miércoles, 26 de noviembre de 2025

El pensar humano y el pensar divino (2/4)

¿Puede el hombre, en su pensar, apropiarse del Absoluto sin caer en la soberbia de confundir criatura y Creador? ¿Es el “pensamiento puro” un acceso directo a Dios… o la antesala del panteísmo y del ateísmo? ¿Qué se pierde cuando se olvida la analogía del ser y se absolutiza el concepto parmenídeo de lo Uno‑Todo? ¿No es la verdadera humildad reconocer la distancia infinita entre el pensar humano y el Ser divino, sin dejar de afirmar la dignidad de la criatura? [En la imagen: una representación del templo de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, de calle Joaquín V. González 163, Villa Marini, Godoy Cruz, Arquidiócesis de Mendoza, fragmento de una acuarela sobre papel, 2023, obra de P.F., colección privada].

Pensar y concebir
   
----------Distinción interesante en Barzaghi, que ya se encuentra en Kant, y es fácilmente deducible de la gnoseología de santo Tomás, es aquella entre el pensar (cogitare) y el conocer (intelligere, scire, cognoscere). El primero es aconceptual y preconceptual; el segundo es conceptual. En el primero tengo ante mí o ante mi conciencia el Absoluto o el Todo. Aferro, intuyo, experimento o capto o veo el Todo en mi autoconciencia.
----------El primero, para él, sería una autoconciencia originaria y absoluta, que recuerda mucho al cogito cartesiano o al Yo de Fichte. En el segundo conozco las cosas en detalle, entiendo (intelligo), capto (capio), concibo (concipere), comprendo (comprehendo) las cosas. Y formo también los conceptos teológicos. Dice: «El pensamiento es el originario y la totalidad. En el pensamiento puro el conocimiento, que conceptualiza, está perdido, pero al mismo tiempo es perfectamente acogido como en su ambiente vital, porque el pensamiento es la transparencia del ser pre-conceptual y condición de toda conceptualidad. [...] El pensamiento atemático o pre-conceptual del ser es la condición de posibilidad del conocer y de la realidad» (Philosophia. Il piacere di pensare, Edizioni il Poligrafo, Padova 1999, p.52).
----------Nótese bien: no dice condición de posibilidad de conocer la realidad, sino posibilidad de la realidad. Por tanto, no es lo real lo que pone el pensamiento, sino que es el pensamiento lo que pone lo real: el error típico del idealismo. Esta acogida de la conceptualidad en lo interno del pensar es falsa, ya que en cualquier caso, para él, el intento de conocer a Dios en los conceptos se resuelve en la contradicción. Además, en nosotros el pensar reflexivo y consciente no-conceptual no es originario, como creía Descartes, sino que sigue a la conceptualización de las cosas externas. Solo la autoconciencia divina, creadora de lo real, funda y precede a la idea divina de las cosas gracias a la cual Dios crea las cosas y los conceptos humanos de las cosas.
