptualizar o hacernos un concepto de los entes de razón, lógicos, morales, teológicos, matemáticos e imaginarios.
----------Además Barzaghi, con el pretexto de que nosotros podemos ponernos desde el punto de vista de Dios y ver las cosas como las ve Dios, quiere hacernos creer que nosotros, elevándonos a su gnóstica «autoconciencia absoluta, originaria e intrascendible», preconceptual y preconsciente, llegaríamos a obtener que nuestro pensar iguale o se equipare con el pensar divino, por lo cual, como el pensar divino es idéntico al ser, así nuestro pensar se identificaría con el ser.
----------Ahora bien, es verdad que san Pablo Apóstol, hablando del conocimiento de fe, nocional y en nada atemático, dice que nosotros poseemos el pensamiento de Cristo, y por lo tanto -digamos también- la misma mirada de Dios, pero estamos siempre de nuevo en lo mismo: está claro que san Pablo no quiere decir que el acto de nuestro pensar se identifique con la perfección infinita del pensar divino, sino simplemente que nosotros, gracias a la revelación, mediante las nociones de fe, llegamos a saber sobre Dios cosas a las cuales no llegaríamos nunca elevándonos con las fuerzas de la sola razón.
----------En la vida presente nosotros podemos adquirir el pensamiento divino –el pensamiento de Cristo– solo en los conceptos de la fe. La creencia de que podemos poseer un nuestro pensar divino reflejo, inconsciente, atemático, global, preconceptual más radical y originario es una pura ilusión en nada conforme a cuanto nos enseñan la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia.
----------Es asombroso al respecto cómo el cardenal Biffi, teólogo de alta sabiduría, aunque demasiado cercano a Soloviev, pero sustancialmente fiel a la Iglesia, se haya dejado engañar, tanto como para escribir un prólogo entusiástico al libro La mirada de Dios, Ensayos de teología anagógica (Edizioni Cantagalli, Siena 2003), libro que el purpurado juzga «insólito y valiente», pero por desgracia en realidad el libro, bien examinado, no se revela ni insólito ni valiente, sino de mentalidad difusa y oportunista, porque se inserta en el filón hoy ampliamente influyente y atractivo del rahnerismo.
----------Se ve que Biffi malinterpreta el discurso sobre la mirada de Dios entendiéndolo como una «perspectiva radicalmente contemplativa». Cree que se trata del «punto de vista anagógico del ver desde lo alto sub specie aeternitatis» y no se da cuenta de que la postura barzaghiana no es en absoluto la realista, sino la de Spinoza, el cual también usa la misma expresión latina, pero en sentido panteísta.
----------Ahora bien, debemos decir que es verdad que nosotros podemos pensar el todo, pero que no podemos conocer todo, o sea todas las cosas en concreto y en su detalle. Esto pertenece solo a Dios. En tal sentido nuestro saber es finito. Barzaghi reconoce que sólo el conocer divino es exhaustivo y totalmente comprensivo de la esencia de cada cosa. Nosotros tenemos siempre que aprender; Dios sabe ya todo a priori. En tal sentido, el padre Barzaghi reconoce que solo Dios es omnisciente. Y sin embargo, con su identificar o hacer coincidir el pensar con el ser, Barzaghi viene a atribuir la omnisciencia también al hombre. Él cree que no existen cosas a las cuales no pensemos. Pero justifica esto con la razón sofística de que en el momento en que hacemos esta afirmación, las pensamos y por tanto se vuelven pensadas, sin darse cuenta de que las pensamos sí, pero precisamente en cuanto no pensadas, por lo cual ontológicamente permanecen como cosas no pensadas. Por tanto, retorna la acostumbrada confusión idealista entre el ser y el ser pensado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, serán eliminados.
Se admiten hasta 200 comentarios por artículo.