----------Según Barzaghi, como también según Rahner, quien habla de una experiencia preconceptual del ser absoluto, la mente humana poseería a priori, antes de la experiencia sensible, por simple acto de autoconciencia -y aquí nos viene al recuerdo el cogito cartesiano- «la comprensión del Absoluto», cuyo entendimiento «precede y funda la formulación conceptual: la condición de posibilidad de los conceptos no es un concepto; si lo fuera, esto sería condición de sí mismo» (Lo sguardo di Dio. Nuovi saggi di teologia anagogica, Ediciones ESD, Bologna 2012, pp. 49-50). Ahora bien, hay que decir con franqueza que esta supuesta experiencia y este supuesto entendimiento aprióricos y originarios no existen para nosotros, los seres humanos. El entendimiento del Absoluto lo actuamos sólo por inducción, partiendo de la experiencia de lo real externo y aplicando el principio de causalidad según la indicación de san Pablo, per ea quae facta sunt (Rm 1,20).
----------En realidad, en nuestro pensar en Dios y concebir a Dios, nuestros conceptos no caen en contradicción, no se trata de contradecirse como en la dialéctica hegeliana, sino que el hecho es que ellos sufren contradicción, sobre todo en el momento de la fe. En este sentido Jesús es llamado «signo de contradicción». En esta línea varias veces santo Tomás de Aquino cita el dicho del Areopagita, por el cual en la mística se trata de «padecer las cosas divinas» (pati divina). Esto es claramente enseñado por los doctores místicos, como por ejemplo san Buenaventura y san Juan de la Cruz.
----------El conocimiento de Dios conlleva un sufrimiento para el intelecto. El intelecto está como crucificado. En efecto, a primera vista la verdad revelada nos repugna, parece una absurdidad, nos escandaliza. El pensamiento divino parece contrario al nuestro, parece contradecir el nuestro. Pero en realidad es el nuestro el que no está en sintonía con el divino y se rebela ante él. El pensar divino es sincero, leal, honesto, no contradictorio. Nuestro pensar es el que es no sincero, desleal, deshonesto, doble, falso, hipócrita, contradictorio.
----------Esforcémonos por ser limpios, leales y honestos en el pensar y en el hablar, simples como las palomas y prudentes como las serpientes, y nos daremos cuenta de que Dios ya no está en contra de nosotros, sino que es plenamente favorable. Aristóteles ha sido un gran maestro en la enseñanza de la coherencia y la honestidad del pensar, pero pagano como era, no pudo tener en cuenta que nuestro pensar puede ser contrastado y puesto a prueba por el pensar divino. No ha conocido lo que San Pablo llama la «lógica de la Cruz» (logos tu staurú).
----------Para Aristóteles el ascenso a Dios es un tranquilo proceder por analogía evitando contradecirnos y disolviendo las aparentes contradicciones. Pero no ha sabido que para alcanzar la plena verdad sobre Dios, para ver a Dios, es necesario pasar por la muerte y por tanto por el cese de la actividad conceptualizadora.
   
La influencia de Meister Eckhart
   
----------Barzaghi deduce de Meister Eckhart la convicción del poder que tendríamos de acceder directamente al Absoluto superando los conceptos y prescindiendo de ellos en la vida presente, para hacer experiencia del «puro pensamiento» como «saber absoluto e incondicionado», que capta el «Espíritu Absoluto» (cf. Philosophia. Il piacere di pensare, Ediciones il Poligrafo, Padova 2000, p.10).
----------Él retoma la interpretación eckhartiana de la bienaventuranza evangélica del «pobre en espíritu», el cual, según él, en su pensar «es todo el entero, el ser» (ibid.). Digamos, sin embargo, francamente, que esta interpretación no parece en absoluto darnos el retrato de una auténtica humildad y de un verdadero espíritu de infancia evangélico o de una verdadera pobreza de espíritu, sino que tiene todo el sabor de aquel querer atribuirse a sí mismo el propio pensamiento absoluto, cosa que fue ya la razón de la censura con la cual el papa Juan XXII condenó algunas proposiciones de Eckhart en 1329 (Denz. 920‑980).
----------Notemos que la humildad es ciertamente una forma de auto‑rebajamiento, pero no hasta el punto de negar la propia existencia creatural, como hace Eckhart, que juzga a la criatura «una pura nada» (Denz. 976). La humildad es sí desprendimiento de sí mismos, pero no de Dios, como querría Eckhart, de otro modo la humildad se vuelve la soberbia de creer ser tan autosuficientes como para poder prescindir de Dios o ser Dios nosotros mismos. Este es el riesgo de la concepción eckhartiana de la humildad y del desprendimiento.
----------La verdadera humildad armoniza la conciencia de la propia dependencia de Dios y del propio provenir de la nada con la conciencia de la propia dignidad ontológica, preciosa a los ojos de Dios, que la ha querido y creado. Ciertamente, por sí y de por sí la criatura es nada, porque ella no es su ser y no se da a sí misma su ser, sino que lo tiene de Dios creador. Pero la verdadera humildad está unida con la conciencia de ser algo, con la conciencia de la propia dignidad en la escala de los entes.
----------Una humildad entendida como negación del propio ser finito y creatural, y como afirmación del propio ser absoluto, porque el ser, en la línea de Parménides, es solo aquel infinito, se muda necesariamente en soberbia. Quizá Eckhart, que fue un Dominico de santa vida, no se dio cuenta de este equívoco gravísimo o quizá no supo expresarse del debido modo.
----------Por esto la condena pontificia a esas enseñanzas de Meister Eckhart golpea simplemente sus proposiciones tal como suenan, pero el Papa mismo, después de la muerte del místico dominico, reconoció la santidad de su vida y tuvo palabras de alabanza para la declaración escrita que él había hecho, hoy por desgracia perdida, de someter sus escritos al juicio de la Sede Romana.
----------Por esto, a fin de honrar debidamente la memoria de Meister Eckhart y aprender de su teología mística, no es el caso de insistir en el esfuerzo desesperado de volver en teísmo las proposiciones suyas que saben a panteísmo, también porque de ellas se aprovecharon los panteístas posteriores, como Nicolás de Cusa, Giordano Bruno, Böhme, Spinoza y los idealistas alemanes.
----------Es evidente que el dominico Eckhart, no obstante conocer muy bien a Santo Tomás de Aquino, no logró nunca asumir la concepción tomista y bíblica de la analogía del ser, por lo cual se esforzó, creyendo tener en mano un concepto mejor del ser, creyendo que era mejor expresar su teología con un lenguaje parmenídeo, pero con la intención y en la convicción sinceras de ser ortodoxo.
----------De este parmenidismo nace el hecho de que para Eckhart, Dios, cuando crea, no da a la criatura un ser finito, inferior y participado, sino que le da su propio ser, dado que el ser y el Absoluto coinciden, de modo que la criatura viene a tener un ser divino y así se cae en el panteísmo. Pero si la criatura es divina, ¿qué necesidad tiene ya de Dios? Así al panteísmo se añade el ateísmo.
----------Para Barzaghi, como para Eckhart, para Parménides y para Severino, el ser coincide con el Ser absoluto. Ello comporta una concepción del ser por la cual no hay término medio entre el Todo y la nada. El ser no puede no ser. Lo finito no existe. No existe un ente supremo en el vértice de entes inferiores, un máximo por encima del mínimo, un fin más allá del medio, una causa que trascienda el efecto, un ser por esencia por encima del ser por participación. No existe un más y un menos, una escala de valores, una pluralidad de grados de ser en cuya cima haya un ente supremo. Falta la analogía del ser.
----------Él asume, además de Severino, también de Eckhart el concepto parmenídeo del ser como Uno‑Todo. Ello lo lleva a hacer propia la tesis de Eckhart según la cual la criatura no es un algo sino una pura nada, tesis herética condenada por el Papa (Denz. 976). Si, por tanto, la criatura tiene el ser, este no puede ser sino el ser divino, que para Eckhart es simplemente el ser. Eckhart ignora o no ha entendido la doctrina tomista de la analogía del ser, que le habría permitido conciliar la nada de la criatura con su ser algo fuera de Dios.
   
La visión del Absoluto
   
----------El poder ver directamente el Bien absoluto o la Idea del Bien fue ya un sueño de Platón, si no hubiera sido que Platón se equivocó al considerar el cuerpo como cárcel del alma. Pero esta aspiración se encuentra ya en el Antiguo Testamento, allí donde Dios dice a Moisés que deseaba ver el rostro de Dios: «tú no podrás ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y quedar vivo» (Ex 33,20).
----------Es en esta línea que se inserta el Nuevo Testamento para enseñarnos que para ver a Dios y superar los conceptos, es necesario pasar a través de la muerte y precisamente hacer propia la muerte de Cristo. Dios, como dice Lutero, aparece en la cruz «sub contraria specie», o sea, no aparece como Dios, sino como un pobre y humilladísimo ser humano. Y sin embargo la vía de la visión es precisamente aceptar este sufrimiento y casi repugnancia del intelecto y saber ver más allá de la cruz y en la misma cruz la gloria de Cristo.
----------Nuestro intelecto debe saber aceptar sufrir y entrar en la oscuridad con Cristo, que, dirigiéndose al Padre, dijo: «no mi voluntad sino la tuya sea hecha», como diciendo: no lo que pienso yo, sino lo que piensas Tú. Ahora bien, si el yo empírico, como creen los idealistas, es una simple aparición de mi Yo trascendental, ¿qué es de este diálogo con Dios, en el cual está en juego nuestra salvación?
----------Añadamos que Barzaghi no se preocupa de definir qué cosa es el pensamiento en general para luego distinguir el pensamiento humano de aquel divino. No dice nunca qué diferencia hay entre el ser y el pensar. Los identifica siempre en aquello que él llama «pensamiento puro» como si fueran dos términos sinónimos. Parte en cuarta presentando inmediatamente y sin rodeos el pensamiento como si fuese Dios mismo. Por lo cual uno se pregunta: ¿pero entonces el hombre que piensa es Dios? Dice él, en efecto: «El pensar es el Absoluto y el Absoluto es el pensar. Pero siempre teniendo muy presente el hecho de que el Absoluto y el pensar no son algo distinto del Ser. Ser, pensar y Absoluto se identifican» (ibid., p.78).
----------Observamos que en realidad el pensamiento como tal no es intrascendible, más bien el pensamiento dice relación con lo real. Es solamente el pensamiento divino que es intrascendible porque abarca todo el ser por Dios mismo creado. Barzaghi eleva el pensamiento como tal al pensamiento divino descuidando los caracteres del pensamiento humano y así termina atribuyendo al hombre el pensamiento divino. De hecho dice: «el pensar, el pensamiento como pura actividad de pensar es capaz de trascender todo y relativizar -por lo tanto- todo, excepto a sí mismo. No se puede ir más allá del pensamiento, porque tal operación sería de todos modos un acto del pensamiento. Se piensa en sobrepasar el pensamiento: por lo tanto no se lo sobrepasa. ¡Pensar en sobrepasar el pensamiento es siempre pensar!» (ibid., p.44).
----------Observemos que una cosa es el hecho de que el pensamiento trascienda o se sobrepase a sí mismo para captar al otro distinto de sí, es decir el ser, trascendente al pensamiento y principio y causa del pensamiento. Y una cosa es pensar en el hecho o tener conciencia de trascender o ir más allá del pensamiento para captar lo trascendente, es decir el ser. Él confunde idealistamente el acto de trascender con el trascender pensado. Entonces tiene buen juego para decir que estamos siempre en el pensamiento, sí, pero al precio de la confusión entre pensar y pensado que he dicho arriba.
----------Ciertamente el pensamiento divino abarca todo el ser, dado que Dios es precisamente el Creador del ser. Y sin embargo el universo creado está fuera de Dios. Dios, por tanto, alcanza con el pensamiento aquello que está fuera de Él, aun si al mismo tiempo todo lo creado está en su pensamiento habiéndolo creado Él. Nosotros, muy por el contrario, con nuestro pensamiento encontramos una realidad fuera de nosotros que nos es presupuesta, no habiéndola creado nosotros.
----------La alcanzamos no viajando en el espacio, aunque es eficaz la metáfora de los viajes del pensamiento, y si es verdad que existe una realidad fuera en el espacio. Con el pensamiento aquí desde ciudad de Mendoza alcanzo Luján de Cuyo, aunque mi pensamiento no viaja en el espacio y tanto menos sale de sí mismo para alcanzar su objetivo. La exterioridad del ser al pensamiento no debe entenderse solo en sentido espacial. Ella significa sustancialmente que el pensamiento es representación mental o ideal del ser.
----------El estar fuera aquí es un modo de decir o una metáfora para expresar el hecho de que el ser pensante es originario respecto al pensado y prima sobre lo pensado, como lo actual está por encima de lo posible o pensable, el cual es producido o actuado por el pensante, que es el ser. Dios es aquel que es antes de ser aquel que piensa. Él se representa aquello que crea, pero lo creado está fuera de Dios en el sentido de que su ser es un ser por participación, mientras Dios es ser por esencia.
----------Por lo tanto, pensamiento quiere decir ser representativo o ideal mental que como tal se pone o se encuentra en un plano ontológico inferior, intencional o tendencial de dependencia y actuabilidad o realizabilidad por parte del pensamiento pensante productor.
----------El ser pertenece a lo actual, el pensamiento a lo posible. El ser puede ser un pensamiento actuado, pero de por sí el ser es solo acto. El pensamiento puede ser actuado o realizado, pero de por sí se encuentra solo en el plano de lo posible. Ahora bien, está claro que está más cerca del no‑ser lo posible que lo actual. Por esto el ser prima sobre el pensamiento.
----------Esto vale tanto para Dios como para el hombre. La diferencia está en el hecho de que en Dios el ser creado depende de su pensamiento, mientras que en el hombre el pensamiento depende del ser creado o increado. Pero también en Dios nocionalmente el pensamiento está bajo el ser o menos que el ser, aun si en Dios el ser coincide realmente con el pensamiento.
----------De todos modos está claro que Barzaghi, como Severino y Bontadini, hace suyo el concepto parmenídeo del ser: uno, único, todo, unívoco, ser-pensamiento, necesario, absoluto, eterno, inmutable, indiferenciado. Le falta a él la noción analógica del ser y del pensamiento, que consiente hablar sensatamente sin ninguna contradicción, por analogía, del ser y pensar humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y del ser y pensar divino, nóesis noéseos, como lo llamaba Aristóteles, e ipsum Esse subsistens, para decirlo con santo Tomás, o sea de Dios, ente primero y último, ente sumo y supremo, Alfa y Omega.
----------El pensar por analogía permite atribuir el ser analógicamente a Dios y a las criaturas, concebir al hombre como imagen y semejanza de Dios, comprender la relación de Dios con lo creado y reconocer los grados del ser desde el mínimo, la materia prima, hasta el ente supremo, así como los grados de ser por participación hasta el ser por esencia, que es Dios. El método de la analogía, fundado en la misma Sagrada Escritura, además de haber sido descubierto por Aristóteles, permite formar un concepto apropiado y veraz de Dios y de la Palabra de Dios, base de todo el lenguaje teológico.
----------En cambio Barzaghi, bloqueado en el concepto monístico y unívoco parmenídeo del ser como ser uno, único, total y absoluto, no logra ver la importancia esencial de la analogía para concebir a Dios y hablar de Él. Él cree que la analogía sea una especie de escala para llegar a pensar o experimentar a Dios más allá de la conceptualización, cosa que haría inútil el conocimiento de fe, y que vale solo para la visión beatífica. Él dice, en efecto: «el Absoluto fagocita todo. No admite compañía. La analogía, en cambio, vale hasta el Absoluto. ¡Luego salta todo!» (ibid., p.63). Él cree que el método de la analogía consista en una «lectura analógica del Absoluto» (ibid., p.64). Pero no es para nada así. La analogía es una lectura analógica del ser, que nos permite comprender que Dios es el ipsum Esse en la cima de todos los entes, por lo cual distinguimos el ente relativo del Absoluto.
----------La analogía no concibe en absoluto a Dios como relativo al mundo, sino que la analogía nos permite formar el verdadero concepto del Absoluto, independiente del mundo y creador del mundo, y la analogía nos permite poner el mundo en relación a Dios.
----------Cuando mediante la analogía llegamos a concebir a Dios como sumo analogado del ser, no salta absolutamente nada, sino que hemos puesto la base indispensable del discurso teológico y de la predicación del Evangelio, mientras al mismo tiempo tenemos la humildad de reconocer que nosotros no somos en absoluto el «Pensamiento», sino que reconocemos la infinita trascendencia, incomprensibilidad e inefabilidad del ser divino respecto a la expresividad y finitud de los mismos conceptos de la Revelación, por lo cual sabemos reconocer el deber de callar cuando la palabra falta porque viene superada por la inefabilidad del Misterio.
----------Es precisamente Barzaghi, con su concepto parmenídeo del ser, el que está obligado a relativizar el Absoluto y a concebirLo como un «Entero» o una «totalidad», a la manera de Hegel, compuesto de Dios y de mundo, con el excluir el mundo fuera de Dios e identificarlo con Dios. Es el Dios de Barzaghi, que fagocita todo y que es todo lo contrario del verdadero Dios, que crea personas distintas de Él, libres y responsables, capaces de acogerLo o rechazarLo. Dios no se come a nadie, más bien es Él que es comido por nosotros en la Eucaristía.

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